domingo, 28 de abril de 2013

INICIA MES DE MAYO


CON TRES RICAS CELEBRACIONES

En el inicio de la primera semana de mayo, encontramos tres celebraciones que inauguran y marcan la pauta de todo el mes: Apertura del mes mariano, san José Obrero y la fiesta de la Santa Cruz. 

APERTURA DEL MES MARIANO



«El mes de mayo nos estimula a pensar y a hablar de modo particular de Ella. En efecto, este es su mes. Así pues, el período del año litúrgico, [Resurrección], y el corriente mes llaman e invitan nuestros corazones a abrirse de manera singular a María.» (Juan Pablo II, Mayo 1979)

«Dios quiere que no tengamos nada que no pase por manos de María» (San Bernardo)

Aconteció en Roma, una hermosa noche de Mayo a fines del siglo XVIII. Un niño pobre reunió a sus compañeros y los guió a una estatua de María, a cuyos pies ardía una lámpara según costumbre de esa santa ciudad. Ahí, esas voces frescas cantaron la Letanía de Nuestra Señora. El pequeño grupo se volvió a reunir al día siguiente. Esta vez los acompañaban más niños. La siguiente vez las mamás se unieron a la pequeña asamblea. Pronto nuevos grupos se formaron y la devoción se popularizó rápidamente.

Las almas piadosas, preocupadas por el desorden en la conducta que el regreso de la primavera propicia y acrecienta, vieron en esta devoción la mano de Dios. Su cooperación con tal designio providencial fue promover la devoción como un acto solemne y público de reparación. Así fue fundado el Mes de María.

'Es el mes en que, en los templos y en las casas particulares, sube a María desde el corazón de los cristianos el más ferviente y afectuoso homenaje de su oración y veneración. Es también el mes en el que desde su trono descienden hasta nosotros los dones más generosos y abundantes de la Divina Misericordia'. (Pablo VI, Mense Maio)

'El mes de mayo nos estimula a pensar y a hablar de modo particular de Ella. En efecto, este es su mes. Así pues, el período del año litúrgico, [Resurrección], y el corriente mes llaman e invitan nuestros corazones a abrirse de manera singular a María'. (Juan Pablo II, Mayo 1979)

Los cristianos, que queremos estar siempre cerca de María, le podemos ofrecer algo especial durante el mes de mayo: romerías, visitas a alguna iglesia dedicada a la Virgen, pequeños sacrificios en su honor, ofrecimiento del estudio o del trabajo bien acabado o el rezo más atento del Santo Rosario.

SAN JOSÉ, OBRERO


Hoy la Iglesia recuerda, en el día de los trabajadores, a san José, obrero.

Pablo VI se ha expresado al respecto: "Vosotros, los hijos del trabajo, que durante siglos habéis sido los esclavos de la labor, buscad a aquel que declara que la vida es sagrada, que el obrero es libre de las cadenas que la primacía del materialismo y del egoísmo económico ha soldado no sólo en torno de los puños de los trabajadores, sino en torno de su corazón y de su espíritu... Buscad un principio, una razón que haga a los hombres iguales, solidarios entre sí, y que les devuelva la fraternidad. Y ello no en el odio contra otros hombres... Ya que todos viven en una comunidad natural, que traten de formar una sociedad humana y que sientan la grandeza de ser un pueblo". 


El mundo humano es el mundo del trabajo, hecho por la inteligencia, a través de las manos que en medio de la naturaleza señalaron el camino del progreso y la cultura. Dios concedió manos a otras especies, pero sólo a la mano del hombre le dio el carácter de herramienta. Toda la técnica sobre la cual se asienta la civilización es prolongación de esa mano que Dios otorgó al hombre.


Hoy celebramos al padre nutricio de Jesús, justo y humilde carpintero de Nazaret, que pasa la vida no sólo en la meditación y la oración, sino también en las fatigas de su artesanía. José es el símbolo de la prudencia, del silencio, de la generosidad, de la dignidad y de la aplicación en el trabajo; también lo es de los derechos y de los deberes respecto del trabajo.

San José fue un auténtico obrero en el pleno sentido de la palabra, y el único hombre que compartió con el Hijo de Dios la tarea de todos los días.

Recordamos hoy a todos los trabajadores de nuestra patria y del mundo, pidiendo al cielo para que sean instrumento de paz, de evangelización, de serena inteligencia, de valor y de confianza en sí mismos, de esperanzas de bien y de fervientes voluntad, dignos y sin retaceos en la hermandad de los hombres. Hoy la Iglesia recuerda, en el día de los trabajadores, a san José, obrero.

