domingo, 24 de febrero de 2013

BENEDICTO XVI

LO QUE HA DICHO
EN SU ULTIMO "ANGELUS"

Podrían dividirse las palabras del Papa en tres partes: 1. En relación a las lecturas propuestas para este II Domingo del tiempo de la Cuaresma, en concreto, el Santo Evangelio; 2. Agradecimientos y aclaración en relación a su renuncia; 3. Los diferentes saludos en distintos idiomas.

A continuación, luz para los pueblos, ofrece la traducción de las tres partes mencionadas, excepto los saludos en lengua alemana y polaca. 


¡Queridos hermanos y hermanas!

¡Gracias por vuestro afecto!

Hoy, segundo domingo de Cuaresma, tenemos un Evangelio particularmente bello, el cual trata sobre la Transfiguración del Señor. El evangelista Lucas resalta el hecho de que Jesús se transfiguró mientras oraba: la suya es una experiencia profunda de relación con el Padre durante una especie de retiro espiritual que Jesús vive en la montaña en compañía de Pedro, Santiago y  Juan, los tres discípulos siempre presentes en los momentos de la manifestación divina del Maestro (Lc 5,10; 8,51; 9,28). El Señor, que poco antes había preanunciado su muerte y resurrección (9,22), ofrece a los discípulos un anticipo de su gloria. Y también en la Transfiguración  como en el Bautismo, resuena la voz del Padre celeste: «Este es mi hijo, el elegido, ¡escuchenlo!» (9,35). La presencia  pues, de Moisés y Elias, que representan la Ley y los Profetas de la Antigua Alianza,  es más que nunca significativa: toda la historia de la Alianza esta orientada hacia Él, Cristo, que realiza un nuevo « éxodo» (9,31), no en dirección a la tierra prometida como en el tiempo de Moisés, sino hacia el Cielo. La intervención de Pedro: «Maestro, es hermoso para nosotros estar aquí  (9,33) representa la tentación imposible de permanecer en tal experiencia mística. Comenta san Agustín: «[Pedro]…sobre el monte…tenía a Cristo como alimento del alma. ¿Porque debe bajar para volver a las fatigas y a los dolores, mientras allí estaba lleno de sentimientos de santo amor a Dios y que lo inspiraban una santa conducta ?» (Discurso 78,3: PL 38,491).

Meditando este pasaje del Evangelio, podemos extraer una enseñanza muy importante. En primer lugar, el primado de la oración, sin la cual todo el empeño del apostolado y de la caridad  se reduce al activismo.   En la Cuaresma aprendemos a dar el justo tiempo a la oración, personal y comunitaria, que da respiro a nuestra vida espiritual. Por otra parte, la oración no es un aislarse del mundo y de sus contradicciones, como en el Tabor habría querido hacer Pedro, sino, la oración reconduce al camino, a la acción. «La existencia cristiana – he escrito en el Mensaje para esta Cuaresma – consiste en un continuo salir del monte del encuentro con Dios, para pues, ir hacia abajo llevando el amor y la fuerza que se convierten, en el modo de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios» (n. 3).


Queridos hermanos y hermanas, esta Palabra de Dios la siento de modo particular dirigida a mi, en este momento de mi vida. ¡Gracias! “El Señor me pide que “suba a una montaña” para dedicarme aún más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar a la Iglesia. Es más, si Dios me pide esto es precisamente para poder seguir sirviéndola con la misma dedicación y el mismo amor con el que lo he hecho hasta ahora, pero de un modo más adecuado a mi edad y a mis fuerzas” Invocamos la intercesión de la Virgen María: ella nos ayuda a todos a seguir siempre al Señor Jesús, en la oración y en la caridad activa.



DESPUÉS DEL ANGELUS

EN ITALIANO

Queridos hermanos y hermanas!
¡Gracias! ¡Damos gracias al Señor por un poco de sol que nos da!


EN FRANCÉS

Los saludo con afecto, ¡queridos amigos de lengua francesa! En este domingo, los invito a continuar con coraje y determinación la Cuaresma, la cual es un tiempo de conversión espiritual y retorno al Señor. ¡Les doy las gracias de todo corazón por sus oraciones y por el amor que me estás mostrando en estos días! ¡Dios los bendiga a ustedes, a sus familias y a sus comunidades! ¡Buena Cuaresma a todos!

