lunes, 16 de diciembre de 2013

MARANATHÀ


El Adviento nos conduce a revivir el misterio del nacimiento del Señor y al mismo tiempo, nos invita a la vigilancia y preparación permanente para su segunda venida. Al respecto, el testimonio de las primeras comunidades cristianas resuena más sugestivo que nunca. Las mismas, en efecto, acompañaban las celebraciones y las oraciones con la aclamación Maranathà, una expresión formada por dos palabras arameas que, según como se silabeen, se pueden entender como una súplica: «¡Ven, Señor!», o bien como una certeza alimentada por la fe: «Sí, el Señor viene, el Señor está cerca». Es la exclamación en la que culmina toda la Revelación cristiana, al término de la maravillosa contemplación que nos ofrece el Apocalipsis de Juan (cf. Ap 22, 20). En ese caso, es la Iglesia-esposa que, en nombre de toda la humanidad y como primicia, se dirige a Cristo, su esposo, no viendo la hora de ser envuelta por su abrazo: el abrazo de Jesús, que es plenitud de vida y plenitud de amor. Así nos abraza Jesús. Si pensamos en el juicio en esta perspectiva, todo miedo y vacilación disminuye y deja espacio a la espera y a una profunda alegría: será precisamente el momento en el que finalmente seremos juzgados dispuestos para ser revestidos de la gloria de Cristo, como con un vestido nupcial, y ser conducidos al banquete, imagen de la plena y definitiva comunión con Dios.


NOVENA AL NIÑO DIOS


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Al PADREDios Padre de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres, que les entregaste a vuestro Hijo amado, para que hecho hombre en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio, os damos gracias por tan soberano beneficio. Agradecido, os ofrezco todas las virtudes de vuestro Hijo, suplicándoos por los divinos méritos de su nacimiento, por su pobreza, humildad y por las lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones como tu humilde morada para siempre. Que allí te recibamos limpios de pecados, con humildad profunda, con amor encendido y con despego de todo lo terreno. Amén (Se reza tres veces el Gloria)

A LA SANTÍSIMA VIRGEN
Soberana María que por vuestras grandes virtudes, y especialmente por vuestra humildad, Dios quiso escogerte para ser Su que seas su madre; os suplico que vos misma prepareis y dispongais mi alma y la de todos, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado Hijo.
¡Oh dulcísima Madre! Comunicadme algo del profundo recogimiento y tierno amor con que le recibisteis vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. - Rezar: Avemaría. 

A SAN JOSÉ
¡Oh Santísimo José!, esposo de la Virgen María y padre putativo de Jesús. Gracias a Dios que te escogió y a ti por responder con tanta virtud. Dios te dotó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza; os ruego por el amor que tuviste al Divino Niño, me ayudes a tener el mismo fervor para recibirle en la Eucaristía. Amén. -Rezar: Padre Nuestro, Avemaría, Gloria.

ORACIÓN AL NIÑO JESÚS
Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los meritos de mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en Vos, ¡Oh Jesús, que sois la misma verdad, venimos reconociendo que somos pecadores. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Nos entregamos a Vos, ¡oh Niño omnipotente! Seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza y de que en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis nuestra súplica. Amen.

CONSIDERACIÓN PARA CADA DÍA (ver abajo)
GOZOS
Dulce Jesús Mió
Mi niño adorado.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Oh Sapiensa suma
Del Dios soberano,
Que al nivel de un niño
Te hallas rebajado!
¡Oh Divino infante
Ven para enseñarnos
La prudencia que hace
Verdaderos sabios!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Oh raíz sagrada
De José, que en lo alto
Presentas al orbe
Tu fragante nardo!
¡Dulcísimo Niño
Que has sido llamado
“Lirio de los Valles,
Bella flor del campo!”
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Oh lumbre de Oriente
Sol de eternos rayos
Que entre las tinieblas
Tu esplendor veamos!
¡Niño tan precioso
Dicha del cristiano,
Luzca la sonrisa
De tus labios!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

Rey de las naciones
Emmanuel preclaro.
De Israel anhelo
Pastor de rebano!
¡Niño que apacientas
Con suave cayado
Ya la oveja arisca
Ya el cordero manso!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
Ábranse los cielos
Y llueva de lo alto
Bienhechor roció
Como riego santo!
¡Ven hermoso Niño!
¡Ven Dios humanado!
Luce, hermosa estrella,
Brota flor del campo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

