domingo, 7 de abril de 2013

TEMA PARA EL AÑO DE LA FE, N. 5


EL CREDO 
I PARTE

Pbro. António Vaz Pinto

“Creo en un solo Dios,
Padre Topoderoso
Creador del Cielo y de la tierra
de toda las cosas visibles e invisibles"

El “credo” es una formula que pretende resumir lo esencial de la fe cristiana. cuando nos bendecimos, diciendo, “en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y, simultáneamente  hacemos en nosotros la señal de la cruz, estamos utilizando un “mini-credo”, afirmando los 2 misterios más esenciales de la fe cristiana, la trinidad y la redención.

Cuando participamos en un bautismo, antes del rito sacramental propiamente dicho, el ministro del sacramento interroga al bautizando (si es adulto) o a sus representantes (padres y padrinos); primero, renuncian a Satanás, a todas sus obras y a todas sus seducciones; inmediatamente después, también de forma interrogativa, se asiente en lo fundamental de la fe cristiana, en Dios Padre, en Dios Hijo y en Dios Espíritu Santo y en la Iglesia. Es la llamada confesión de la fe, la expresión pública de la fe cristiana.


Este mismo credo interrogativo, previo al bautismo, explicando su sentido, se fue desenvolviendo y acrecentando hasta llegar a los “credos” de hoy. Entre estos, hay 2 que merecen especialmente ser referidos: el llamado “Símbolo de los Apóstoles  (que era el más habitualmente usado hasta el Concilio Vaticano II y que continua a poder ser utilizado) muy antiguo y muy ligado a la Iglesia Católica de Roma y a las Iglesias de ella derivadas. Y, finalmente, tenemos el credo habitualmente utilizado en nuestras celebraciones de las solemnidades y  domingos, llamado credo “Niceno-constantinopolitano”, pues fue elaborado a partir de los importantísimos concilios de Nicea (325) - IV de Constantinopla (381). Más moderno, largo y completo con relación al Símbolo de los Apóstoles  este Credo tiene el valor acrecentado de ser aceptado y utilizado por las 3 grandes ramas cristianas, las Iglesias Católica, Ortodoxa y Protestante. Paulo VI, en 1968, explicando y actualizando muchas de las expresiones tradicionales, propone también un “nuevo” credo, el llamado “Credo del Pueblo de Dios”.

Aclarado esto, entremos en el análisis de los términos del Credo niceno-constantinopolitano:

Creo – esto es "asiento", "acredito", "tengo fe". Es la palabra clave, la respuesta del hombre a la revelación de Dios.

Creer, acreditar, en el sentido bíblico y cristiano, no consiste apenas en tener por verdadera alguna afirmación; envuelve y supone una relación personal y única (de ahí que “creo” esta en singular) de aquel que acredita en Aquel que se revela y en Quién se acredita y en aquello que Él nos revela. La relación de fe es, así, una relación interpersonal de confianza, de acogida y de entrega.

En un solo Dios – esta es una afirmación fundamental, originada en el Antiguo Testamento, el rechazo del politeísmo: no hay varios dioses, buenos o malos, es la afirmación del monoteísmo: hay un solo y único Dios y Señor, a lo que el judaísmo llama (entre otros nombres) Yavé y el Islam llama Alá.

Este primer articulo del credo cristiano es pues, compartido por el judaísmo y el Islam, las grandes “religiones del libro”, las grandes religiones monoteístas.

Dios – este termino, en nuestro mundo cultural, influenciado por 2 milenios de cristianismo, lo mismo para los increyentes, nos parece de significado obvio  pero no lo es… Basta recordar los dioses egipcios, griegos y romanos, para percibir como su contenido tiene que ser purificado…



Por Dios, en el sentido del credo, se entiende aquella realidad que no es parte ni se confunde con el universo, superior a el, que es Autor y Señor del universo y del hombre, trascendente al proprio universo y de que éste permanentemente depende. No se trata de una mera fuerza o energía cósmica, de naturaleza impersonal. Aunque el termino no aparezca en la Sagrada Escritura, es una realidad de carácter personal, esto es, un centro de libertad y de relación que tiene nombre (Yavé) y que da nombre.


