lunes, 24 de diciembre de 2012

LITURGIA


CELEBRACIÓN Y SIGNIFICACIÓN DE LA NAVIDAD

La Natividad o Nacimiento del Señor Jesús es el día navideño de mayor densidad teológica y espiritual, cualidades que aparecen en las cuatro celebraciones eucarísticas y en el oficio divino. 

MISA DE LA VIGILIA

El 24 de diciembre, por la tarde, antes o después de las primeras vísperas de Navidad, el Misal propone una misa para la vigilia, cuya primera oración-tomada del Misal de san Pío V-sitúa con toda exactitud el sentido que tiene la Navidad: contemplar sin miedo, cuando venga como Juez, al que hoy viene como Redentor. La oración sobre las ofrendas -del Sacramentario Veronense- considera la fiesta como el comienzo de nuestra redención. La oración post comunión se refiere -como la del Misal de 1570- a la celebración gozosa del nacimiento del Salvador. Las lecturas se centran en Jesús como Mesías prometido. Él es el Hijo de David y de Abrahán (segunda y tercera lecturas), en Él se cumplen la profecía de que la Virgen dará a un luz un Hijo (evangelio) y la promesa de la salvación y felicidad hecha por Dios a Israel en los días tristes del exilio (primera lectura). 

MISA DE MEDIANOCHE

El tema central de esta celebración se encuentra en el aleluya que precede al evangelio: "Les traigo la Buena Noticia, les ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor". De él se hacen eco las lecturas (Is 9, 1-6; Tt 2, 11-14; Lc 2, 1-14). El corpus prefacial se ha enriquecido, ya que al prefacio tradicional -que glosa el tema de Cristo Luz- se han añadido otros dos: el primero, inspirado en un sermón de san León Magno, presenta la restauración universal realizada por la Encarnación; el segundo -tomado del Sacramentario Veronense- propone el maravilloso "comercio" de la Encarnación, gracias al cual hemos sido salvados. 

MISA DE LA AURORA

El tema central es el de la alegría, como consecuencia necesaria de la aparición del Salvador. Hay un tema colateral, aunque complementario: la iluminación del mundo por la venida del Señor. 

MISA DEL DÍA

La liturgia de Navidad llega a su cenit con la lectura del prólogo de san Juan: "Y el Verbo se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria" (Jn 1, 14). A ella se refieren o hacen eco las demás lecturas y las oraciones de la misa y del oficio, que según sus propios generos literarios son una proclamación de los dogmas de Nicea, Efeso y Calcedonia, a cuya luz había nacido y crecido esta fiesta (Cfr. P. Jounel, "El tiempo de Navidad", o.c., pp. 972-973).  La oración colecta -tomada del Sacramentario Veronense- tiene una especial riqueza teológica:  si Dios se hace hombre es para que el hombre participe de la vida divina

La liturgia navideña, por tanto, pone de relieve que la Natividad de Jesucristo es no sólo, ni principalmente, una memoria del hecho histórico del nacimiento del Salvador, sino la perenne actualización de la salvación que Él inauguró al revestirse de nuestra naturaleza mortal. Esto explica el insistente hoy que aparece, explicita o implícitamente  en todos los textos de la misa y de la liturgia de las Horas; un hoy que posibilita y exige el encuentro personal y transformante con Cristo Salvador, que se hizo y se hace presente en la historia por nosotros los hombres y por nuestra salvación. Eso explica que "el misterio de la Navidad se realiza en nosotros cuando Cristo 'toma forma' en nosotros" (Gál 4, 19) y que sea "el misterio de este admirable intercambio" (Catecismo de la Iglesia Católica 526). 

Fuente: José Antonio Abad Ibañez, La celebración del Misterio cristiano, España 2000, pp. 572-573. 

"Luz para los pueblos" les desea a todos los lectores y lectoras, una ¡FELIZ NAVIDAD!. Qué el Niño Dios nazca en los y en nuestros corazones, y esa alegría inigualable, plena y transformante, sepamos capaces de comunicarlas a los demás, especialmente a los anclados en la tristeza, la desesperanza y la frustración. 


«Veni ad salvandum nos»