viernes, 22 de marzo de 2013

INICIA LA SEMANA SANTA 2013


CONMEMORANDO EL XXXIII ANIVERSARIO
DEL MARTIRIO DE MONSEÑOR ROMERO

En este “Año de la Fe”, en nuestro país, coincide la celebración litúrgica del Domingo de Ramos con el XXXIII Aniversario del Martirio de Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Esta Semana Santa, por tanto, tenemos un personaje, un cristiano, un pastor que experimenta y concretiza la situación de nuestro Señor Jesucristo; por ello, pienso no debe desaprovecharse la ocasión de esta providencial coincidencia. “El Domingo de Ramos es el gran pórtico que nos lleva a la Semana Santa, la semana en la que el Señor Jesús se dirige hacia la culminación de su vida terrena. Él va a Jerusalén para cumplir las Escrituras y para ser colgado en la cruz, el trono desde el cual reinará por los siglos, atrayendo a sí a la humanidad de todos los tiempos y ofrecer a todos el don de la redención” (Benedicto XVI, 1 Abril 2012).

Tomemos como meditación unos trazos de la homilía del gran obispo salvadoreño, en concreto la del 19 de marzo de 1978. “La liturgia no es recuerdo, aquí no estamos solamente recordando que hace veinte siglos Cristo entró a Jerusalén. La liturgia es presencia, es signo de realidades. La realidad es que hoy, este día 19 de marzo de 1978, entre panorama de palmas de catedral de San Salvador, Cristo está entrando aquí, a nuestras realidades salvadoreñas; y donde quiera que se está celebrando el Domingo de Ramos -y yo sé que a través de la radio lo estamos celebrando en diversas poblaciones, caseríos y cantones- allí está Cristo entrando como hace veinte siglos a Jerusalén en la realidad de esta presencia de la liturgia de nuestra Iglesia”.

Monseñor Romero explica el sentido litúrgico y lo lleva a la concreción de las realidades eclesiales, humanas y sociales, a esto él le llamó el sentido litúrgico de las celebraciones.  “Por eso, hermanos, yo les invito, desde este solemne pórtico de la Semana Santa, a vivir esta Semana Santa no como un recuerdo del pasado sino a vivirlo con la esperanza, con la angustia, con los proyectos, con los fracasos de nuestro mundo de hoy, de nuestra patria de hoy, para que Cristo nos cobije así como hace veinte siglos a Jerusalén y al mundo entero que había de vivir de su redención.

Para vivir este día recordemos los dos aspectos de la ceremonia. La primera parte triunfal: Cristo entra a Jerusalén y un pueblo sale a su encuentro entre hosannas y alegrías. Pero al entrar a la Catedral, como si Cristo entrara a Jerusalén, el ambiente se ensombrece y todo se torna de pasión. Y acaban de escuchar, en la voz de tres seminaristas casi dramatizar aquí ante nosotros, la lectura de la pasión de Cristo según San Mateo.

Yo quisiera preguntar, hermanos, a la luz de esta celebración y para vivir plenamente nuestra Semana Santa, estas tres preguntas que debían de estar flotando en la conciencia de todo cristiano reflexivo de esta Semana Santa de 1978.

- ¿Qué encuentra Cristo cuando entra a Jerusalén y qué encuentra Cristo ahora aquí?
- ¿Quién es el que entra a Jerusalén, y el que va a cargar con esa cruz y el que va a morir entre ignominias tan espantosas?
- ¿Qué compromiso supone para nosotros, su pueblo, esa fe en ese Cristo que vive redimiendo todavía a nuestra Patria y a todo el mundo?

¿Qué encuentra Cristo cuando entra a Jerusalén y qué encuentra Cristo ahora aquí?