Ven que ya Maria
Previene sus brazos
De su Niño vean
En tiempo cercano!
¡Ven que ya José
con anhelo sacro
se dispone a hacerse
de tu amor sagrario!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Del débil auxilio.
Del doliente amparo,
Consuelo del triste,
Luz del desterrado!
¡Vida de mi vida,
mi sueno adorado,
Mi constante amigo,
Mi divino hermano!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Ve ante mis ojos
De ti enamorados
Bese ya tus plantas!
Bese ya tus manos!
Prosternado en tierra
Te tiendo los brazos
Y aun más que mis frases
Te dice mi llanto!
Ven Salvador nuestro,
Por quien suspiramos,
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

Diciembre 16
La vida del Verbo Eterno en el seno de su padre era una vida maravillosa; y sin embargo, ¡misterio sublime! Busca otra morada. Una mansión creada. No era porque en su mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad, sino porque su misericordia infinita anhelaba la redención y la salvación del género humano, que sin El no podría realizarse. El pecado de Adán había ofendido a Dios, y esa ofensa no podía ser perdonada sino por los méritos del mismo Dios. La raza de Adán había desobedecido y merecido un castigo eterno; era, pues, necesario para salvarla y satisfacer su culpa que Dios se encarnara y obediente a los designios de su Padre, expiase aquella desobediencia, ingratitud y rebeldía. Por eso el Verbo Eterno, ardiendo en deseos de salvar al hombre, resolvió hacerse hombre y así redimir al culpable.

Diciembre 17
El verbo eterno se halla a punto de tomar su naturaleza creada en la santa casa de Nazaret. Maria estaba sola y embebida en oración. Pasaba las silenciosas horas de la noche en la unión mas estrecha con Dios. El arcángel Gabriel la visita con el mensaje divino, pide su consentimiento. El creador no quiso efectuar este gran misterio sin la aquiescencia de su criatura. Ella da su FIAT. Entonces, el Verbo Eterno se encarnó en ella convirtiéndola en su madre.

Diciembre 18
Jesús fue un bebé en el vientre de su madre. Consideremos su pequeñez, su total dependencia, como niño, en su madre. Adorémosle porque ese bebé es Dios. Consideremos que el niño es el Señor de toda la creación a quién obedecen los ángeles. Es mas poderoso que todos los ejércitos que jamás existieron o existirán. Viene, sin embargo humilde y débil para enseñarnos a amar.

Diciembre 19
Desde el seno de su Madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su eterna sumisión a Dios, que continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se sometía a su voluntad, aceptaba su humanidad con todas sus limitaciones para enseñarnos a nosotros a vivir como hombres y expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados. ¿Quienes de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante en el pleno goce de la razón y la reflexión?

Diciembre 20
Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús en el seno de su purísima Madre; veamos hoy la vida que llevaba también María durante el mismo tiempo. María, llena de esperanza, deseaba contemplar la faz de Dios encarnado. Estaba a punto de ver aquella faz humana que debía iluminar el cielo durante toda la eternidad. Iba a verle en la ignorancia aparente de la infancia, en los encantos particulares de la juventud y en su revelación pública de la edad madura.

Diciembre 21
Jesús había sido concebido en Nazaret, domicilio de Jesús y Maria, y allí era de creer que iba a nacer, según todas las posibilidades. Más Dios lo tenía dispuesto de otra manera y los profetas habían anunciado que el Mesías nacería en Belén de Judá, ciudad de David. Para que se cumpliese esta predicción, Dios se sirvió de un medio que no parecía tener ninguna relación con este objeto a saber: la orden dada por el emperador Augusto de que todos los súbditos del imperio romano se empadronasen en el lugar de donde eran originarios. María y José, como eran descendientes de David, estaban obligados a ir a Belén.

Diciembre 22
Meditemos en el viaje de Sta. María y San José hacia Belén; llevando consigo, aun no nacido, al creador del universo, hecho hombre. Contemplemos la humildad y obediencia de ese divino Niño que aunque de raza judía y habiendo amado a su pueblo con una predilección inexplicable, obedece así a un príncipe extranjero que forma el censo de la población de su provincia. Vive esa circunstancia y sus padres también la han de sufrir. Ellos no entendían todo pero aceptaron por fe. Nosotros también vivimos en un mundo donde los fuertes se imponen, pero si confiamos en Dios veremos maravillas.