EN INGLÉS

Dirijo un saludo cordial a todos los visitantes de habla Inglesa presentes en esta oración mariana del Ángelus, en especial la Schola Cantorum de la Escuela de Oratoria de Londres. Doy las gracias a todos por las expresiones de gratitud. Muchos afecto y cercanía en la oración que he recibido en estos días. A medida que continuamos nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua, que podamos mantener nuestros ojos fijos en Jesús, el Redentor, cuya gloria fue revelada en el monte de la Transfiguración. ¡Sobre todos ustedes invoco abundantes bendiciones de Dios!

EN ESPAÑOL

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, y a cuantos se unen a esta oración mariana a través de los medios de comunicación, agradeciendo también tantos testimonios de cercanía y oraciones que me han llegado en estos días. Jesús, nos dice el Evangelio de hoy, subió al monte a orar, y entonces se trasfiguró, se llenó de luz y de gloria. Manifestaba así quién era él verdaderamente, su íntima relación con Dios Padre. En el camino cuaresmal, la Transfiguración es una muestra esperanzadora del destino final al que lleva el misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Y también un signo de la luz que nos inunda y transforma cuando rezamos con corazón sincero. Que la Santísima Virgen María nos siga llevando de su mano hacia su divino Hijo. Muchas gracias, y feliz domingo a todos.


EN PORTUGUÉS

Queridos peregrinos de lengua portuguesa que han venido a rezar el Angelus conmigo: gracias por su presencia y todas las manifestaciones de afecto y solidaridad, en particular por las oraciones con que me están acompañando en estos días. Que Dios los llene de todas las bendiciones.


EN ITALIANO NUEVAMENTE

Por último, dirijo un saludo cordial a todos ustedes en italiano. Sé que hay muchas diócesis, representantes de parroquias, asociaciones, movimientos, instituciones, así como muchos de los jóvenes, los ancianos y las familias. Gracias por su cariño y su compartir, especialmente en la oración, sobre todo en este momento tan especial para mí persona y para la Iglesia. Les deseo a todos un feliz domingo y una buena semana. ¡Gracias! En la oración siempre estamos cercanos. ¡Gracias a todos!



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NUEVO NUNCIO APOSTÓLICO PARA EL SALVADOR


El Papa Benedicto XVI ha nombrado al arzobispo León Kalenga Badkibele como nuncio apostólico en El Salvador.
Monseñor Kalenga, de 57 años, cuenta con una amplia experiencia en el servicio diplomático de la Santa Sede, sustituirá al italiano Monseñor Luigi Pezzutto, quién culminó su misión en el país a finales de enero, luego de siete años y medio de trabajo como nuncio apostólico.
Kalenga es doctor en derecho canónico y ha servido en las representaciones pontificias en Haití, Guatemala, Zambia, Brasil, Egipto, Zimbabue y Japón. Habla español, francés, italiano, inglés y portugués.
Nacido en el corazón de África, en la ciudad congolesa de Kamina, en la República Democrática del Congo (antiguo Zaire). Fue ordenado sacerdote en 1982 en Luebo.

domingo, 17 de febrero de 2013

TEMAS PARA EL AÑO DE LA FE 4

LA FE ES NECESARIA PARA EL SER HUMANO.
SU TRANSMISIÓN ES LA MÁXIMA HERENCIA

Para impartirlo a padres de familia y adultos en general

"¿Qué hombre hay de ustedes, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7, 9-11). 

Partiendo de este texto bíblico, los padres y pensando también en los responsables o personas equiparables, desean los mejor para sus hijos, para quienes están a su cargo, a pesar de la imperfección humana. Muchos padres y responsables quieren lo mejor para sus hijos, son capaces de sacrificios con tal de que ellos no sufran carencias, si por los papás fuera, desearan una buena casa, ropa, alimentación, oportunidades, herencia y demás bienes o condiciones para su progenie. Hay casos de padres que según su mentalidad están brindándoles lo mejor a sus hijos, actuando con buena intención, pero en realidad le están ocasionando un daño presente, a corto o largo plazo. Ante estos deseos, intenciones y actitudes, nos preguntamos: ¿Qué es lo mejor que pueden dar los padres a sus hijos? ¿Cuál es la máxima herencia que pueden dejar los padres en la vida de sus hijos? Respondemos sin vacilaciones: LA FE. 