Juan Pablo II enseña que los hombres descubren pronto la cruz en su trabajo; precisamente por ello el esfuerzo humano es redentor, pues Cristo lo ha unido a su pasión: también él fue obrero y predicó su evangelio del trabajo conociendo íntimamente esta realidad que tiene por protagonistas a todos los hombres y mujeres del mundo.

FIESTA DE LA SANTA CRUZ

Hasta hace unos años, existían ambas fiestas en el calendario romano. El 3 de mayo, se celebraba la Invención de la Santa Cruz, que rememoraba el hallazgo de la verdadera Cruz, por Santa Elena, según la leyenda piadosa. El 14 de septiembre se recordaba la Exaltación de la Cruz, a partir de su recuperación de manos musulmanas y su entrada triunfante en Jerusalén, en manos del emperador Heraclio.
La Iglesia, en su revisión del calendario fusionó ambas fiestas en la del 14 de septiembre, pero sin eliminar la devoción de la fiesta de "la cruz de mayo", donde se hallaba establecida y gozaba de tradición, adornando las cruces con flores u otros signos. Actualmente, más que al hecho histórico del hallazgo o la recuperación de la cruz material, la fiesta hace, (con sus oraciones y lecturas) a la necesidad del sacrificio redentor de Cristo, y no tanto a la cruz, como instrumento.
3 de Mayo
Año 326.
Con este signo vencerás:.
Cuenta el historiador Eusebio de Cesarea que el general Constantino, hijo de Santa Elena, era pagano pero respetaba a los cristianos. Y que teniendo que presentar una terrible batalla contra el perseguidor Majencio, jefe de Roma, el año 311, la noche anterior a la batalla tuvo un sueño en el cual vio una cruz luminosa en los aires y oyó una voz que le decía: ""Con este signo vencerás"", y que al empezar la batalla mandó colocar la cruz en varias banderas de los batallones y que exclamó: ""Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena"". Y la victoria fue total, y Constantino llegó a ser Emperador y decretó la libertad para los cristianos, que por tres siglos venían siendo muy perseguidos por los gobernantes paganos.
Escritores sumamente antiguos como Rufino, Zozemeno, San Cristótomo y San Ambrosio, cuentan que Santa Elena, la madre del emperador, pidió permiso a su hijo Constantino para ir a buscar en Jerusalén la cruz en la cual murió Nuestro Señor. Y que después de muchas y muy profundas excavaciones encontró tres cruces. Y como no sabían cómo distinguir la cruz de Jesús de las otras dos, llevaron una mujer agonizante. Al tocarla con la primera cruz, la enferma se agravó, al tocarla con la segunda, quedó igual de enferma de lo que estaba antes. Pero al tocarla con la tercera cruz, la enferma recuperó instantáneamente la salud. Y entonces Santa Elena, y el obispo de Jerusalén, Macario, y miles de devotos llevaron la cruz en piadosa procesión por las calles de Jerusalén. Y que por el camino se encontraron con una mujer viuda que llevaba a su hijo muerto a enterrar y que acercaron la Santa Cruz al muerto y éste resucitó.
Por muchos siglos se ha celebrado en Jerusalén y en muchísimos sitios del mundo entero, la fiesta de la Invención o hallazgo de la Santa Cruz el día 3 de Mayo.
Una canción religiosa dice: ""Venid oh cristianos - la cruz veneremos - la cruz recordemos - de Cristo Jesús.

jueves, 18 de abril de 2013

FIESTA DE JESUCRISTO, EL BUEN PASTOR


"Sólo quien está atento a la voz del Señor 
es capaz de evaluar en su propia conciencia 
las decisiones correctas para obrar según Dios"

La liturgia del IV domingo de Pascua nos presenta uno de los iconos más bellos que, desde los primeros siglos de la Iglesia, han representado al Señor Jesús: el del buen Pastor (ὁ ποιµὴν ὁ καλὸς). El Evangelio de san Juan, en el capítulo décimo, nos describe los rasgos peculiares de la relación entre Cristo pastor y su rebaño, una relación tan íntima que nadie podrá jamás arrebatar las ovejas de su mano. De hecho, están unidas a él por un vínculo de amor y de conocimiento recíproco, que les garantiza el don inconmensurable de la vida eterna. 