Proponemos enfocar la respuesta de Monseñor, a la realidad nacional actual y a la realidad de la propia comunidad. “A la primera pregunta ¿qué encontró Cristo cuando entró a Jerusalén? Encontró visiblemente un pueblo bueno, unos niños, una juventud, una muchedumbre de peregrinos que salieron a su encuentro. Lo acabamos de representar al vivo. Uds. son esa muchedumbre buena, ese pueblo sencillo, esas almas que acogen con esperanza a Cristo, es el "resto" de Israel. Las promesas desembocaban entonces en ese pequeño pueblo que salió a recibirlo. Las promesas hechas a Abraham, a Moisés, a David; toda la veta del Antiguo Testamento viene a aflorar en este domingo de Ramos. El pueblo que había recibido promesas de un Redentor siente que ha llegado ese Redentor y le sale al encuentro. Hay un momento de luminosa fe, es el pueblo que acoge a Jesús”. “La Escritura, que nos recuerda cómo el Mesías lleva a cumplimiento la promesa de la bendición de Dios, la promesa originaria que Dios había hecho a Abraham, el padre de todos los creyentes: «Haré de ti una gran nación, te bendeciré… y en ti serán benditas todas las familias de la tierra» (Gn 12,2-3). Es la promesa que Israel siempre había tenido presente en la oración, especialmente en la oración de los Salmos. Por eso, el que es aclamado por la muchedumbre como bendito es al mismo tiempo aquel en el cual será bendecida toda la humanidad. Así, a la luz de Cristo, la humanidad se reconoce profundamente unida y cubierta por el manto de la bendición divina, una bendición que todo lo penetra, todo lo sostiene, lo redime, lo santifica” (Benedicto XVI, 1 abril 2012).

“Yo veo en Uds., querido pueblo que ha acudido a esta ceremonia y está rodeando los altares de todos nuestros templos en la Patria, el pueblo que espera de Cristo y sale feliz y sencillo a su encuentro. Dios no lo puede defraudar. Pero lamentablemente Cristo encuentra debajo de este pueblo que se alegra, el pecado. Él viene a quitar el pecado del mundo, Él viene a enfrentarse con esa fuerza de infierno, Él va a sentir ya en su propia carne el latigazo del demonio, del pecado, por meterse a redentor. Y así encuentra un templo convertido en mercado: "Quitad de aquí todo esto -dice Cristo-, mi casa es casa de oración y vosotros la habéis hecho cueva de ladrones".

Encuentra Cristo unas autoridades que tergiversan su mensaje. Encuentra una clase dirigente que ha torcido los destinos de ese pueblo y que lo puede orientar de este hosanna del Domingo de Ramos a una petición de condena el Viernes Santo. ¡Ah, lo que son los dirigentes de los pueblos! Si son buenos y competentes orientan al pueblo hacia el encuentro de Cristo, Redentor de los pueblos; pero si son ineptos y si llevan el pecado, la ambición, el egoísmo, seducen al pueblo hacia la perdición. Así sucede que Cristo encuentra maquinaciones hipócritas para perderlo, encuentra envidias que le dicen: "¿que no miras lo que gritan esos muchachos? Cállalos, que haya orden". Y Cristo les dice: "Si ellos callaran, las piedras hablarán. A Uds. lo que les pasa es que tienen envidia, pero si ustedes y los hombres no quieren aclamarme, las piedras mismas me aclamarían. Soy Dios que vengo a redimir al mundo y no tengo que encontrar oposiciones". Encuentra Cristo una tremenda injusticia social, un pueblo del cual Él ha dicho: "Me da lástima esta muchedumbre porque anda como ovejas sin pastor".

Eso encuentra Cristo en Jerusalén; y trasladando el paisaje, porque la liturgia no es recuerdo sino vivencia, ¿qué encuentra Cristo este domingo de Ramos de 1978 (2013), aquí, entre nosotros? También hermanos, un pueblo bueno. Yo estoy feliz de este pueblo que ha salido hoy con palmas y alegría a cantarle hosannas al Redentor. Yo siento la pureza de tantos niños, de tantos jóvenes, de tanta gente consagrada al Señor en la piedad sencilla, orando, pidiendo misericordia. Yo siento la presencia de un pueblo verdaderamente "resto" de fe y esperanza. Acrezcamos ese pueblo, hermanos, el pueblo que ha salido hoy al encuentro del Señor.

Pero lamentablemente así como en Jerusalén, encuentro detrás de esta muchedumbre que llena de alegría el corazón de Cristo, encuentro también el pecado, el pecado en sus formas horripilantes que van a matar también a Cristo en esta Semana Santa, lo están matando. Es la Semana Santa de un tiempo en El Salvador que da lástima.

Yo no sé cuántas cosas pudieran sacarse de los antros y de las tinieblas para presentarlas a Cristo, a sus divinas reprensiones y llamamientos de conversión”.

