LUZ PARA LOS PUEBLOS

viernes, 26 de mayo de 2017

CUANDO UNO AFIRMA, PERDIÓ LA OPORTUNIDAD DE CALLARSE


SOBRE LA AFIRMACIÓN

Afirmar es básico, es dar algo como verdadero. Como poseemos la capacidad de expresarnos a través del habla, las palabras que salgan de nuestra boca tienen un valor, no son indiferentes, es decir, producirán un efecto. Hay muchos actos del habla, pero me enfocaré solamente en el acto de afirmar. Afirmar es decir “eso, esto o aquello es así”, “es falso o verdadero”. Todos los días nos enfrentamos a proferir una afirmación, ya sea porque nos preguntan, porque opinamos en una conversación, por cuestiones de estudio o trabajo, a por participar en una denuncia, juicio, a nosotros mismos, etc.

Esta entrada se titula: “Cuando uno afirma, perdió la oportunidad de callarse”. Fue una frase dicha en una clase por el Doctor Alejandro Vigo, profesor de Historia de la Filosofía Antigua (UNAV), teniendo como contexto el análisis de la ironía socrática. ¿Qué significa “cuando uno afirma, perdió la oportunidad de callarse”? Diciéndolo en lenguaje llano: cuando abrimos la boca para asegurar o negar, afirmar algo, no hay marcha atrás, no hay vuelta de hoja; es decir, lo dicho, dicho está. Por eso, surgen algunas frases, las cuales nosotros hemos dicho alguna vez o varias veces: “Dije eso, pero no quería decir eso realmente”, “Me equivoqué en lo que dije, ojalá me comprendan y acepten mi rectificación”, “¡Para que dije eso!”, “Vaya, eso me pasa por abrir la boca”. No siempre logramos reivindicarnos, después de haber hecho afirmaciones. De hecho, a largo plazo hay afirmaciones que sirven de indicativo para alertar o desenmascarar una hipocresía, por ejemplo: alguna persona o grupos de personas que en un tiempo afirmaban una cosa y después por “conveniencia” están afirmando lo contrario, esta es, a mi juicio la explicación por la cual después cuesta creerle o creerles.

El profesor Alejandro, desarrolló el tema de la afirmación unida a la creencia y en relación a la sede interna y externa, es decir, a nivel personal y extra-personal respectivamente; mientras que yo estoy desarrollándola de una manera genérica.

¿Qué podemos hacer a la hora de afirmar?

La afirmación que salga de nuestra boca no quedará indiferente, aunque sea algo banal o se considere irrelevante. La persona al afirmar puede estar diciendo una verdad o una mentira. Siendo así, la afirmación verdadera o falsa entroncaría con la sinceridad, falsedad, hipocresía, diplomacia, incoherencia, etc.

El consejo más común y sencillo es: “pensar antes de hablar”, digamos: “Pensar antes de afirmar algo”. Muchas veces afirmamos sin damos cuenta de sus consecuencias. Por eso, cuando se ha dado una afirmación falsa o verdadera por parte de alguien, se dan agradecimientos, elogios, reclamos, pleitos, insultos, resentimientos. Debemos reconocer que muchas veces nos dejamos llevar y afirmamos, después vemos el resultado, el cual puede ser positivo o negativo. También, en algunas ocasiones pueden hacerse afirmaciones a otra personas o grupos que no son comprendidas, por las circunstancias que sean, y quien ha afirmado se ha dado cuenta que se ha salvado, y tiene una como una “segunda oportunidad”, para preparar correctamente la afirmación, guardar silencio o “hacerse el loco”.

Santiago 1, 19: “Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar”. Este es un consejo sabio. En teoría, debería irse perfeccionando con el pasar de los años, aunque en la práctica no siempre se da. El Padre Eduardo Chávez, actual rector del Seminario Mayor de la Diócesis de San Vicente, considero que tiene una frase interesante y sabia: “Procese primero la información y después hable”. A veces somos arrebatados y contestamos de inmediato.