"Hoy no se puede más ser cristiano como simple consecuencia del hecho de vivir en una sociedad que tiene raíces cristianas: también quien nace de una familia cristiana y es educado religiosamente debe, cada día, renovar la elección de ser cristiano; por eso, dar a Dios el primer puesto, de cara a la tentación que una cultura secularizada le propone continuamente, de frente al juicio critico de muchos contemporáneos" (Benedicto XVI, 13 febrero 2013). 

La pregunta que ahora debemos responder es: ¿Por qué es necesaria la fe? ¿Por qué los padres o responsables deben transmitírsela a los hijos? ¿Por qué la fe es la mejor herencia? ¿En qué le servirá a los hijos vivir de la fe durante su existencia terrenal? Ante una sociedad cada vez más influenciada por el securalismo, materialismo, consumismo, relativismo, la tecnología y la ciencia, responder a esas cuestiones es vital. Observando a los niños, adolescentes y jóvenes de manera panorámica y algunos con mayor atención, hay una nueva generación formada por elementos contrastantes con Dios y sus preceptos. Una independencia in crescendo en relación con Dios, la Iglesia y una vida marcada por la fe.

"La fe nos dona precisamente esto: es un confiado entregarse a un «Tú» que es Dios, quien me da una certeza distinta, pero no menos sólida que la que me llega del cálculo exacto o de la ciencia. La fe no es un simple asentimiento intelectual del hombre a las verdades particulares sobre Dios; es un acto con el que me confío libremente a un Dios que es Padre y me ama; es adhesión a un «Tú» que me dona esperanza y confianza. Cierto, esta adhesión a Dios no carece de contenidos: con ella somos conscientes de que Dios mismo se ha mostrado a nosotros en Cristo; ha dado a ver su rostro y se ha hecho realmente cercano a cada uno de nosotros...  Es una apuesta de vida que es como un éxodo, salir de uno mismo, de las propias seguridades, de los propios esquemas mentales, para confiarse a la acción de Dios que nos indica su camino para conseguir la verdadera libertad, nuestra identidad humana, la alegría verdadera del corazón, la paz con todos" (Benedicto XVI, 24 Octubre 2012). 

 "Recordamos la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre, de un modo especial en este Año de la fe. Desde la primera evangelización la transmisión de la fe, en el transcurso de las generaciones, ha encontrado un lugar natural en la familia. Hoy asistimos a una desvalorización del papel de la familia en este campo, debido a múltiples factores. No podemos dar por supuesto la vivencia de la fe cristiana en muchos hogares cristianos con las consecuencias que ello conlleva en la asimilación de la fe por parte de los hijos. Por esto queremos animar a las familias a ocupar su puesto en la transmisión de la fe, a pesar de las dificultades y crisis por las que atraviesan. La nueva evangelización debe ir dirigida de manera primera y prioritaria a la familia, como la realidad a la que más han afectado los cambios sociales y la poca valoración de la fe. La fe, don de Dios, se nos infunde en el Bautismo, en cuya celebración los padres piden para sus hijos «la fe de la Iglesia». Este es el signo eficaz de la entrada en el pueblo de los creyentes para alcanzar la salvación. La familia vive dicha fe y participa también en la fe de sus hijos en las diversas etapas de formación y desarrollo de la vida cristiana. Así, el primer fundamento de una pastoral familiar renovada es la vivencia intensa de la iniciación cristiana.

Los padres apoyan a los hijos y caminan con ellos mientras realizan el aprendizaje de la vida  cristiana y entran gozosamente en la comunión de la Iglesia para ser en ella adoradores del Padre y testigos del Dios vivo. La familia, de este modo, se convierte en el primer transmisor de la fe, y esta crece cuando se vive como consecuencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y de gozo La familia es el ámbito natural donde es acogida la fe y la que va a contribuir de una manera muy especial a su crecimiento y desarrollo. En ella se dan los primeros pasos de la educación temprana de la fe y los hijos aprenden las primeras oraciones,  como el avemaría, el “Jesusito de mi vida”, el “Ángel de mi guarda” y el padrenuestro. También experimentan el amor a la Virgen, a Jesucristo, y es donde por primera vez oyen  hablar de Dios y aprenden a quererlo viviendo el testimonio de sus padres. Este testimonio de los padres, en la continua y progresiva educación familiar, marca un tenor de vida en todos los ámbitos de la existencia humana. Se desarrolla en la catequesis familiar, la introducción a la oración -«la oración es el alimento de la fe» dice Juan Pablo II-, la lectura meditada de la Palabra de Dios a través de la lectio divina y en la práctica sacramental de la familia, en sintonía y colaboración con la comunidad parroquial.