Monseñor Romero, pastor que sí conoce el sentir y vivir del pueblo, desea conducir a una claridad, a la neuralgia de la celebración, para desde ahí, la persona pueda ser más consciente en sus decisiones ante el Cristo sufriente y vencedor. Por otra parte, en Roma este día se celebra la Jornada Mundial de la Juventud. Traemos a memoria las palabras del Papa Emérito del año pasado, para los jóvenes. “Queridos jóvenes que os habéis reunido aquí. Esta es de modo particular vuestra Jornada en todo lugar del mundo donde la Iglesia está presente. Por eso os saludo con gran afecto. Que el Domingo de Ramos sea para vosotros el día de la decisión, la decisión de acoger al Señor y de seguirlo hasta el final, la decisión de hacer de su Pascua de muerte y resurrección el sentido mismo de vuestra vida de cristianos. Como he querido recordar en el Mensaje a los jóvenes para esta Jornada – «alegraos siempre en el Señor» (Flp 4,4) –, esta es la decisión que conduce a la verdadera alegría, como sucedió con santa Clara de Asís que, hace ochocientos años, fascinada por el ejemplo de san Francisco y de sus primeros compañeros, dejó la casa paterna precisamente el Domingo de Ramos para consagrarse totalmente al Señor: tenía 18 años, y tuvo el valor de la fe y del amor de optar por Cristo, encontrando en él la alegría y la paz” (Ibid.).

“Queridos hermanos y hermanas, que reinen particularmente en este día dos sentimientos: la alabanza, como hicieron aquellos que acogieron a Jesús en Jerusalén con su «hosanna»; y el agradecimiento, porque en esta Semana Santa el Señor Jesús renovará el don más grande que se puede imaginar, nos entregará su vida, su cuerpo y su sangre, su amor. Pero a un don tan grande debemos corresponder de modo adecuado, o sea, con el don de nosotros mismos, de nuestro tiempo, de nuestra oración, de nuestro estar en comunión profunda de amor con Cristo que sufre, muere y resucita por nosotros. Los antiguos Padres de la Iglesia han visto un símbolo de todo esto en el gesto de la gente que seguía a Jesús en su ingreso a Jerusalén, el gesto de tender los mantos delante del Señor. Ante Cristo – decían los Padres –, debemos deponer nuestra vida, nuestra persona, en actitud de gratitud y adoración. En conclusión, escuchemos de nuevo la voz de uno de estos antiguos Padres, la de san Andrés, obispo de Creta: «Así es como nosotros deberíamos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo sus pies nuestras túnicas o unas ramas inertes, que muy pronto perderían su verdor, su fruto y su aspecto agradable, sino revistiéndonos de su gracia, es decir, de él mismo... Así debemos ponernos a sus pies como si fuéramos unas túnicas... Ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria. Repitamos cada día aquella sagrada exclamación que los niños cantaban, mientras agitamos los ramos espirituales del alma: “Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor”» (PG 97, 994). Amén.

“Les invito, hermanos, a que participen; porque la Semana Santa es como un bautismo del pueblo, un bautismo en el que Cristo nos invita a incorporarnos a su pasión y a su resurrección” (Monseñor Romero).

domingo, 17 de marzo de 2013

PAPA FRANCISCO


¿HA INICIADO EN SU PERSONA 
LA RENOVACIÓN EN LA YA RENOVACIÓN?

Ah, come vorrei una Chiesa povera e per i poveri! (ah, ¡cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!), ha dicho el Papa Francisco, en el encuentro con los representantes de los medios de comunicación (16-marzo-2013). El concilio Vaticano II, obra personal de Juan XXIII, por inspiración del Espíritu Santo,  es el acontecimiento cristiano más importante del siglo XX, celebrado en un momento propicio religioso y cultural, en pleno desarrollo de la sociedad europea y en una excelente coyuntura mundial. "Contribuyeron favorablemente a su realización los movimientos de renovación eclesial previos al mismo; se opusieron los sectores considerados con los términos de inmovilistas y conservadores del catolicismo. En todo caso, el Concilio contribuyó a un cambio profundo de la cosmovisión cristiana, ya que fue el final de la contrarreforma, la consagración de los movimientos eclesiales innovadores, el reconocimiento de los valores de la modernidad y la aparición de una nueva conciencia de Iglesia" (cfr. Casiano Floristán). 

