domingo, 17 de febrero de 2013

TEMAS PARA EL AÑO DE LA FE 4

LA FE ES NECESARIA PARA EL SER HUMANO.
SU TRANSMISIÓN ES LA MÁXIMA HERENCIA

Para impartirlo a padres de familia y adultos en general

"¿Qué hombre hay de ustedes, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7, 9-11). 

Partiendo de este texto bíblico, los padres y pensando también en los responsables o personas equiparables, desean los mejor para sus hijos, para quienes están a su cargo, a pesar de la imperfección humana. Muchos padres y responsables quieren lo mejor para sus hijos, son capaces de sacrificios con tal de que ellos no sufran carencias, si por los papás fuera, desearan una buena casa, ropa, alimentación, oportunidades, herencia y demás bienes o condiciones para su progenie. Hay casos de padres que según su mentalidad están brindándoles lo mejor a sus hijos, actuando con buena intención, pero en realidad le están ocasionando un daño presente, a corto o largo plazo. Ante estos deseos, intenciones y actitudes, nos preguntamos: ¿Qué es lo mejor que pueden dar los padres a sus hijos? ¿Cuál es la máxima herencia que pueden dejar los padres en la vida de sus hijos? Respondemos sin vacilaciones: LA FE. 

"Hoy no se puede más ser cristiano como simple consecuencia del hecho de vivir en una sociedad que tiene raíces cristianas: también quien nace de una familia cristiana y es educado religiosamente debe, cada día, renovar la elección de ser cristiano; por eso, dar a Dios el primer puesto, de cara a la tentación que una cultura secularizada le propone continuamente, de frente al juicio critico de muchos contemporáneos" (Benedicto XVI, 13 febrero 2013). 

La pregunta que ahora debemos responder es: ¿Por qué es necesaria la fe? ¿Por qué los padres o responsables deben transmitírsela a los hijos? ¿Por qué la fe es la mejor herencia? ¿En qué le servirá a los hijos vivir de la fe durante su existencia terrenal? Ante una sociedad cada vez más influenciada por el securalismo, materialismo, consumismo, relativismo, la tecnología y la ciencia, responder a esas cuestiones es vital. Observando a los niños, adolescentes y jóvenes de manera panorámica y algunos con mayor atención, hay una nueva generación formada por elementos contrastantes con Dios y sus preceptos. Una independencia in crescendo en relación con Dios, la Iglesia y una vida marcada por la fe.

"La fe nos dona precisamente esto: es un confiado entregarse a un «Tú» que es Dios, quien me da una certeza distinta, pero no menos sólida que la que me llega del cálculo exacto o de la ciencia. La fe no es un simple asentimiento intelectual del hombre a las verdades particulares sobre Dios; es un acto con el que me confío libremente a un Dios que es Padre y me ama; es adhesión a un «Tú» que me dona esperanza y confianza. Cierto, esta adhesión a Dios no carece de contenidos: con ella somos conscientes de que Dios mismo se ha mostrado a nosotros en Cristo; ha dado a ver su rostro y se ha hecho realmente cercano a cada uno de nosotros...  Es una apuesta de vida que es como un éxodo, salir de uno mismo, de las propias seguridades, de los propios esquemas mentales, para confiarse a la acción de Dios que nos indica su camino para conseguir la verdadera libertad, nuestra identidad humana, la alegría verdadera del corazón, la paz con todos" (Benedicto XVI, 24 Octubre 2012). 

 "Recordamos la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre, de un modo especial en este Año de la fe. Desde la primera evangelización la transmisión de la fe, en el transcurso de las generaciones, ha encontrado un lugar natural en la familia. Hoy asistimos a una desvalorización del papel de la familia en este campo, debido a múltiples factores. No podemos dar por supuesto la vivencia de la fe cristiana en muchos hogares cristianos con las consecuencias que ello conlleva en la asimilación de la fe por parte de los hijos. Por esto queremos animar a las familias a ocupar su puesto en la transmisión de la fe, a pesar de las dificultades y crisis por las que atraviesan. La nueva evangelización debe ir dirigida de manera primera y prioritaria a la familia, como la realidad a la que más han afectado los cambios sociales y la poca valoración de la fe. La fe, don de Dios, se nos infunde en el Bautismo, en cuya celebración los padres piden para sus hijos «la fe de la Iglesia». Este es el signo eficaz de la entrada en el pueblo de los creyentes para alcanzar la salvación. La familia vive dicha fe y participa también en la fe de sus hijos en las diversas etapas de formación y desarrollo de la vida cristiana. Así, el primer fundamento de una pastoral familiar renovada es la vivencia intensa de la iniciación cristiana.