Así, la familia es el “lugar” privilegiado donde se realiza la unión de «la fe que se piensa» con 
«la vida que se vive» a partir del despertar religioso. La fe, al igual que la familia, es compañera de vida que nos permite distinguir las maravillas de Dios a lo largo de nuestro caminar. Como la familia, la fe está presente en las diversas etapas de nuestra existencia (niñez, adolescencia, juventud…), así como en los momentos difíciles y en los alegres. De esta forma la fe va acompañándonos siempre en todas las circunstancias de la vida familiar. La familia camina con sus hijos en esos importantes momentos  en los que se va fraguando su madurez y porvenir. Cuando la vivencia y experiencia cristiana se ha tenido en la familia puede que se atraviese por momentos de crisis, pero lo que se ha vivido de niño vuelve a renacer y a tener un peso específico en la fe adulta" (Conferencia Episcopal Española, 30 Diciembre 2012). 

La fe le da sentido a la existencia humana. Una persona que crece sin fe, va avanzando pero sin un final que plenifique su peregrinar. La fe nos vuelve más humano y constructores de una sociedad mejor. La fe vuelve los problemas, contrariedades, situaciones difíciles en medios de crecimiento y santificación. Toda persona humana aspira a autorrealizarse y por supuesto a ser feliz, pues, la fe nos conduce a dicho propósito. La fe nos hace ver el mundo como medio no como fin. Depende la historia personal de cada uno, pero realmente la fe es la que hace mantener en pie, en lucha, en no desanimarse ante tanta corrupción y desencanto, encandece el animo y la vida espiritual. Por eso, los  responsables deben renovar su fe personal y como se hace con una planta, desde pequeños trabajar a los hijos, nietos, sobrinos, ahijados, hijastros, niños a cargo, para que sean hombres y mujeres felices, transmisores de valores evangélicos en el futuro. 

PARA LA REFLEXIÓN GRUPAL:

- ¿Cómo ven a los jóvenes y niños en la forma de hablar, pensar y actuar en su comunidad?

- ¿Consideran que los padres de familia y adultos en general están inculcando la fe cristiana en sus hogares?

- ¿Creen que es necesario educar en la fe a los niños y jóvenes? ¿Por qué?

- ¿Qué harán a partir de ahora por inculcar o renovar la fe en sus hogares y motivar en aquellos donde no se alimentan de ella?

domingo, 10 de febrero de 2013

ESTRUCTURA Y SIGNIFICADO DE LA CUARESMA ACTUAL


La Cuaresma romana actual comienza el miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la misa vespertina in Coena Domini. Aunque todo este periodo forma una unidad, pueden distinguirse los siguientes bloques: 1) el miércoles de ceniza, 2) los domingos (I-II, III-V y Domingo de Ramos), 3) la misa crismal y 4) las ferias. 

EL MIÉRCOLES DE CENIZA

El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica, aunque el rito perduró, después de la introducción de la penitencia privada, siendo obligatorio para toda la comunidad cristiana del siglo X. 

Desde ese momento cobró una especial intensidad y significado en la vida de la Iglesia, como inicio de su itinerario pascual. 

El miércoles de ceniza ha conservado en la liturgia renovada los elementos tradicionales: imposición de ceniza y ayuno riguroso; y marca el comienzo de la Cuaresma. Su conversión en caput quadragessimae  ha exigido revisar las lecturas y los textos eucológicos de la misa y del oficio divino. Así, en la liturgia de las Horas se han anticipado los cantos propios cuaresmales, que hasta ahora se usaban a partir del primer domingo; algo semejante ha ocurrido con los textos de la misa, que ya no figura sólo como día de ceniza, sino también como comienzo de la Cuaresma. 

La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la misa, después de la homilía, aunque en algunas circunstancias especiales el rito se puede desarrollar en el marco de una celebración de la Palabra. La integración de la bendición de la ceniza en la misa ha exigido algunos retoques en el rito, como la abreviación de oraciones (antes cuatro, ahora una o dos). 