Diciembre 23
Llegan a Belén José y María, buscando hospedaje, pero no lo encuentran. Todo está lleno por causa del censo. Ellos eran pobres y no podían pagar por privilegios. Pero nada puede turbar la paz interior de los que están fijos en Dios. Si José experimenta tristeza cuando era rechazado de casa en casa, porque pensaba en María y en el Niño, sonreía también con santa tranquilidad cuando fijaba la mirada en su casta esposa que le animaba. El Niño aun no nacido aceptaba aquellas negativas que eran el preludio de las humillaciones venideras. Esas humillaciones no lo alejan. El vino a buscar a los pecadores.

Diciembre 24
Ha llegado la media noche, y de repente vemos en el pesebre, poco antes vació, al Divino Niño esperando, vaticinado durante cuatro mil años con tan inefables anhelos. Allí su Santísima Madre en los transportes de una adoración de la cual nada puede dar idea. José, también se acerca y le rinde homenaje, ejerciendo su misterioso e imponderable oficio de padre putativo del redentor de los hombres. La multitud de Ángeles que desciende del cielo a contemplar esa maravilla sin par hace vibrar en los aires las armonías de ese Gloria in Excelsis, que es el eco de la adoración en torno del trono del Altísimo hecho perceptible a los oídos de los pobres en la tierra. Convocados por ellos, vienen en tropel los pastores de la comarca a adorar al recién nacido y presentarle sus humildes ofrendas.

¡Oh adorable Niño! Nosotros también, los que hemos hecho esta novena para prepararnos al día de vuestra Navidad, queremos ofreceros nuestra pobre adoración; no la rechacéis! Venid a nuestras almas; venid a nuestros corazones llenos de amor. Encended en ellos la devoción que realmente practicada y celosamente propagada, nos conduzca a la vida eterna, librándonos del pecado y sembrando en nosotros todas la virtudes cristianas.

lunes, 25 de noviembre de 2013

TEMA ESPIRITUAL DE ADVIENTO PARA JÓVENES


Queridos jovencitos y jovencitas:

Nos hemos reunido con la intención de recordar, concientizar, aprovechar esta nueva oportunidad que Dios nos regala, por tanto, con esta celebración vespertina, el Señor nos da la gracia y la alegría de abrir el nuevo Año litúrgico iniciando con su primera etapa: el Adviento, es decir, el período que conmemora la venida de Dios entre nosotros. Todo inicio lleva consigo una gracia particular, porque está bendecido por el Señor. En este Adviento se nos concederá, una vez más, experimentar la cercanía de Aquel que ha creado el mundo, que orienta la historia y que ha querido cuidar de nosotros hasta llegar al culmen de su condescendencia haciéndose hombre. ¿A quién nos estamos refiriendo? ¡A Jesucristo! Precisamente, el misterio grande y fascinante del Dios con nosotros, es más, del Dios que se hace uno de nosotros, es lo que celebraremos en las próximas semanas caminando hacia la santa Navidad. Esto es impresionante, lo diré dirigido a ustedes: Dios se ha acercado a ustedes, quiere estar a su lado y por eso se hace uno de ustedes. ¿Y por qué Dios quiere hacer eso con ustedes los jóvenes? Por que ustedes le interesan a Dios, ustedes valen demasiado para Jesús, tanto individualmente como grupo juvenil. La juventud es una etapa deseada por Dios, porque Dios lo quiso así y Él es el perfecto Creador. Por eso, si comprendemos estas verdades mencionadas, durante el tiempo de Adviento sentiremos que la Iglesia nos toma de la mano y, a imagen de María santísima, manifiesta su maternidad haciéndonos experimentar la espera gozosa de la venida del Señor, que nos abraza a todos en su amor que salva y consuela.

Mientras nuestros corazones se disponen a la celebración anual del nacimiento de Cristo, la liturgia de la Iglesia orienta nuestra mirada hacia la meta definitiva: el encuentro con el Señor que vendrá en el esplendor de la gloria. Por eso nosotros que en cada Eucaristía «anunciamos su muerte, proclamamos su resurrección, a la espera de su venida», vigilamos en oración. La liturgia no se cansa de alentarnos y de sostenernos, poniendo en nuestros labios, en los días de Adviento, el grito con el cual se cierra toda la Sagrada Escritura, en la última página del Apocalipsis de san Juan: «¡Ven, Señor Jesús!» (22, 20).