Al mismo tiempo, el Evangelista presenta la actitud del rebaño hacia el buen Pastor, Cristo, con dos verbos específicos: escuchar y seguir. Estos términos designan las características fundamentales de quienes viven el seguimiento del Señor. Ante todo la escucha de su Palabra, de la que nace y se alimenta la fe. Sólo quien está atento a la voz del Señor es capaz de evaluar en su propia conciencia las decisiones correctas para obrar según Dios. De la escucha deriva, luego, el seguir a Jesús: se actúa como discípulos después de haber escuchado y acogido interiormente las enseñanzas del Maestro, para vivirlas cada día.

En este domingo surge espontáneamente recordar a Dios a los pastores de la Iglesia y a quienes se están formando para ser pastores. Por tanto, les invito a una oración especial por los obispos —incluido el Obispo de Roma, Papa Francisco—, por los párrocos, por todos aquellos que tenemos responsabilidades en la guía del rebaño de Cristo, para que seamos fieles y sabios al desempeñar el ministerio. En particular, recemos por las vocaciones al sacerdocio en esta Jornada mundial de oración por las vocaciones, para que no falten nunca obreros válidos en la mies del Señor. Hace setenta años, el venerable Pío XII instituyó la Obra pontificia para las vocaciones sacerdotales. La feliz intuición de Pío XII se fundaba en la convicción de que las vocaciones crecen y maduran en las Iglesias particulares, ayudadas por ambientes familiares sanos y robustecidos por espíritu de fe, de caridad y de piedad. En el mensaje para esta Jornada mundial de oración por las vocaciones, el último mensaje del Papa emérito Benedicto XVI, subrayamos lo siguiente:  

"Con motivo de la 50 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 21 de abril de 2013, cuarto domingo de Pascua, quisiera invitaros a reflexionar sobre el tema: «Las vocaciones signo de la esperanza fundada sobre la fe», que se inscribe perfectamente en el contexto del Año de la Fe y en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II. El siervo de Dios Pablo VI, durante la Asamblea conciliar, instituyó esta Jornada de invocación unánime a Dios Padre para que continúe enviando obreros a su Iglesia (cf. Mt 9,38).       

La esperanza es espera de algo positivo para el futuro, pero que, al mismo tiempo, sostiene nuestro presente, marcado frecuentemente por insatisfacciones y fracasos. ¿Dónde se funda nuestra esperanza? Contemplando la historia del pueblo de Israel narrada en el Antiguo Testamento, vemos cómo, también en los momentos de mayor dificultad como los del Exilio, aparece un elemento constante, subrayado particularmente por los profetas: la memoria de las promesas hechas por Dios a los Patriarcas; memoria que lleva a imitar la actitud ejemplar de Abrahán, el cual, recuerda el Apóstol Pablo, «apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho: Así será tu descendencia» (Rm 4,18). Una verdad consoladora e iluminante que sobresale a lo largo de toda la historia de la salvación es, por tanto, la fidelidad de Dios a la alianza, a la cual se ha comprometido y que ha renovado cada vez que el hombre la ha quebrantado con la infidelidad y con el pecado, desde el tiempo del diluvio (cf. Gn 8,21-22), al del éxodo y el camino por el desierto (cf. Dt 9,7); fidelidad de Dios que ha venido a sellar la nueva y eterna alianza con el hombre, mediante la sangre de su Hijo, muerto y resucitado para nuestra salvación.

Queridos hermanos y hermanas, ¿en qué consiste la fidelidad de Dios en la que se puede confiar con firme esperanza? En su amor. Él, que es Padre, vuelca en nuestro yo más profundo su amor, mediante el Espíritu Santo (cf. Rm 5,5). Y este amor, que se ha manifestado plenamente en Jesucristo, interpela a nuestra existencia, pide una respuesta sobre aquello que cada uno quiere hacer de su propia vida, sobre cuánto está dispuesto a empeñarse para realizarla plenamente. El amor de Dios sigue, en ocasiones, caminos impensables, pero alcanza siempre a aquellos que se dejan encontrar. La esperanza se alimenta, por tanto, de esta certeza: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16). Y este amor exigente, profundo, que va más allá de lo superficial, nos alienta, nos hace esperar en el camino de la vida y en el futuro, nos hace tener confianza en nosotros mismos, en la historia y en los demás. Quisiera dirigirme de modo particular a vosotros jóvenes y repetiros: «¿Qué sería vuestra vida sin este amor? Dios cuida del hombre desde la creación hasta el fin de los tiempos, cuando llevará a cabo su proyecto de salvación. ¡En el Señor resucitado tenemos la certeza de nuestra esperanza!» (Discurso a los jóvenes de la diócesis de San Marino-Montefeltro, 19 junio 2011).