Un tercer consejo podría ser: “No afirmar algo que no sabemos”. Esto lo reprochaba el sabio Sócrates: gente que se creía sabia sin serlo realmente. Hay una cantidad ilimitada de ejemplos cotidianos sobre este punto; pero veamos unos más sencillos y cotidianos: Cuando a un profesor le preguntan algo en clases y él no lo sabe, pero para no quedar en ridículo o ser tenido como ignorante (lo cual lastimaría su “ego”), hace afirmaciones falsas, inventadas o adulteradas. Cuando una señora le afirma con mala intención a su vecina, haber visto a su marido con otra mujer en la calle, y tal vez solo era una conocida que casualmente se encontró. Cuando alguien por presumir o “apantallar” se pone a hacer afirmaciones falsas a sus oyentes. Como he dicho, los casos cotidianos o extraordinarios son muy amplios. Pero el principio aplicativo general es: “No afirmar algo de lo que no sabemos”. Cuánto bien se hace, cuan agradable y ejemplar se torna una persona así. En otro escrito hablaré sobre la “ignorancia y sabiduría socrática”.

EL PERFECCIONAMIENTO DE LA AFIRMACIÓN Y LA IMPERFECCIÓN HUMANA

La Sagrada Escritura y personas profesionales nos brindan consejos para tratar de hacer las afirmaciones correctas, acertadas; pero no podemos ignorar nuestra imperfección humana. Por eso, no nos asustemos si escuchamos de personas mayores, incluso de altos miembros mayores de la Iglesia, hacer afirmaciones con efectos contraproducentes o reprobables. 

A veces se cuenta con tiempo para hacer una afirmación, por tanto, se tiene tiempo para pedirle luces a Dios, pedir consejos a personas experimentadas y reflexionar. Como también a veces toca dar una afirmación inmediata.

En la historia humana y salvífica-religiosa podemos encontrar sin fin de afirmaciones, afirmaciones que se han vuelto célebres. Leerlas, conocerlas nos pueden ayudar a la hora de hacer nuestras afirmaciones. Si no hay algo que afirmar mejor guardar silencio, como se dice en mi país: “Calladito, te ves más bonito”.

Por ser imperfectos, nos equivocamos; como personas estamos en un auto hacernos, es decir, en las afirmaciones se debe tener en cuenta la edad, el nivel académico, la historia personal, las amplisimas circunstancias, los contextos. Uno puede hacer de pequeño una afirmación que ya de joven o adulto la rectifica, porque posee mayor conocimiento. Las personas tenemos derecho a reivindicarnos, ya sea de palabras o de obras. San Pedro negó tres veces al Maestro afirmando no conocerle, pero después tres veces afirma su amor hacia Él, y lo demuestra llevando su amor hasta el martirio. Por tanto, debemos ser comprensivos, fraternos. Ciertamente, hay personas que han muerto afirmando algo que se considera incorrecto o inaceptable, sin cambiar su posición; en este caso, nos toca tratar de sacar la lección adecuada y confiar esa persona al Creador. No es posible esperar afirmaciones perfectas siempre del ser humano, de ningún ser humano.

Que el Espíritu Santo, la oración, el estudio, la reflexión, la experiencia nos vaya ayudando a ir perfeccionando el contenido de nuestras afirmaciones, sin olvidar que nunca serán perfectas, correctas y acertadas siempre.

Pbro. Gustavo Romero
Fiesta de María Auxiliadora de los Cristianos
Pamplona, España. 

martes, 28 de marzo de 2017

IDENTIDAD Y MISIÓN DEL SACERDOTE DIOCESANO EN NUESTRO TIEMPO. EL CELIBATO SACERDOTAL.




