domingo, 19 de mayo de 2013

PENTECOSTÉS, DIA DEL SEMINARIO

ACTITUDES INCOHERENTES O INACEPTABLES:
¿FORMACIÓN ENDEBLE O CUESTIÓN GENERACIONAL?

Los seres humanos albergamos en nuestro interior una visión objetiva y subjetiva de la realidad, y la formación de los seminaristas no está al margen  de dichas visiones. La realidad de un seminario es compleja y no se puede dar una conclusión cerrada, porque lo cual se puede considerar como un juicio arbitrario. Cuando se ve el fenómeno de una manera superficial, sin hacer un esfuerzo análitico e investigación profunda, cuando se desconocen los documentos de la Iglesia sobre la formación sacerdotal, se está a las puertas o ya se puede estar en una visión subjetiva; añadamos a esto, el hecho de tener en una diócesis una cantidad de sacerdotes formados en diferentes seminarios. 

¿Cuál es el tema que estamos abordando en esta ocasión? Si la creciente queja de clérigos, religiosas y laicos, sobre algunas actitudes incoherentes o inaceptables observables en seminaristas, es producto de la formación del seminario o de la generación actual. Una afirmación objetiva plasmada en documentos y reuniones de formadores a nivel mundial y latinoamericano, es que es un fenómeno global, sin justificar lo otro; por tanto, acusar a un seminario puede ser injusto, aunque se tiene en cuenta a veces la panorámica corta del señalador. Pastores Dabo vobis, Ratio formationis, Documento sobre el uso de la psicología  en los seminarios, hablan al respecto, pero como se trata sólo un breve escrito, a continuación, expongo solo una parte del Documento para la Formación en los Seminarios de América Latina (Pontificia Comisión para América Latina), el cual delinea la realidad con su respectiva generalidad:

"El Papa Benedicto XVI ha advertido en diversas ocasiones cómo este cambio de época ha generado una gran «emergencia educativa». Cada vez se percibe una mayor dificultad para transmitir a las nuevas generaciones los valores fundamentales de la existencia humana, principalmente en el seno de las familias. Las instituciones educativas de la sociedad, incluyendo a la Iglesia y sus seminarios y casas de formación, son testigos de lo difícil que se ha vuelto educar a los más jóvenes, principalmente en materia de fe. El Papa ha advertido que cualquier labor en el campo de la educación parece cada vez más ardua y precaria, por lo cual se habla de una gran «emergencia educativa», tanto en los principios teóricos como del comportamiento, que afecta a la escuela, a la familia, al igual que a todos los demás organismos que tienen finalidades educativas.

En los actuales candidatos al sacerdocio se aprecia mucha información y poca formación; prevalece una mentalidad dispersa con muchos conocimientos que no se ordenan en una síntesis integradora. Un problema de la formación es ayudar a hacer la síntesis y a tener capacidad de discernir.

Los candidatos llegan al seminario carentes de lo fundamental en todo, en lectura, en escritura y en evangelización, pero llegan provistos de todo lo tecnológico, dependientes del celular y del Internet, en el que pierden tiempo y pueden navegar en toda clase de inmoralidades. Una parte de la ascesis actual sería normarse en el uso de estos medios. En algunos seminarios se han tomado medidas a este respecto, como que todos los trabajos que pidan los profesores se presenten a mano y colocar el Internet en lugar público y visible como se hace en las buenas familias.

Los medios de comunicación social, sobre todo el Internet, están llevando a las nuevas generaciones a una vida virtual, a un mundo imaginario, que puede ser poético y hermoso o dantesco y cruel, y donde la pornografía corrompe a los candidatos al sacerdocio como lo atestiguan los directores espirituales de seminarios. La formación espiritual debería incluir el sacar de las fantasías al joven y meterlo en la realidad.

La familia de muchos seminaristas está rota. Ya no vienen en su mayoría como antes, de familias ejemplares. Hay separaciones, alcoholismo, uniones de hecho y abusos sexuales aún dentro de la familia. Los seminarios menores pueden suplir de alguna manera lo que antes la familia y la parroquia le daban al adolescente y que ahora no le proporcionan.