Las vocaciones sacerdotales y religiosas nacen de la experiencia del encuentro personal con Cristo, del diálogo sincero y confiado con él, para entrar en su voluntad. Es necesario, pues, crecer en la experiencia de fe, entendida como relación profunda con Jesús, como escucha interior de su voz, que resuena dentro de nosotros. Este itinerario, que hace capaz de acoger la llamada de Dios, tiene lugar dentro de las comunidades cristianas que viven un intenso clima de fe, un generoso testimonio de adhesión al Evangelio, una pasión misionera que induce al don total de sí mismo por el Reino de Dios, alimentado por la participación en los sacramentos, en particular la Eucaristía, y por una fervorosa vida de oración". 

También en este tiempo, en el que la voz del Señor corre el riesgo de verse ahogada por muchas otras voces, cada comunidad eclesial está llamada a promover y cuidar las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. En efecto, los hombres siempre tienen necesidad de Dios, también en nuestro mundo tecnológico, y siempre habrá necesidad de pastores que anuncien su Palabra y que ayuden a encontrar al Señor en los sacramentos.

Queridos hermanos y hermanas, fortalecidos por la alegría pascual y por la fe en el Resucitado, confiemos nuestros propósitos y nuestras intenciones a la Virgen María, madre de toda vocación, para que con su intercesión suscite y sostenga numerosas y santas vocaciones al servicio de la Iglesia y del mundo.

domingo, 7 de abril de 2013

TEMA PARA EL AÑO DE LA FE, N. 5


EL CREDO 
I PARTE

Pbro. António Vaz Pinto

“Creo en un solo Dios,
Padre Topoderoso
Creador del Cielo y de la tierra
de toda las cosas visibles e invisibles"

El “credo” es una formula que pretende resumir lo esencial de la fe cristiana. cuando nos bendecimos, diciendo, “en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y, simultáneamente  hacemos en nosotros la señal de la cruz, estamos utilizando un “mini-credo”, afirmando los 2 misterios más esenciales de la fe cristiana, la trinidad y la redención.

Cuando participamos en un bautismo, antes del rito sacramental propiamente dicho, el ministro del sacramento interroga al bautizando (si es adulto) o a sus representantes (padres y padrinos); primero, renuncian a Satanás, a todas sus obras y a todas sus seducciones; inmediatamente después, también de forma interrogativa, se asiente en lo fundamental de la fe cristiana, en Dios Padre, en Dios Hijo y en Dios Espíritu Santo y en la Iglesia. Es la llamada confesión de la fe, la expresión pública de la fe cristiana.


Este mismo credo interrogativo, previo al bautismo, explicando su sentido, se fue desenvolviendo y acrecentando hasta llegar a los “credos” de hoy. Entre estos, hay 2 que merecen especialmente ser referidos: el llamado “Símbolo de los Apóstoles  (que era el más habitualmente usado hasta el Concilio Vaticano II y que continua a poder ser utilizado) muy antiguo y muy ligado a la Iglesia Católica de Roma y a las Iglesias de ella derivadas. Y, finalmente, tenemos el credo habitualmente utilizado en nuestras celebraciones de las solemnidades y  domingos, llamado credo “Niceno-constantinopolitano”, pues fue elaborado a partir de los importantísimos concilios de Nicea (325) - IV de Constantinopla (381). Más moderno, largo y completo con relación al Símbolo de los Apóstoles  este Credo tiene el valor acrecentado de ser aceptado y utilizado por las 3 grandes ramas cristianas, las Iglesias Católica, Ortodoxa y Protestante. Paulo VI, en 1968, explicando y actualizando muchas de las expresiones tradicionales, propone también un “nuevo” credo, el llamado “Credo del Pueblo de Dios”.

Aclarado esto, entremos en el análisis de los términos del Credo niceno-constantinopolitano:

Creo – esto es "asiento", "acredito", "tengo fe". Es la palabra clave, la respuesta del hombre a la revelación de Dios.