La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor precedente, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace referencia a la condición pecadora de quienes la recibirán, a la necesidad de conversión y al inicio de la Cuaresma, pidiendo la gracia divina para que los cristianos se renueven interna y externamente, preparándose para celebrar el Misterio Pascual. Las formulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura (Génesis 3, 19 y Marcos 1, 15). La segunda fórmula no tiene relación, al menos directa, con el rito de la imposición, pero si expresa el primitivo sentido de la Cuaresma: "convertíos y creed en el Evangelio". Ambas se complementan: la primera expresa la caducidad humana -simbolizada en el polvo y la ceniza-, la segunda remite a la conversión interior a Cristo y a su evangelio.

La ceniza simboliza la condición débil y caduca del hombre, que camina inexorablemente hacia la muerte; su situación pecadora, la oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda, y la resurrección, al recordar al hombre que es polvo, pero destinado a participar del triunfo de Cristo. 

El miércoles de ceniza es, pues, el día en que "los fieles cristianos inician con la imposición de la ceniza el tiempo establecido para la purificación del espíritu. Con este signo penitencial, que viene de la tradición bíblica y se ha conservado hasta hoy en la costumbre de la Iglesia, significa la condición del hombre pecador, que confiesa externamente su culpa al Señor y expresa su voluntad interior de conversión, confiando en que el Señor se muestre compasivo para con él. Con este mismo signo comienza el camino de su conversión que culminará con la celebración del sacramento de la Penitencia, en los días que preceden a la Pascua" (Congregatio pro Cultu Divino, la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 21). Es un día penitencial obligatorio para toda la Iglesia y está marcado por el ayuno y la abstinencia" (cf. Pablo VI, Paenitemini III, II, I, AAS 58 (1966) 183; CIC 251). 

Fuente: José Antonio Abad Ibáñez, La celebración del Misterio cristiano, España 2000, pp. 542-543. 


ALGUNAS IDEAS PARA COMPRENDER Y VIVIR LA CUARESMA
-BENEDICTO XVI-

Se trata de un itinerario de cuarenta días que nos conducirá al Triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor, el corazón del misterio de nuestra salvación. 

A los penitentes y luego a todos los fieles se les invitaba a vivir este itinerario de renovación espiritual, para conformar cada vez más su existencia a la de Cristo. 

La participación de toda la comunidad en los diversos pasos del itinerario cuaresmal subraya una dimensión importante de la espiritualidad cristiana: la redención, no de algunos, sino de todos, está disponible gracias a la muerte y resurrección de Cristo. 

Es el  tiempo que identifica nuestra vida humana y toda nuestra historia como un proceso de conversión que se pone en movimiento ahora para encontrar al Señor al final de los tiempos.

Es el tiempo de las decisiones maduras.

La liturgia cristiana de la Cuaresma tiene como finalidad favorecer un camino de renovación espiritual, a la luz de esta larga experiencia bíblica y sobre todo aprender a imitar a Jesús, que en los cuarenta días pasados en el desierto enseñó a vencer la tentación con la Palabra de Dios. 

Esta ambivalencia, tiempo de la cercanía especial de Dios —tiempo del primer amor—, y tiempo de tentación —tentación de volver al paganismo—, la volvemos a encontrar, de modo sorprendente, en el camino terreno de Jesús, naturalmente sin ningún compromiso con el pecado. 

En este «desierto» los creyentes, ciertamente, tenemos la oportunidad de hacer una profunda experiencia de Dios que fortalece el espíritu, confirma la fe, alimenta la esperanza y anima la caridad; una experiencia que nos hace partícipes de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte mediante el sacrificio de amor en la cruz. 

En estos cuarenta días que nos conducirán a la Pascua de Resurrección podemos encontrar nuevo valor para aceptar con paciencia y con fe todas las situaciones de dificultad, de aflicción y de prueba, conscientes de que el Señor hará surgir de las tinieblas el nuevo día. 




domingo, 3 de febrero de 2013

TEMAS PARA EL AÑO DE LA FE 3

"EL CREER EN DIOS NOS HACE PORTADORES DE VALORES"

Tema para impartirlo a los jóvenes

Texto base: Libro del Génesis 12, 1-9.

¿Cuál es el personaje principal de esta lectura bíblica?

¿Qué es lo que le pide el Señor a Abrahán?

¿Cuál fue la reacción de Abraham ante la petición y mandato del Señor?

(Volver al texto bíblico base, pero a manera de narración y usando ejemplos, llevar a la comprensión del mandato y la reacción de Abrahán).

Llegamos a la pregunta central: ¿Por qué Abrahán comprendió claramente la voluntad de Dios y le obedeció? 

