lunes, 11 de noviembre de 2013

EL DISCÍPULO MISIONERO ES UN DESCENTRADO

Se habla de un avance pastoral de la Iglesia Católica en América Latina, en El Salvador y en la Iglesia particular a la cual pertenezco, sin embargo, no puedo esconder mi preocupación por el aumento de los alejados, los desatendidos pastoralmente, las sectas protestantes o de otras índole... Percibo ese avance pastoral, sí, pero con mayor énfasis en la pastoral ad intra. Aunque es de suponer que haya una pretensión de llegar al mayor numero de personas, sobre todo a través y en colaboración de los laicos.

Cuando se sale de la iglesia, en concreto el sacerdote, de la casa parroquial, de su "limite" o burbuja, y se relaciona con diferentes tipos de personas, acompañadas con sus diversas situaciones, se puede experimentar cuanto hace falta por llegar como Iglesia, posicionarse en las "periferias",  como dice el Papa Francisco. Son llamativos y esperanzadores los esquemas, el establecimiento  y fortalecimiento de estructuras, las organizaciones pastorales, pero la realidad es que hay muchos necesitados de Dios, de escucha y solidaridad, hay muchos marginados y abandonados... Mientras se debate por quienes deben ocupar los cargos en las Iglesias particulares, por estar acumulando responsabilidades en unos pocos, no dejan de extenderse los espacios en las ciudades, pueblos, cantones, caseríos, instituciones, es decir, crece el numero de "las ovejas sin pastor" (Marcos 6, 30-34). Es triste cuando se escucha: "Bueno, no es católico o ha dejado de serlo, pero sigue a Dios en otra parte y a su manera, eso es lo importante". Es interesante resaltar que a veces con la sola presencia del sacerdote y si es continua mejor, en esos espacios vacíos, se hace tanto bien; es interesante notar que a veces con gestos sencillos y tenidos por pequeños, se logra tanta efectividad, se hace sentir la presencia de la Iglesia... Esto se experimenta cuando no solo se manda a otros, sino cuando se va a la delantera abriendo brecha, como Jesús en su tiempo. 

No tomemos las palabras del Papa como un slogan, una moda o capsula motivacional, sino como un llamado profundo a despertar la dimensión misionera, intrínseca a nuestra condición bautismal: "La posición del discípulo misionero no es una posición de centro sino de periferias: vive tensionado hacia las periferias... (....). Habitualmente tenemos miedo a salir del centro. El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales". 

Ciertamente, la tarea evangelizadora ha de ser organizada y en conjunto, y no motivada por el individualismo, el sentimentalismo y el romanticismo cristiano, aunque no debe mermar el deseo operativo de extender el Reino de Dios. El documento conclusivo de Aparecida, nos señala el camino a seguir. Ya tenemos este gran talento, ¡pongámoslo a trabajar!