viernes, 6 de julio de 2012

MEDITACIÓN


"TODOS HONRAN A UN PROFETA, 
MENOS EN SU PATRIA"
(Marcos 6, 4)

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. 
En el Evangelio proclamado el domingo XIII del Tiempo Ordinario, se nos narra que Jesús se trasladó al otro lado del lago, antes de ello, predicó e hizo milagros en Decapolis (Mc 5, 20). Ahora se nos narra que vuelve a su tierra: Nazaret. 

Llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. 
Los letrados y rabinos enseñaban en Israel por oficio. Y su oficio era comentar la Ley y las tradiciones de los mayores, leer lo que estaba escrito y repetir lo que ellos habían aprendido antes en las escuelas, administrar las verdades y creencias adquiridas, lo que siempre se había dicho. El Señor Jesús era tenido como maestro por el pueblo (Mt 8,19). Con la autoridad  enraizada conscientemente en su identidad, ingresa a la sinagoga donde enseñan los maestros autorizados, y ejerce el mismo ministerio de ellos, aunque el efecto producido en los oyentes es novedoso, por ello provoca asombro.

Los numerosos oyentes se llenaron de admiración y decían: ¿De dónde le viene todo esto?¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?
Entre la gente de su tierra se suscita de una manera paulatina, una serie de ciertos silogismos, un análisis  "in crescendo" en búsqueda de la respuesta a la admiración comunitaria. Este análisis nos ayuda a fortalecer el Jesús histórico, realmente hablaba y hacia cosas fuera de lo común, pero enfocadas al bien integral de la persona. 

¿Qué no éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?
"Carpintero, es según el término del original griego (tekton), el operario que trabaja la madera, la piedra y el metal, en fin, todos los materiales de construcción. Se diría que Jesús, en continuación de José, era el artífice cualificado de la tierra (el nombre es precedido del articulo). El hijo de María. Los israelitas no designaban un hijo con el nombre de la madre, ni aunque fuera después de la muerte del padre. Siendo así, el identificativo "el hijo de María", en la boca de aquella gente, conocedora tal vez del problema de José (cf. Mt 1, 18-25. 19)., puede ser calumnia. En Marcos y en la tradición  evangélica en general, la expresión tiene sentido teológico: apunta a la concepción virginal. Hermanos de Jesús. Aún hoy como en la antigüedad, el término "hermano" no solo significa aquel que lo es en el sentido corriente, sino también es aplicable a otro pariente más o menos cercano (cf. Gen 13, 8; Lv 10, 4; Mt 12, 46). Jesús es "el hijo" (el articulo figura en el texto original), el hijo único de María. Estos "hermanos y hermanas" de Jesús (de ellas apenas se habla aquí) son por tanto, sus parientes de parte de María y/o José. La fe en Jesucristo, por la cual se entra en comunión de vida con la Santísima Trinidad, dará al término "hermano/hermana", su sentido más genuino: hermanos son los cristianos, los discípulos de Cristo (cf. Mc 3, 31-35; Mt 12, 47-50; Lc 11, 27-28; Jn 2, 4; Hch 1, 15)" (Biblia Sagrada, Franciscanos Capuchinos, Lisboa). 

Y estaban desconcertados. Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su patria, sus parientes y los de su casa" 
Jesús no escapa a la ley psicológica del rechazo, confirmada por la experiencia. Si uno se pregunta el motivo del rechazo, podríamos citar algunas causas: por falta de fe de las personas (en contraposición al Evangelio del Domingo XIII), las cuales aceptaban admiradas su sabiduría y poder; el no trascender de lo humano a lo divino; el conocer a Jesús y a su familia desde pequeño, etc. A todos nos sucede lo mismo, solo que en distintos niveles: internacional, nacional, local, familiar, eclesial, clerical...

Ahora, haciendo alusión a Monseñor Romero, en El Salvador está claro que tanto a nivel eclesial como civil, hay seguimiento y rechazo. En el momento histórico en el cual él se pronunció y actuó, no encontró la apertura en los salvadoreños de élite, para dejarse transformar por la riqueza del evangelio. La soberbia y los intereses mezquinos se oponen a la  escucha de la Palabra de Salvación (cf. Verbum Domini, n. 26). Fuera de nuestro país Monseñor Romero es muy valorado, lo cual suscita hasta escándalo en ellos cuando escuchan el rechazo de sus propios connacionales. Por supuesto, las nuevas generaciones no fuimos contemporáneos a Monseñor Oscar Arnulfo, pero el afán de conocerlo nos lleva a investigar su  ministerio, produciendo admiración, respeto y coraje para avanzar en la misión encomendada. 
Solo por citar un sencillo recuerdo: cuando participé en el Curso Internacional para Formadores de los Seminarios (Leggiuno), cada padre pasaba al frente a presentarse, teniendo como fondo una proyección sobre datos muy básicos de su país de origen. Cuando el padre Eduardo y su servidor pasamos al frente y en la proyección aparecía que eramos de El Salvador, los padres de diferentes nacionalidades empezaron a decir: "Monseñor Romero", "el país de Monseñor", "el país del gran mártir", luego surgieron los aplausos por la figura de él. 

"Y no pudo hacer allí ningún milagro, solo curó a algunos enfermos imponiendoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar a los pueblos vecinos". 
Por supuesto el rechazo no es absoluto, porque aunque muy pocos enfermos se sanaron, eso es señal que había gente con fe. Al igual que en nuestro país, no hay un rechazo absoluto a Monseñor Romero, más aún, despacio va creciendo la devoción en torno a él. Jesús posiblemente esperaba una gran acogida de parte de su gente, por el bien realizado en otras partes y cuya información llegaba a los oídos de los nazarenos. Al final, sigue su recorrido ofreciendo la Buena Nueva a quien lo deseara. 

ALGUNAS APLICACIONES:
- Pidiendo la asistencia del Espíritu Santo, ir más allá de lo humano, ya sea aplicado a Cristo como a una persona.
- Dejar a un lado la soberbia, el ego, el excesivo análisis, y aprender a ver también con ojos de fe.
 - No desanimarse ante el rechazo, en concreto, en lo referente a la proclamación de la Palabra de Dios y presentación testimonial ante los demás.
- Llevar a cabo la misión encomendada por Dios y la asimilación consciente de su voluntad.