jueves, 21 de junio de 2012

MEDITACIÓN DOMINICAL


"HASTA AQUÍ LLEGARÁS, NO MÁS ALLÁ.
AQUÍ SE ROMPERÁ LA ARROGANCIA DE TUS OLAS"

Es una frase perteneciente a una interpelación que Dios dirije a Job desde la tormenta. Esta frase a su vez, tiene conexión con el Evangelio de San Marcos 4, 35-41: "Se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua".  El Evangelio relata que Jesús dormía en la popa en ese momento, mientras las olas golpeaban con furia la barca, por ello los discípulos lo despertaron para decirle: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?"

En la primera consideración, Dios le está haciendo ver a Job que todo lo creado tiene un limite, por más fuerte que parezca algo creado, por más poderoso que se presente, por más duro que golpeé, no es todopoderoso; por tanto, tiene un limite y un fin. Si hacemos la relación con el Evangelio, queda patente la actitud de Jesús ante las furiosos elementos naturales y el temor de los discípulos. Jesús tenía claro que esos elementos naturales productores de temor, tenían limite, aparte que él estaba consciente de su omnipotencia divina. 

Si ustedes observan la imagen colocada en esta entrada, los personajes presentes en la barca detrás de Jesús, no son los Apóstoles sino personas de diversas edades y condiciones. El ser humano de todas las épocas y circunstancias experimenta el miedo ante ciertas situaciones y realidades, en cuyo enfrentamiento algunas personas vencen y otras son vencidas, algunas resultan triunfadoras y otras sucumben ante el poderío de lo creado. 

La buena noticia para toda la humanidad es que "si Cristo está con nosotros, ¿ quién contra nosotros?" (Romanos 8, 31). Si hacemos una interpretación espiritual, diremos: la barca es nuestra vida, el lago es la realidad terrena en cual nos movemos o el andar en este mundo; las olas y el viento impetuosos, son los problemas, traumas, decepciones, malas decisiones, enfermedades, frustraciones, heridas, pruebas, el ambiente hostil e inmaduro de trabajo, etc., que golpean nuestra vida y desean hundirnos. Incluso, esas olas y viento impetuosos podrían interpretarse también como el demonio, el mundo y el pecado, deseosos de vernos temorosos, débiles, destruidos, "comiendo con los cerdos" (cf. Lucas 15, 16). 

En los Apóstoles se observan dos actitudes:  por una parte, se llenan de temor hasta experimentar una eminente destrucción, y por otra, sabedores del poder de Jesús, lo despiertan para que actué protegiéndolos y liberándolos de tal situación amenazante. Estimados lectores, desde el Bautismo, Jesús, la Santísima Trinidad inhabita en nuestra vida  (cf. Catecismo de la Iglesia Católica n. 1239), es decir, Jesús siempre nos acompaña, pero por nuestra terquedad, por nuestros pecados, por nuestras indiferencias, por nuestra falta de fe y confianza en Dios, Jesús está dormido... Pero si lo despertamos, Él actuará a favor de nuestras vidas, por dura que sea la situación o lo caído que ya nos encontremos..."Y es que a veces se nos olvida de que Jesús siempre esta allí, él esta junto a nosotros siempre y cuando lo busquemos y tratemos de agradarlo, por tal razón no deberíamos de temer a nada ni desconfiar, porque ante de ahogarnos por la tempestad, también El se tendría que ahogar, cosa que JAMÁS pasará. Pero nuestra humanidad y desconfianza por naturaleza nos hace olvidarnos del que protege nuestra vida es Jesús y que si El esta allí no hay nada que temer" (E. Monterrosa)


"Estimado lector y estimada lectora, no olvides que si una situación negativa es poderosa, su poder termina, su limite se extiende hasta donde comienza el poder inmenso de Dios... ¡¡¡'Todo lo podemos en Jesucristo que nos fortalece'!!! (Filipenses 4, 13)"