CONFERENCIA DIRIGIDA POR MONSEÑOR JUAN CARLOS ELIZALDE
OBISPO DE VITORIA, ESPAÑA


Sesión 2


IDEAS PRINCIPALES:



Los sacerdotes tenemos el peligro de amar en general y no amar en concreto.
El ambiente actual no ayuda a la vivencia del celibato, pues, es un ambiente cargado de erotismo. Hay una crítica al celibato, se le ve como una mutilación personal, la cual conduce a la tristeza, dureza de corazón, carencia de sentimientos.

El narcisismo nos está afectando, estamos preocupándonos mucho por cuidar nuestra imagen. 

El celibato siempre ha sido difícil en cada una de las diferentes etapas de la historia.

¿Qué es el celibato del sacerdote? Es la imitación histórica de Jesús, por tanto, no es el celibato de Juan Bautista, ni el de Jeremías. Vivir el celibato es lo más cercano a Jesús. El fue célibe porque estaba fascinado por el Reino. Al elegir un grupo de apóstoles comparte su afectividad. 

Gracias al celibato convertimos el trabajo pastoral en pasión. No somos de nadie, no tenemos que ahorrarnos para nadie, por tanto, podemos entregarnos por completo. El celibato no es un recorte, aunque por supuesto lleva una parte de renuncia. Os recomiendo leer a San Agustín. 

Sólo Dios es la plenitud del hombre. La soledad es condición existencial. El amor no quita soledad y esto debemos entenderlo, la sociedad parece que no ha descubierto eso, ni los sacerdotes. Hay un miedo a la soledad.  


El celibato es una elección exclusiva, es profesar el señorío de Dios, haciendo alusión al Papa Pablo VI. El sacerdote joven está más propenso a la doble vida. La mediocridad en el sacerdote ya es una perversión!! 


En el sacerdocio se dan dos situaciones: estar cerca de Dios y estar al margen de Dios. Los sacerdotes podemos llevar un ateo por dentro, y esto cuando descuidamos nuestra espiritualidad. 

Cuando no vivimos el celibato, comenzamos a buscar o a caer en compensaciones, cuyo efecto se manifiesta por ejemplo en la búsqueda de poder, la agresividad, el abuso sexual del cuerpo, la posesividad afectiva, una sed de afectos, pérdida de amigos a cambio de tener gente sometida a nosotros, la arrogancia, inclinación al chismorreo, la jactancia, el orgullo, la acumulación de contactos aunque sean virtuales, apego demasiado a ciertas familias, vicios, pasatiempos intrascendentes, volvernos ratones de sacristía, caer en la comodidad y en el apego a bienes materiales, etc.

La discusión de los años 68 del siglo pasado sobre el celibato, ha sido sustituida por una doble vida, y se prefiere ya no hablar del celibato. 

El escándalo 

En las primeras concesiones tenemos la experiencia de la soledad. Una manera de llenar la soledad es la búsqueda de contactos, familiarizaciones. En los inicios nos encontramos en una libertad inconsciente de nuestras limitaciones. Después pasamos a una repetición y nacimiento de actitudes; "somos lo que cultivamos". El sacerdote se vuelve selectivo. El Internet es el lugar donde más gratificaciones podemos encontrar, porque nos ofrece una amplia posibilidad de opciones, como expresa Amadeo Cencini, en su reciente libro: "Ha cambiado algo en la Iglesia después de los escándalos sexuales?"

Las gratificaciones se vuelve automáticas, es decir, automatismo con adicción. La conciencia se vuelve pasiva, más y más dependiente del impulso. Se tiene conciencia de culpa, pero no de pecado, por este motivo es que hay un obstáculo para convertirse. 

El escándalo se da cuando poseemos una conciencia totalmente dependiente.

El soltero célibe protege su espacio, vive para si, es un egocéntrico, por eso, es un mediocre, aunque no caiga en relaciones sexuales. La propuesta de la Iglesia es que los sacerdotes seamos célibes casados, no célibes solteros.

Nos atamos al amor, para asegurar el amor. En esta sesión he recurrido a un grande: Amadeo Cencini, para dirigirme a vosotros.  

28-Marzo-2017