domingo, 27 de enero de 2013

REFLEXIÓN


"LA RAZÓN INCOMPATIBLE CON LA FE NO ES RAZÓN,
Y LA FE OPUESTA A LA VERDADERA RACIONALIDAD NO ES FE"

"La Iglesia ha propuesto siempre a santo Tomás como maestro de pensamiento y modelo del modo correcto de hacer teología" (Juan Pablo II, Fides et ratio, n. 43). La celebración en honor a santo Tomás, invita a redescubrir su pensamiento y testimonio, y en ese redescubrimiento encontramos el llamado a mantener siempre la consonacia entre Revelación cristiana y la recta razón, es decir, para hacer teología "hoy", no es necesario formular,  proponer o aportar  en disonancia con el "depositum fidei". 

Por otra parte, la gran obra de santo Tomás de Aquino, fue que mostró que la fe y la razón van juntas, teniendo en cuenta que en su tiempo había un enfrentamiento entre dos culturas, y al mismo tiempo, un momento en que parecía que la fe debía rendirse ante la razón, por ello, ese es su legado central , mostrar que "lo que parecía razón incompatible con la fe no era razón, y que lo se presentaba como fe no era fe, pues se oponía a la verdadera racionalidad" (Benedicto XVI, 2 de junio de 2010); así, creó una nueva síntesis, que ha formado la cultura de los siglos sucesivos. 

Después de resaltar la gran obra y conclusiones fundamentales del santo pensador, detengámonos en su contexto histórico ya rápidamente descrito. En ese período, la cultura del mundo latino se había visto profundamente estimulada por el encuentro con las obras de Aristóteles, que durante mucho tiempo permanecieron desconocidas. Se trataba de escritos sobre la naturaleza del conocimiento, sobre las ciencias naturales, sobre la metafísica, sobre el alma y sobre la ética, ricas en informaciones e intuiciones que parecían válidas y convincentes. Era una visión completa del mundo desarrollada sin Cristo y antes de Cristo, con la pura razón, y parecía imponerse a la razón como «la» visión misma; por tanto, a los jóvenes les resultaba sumamente atractivo ver y conocer esta filosofía. Muchos acogieron con entusiasmo, más bien, con entusiasmo acrítico, este enorme bagaje del saber antiguo, que parecía poder renovar provechosamente la cultura, abrir totalmente nuevos horizontes. Sin embargo, otros temían que el pensamiento pagano de Aristóteles estuviera en oposición a la fe cristiana, y se negaban a estudiarlo. Se confrontaron dos culturas: la cultura pre-cristiana de Aristóteles, con su racionalidad radical, y la cultura cristiana clásica. Ciertos ambientes se sentían inclinados a rechazar a Aristóteles por la presentación que de ese filósofo habían hecho los comentaristas árabes Avicena y Averroes. De hecho, fueron ellos quienes transmitieron al mundo latino la filosofía aristotélica. Por ejemplo, estos comentaristas habían enseñado que los hombres no disponen de una inteligencia personal, sino que existe un único intelecto universal, una sustancia espiritual común a todos, que actúa en todos como «única»: por tanto, una despersonalización del hombre. Otro punto discutible que transmitieron esos comentaristas árabes era que el mundo es eterno como Dios. Como es comprensible se desencadenaron un sinfín de disputas en el mundo universitario y en el eclesiástico. La filosofía aristotélica se iba difundiendo incluso entre la gente sencilla.

Tomás de Aquino, siguiendo la escuela de Alberto Magno, llevó a cabo una operación de fundamental importancia para la historia de la filosofía y de la teología; o como dice Benedicto XVI, para la historia de la cultura: estudió a fondo a Aristóteles y a sus intérpretes, consiguiendo nuevas traducciones latinas de los textos originales en griego. Así ya no se apoyaba únicamente en los comentaristas árabes, sino que podía leer personalmente los textos originales; y comentó gran parte de las obras aristotélicas, distinguiendo en ellas lo que era válido de lo que era dudoso o de lo que se debía rechazar completamente, mostrando la consonancia con los datos de la Revelación cristiana y utilizando amplia y agudamente el pensamiento aristotélico en la exposición de los escritos teológicos que compuso. En definitiva, Tomás de Aquino mostró que entre fe cristiana y razón subsiste una armonía natural. 

Santo Tomás de Aquino, en este año de la fe, los principios de tu legado oficializados por la Iglesia, nos ayuden a crecer en la armonía entre fe y razón, a fortalecer ambas por su inseparable consonancia, a extender y profundizar la verdad enseñada por la Iglesia, sin traicionar la Revelación y la doctrina, sino, se puede pasar de la racionalidad a una insensatez con pretensión de alta racionalidad y aportación para nuestro tiempo.