“Abrahán, el creyente, nos enseña la fe; y al hacerse extranjero en la tierra, nos indica la verdadera patria. La fe nos vuelve peregrinos sobre la tierra, insertos en el mundo y en la historia, pero en camino hacia la patria celeste” (Benedicto XVI). La fe, estimados jóvenes, nos explica que nuestra existencia tiene un punto de partida, un punto de llegada y un lapso entre los dos. En otras palabras, la fe nos aclara de dónde venimos, para dónde y para dónde Quien vamos, y cómo llegar de un punto a otro; por tanto, hay un movimiento y éste debe ser bien realizado, sino, no se llega a la meta. En palabras doctrinales, todos venimos de Dios y nuestro destino es ir al Cielo, para volver a Dios y nunca jamás sepáranos de Él. Pero para lograr la meta es preciso hacer el recorrido correcto, o sea, ese recorrido es nuestra vida en este mundo. “El cielo es el fin ultimo y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1024). Tengamos presente que nuestra patria verdadera es el Cielo, aquí en este mundo solo estamos de paso. Por eso,  debemos ocupar este mundo y las creaturas de este mundo para ganar el Cielo (cfr. San Ignacio de Loyola, Ejercicios espirituales).

Varios jóvenes dicen que creen en Dios, que esa fe se la inculcaron y nadie se las quitará, y aunque anden en malos pasos afirman su creencia en el Señor. Pero, realmente, ¿en qué consiste creer en Dios? El Papa Benedicto nos lo precisa de una manera práctica: “Creer en Dios nos hace, por tanto, portador de los valores que a menudo no coinciden con la moda y la opinión del momento, nos pide adoptar criterios y asumir comportamientos que no pertenecen al común modo de pensar” (23 de enero de 2013).

Queda claro que creer en Dios no significa solamente aceptar su existencia, sino, mantenerse firme en sus mandamientos y en su voluntad, ante la presión de las modas, de las opiniones, las actitudes del momento (bien puede leer o narrar el texto bíblico de San Mateo 7, 24-27). La fe en Dios, en Jesucristo, no es una moda pasada de moda –valga la redundancia- es la verdad inmutable para todas las épocas y circunstancias. Tener fe en Dios, en Jesucristo, es la decisión que nunca nos hará daño. El mundo actual al ofrecerte modas en el pensar y actuar, contrarias al evangelio, te está ofreciendo un supuesto paraíso en la tierra, quiere hacerte creer que los placeres desordenados de este mundo, son ya el cielo… Por eso, en este año de la fe, queremos recordarte que hay un Cielo como meta, y una tierra, la cual es temporal, pero que si vivimos según la voluntad perfecta e inmutable de Dios, obtendremos la salvación. Y la manera de vivir esa voluntad, es que tú seas un de joven valores cristianos y al mismo, transmisor, portador de ellos a los demás; un joven o una joven, que con su vida demuestren la verdad, la cual no está en las modas ofreciendo verdad y felicidad.

El cristiano no debe tener temor de andar “contracorriente” por vivir la propia fe, resistiendo a la tentación de “uniformarse”. Entre tanto, en nuestras sociedades, Dios ha llegado a ser el “gran ausente” y en su lugar hay muchos ídolos, diversísimos ídolos y sobre todo la posesión y el ’”yo” autónomo. Y también los notables y positivos progresos de la ciencia e de la técnica han inducido en el hombre una ilusión de omnipotencia y de autosuficiencia, y un creciente egocentrismo ha creado no pocos desequilibrios al interno de las relaciones interpersonales y de los comportamientos sociales” (Benedicto XVI, 23 de enero de 2013).

PARA LA REFLEXIÓN GRUPAL

1.    ¿Qué antivalores observas en tu vida personal y en los jóvenes de tu comunidad o lugar?

2.    ¿Cuál es la causa para ti de estos antivalores?

3.  ¿Cómo vivimos la fe como grupo juvenil y de manera individual ante los demás? ¿te consideras un joven que lucha mantenerse firme antes las opiniones o actitudes desviadas de los demás o traicionas tu fe en Dios y haces lo malo que los demás hacen?

4.    ¿Qué valores piensas que necesitan cultivar los jóvenes de tu lugar o comunidad? ¿Qué harás tú para transmitirles esos valores, con la intención de que los vivan?

Después de haberse reunido en pequeños grupos, bien pueden compartir lo reflexionado, y luego se recomendaría, hacer todos juntos un compromiso a manera de oración.

Pbro. Gustavo Romero