Queridos jovencitos y jovencitas, nuestro reunirnos aquí esta tarde para iniciar el camino del Adviento queremos enriquecerlo con otro importante motivo: con toda la Iglesia, queremos reflexionar y orar por la vida naciente. Precisamente, el comienzo del Año litúrgico nos hace vivir nuevamente la espera de Dios que se hace carne en el seno de la Virgen María, de Dios que se hace pequeño, se hace niño; nos habla de la venida de un Dios cercano, que ha querido recorrer la vida del hombre, desde los comienzos, y esto para salvarla totalmente, en plenitud. Así, el misterio de la encarnación del Señor y el inicio de la vida humana están íntima y armónicamente conectados entre sí dentro del único designio salvífico de Dios, Señor de la vida de todos y de cada uno. La Encarnación nos revela con intensa luz y de modo sorprendente que toda vida humana tiene una dignidad altísima, incomparable. Cuántos jóvenes desde pequeños han sufrido o sufrieron abusos en su dignidad humana, cuántos jóvenes se han salvado de un aborto, por otra parte, cuántos jóvenes son irresponsables en el aspecto procreativo, donde las relaciones intimas se han vuelto placer, diversión, espacios para experimentar, el sentir “éxtasis” pasionales.

El ser humano presenta una originalidad inconfundible respecto a todos los demás seres vivientes que pueblan la tierra. Se presenta como sujeto único y singular, dotado de inteligencia y voluntad libre, pero también compuesto de realidad material. Vive simultánea e inseparablemente en la dimensión espiritual y en la dimensión corporal. Lo sugiere también el texto de la primera carta a los Tesalonicenses: «Que él, el Dios de la paz —escribe san Pablo—, los santifique plenamente, y que todo su ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo» (5, 23). Somos, por tanto, espíritu, alma y cuerpo. Somos parte de este mundo, vinculados a las posibilidades y a los límites de la condición material; al mismo tiempo, estamos abiertos a un horizonte infinito, somos capaces de dialogar con Dios y de acogerlo en nosotros. Actuamos en las realidades terrenas y a través de ellas podemos percibir la presencia de Dios y tender a él, verdad, bondad y belleza absoluta. Saboreamos fragmentos de vida y de felicidad y anhelamos la plenitud total.

Dios nos ama de modo profundo, total, sin distinciones; nos llama a la amistad con él; nos hace partícipes de una realidad por encima de toda imaginación y de todo pensamiento y palabra: su misma vida divina. Con conmoción y gratitud tomamos conciencia del valor, de la dignidad incomparable de toda persona humana y de la gran responsabilidad que tenemos para con todos. «Cristo, el nuevo Adán —afirma el concilio Vaticano II— en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación... El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre» (Gaudium et spes, 22).

Queridos jóvenes graben en su mete esta convicción y háganla suya: Creer en Jesucristo conlleva también tener una mirada nueva sobre el hombre y la mujer, una mirada de confianza, de esperanza. Por lo demás, la experiencia misma y la recta razón muestran que el ser humano es un sujeto capaz de inteligencia y voluntad, autoconsciente y libre, irrepetible e insustituible, vértice de todas las realidades terrenas, que exige que se le reconozca como valor en sí mismo y merece ser escuchado siempre con respeto y amor. Tiene derecho a que no se le trate como a un objeto que poseer o como a algo que se puede manipular a placer, que no se le reduzca a puro instrumento en favor de otros o de sus intereses. La persona es un bien en sí misma y es preciso buscar siempre su desarrollo integral. El Hijo de Dios se hizo humano, por hacérsenos cercanos, para redimirnos, pero también para que valoremos el ser persona, claro, el Dios topoderoso y perfecto, decide hacerse hombre… limitado, pequeño, débil… Y el Dios encarnado no quiso suprimir ninguna etapa ordinaria en el ser humano: estuvo en el vientre de una mujer, nació, fue niño, joven, adolescente y adulto.