La familia y el seminario son hoy un ambiente de formación entre muchos, los estímulos al niño y al joven le llegan ahora de todos lados. De ahí se alimenta una tendencia a relativizarlo todo con la excusa del pluralismo que toca no solo a la cultura, sino también a la pastoral y hasta la moral y la teología, lo cual incide negativamente sobre la opción fundamental y permanente al sacerdocio.

La vida de los sacerdotes hoy es más conocida por los seminaristas, que se enteran durante las prácticas de apostolado en la parroquia sobre la persona del sacerdote y se intercambian luego la información. Hay influencias negativas de la vida sacerdotal y malos consejos que contradicen lo que se inculca en el seminario.

El secularismo que permea todo y está presente de manera inconsciente en el pensamiento y en la acción, impide la visión de fe tan necesaria para aceptar las exigencias de la vida sacerdotal. Las estructuras del seminario detienen un poco, pero en cuanto el recién ordenado sale, se mundaniza rápidamente, lo cual plantea enormes retos a la formación del seminario y exige el acompañamiento serio y programado de los nuevos sacerdotes.

La estructura antropológica de las nuevas generaciones es vulnerable: incapacidad de esfuerzo y perseverancia, intolerancia a las frustraciones, divorcio cada vez mayor entre la mente y el corazón, en el sentido de que los ideales que se proclaman no son los que se aman de verdad y a los que se les entrega el tiempo y la vida. Se constata facilidad y apertura para dialogar sobre cualquier tema, pero poca apertura y poca disposición para hablar de los problemas personales, para abrir la consciencia, lo que dificulta mucho la acción del director espiritual.

Mucha preocupación por los bienes materiales, el estatus social, el disfrute de la vida, poco espíritu de renuncia y de pobreza evangélica. Hay resistencia a la disciplina, a la ascesis y al sacrificio. Se quiere gustar todo, vivir todo, gozar todo, muy lejos de la cruz de Cristo.

En los nuevos sacerdotes en general, hay poca perseverancia en la vida de oración, pronto claudican, como si el encuentro con Jesucristo vivo no se hubiera dado. Se descuidan las virtudes teologales y se dan y se piden explicaciones humanas de todo y para todo, sin tomar el punto de vista de la fe como necesaria referencia para la vida sacerdotal.

En general los seminarios nacionales o regionales garantizan una mejor formación en todo sentido: intelectual, espiritual, humana, y pastoral. Pero diócesis pobres que tienen su propio seminario, y ahora todas quieren tenerlo, no tienen suficiente personal capacitado que garantice una buena formación sacerdotal.

Persiste todavía la práctica de aceptar en otros seminarios y en ciertas congregaciones religiosas que se ven urgidos de vocaciones a alumnos expulsados de seminarios diocesanos, sin pedir los informes de «vita et moribus», o sin hacer caso de ellos".

En resumen, por lo expuesto anteriormente, el echarle toda la culpa a un seminario con sus formadores o a un formador en concreto, porque ven a los seminaristas flojos, sin ilusión, despistados, sin entrega, sin iniciativa, individualistas, buscadores de bienestar y prestigio,   de lenguaje inadecuado, con desequilibrios en la sexualidad,  etc., nos parece desacertado; más aun, si la vocación de un seminarista es responsabilidad de toda la comunidad, su corrupción o deformación también los incluye a todos, pero como por naturaleza humana, hay que buscar culpables, y los más próximos terminan pagando la factura que le toca pagar a todos los involucrados, por supuesto, sin salvaguardar a los responsables directos de la formación de un futuro pastor.

En este día desde hace tres años, procuro hacer un escrito reflexivo sobre lo que gira alrededor del seminario, con la intención de buscar y presentar la objetividad. Oraciones, sacrificios, apoyo hacia este proyecto en cada diócesis del mundo entero. Qué los seminarios vayan a la alturas de las exigencias del Evangelio y no de las propuestas contraproducentes del mundo. Dios les bendiga.