Creer, acreditar, en el sentido bíblico y cristiano, no consiste apenas en tener por verdadera alguna afirmación; envuelve y supone una relación personal y única (de ahí que “creo” esta en singular) de aquel que acredita en Aquel que se revela y en Quién se acredita y en aquello que Él nos revela. La relación de fe es, así, una relación interpersonal de confianza, de acogida y de entrega.

En un solo Dios – esta es una afirmación fundamental, originada en el Antiguo Testamento, el rechazo del politeísmo: no hay varios dioses, buenos o malos, es la afirmación del monoteísmo: hay un solo y único Dios y Señor, a lo que el judaísmo llama (entre otros nombres) Yavé y el Islam llama Alá.

Este primer articulo del credo cristiano es pues, compartido por el judaísmo y el Islam, las grandes “religiones del libro”, las grandes religiones monoteístas.

Dios – este termino, en nuestro mundo cultural, influenciado por 2 milenios de cristianismo, lo mismo para los increyentes, nos parece de significado obvio  pero no lo es… Basta recordar los dioses egipcios, griegos y romanos, para percibir como su contenido tiene que ser purificado…



Por Dios, en el sentido del credo, se entiende aquella realidad que no es parte ni se confunde con el universo, superior a el, que es Autor y Señor del universo y del hombre, trascendente al proprio universo y de que éste permanentemente depende. No se trata de una mera fuerza o energía cósmica, de naturaleza impersonal. Aunque el termino no aparezca en la Sagrada Escritura, es una realidad de carácter personal, esto es, un centro de libertad y de relación que tiene nombre (Yavé) y que da nombre.


Padre – al decir que Dios es Padre, ultrapasamos los limites del monoteismo judaico y musulmán: si reconocemos que está solo Dios, ese mismo y único Dios, en si mismo no es simplemente Creador y Señor del universo; es, también y “antes”, padre, lo cual implica que haya también un hijo (pues lo que caracteriza al padre, es engendrar un hijo). En una  fase posterior de la comprensión de la revelación de Dios acontecida en Jesucristo (o Hijo eterno hecho hombre y revelador de Dios) la Comunidad creyente fue comprendiendo que Jesucristo, verdaderamente hombre, era también verdadero Dios y llamaba Padre a su Dios: esto es, en Dios mismo – hay Padre e Hijo y en un momento siguiente fue también comprendido que el Espirito Santo, de que ya se hablaba en el Antiguo Testamento, no era apenas una presencia especial de Dios en los profetas, en los reyes o en el Pueblo de Israel, pero El mismo pertenece también a la divinidad de Dios, esto es, es también Dios, con el Padre y el Hijo.

Todopoderoso – precisamente por ser único, el poder de Dios no está limitado, no está compartido con otros “dioses”, buenos o malos, como era creencia común.  Todopoderoso o Omnipotente, su poder es total, no tiene rivales ni conoce barreras.

Creador del Cielo y de la Tierra – La palabra creador dice más de lo que a primera vista parece; crear es diferente de fabricar, modelar; en la definición clásica, crear consiste en la “producción" de la realidad a partir de la nada de esa realidad o de otra realidad preexistente” que sea “transformada” por el Creador.

Así, la creación, reconocida a Dios, es bien diferente de la postura del emanentismo, en el cual la realidad producida tiene la misma naturaleza de su productor; igualmente del panteísmo, donde Dios y el universo, creador y criatura, se identifican.

Los autores bíblicos tienen tal conciencia de esta diferencia esencial, que explican la total transcendencia de Dios de cara a su obra, que reservan para el acto de crear, un verbo exclusivo – bará.

Cielo y Tierra – Para la cultura antigua, al contrario de la actual, el mundo no consistía apenas en la “Tierra”, en el universo físico donde estamos integrados; con diferencias de contenido, de cultura para la cultura, de religión para religión, en la generalidad de la cultura antigua, más allá de la Tierra existía también el Cielo, un otro “Mundo”, un otro conjunto de realidades, diferente y por encima de la “Tierra”.