Que en esta navidad nos reencontremos y encontremos con el Dios vivo presente en Jesucristo, en la sencillez del Niñito Dios. He querido aprovechar la meditación dada por el Papa Benedicto XVI, en el año 2010 en la celebración de las primeras vísperas de Adviento, resaltando el valor de la vida, porque la vida se vive verdaderamente cuando se vive como se debe vivir. Si tu valoras la vida de Jesucristo de paso por este mundo y valoras la tuya, estas listo para tener en cuenta la de los demás y ser responsable en tu sexualidad.


A la Virgen María, que acogió al Hijo de Dios hecho hombre con su fe, con su seno materno, con atenta solicitud, con el acompañamiento solidario y vibrante de amor, encomendamos la oración y el empeño en favor de la vida naciente. Lo hacemos en la liturgia —que es el lugar donde vivimos la verdad y donde la verdad vive con nosotros— adorando la divina Eucaristía, en la que contemplamos el Cuerpo de Cristo, ese Cuerpo que tomó carne de María por obra del Espíritu Santo, y de ella nació en Belén, para nuestra salvación. Ave, verum Corpus, natum de Maria Virgine!


lunes, 11 de noviembre de 2013

EL DISCÍPULO MISIONERO ES UN DESCENTRADO

Se habla de un avance pastoral de la Iglesia Católica en América Latina, en El Salvador y en la Iglesia particular a la cual pertenezco, sin embargo, no puedo esconder mi preocupación por el aumento de los alejados, los desatendidos pastoralmente, las sectas protestantes o de otras índole... Percibo ese avance pastoral, sí, pero con mayor énfasis en la pastoral ad intra. Aunque es de suponer que haya una pretensión de llegar al mayor numero de personas, sobre todo a través y en colaboración de los laicos.

Cuando se sale de la iglesia, en concreto el sacerdote, de la casa parroquial, de su "limite" o burbuja, y se relaciona con diferentes tipos de personas, acompañadas con sus diversas situaciones, se puede experimentar cuanto hace falta por llegar como Iglesia, posicionarse en las "periferias",  como dice el Papa Francisco. Son llamativos y esperanzadores los esquemas, el establecimiento  y fortalecimiento de estructuras, las organizaciones pastorales, pero la realidad es que hay muchos necesitados de Dios, de escucha y solidaridad, hay muchos marginados y abandonados... Mientras se debate por quienes deben ocupar los cargos en las Iglesias particulares, por estar acumulando responsabilidades en unos pocos, no dejan de extenderse los espacios en las ciudades, pueblos, cantones, caseríos, instituciones, es decir, crece el numero de "las ovejas sin pastor" (Marcos 6, 30-34). Es triste cuando se escucha: "Bueno, no es católico o ha dejado de serlo, pero sigue a Dios en otra parte y a su manera, eso es lo importante". Es interesante resaltar que a veces con la sola presencia del sacerdote y si es continua mejor, en esos espacios vacíos, se hace tanto bien; es interesante notar que a veces con gestos sencillos y tenidos por pequeños, se logra tanta efectividad, se hace sentir la presencia de la Iglesia... Esto se experimenta cuando no solo se manda a otros, sino cuando se va a la delantera abriendo brecha, como Jesús en su tiempo. 

No tomemos las palabras del Papa como un slogan, una moda o capsula motivacional, sino como un llamado profundo a despertar la dimensión misionera, intrínseca a nuestra condición bautismal: "La posición del discípulo misionero no es una posición de centro sino de periferias: vive tensionado hacia las periferias... (....). Habitualmente tenemos miedo a salir del centro. El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales". 

Ciertamente, la tarea evangelizadora ha de ser organizada y en conjunto, y no motivada por el individualismo, el sentimentalismo y el romanticismo cristiano, aunque no debe mermar el deseo operativo de extender el Reino de Dios. El documento conclusivo de Aparecida, nos señala el camino a seguir. Ya tenemos este gran talento, ¡pongámoslo a trabajar! 

sábado, 2 de noviembre de 2013

APORTE SOBRE JEREMÍAS 1, 4-6


La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: Antes de formarte en el seno materno te conocí, desde antes que nacieras te consagré: profeta de las naciones te constituí”.