Padre – al decir que Dios es Padre, ultrapasamos los limites del monoteismo judaico y musulmán: si reconocemos que está solo Dios, ese mismo y único Dios, en si mismo no es simplemente Creador y Señor del universo; es, también y “antes”, padre, lo cual implica que haya también un hijo (pues lo que caracteriza al padre, es engendrar un hijo). En una  fase posterior de la comprensión de la revelación de Dios acontecida en Jesucristo (o Hijo eterno hecho hombre y revelador de Dios) la Comunidad creyente fue comprendiendo que Jesucristo, verdaderamente hombre, era también verdadero Dios y llamaba Padre a su Dios: esto es, en Dios mismo – hay Padre e Hijo y en un momento siguiente fue también comprendido que el Espirito Santo, de que ya se hablaba en el Antiguo Testamento, no era apenas una presencia especial de Dios en los profetas, en los reyes o en el Pueblo de Israel, pero El mismo pertenece también a la divinidad de Dios, esto es, es también Dios, con el Padre y el Hijo.

Todopoderoso – precisamente por ser único, el poder de Dios no está limitado, no está compartido con otros “dioses”, buenos o malos, como era creencia común.  Todopoderoso o Omnipotente, su poder es total, no tiene rivales ni conoce barreras.

Creador del Cielo y de la Tierra – La palabra creador dice más de lo que a primera vista parece; crear es diferente de fabricar, modelar; en la definición clásica, crear consiste en la “producción" de la realidad a partir de la nada de esa realidad o de otra realidad preexistente” que sea “transformada” por el Creador.

Así, la creación, reconocida a Dios, es bien diferente de la postura del emanentismo, en el cual la realidad producida tiene la misma naturaleza de su productor; igualmente del panteísmo, donde Dios y el universo, creador y criatura, se identifican.

Los autores bíblicos tienen tal conciencia de esta diferencia esencial, que explican la total transcendencia de Dios de cara a su obra, que reservan para el acto de crear, un verbo exclusivo – bará.

Cielo y Tierra – Para la cultura antigua, al contrario de la actual, el mundo no consistía apenas en la “Tierra”, en el universo físico donde estamos integrados; con diferencias de contenido, de cultura para la cultura, de religión para religión, en la generalidad de la cultura antigua, más allá de la Tierra existía también el Cielo, un otro “Mundo”, un otro conjunto de realidades, diferente y por encima de la “Tierra”.

Todas las cosas visibles e invisibles – Pero lo más importante de estas afirmaciones es que, al decir que Dios es “creador del Cielo y de la Tierra, de todas las cosas visibles e invisibles”, esto significa que no hay otros dioses en el Cielo, buenos o malos que el “maniqueísmo” – concepción de origen persa que defendía la existencia de un “dios malo” en lucha con el dios bueno, no tiene espacio: hay un solo Dios, Yavé, que es bueno y, por eso, también todas sus obras, visibles e invisibles, creadas por Él, son buenas. El mal es real, existe, pero para reconocerlo no es necesario aceptar ni la existencia de dioses malos ni la existencia de creaturas malas. También la materia, el cuerpo, son creaturas de Dios y, por tanto, son buenas también. Del mismo modo, los “ Ángeles”, esto es, las creaturas espirituales personales, creación de Dios, son también ellas buenas. El propio diablo no pasa de una creatura de Dios (v. Gen 3,1) creado bueno, por tanto, pero que por el abuso de su libertad se auto pervirtió  El optimismo radical de concepción judeo-cristiana está patente en el refrán que se sigue a cada uno de los días de la Creación en el relato del Génesis (Gen 1,1-31): “y Dios vio que era bueno” y al comentar la creación del hombre, como hombre y mujer, seres también corporales y sexuados, el todo de la creación, el refrán cambia: “Y Dio vio que era muy bueno” (Gen 1,31).

Non dobbiamo avere paura di essere cristiani e di vivere da cristiani!
(Papa Francesco)