Los padres apoyan a los hijos y caminan con ellos mientras realizan el aprendizaje de la vida  cristiana y entran gozosamente en la comunión de la Iglesia para ser en ella adoradores del Padre y testigos del Dios vivo. La familia, de este modo, se convierte en el primer transmisor de la fe, y esta crece cuando se vive como consecuencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y de gozo La familia es el ámbito natural donde es acogida la fe y la que va a contribuir de una manera muy especial a su crecimiento y desarrollo. En ella se dan los primeros pasos de la educación temprana de la fe y los hijos aprenden las primeras oraciones,  como el avemaría, el “Jesusito de mi vida”, el “Ángel de mi guarda” y el padrenuestro. También experimentan el amor a la Virgen, a Jesucristo, y es donde por primera vez oyen  hablar de Dios y aprenden a quererlo viviendo el testimonio de sus padres. Este testimonio de los padres, en la continua y progresiva educación familiar, marca un tenor de vida en todos los ámbitos de la existencia humana. Se desarrolla en la catequesis familiar, la introducción a la oración -«la oración es el alimento de la fe» dice Juan Pablo II-, la lectura meditada de la Palabra de Dios a través de la lectio divina y en la práctica sacramental de la familia, en sintonía y colaboración con la comunidad parroquial.


Así, la familia es el “lugar” privilegiado donde se realiza la unión de «la fe que se piensa» con 
«la vida que se vive» a partir del despertar religioso. La fe, al igual que la familia, es compañera de vida que nos permite distinguir las maravillas de Dios a lo largo de nuestro caminar. Como la familia, la fe está presente en las diversas etapas de nuestra existencia (niñez, adolescencia, juventud…), así como en los momentos difíciles y en los alegres. De esta forma la fe va acompañándonos siempre en todas las circunstancias de la vida familiar. La familia camina con sus hijos en esos importantes momentos  en los que se va fraguando su madurez y porvenir. Cuando la vivencia y experiencia cristiana se ha tenido en la familia puede que se atraviese por momentos de crisis, pero lo que se ha vivido de niño vuelve a renacer y a tener un peso específico en la fe adulta" (Conferencia Episcopal Española, 30 Diciembre 2012). 

La fe le da sentido a la existencia humana. Una persona que crece sin fe, va avanzando pero sin un final que plenifique su peregrinar. La fe nos vuelve más humano y constructores de una sociedad mejor. La fe vuelve los problemas, contrariedades, situaciones difíciles en medios de crecimiento y santificación. Toda persona humana aspira a autorrealizarse y por supuesto a ser feliz, pues, la fe nos conduce a dicho propósito. La fe nos hace ver el mundo como medio no como fin. Depende la historia personal de cada uno, pero realmente la fe es la que hace mantener en pie, en lucha, en no desanimarse ante tanta corrupción y desencanto, encandece el animo y la vida espiritual. Por eso, los  responsables deben renovar su fe personal y como se hace con una planta, desde pequeños trabajar a los hijos, nietos, sobrinos, ahijados, hijastros, niños a cargo, para que sean hombres y mujeres felices, transmisores de valores evangélicos en el futuro. 

PARA LA REFLEXIÓN GRUPAL:

- ¿Cómo ven a los jóvenes y niños en la forma de hablar, pensar y actuar en su comunidad?

- ¿Consideran que los padres de familia y adultos en general están inculcando la fe cristiana en sus hogares?

- ¿Creen que es necesario educar en la fe a los niños y jóvenes? ¿Por qué?

- ¿Qué harán a partir de ahora por inculcar o renovar la fe en sus hogares y motivar en aquellos donde no se alimentan de ella?