1.     Justificación

Quiero comenzar este pequeño trabajo, presentando el porqué  he preferido fijar mi exegesis en el capítulo primero del profeta Jeremías. Sin duda alguna la vocación a la que nos sentimos llamados es un misterio. Hay muchas preguntas que no podemos responder por más que tratemos de investigar sobre la naturaleza de la llamada y, que a lo menos que podemos llegar es a un balbuceo. Creo que, al igual que muchos compañeros, que compartimos la misma ilusión, y que sentimos la misma llamada hemos experimentado a lo largo de este itinerario vocacional y que sentimos claro está desde luego; ciertos temores a responder al llamado que Dios nos hace; donde hay más preguntas que respuestas, pero, una misma Luz que nos guía por el sendero de éste camino, y de la cual nos fiamos para seguir dando con el día a día nuestra respuesta positiva al Señor, aunque no podamos comprender sus designios.

2.   Objetivo
Espero sirva de luz, para cuantos nos disponemos a aceptar y responder con generosidad a la invitación de Dios, de servir desde nuestra fragilidad y debilidad  humana  herida por el pecado.

3.   Texto                                             

Jeremías 1, 4-6  4La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
5 Antes de formarte en el seno materno te conocí, desde antes que nacieras te consagré: profeta de las naciones te constituí”



  WTT Jeremìas 1:4 וַיְהִ֥י דְבַר־יְהוָ֖ה אֵלַ֥י לֵאמֹֽר׃
  Jeremías 1:4 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
  
  WTT Jeremìas 1:5 בְּטֶ֙רֶם )אֶצּוֹרְךָ] (אֶצָּרְךָ֤[ בַבֶּ֙טֶן֙ יְדַעְתִּ֔יךָ וּבְטֶ֛רֶם תֵּצֵ֥א מֵרֶ֖חֶם הִקְדַּשְׁתִּ֑יךָ נָבִ֥יא לַגּוֹיִ֖ם נְתַתִּֽיךָ׃
 1:5 Antes de formarte en el seno materno te conocí, desde antes que nacieras te consagré: profeta de las naciones te constituí.







4.   Análisis lingüístico sintáctico

      La
   palabra
   de
      Yahvé
 Forma femenina singular del artículo determinado.
Sustantivo femenino
Preposición de genitivo y de ablativo. Expresa: Posesión y pertenencia.

Nombre propio del Dios de Israel revelado según la Biblia.

    me
   fue
   dirigida
    en
Pronombre de primera persona, en género masculino y femenino y en número singular, que realiza la función de complemento directo e indirecto.

Dirigirse hacia, llevar a, conducir.
Del verbo dirigir, Pretérito perfecto.
Preposición  que indica en qué lugar, tiempo o modo se determinan las acciones de los verbos a que se refiere.

        estos
    términos
   antes
   de
Formas del pronombre. dem.  en los tres géneros: m., f. y n., y en ambos números: sing. y pl., que designan lo que física o mentalmente está cerca de la persona que habla o representan lo que se acaba de mencionar:
Palabra o sintagma introducidos por una preposición:
Adv. t. y l. que denota prioridad de tiempo o lugar:
Preposición 

    formarte
      en
     El
       Seno
Del verbo. Formar. tr. dar forma a algo.
Preposición, que indica en qué lugar, tiempo o modo se determinan las acciones de los verbos a que se refiere:
 Articulo
Matriz de la mujer y de las hembras de los mamíferos

  materno
te
   conocí
   desde
antes
que
Adjetivo de la madre o relativo a ella.
Pronombre, forma átona del pronombre personal.
Del verbo conocer: (conjugar)
conocí es:
1ª persona singular (yo) pretérito indicativo.

Preposición,  Indica el punto, procedencia u origen en el tiempo y en el espacio:
Adv. t. y l. que denota prioridad de tiempo o lugar:
Pron. Relat. Pronombre invariable que sustituye a un nombre o a otro pronombre.

nacieras
Te
consagré
profeta
Del verbo nacer: (conjugar)
nacieras es:
2ª persona singular (tú) imperfecto(1) subjuntivo

pron. Forma átona del pron. pers. com. de segunda persona singular.
Del verbo consagrar: (conjugar)
consagré es:
1ª persona singular (yo) pretérito indicativo

com. Persona que posee el don de profecía. Habla por Dios.

de
Las
naciones
te
constituí
Preposición que indica finalidad.
art. det. f. pl. la 
f. Entidad jurídica y política formada por el conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno.
Pron. Forma átona del pron. pers. com. de segunda persona singular.
Del verbo constituir:
constituí es: 1ª persona singular (yo) pretérito indicativo.