Ciertamente, con el Papa León XIII da inicio una nueva etapa en la Iglesia previa al Concilio, luego, con éste se ha concretizado el aggiornamento ya deseado. Pero, ahora 50 años después, se puede percibir la presión tanto dentro como fuera de la Iglesia, otro impulso renovador, tanto que algunos han hablado alrededor del año 2,000, sobre un Concilio Vaticano III, teniendo en cuenta y buscando la objetividad, que lo tratado en el Vaticano II, en parte, aún es una deuda. De ahí el titulo de mi escrito, el Espíritu Santo hace surgir un hombre de Dios, dentro de la aún ola renovadora del Concilio Vaticano II, para saldar esa deuda, con la aplicación y renovación desde su estilo personal. A manera de teoría, Dios suscita un latinoamericano y jesuita, dos aspectos que no se pueden ignorar, en un tiempo de una deseada purificación e impulso evangelizador. 

El Papa Francisco, hombre del pueblo y para el pueblo

Por la experiencia y estudio sobre el ser humano, consumados en los estudios de expertos y hasta en la vida práctica, no es bueno alabar de entrada a una persona, porque puede darse en el caminar una desilusión, se debe esperar que el tiempo diga lo mejor, aunque en el Papa Francisco, ya hay un largo recorrido testimonial previo a ser electo y por ello, se vuelve un hombre auténtico y esperanzador. 

Los Jesuitas tienen un cuarto voto, el de "las misiones". "San Ignacio de Loyola, su fundador, pretendía que todos los miembros de la Compañía de Jesús estuvieran siempre dispuestos a aceptar cualquier misión o acometido que el Papa tuviera a bien asignarles. Es un voto de disponibilidad total. La Compañía de Jesús no se limitaría a este o a aquel quehacer apostólico  tenía que estar pronta a responder positivamente a cualquier encomienda que le llegare del Romano Pontífice, esto es, pronta a decir "sí", a cualquier misión, cometido, empeño, trabajo, ocupación .. Un "si" incondicionado  un "sí" que no tiene en cuenta fatigas ni riesgos, ni aun en el caso de que la muerte por martirio resultare la previsión más realista" (San Ignacio de Loyola, Comunicadores Sin Fronteras, p. 22). El Papa Francisco dijo a los cardenales: "Que Dios les perdone lo que han hecho", y nunca quiso llegar a ser Pontífice, señaló su hermana María Elena, quien aún no termina de creer que ha sido elegido Obispo de Roma. Recordó que su hermano “no quería ser Papa” y que en 2005, cuando quedó segundo en la elección para suceder a Juan Pablo II, “rezaba para que no lo elijan”. Pero como todo hijo auténtico de San Ignacio de Loyola, al poseer la misión encomendada, se acata con responsabilidad y entrega total, esto hace de Francisco una esperanza para esta nueva etapa de la Iglesia, ya construida por sus próximos antecesores. San Ignacio de Loyola, cuando se le asignaba una encomienda, buscaba el modo de concretizarla, y por lo visto, el Papa Francisco, es heredero de la linea recta de san Ignacio, y por tanto, no debe extrañar su espontaneidad, su cercanía, su sencillez, su amenidad, porque sé que tiene claro el contexto actual a evangelizar, el por dónde se le debe llegar a la Iglesia y al mundo de hoy. 




A mi juicio, solamente el día que se presentó en el balcón, el día de su elección, dejo entrever su perfil papal. 

Hermanos y hermanas, buenas tardes.

Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo..., pero aquí estamos. Os agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. Gracias. Y ante todo, quisiera rezar por nuestro Obispo emérito, Benedicto XVI. Oremos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja.
(Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre).

Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad. Deseo que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el cual me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan hermosa. Y ahora quisiera dar la Bendición, pero antes, antes, os pido un favor: antes que el Obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis para el que Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la Bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí....
Ahora daré la Bendición a vosotros y a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
(Bendición).

Hermanos y hermanas, os dejo. Muchas gracias por vuestra acogida. Rezad por mí y hasta pronto. Nos veremos pronto. Mañana quisiera ir a rezar a la Virgen, para que proteja a toda Roma. Buenas noches y que descanséis.



El escudo del cardenal Jorge Mario Bergoglio, el nuevo Papa Francisco, refleja su humildad y devoción  a la Virgen María. 

El escudo cuenta con tres símbolos situados en triángulo, sobre fondo azul. Lo más destacado, en la parte superior, es el sol con las letras IHS en el centro. El símbolo de la Compañía de Jesús, a la que pertenece.

En la parte inferior izquierda hay una estrella de cinco puntas, que junto con el fondo azul simboliza a la Virgen María y en el lado inferior derecho hay un racimo de uvas que simboliza a Jesús como fuente de la Fe.