Todas las cosas visibles e invisibles – Pero lo más importante de estas afirmaciones es que, al decir que Dios es “creador del Cielo y de la Tierra, de todas las cosas visibles e invisibles”, esto significa que no hay otros dioses en el Cielo, buenos o malos que el “maniqueísmo” – concepción de origen persa que defendía la existencia de un “dios malo” en lucha con el dios bueno, no tiene espacio: hay un solo Dios, Yavé, que es bueno y, por eso, también todas sus obras, visibles e invisibles, creadas por Él, son buenas. El mal es real, existe, pero para reconocerlo no es necesario aceptar ni la existencia de dioses malos ni la existencia de creaturas malas. También la materia, el cuerpo, son creaturas de Dios y, por tanto, son buenas también. Del mismo modo, los “ Ángeles”, esto es, las creaturas espirituales personales, creación de Dios, son también ellas buenas. El propio diablo no pasa de una creatura de Dios (v. Gen 3,1) creado bueno, por tanto, pero que por el abuso de su libertad se auto pervirtió  El optimismo radical de concepción judeo-cristiana está patente en el refrán que se sigue a cada uno de los días de la Creación en el relato del Génesis (Gen 1,1-31): “y Dios vio que era bueno” y al comentar la creación del hombre, como hombre y mujer, seres también corporales y sexuados, el todo de la creación, el refrán cambia: “Y Dio vio que era muy bueno” (Gen 1,31).

Non dobbiamo avere paura di essere cristiani e di vivere da cristiani!
(Papa Francesco)

lunes, 1 de abril de 2013

TIEMPO PASCUAL 2013


LAS GRANDES LINEAS LINEAS TEOLÓGICAS 
DE LA CINCUENTENA

¡Felices pascuas de resurrección para todos y todas! Gracias al esfuerzo renovador del movimiento litúrgico moderno (ver nota) y del Concilio Vaticano II, la Cincuentena ha recuperado sus grandes ejes tradicionales, y se presenta como un "gran domingo" que celebra el misterio de Cristo glorificado: tiempo de alegría e imagen del reino futuro. 

Un todo
La Cincuentena es, en primer lugar, un todo, no una serie de misterios fragmentados. Como señaló Tertuliano y repitieron después otros escritores eclesiásticos, la Pascua cristiana se prolonga cincuenta días, durante los cuales la Iglesia celebra el misterio de la glorificación total de Cristo, que se inicia con la Resurrección y se consuma con el envío del Espíritu tras su Ascensión a la derecha del Padre. 

Reencuentro nupcial
Este misterio de glorificación de Cristo produce una inefable alegría en la Iglesia, porque es el reencuentro nupcial de la Esposa con su Esposo, convertido en Señor del Universo con su Ascensión al cielo y presente, a la vez, en la historia como salvador y restaurador por la fuerza irresistible del Espíritu. 

Experiencia mística de la vida futura
Esta comunión sacramental entre la Iglesia y Cristo plenamente glorificado, comporta una experiencia mística de la vida futura, de la que la celebración litúrgica es su verdadero marco al ser una participación en la gloria del Resucitado que afecta a todas las dimensiones de la existencia cristiana y posibilita una real comunión vital con el Padre, mediante el Espíritu.  De este modo, la Pascua no queda encerrada en el espacio cultual-temporal de la Cincuentena, sino que se extiende a todos los instantes de la vida del cristiano, para quien cualquier época del año es Pascua en sentido teológico. Ciertamente, esta experiencia del reino futuro no es perfecta ni definitiva, dada la provisionalidad que imprime el carácter terreno y peregrinante de la Iglesia, pero es una verdadera participación, aunque incoada y en prenda. 

Como un gran domingo
Este misterio está en el origen de una tradición que se remonta al siglo II, según la cual la Cincuentena es como un "gran domingo", pues los cincuenta días pascuales son como un solo día, un gran "día octavo" imagen y anticipación del día definitivo. 

Elementos estructurales
La teología unitaria de la Cincuentena no impide distinguir en ella los siguientes elementos estructurales: el Domingo de Resurrección y la Octava de Pascua, los domingos y ferias pascuales, la Ascensión y Pentecostés. 

Texto base: José Antonio Abad Ibañez, La celebración del Misterio Cristiano, España 2000,  ed. Eunsa, pp. 558-559. 


Nota: El movimiento litúrgico moderno. El siglo XIX supuso una inflexión importante, pues comenzó el declive del rubricismo y el nacimiento de nuevas tendencias que fraguaron en el "movimiento litúrgico" moderno y alcanzaron su cenit en la constitución sobre liturgia del Vaticano II.

Este "movimiento" está jalonado por una serie de piedras miliares, entre las que destacan los papas san Pío X y Pío XII, algunos centros de formación litúrgica y una cadena de eminentes liturgistas desde dom Próspero Guéranger hasta nuestros días. 

"Accogliere questa vittoria nella nostra vita 
e nelle realtà concrete della storia e della società"
(Papa Francesco)