5.   Exegesis

El libro del Profeta Jeremías, se puede dividir en una introducción, seis capítulos y una conclusión. En la introducción se nos cuenta la vocación de Jeremías (1, 1-19), con una mezcla de poesía y prosa. Especialmente hermosos son los versículos 4 al 10, que han quedado como modelo de la llamada de Dios a una vocación que implica sacrificio y de los temores que surgen en el hombre llamado a ello. De los cuales sólo dos  (4-6), trataremos a continuación.

La palabra profeta deriva del griego "profétes", cuyo significado etimológico es el de "hablar en nombre de", "ser portavoz" de otro, y traduce a su vez en la literatura bíblica el término hebreo “nabi”. Si se relaciona con una raíz arcaica emparentada con nb (brotar con ruido, agitarse interiormente); el nabi sería el que habla con vehemencia y bajo el influjo de una potencia superior, para anunciar cosas inaccesibles a los mortales.

Otros recurren a una raíz nb (hablar), significaría entonces el "hablante" (por la divinidad). Hay una tercera explicación, más sencilla y más plausible; relacionar el nabi con el acádico nabu, que presenta el sentido de "llamar". El nabi sería, pues, el "llamado"(por Dios). "No nos faltara la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni la palabra del profeta" (Jr 18, 18).

Jeremías llama la atención  sobre la genealogía  espiritual o vocación  al profetismo, para apoyar sobre ella el auténtico alcance de su actividad profética. Descripción detallada de una vocación de privilegio, recogida de labios de Yahvé: te conocí-elegí para el profetismo (yāda: Gen 18,19; Os 13,5; Am 3,2), con cuidado amoroso y providencial  (Sal 1,6), antes de tu concepción, antes de formarte, como artista que plasma cuidadosamente su obra predilecta (yāsar), en el vientre materno; concebido ya, antes de que, por el nacimiento, salieses del seno de tu madre, te santifiqué-consagré, destinándote al profetismo y reservándote para este ministerio como para algo propio y exclusivo; así elegido y consagrado, ya desde entonces te di como profeta (nābî) que, mi interprete-boca, comunicases llaggôyin = a las naciones mi palabra confiada a ti. Bajo el signo de la elección divina, Jeremías se asoma  a la vida «consagrado» exclusivamente a su misión de profeta de la «naciones».  La  vocación divina de Jeremías es de alcance universal, arrancado de Israel, se extiende a las naciones  (gôyim), a los pueblos diversos del pueblo escogido e históricamente sus enemigos: para ellos, como contra Israel, tendrá el profeta sus amenazas de «destrucción» (46-51) y sus promesas de edificación mesiánica (3, 14-18; 4, 1-4; 12, 7-17; 16, 14-19; 23, 5.7)[1]  «Conocer», por parte del Señor equivale a elegir y predestinar: Am 3,2 Rm 8-29. «Consagrar», más que una santificación interior indica una segregación  para el ministerio profético.

6.   Exegesis canónica.

Otros enviados antes y después de Moisés y Aarón: Ex 3-4; Is 6; Siervo de Yahvé: 1Sm 3; 1Re 19,19-21; Lc 1, 36-38. Is 49, 1-5; Ez: 2.3; pablo: 1Cor 15, 1-11; 2 Cor 12; Gal 1-2. En todos podemos constatar un esquema literario similar: Dios irrumpe en la conciencia de la persona; el elegido se asombra, no entiende muy bien de qué se trata, el Señor le confía una misión; el elegido se resiste, se siente demasiado limitado o demasiado pequeño para dicha misión; el Señor pronuncia siempre una última palabra de ánimo y de respaldo, «no temas, yo estoy contigo». Este esquema varía un poco en el caso de Isaías, el único que se adelanta a ofrecerse sin ningún  temor para la misión.