Bajo el escudo se distingue su lema en latín que significa: “humilde y sin embargo elegido”, que hace referencia a un pasaje de la Biblia en el que Jesús escoge a Mateo como discípulo. Mateo era un recaudador de impuestos que dejó las riquezas terrenales para predicar el Evangelio. 
 

¡QUÉ VIVA EL PAPA FRANCISCO!

domingo, 10 de marzo de 2013

BENEDICTO XVI

SERVUS VERITATIS

El Espíritu Santo suscita a Joseph Ratziger, el cual toma el nombre de Benedicto XVI, en un tiempo donde muchas personas abandonan las verdades objetivas y absolutas, para dar paso a la construcción de verdades subjetivas; en un tiempo en el que hasta los mismos católicos ponen en tela de juicio la doctrina de la Santa Madre Iglesia o la consideran una "imposición de la ortodoxia" (jerarquía); un tiempo en el cual las verdades se sugieren pasen a ser opiniones debatibles. Dios le regala a la Iglesia y al mundo un sacerdote con las ideas claras, con una enseñanza solida basada en el Evangelio y en la Tradición, una verdad fuertemente afincada en la razón iluminada por la fe, por tanto, un camino seguro para el hombre y la mujer contemporáneos. 




Cuando el cardenal Joseph Ratzinger resultó electo, muchos medios de comunicación empezaron a crear una imagen de él a base de sus opiniones, pero después vimos a un Papa distinto a esas opiniones, con unos escritos inteligibles, accesibles, llenos de profundidad tanto para el intelecto como para el corazón. 

Recuerdo que cuando me encontraba en el trienio teológico, leí un libro del teólogo Ratzinger, y realmente tuve que leerlo una vez o dos veces más para comprender el contenido, pues en la opinión de varios es una lectura con necesidad de mucha concentración. Pensé que sus escritos y predicaciones papales serían áridas y hasta abstractas, pero fueron todo lo contrario, han sido luces convincentes para el ser humano y cristiano que desee beber de su cátedra. 




Después de esa avalancha de comentarios en torno a la personalidad del Papa, surgió otra interrogante: Cuando escriba su primera enciclica o documento pontificio, ¿tratará sobre un tema de defensa de la fe o un tema fuertemente intelectual, académico? Y la sorpresa fue que escribió sobre el amor, la caridad (Deus caritas est). Un papa profesor de teología hablando sobre un tema de dimensión operativa y personalista. Por eso es también el Papa de la verdad, porque el amor en sentido pleno siempre es verdadero. Benedicto XVI  hizo ver que el mundo atraviesa por una crisis de amor, porque en el fundamento hay una crisis de verdad, y la verdad es que Dios existe y existe amando, que Él es Amor. 




Obviamente no realizó la misma cantidad de viajes como el gran Juan Pablo II, las circunstancias son más que comprensibles, pero dio la impresión de que Benedicto XVI priorizó sus salidas pastorales fuera de Italia, tocar aquellas sedes de muchas otras o a países influenciados fuertemente por el relativismo y securalismo, pero a donde fue, pregonó y animó en el redescubrimiento de la fe, a recordar la salvación, las verdades últimas del hombre, el dónde se encuentra la verdadera felicidad y paz. 




Otro aspecto a resaltar de Benedicto XVI, es un deseo y capacidad para el diálogo. Por eso es un verdadero intelectual, porque supo como dirigirse a todo tipo de persona, incluido los jefes de estado y políticos. El Papa siempre fue consciente de que la fe debe iluminar las realidades sociales. En todos sus diálogos con los lideres de naciones, estaba presente el anhelo de la paz, la cual es solida en la medida que se construya desde Dios, desde la Buena Nueva. 




Otros aspectos de la personalidad de Benedicto que me han cautivado, es la compaginación entre su alta intelectualidad y su sencillez, humildad. La fidelidad a Dios, a la Iglesia, a la Tradición, a la doctrina. El saber presentar la verdad eclesial al lenguaje y pensamiento del hombre de hoy. El transmitir un mensaje sin violentar la libertad. 




Dios lo bendiga Santo Padre Emérito, campeón de la fe, por su enseñanza y testimonio. Que este año de la fe promulgado por usted, sea un poderoso aliciente, regeneración, para los momentos actuales, las generaciones venideras y el andar del nuevo milenio. ¡Viva el Papa!