Conviene destacar que el «espacio» en el que irrumpe la llamada de Dios  es muy  variable: en el caso de Moisés, Dios lo llama mientras cuida las ovejas de su suegro (Ex 3,1); Samuel es aún niño que vive en el santuario de Siló bajo el cuidado de Elí (1Sm 3,1s);     Eliseo está trabajando con sus bueyes (1R 19,19); Isaías se encuentra en el templo participando de una impresionante liturgia (Is 6), Ezequiel se halla entre los deportados de Babilonia, esto es en tierra extraña, en donde quizás ni se le había ocurrido que pudiera hacerse presente el Señor (Ez 1,1s); finalmente es de suponer que María, como buena muchacha judía, está en su casa ocupada en los oficios domésticos cuando Dios la llama (Lc 1, 26-28). Todo lugar, todo tiempo y toda circunstancia son aptos para «escuchar» la voz de Dios que llama a colaborar con su proyecto.

7.  Interpretación

7.1.Reflexión sobre la vocación

La experiencia vocacional de Jeremías  lo ha impactado tanto, que pone antes de su propio nacimiento la decisión de Dios de llamarlo al ministerio profético. No hay que aprovechar estas palabras para «probar»  ninguna teoría de la predestinación, por más que expresiones como éstas parezcan indicarla. Hay que recordar que Dios solamente propone, invita, pero no condiciona  ni obliga a nadie a seguirlo; por encima de todo está la libre voluntad de la persona para decir sí o no a la invitación. No es fácil decir sí de manera incondicional al llamado de Dios. La misión inherente  a la vocación  es superior a las fuerzas  de cualquier humano; sin embargo, y aquí está el único aliciente para decir sí, la misión  no es del profeta, la misión es de Dios, el elegido es un simple instrumento, un medio por el cual Dios hablará y llevará adelante su obra. No significa esto que la persona del elegido no cuenta o que pasa a ser un títere en manos de Dios; todo lo contrario: si es capaz de decir sí al llamado es porque puede hacer uso de su voluntad y siempre la seguirá ejerciendo, pero siempre tendrá que recordar a quién sirve y en nombre de quién habla; de lo contrario su ministerio podrá ser cualquier cosa menos ministerio profético[2].

7.2.Aplicación personal

Hace algunos años me preguntaba y me pregunto aún, con respecto a la vocación sacerdotal, de cuán grande dignidad encierra este misterio. Escuchaba hablar a sacerdotes sobre la dignidad del sacerdote, e incluso leí un libro titulado con este nombre “La dignidad Sacerdotal”. Y mi pregunta es ésta, y, por qué no hablar y darle valor a la “dignidad” que como candidatos al sacerdocio tenemos; porque para ser sacerdote, primero se ha sido seminarista, y la dignidad, en lo personal no tienen su inicio después de la imposición de manos por el señor Obispo, sino que se confirma esa dignidad. Porque de serlo así, se caería no en  una elección divina sino meramente humana.

No estoy de acuerdo con la predestinación, pero considero que somos especiales, porque de entre tantos jóvenes, cientos e incluso miles, uno o dos son  elegidos en todo el sentido de la palabra. En verdad la vocación es un misterio. Por tanto en nuestra convivencia y trato para con los demás debe de ser, no hasta cuando sean ordenados, sino desde ya, no tanto por lo que serán, sino por lo que son y somos: una persona elegida; somos elegidos, pero por el momento no consagrados. Nuestra dignidad por el momento es que somos candidatos a las órdenes sagradas.

Y en cuanto a nuestra conducta, saber dar gracias a Dios por su llamada y responder generosamente, con estrega total, no reservar nada para sí, darlo todo por el Todo. Saberse desde ya elegidos, pero no con una actitud engreída de soberbia sino más bien de humildad ante el Señor, que me llama siendo indigno de este Don. Y comportarme como tal, desde ya en mi condición, para que esta vocación de servicio, de dar mi ser al Señor, sea desde ya un pregustar de las alegrías del cielo, dándome todo aquí en la tierra por Él, en mi prójimo.

Estamos invitados a darle el valor que se merece tal elección divina… desde ya como seminaristas; no esperar hasta la imposición de manos del señor Obispo, para comenzar a tratarnos bien, sino desde ya reconocer esa dignidad “incoada” que llevamos.




[1] Cfr. PROFESORES DE LA COMPAÑIA DE JESUS., La Sagrada Escritura., B.A.C., Madrid., 1970.
[2] LUIS ALONSO SCHӦKEL., La Biblia de nuestro Pueblo., X Ed., 2008.


Luis Chacón
Seminarista 1º Teología
Hebreo Bíblico
Seminario Mayor "De La Inmaculada"