sábado, 16 de junio de 2012

MEDITANDO


EL REINO DE DIOS:
ELECCIÓN DE LO PEQUEÑO CON VISTAS A SER GRANDE

El lunes 28 de mayo de 2012 se reanudó el tiempo ordinario (semana VIII), pero los domingos sucesivos han estado marcados por dos solemnidades (Santísima Trinidad y Corpus Christi), ahora, décimo primer domingo del tiempo ordinario, se medita en si las lecturas correspondientes a este amplio tiempo litúrgico. 

San Marcos 4, 26-34

«También decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega".

Decía también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra". Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado».


En dicho texto evangelico, Jesús explica el misterio del Reino de Dios mediante dos parábolas: el Reino de Dios es como un grano de trigo echado en la tierra, que brota y crece hasta que, sin saber cómo, llega a ser trigo abun­dante; el Reino de Dios es como un grano de mostaza, que siendo la más pequeña de las semillas, crece hasta hacerse la mayor de las hortalizas, de modo que las aves del cielo anidan en sus ramas.


En Tierra Santa crecen varios tipos de plantas de mostaza, ya sea silvestres como la mostaza de campo,Sinapis arvensis, y la mostaza blanca, S. alba, o cultivadas, como la mostaza negra (ajenabe), S. nigra, de las cuales esta última parece ser la mencionada en el Evangelio. Nuestro Señor compara el Reino de Dios a un grano de mostaza , un término familiar para denotar la cosa más pequeña posible (cf. Talmud Jerus. Peah, 7; T. Babyl. Kethub., III B), "que tomó un hombre y la sembró en su campo" y que "cuando crece es mayor que las hortalizas". El árbol de mostaza en Palestina alcanza una altura de diez pies (3.5 metros) y es el refugio favorito de jilgueros y pinzones.

Las parábolas del trigo que crece indefectiblemente y del grano de mostaza que crece hasta un árbol magnífico, destacan el crecimiento del Reino de Dios en el mundo. Jesús extiende su mirada hacia el futuro y ve que, a pesar de la modestia de los orígenes, la Iglesia crecerá y llenará el mundo (con 12 humildes y sencillos apóstoles, y otros seguidores, pero con apertura y disponibilidad al servicio del Reino de Dios). Sólo dentro de la Iglesia de Cristo tenemos expe­riencia del Reino de Dios.

Si nos preguntamos: ¿Qué es el Reino de Dios?, el Beato Juan Pablo II nos lo responde en su Encíclica "Redemptoris Missio": «El Reino de Dios no es un concepto, no es una doctrina, no es un programa sujeto a libre elaboración; el Reino de Dios es ante todo una persona, que tiene el rostro y el nombre de Jesús de Nazaret, imagen del Dios invisible» (n. 18) Por eso es que se puede encontrar sólo dentro de la Iglesia. Es que «la luz de los pueblos, que es Cristo, resplan­dece sobre la faz de la Iglesia», como leemos en la Lumen Gentium.

Las parábolas del crecimiento del Reino de Dios deberían ser suficientes para comprender que Jesucristo es el Señor de la historia. No es necesario tener fe para entender que aquí hay una auténtica profecía, demos una panorámica sobre el Reino de Dios en la historia humana y para mayor convicción, por supuesto se puede hacer un razonamiento en torno a ello. Esta ense­ñanza fue propuesta por Jesús alrededor del año 30 de nuestra era y fue registrada por escrito en el Evangelio de San Marcos no después del año 70 (en realidad, mucho an­tes). A la luz del desarrollo posterior y de la situación actual del cristianismo en el mundo, cualquier persona inteligente debe reconocer que Jesús fue de una clarivi­dencia extraordinaria. Él anunció este desarrollo de su Iglesia cuando nada hacía preverlo y cuando nadie lo habría imaginado. Al contrario, todo hacía suponer que ese movimiento había sido sofocado con la muerte de Jesús en la cruz, más aún, las autoridades judías intentaron terminar con esa realidad antes sus ojos (Mateo 20, 11-15). 

En fin, considero las palabras del  rabino Gamaliel como el criterio objetivo a seguir. En un momento en que los seguidores de Jesús eran un minúsculo grupo, aconsejó al tribunal judío: «'Desentendeos de estos hombres y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destrui­rá; pero si es de Dios, no conseguiréis destruirlos. No sea que os encontréis luchando contra Dios'. Todos aceptaron su parecer» (Hch 5,38-39). La historia ha registrado numero­sos episodios de persecución; pero no han conseguido destruir la Iglesia. Incluso, Benedicto XVI ha dicho que los enemigos de la Iglesia están dentro de Ella., u aun así el proyecto del Reino sigue adelante. Realmente, hay pruebas, datos, circunstancias, acontecimientos que conducen a una afirmación sensata sobre la Iglesia como obra de Dios. Hasta parece terquedad el estar contradiciendo algo tan evidente. 

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL:

- Como cristiano, ¿estás esforzándote secundado por la gracia divina para que el Reino de Dios se desarrolle en tu interior?

- ¿Estás colaborando por la extensión del Reino de Dios? ¿De qué manera?

-  Si estás trabando en la Iglesia de acuerdo a tu vocación particular, ¿crees que el desarrollo del Reino de Dios es obra de Dios? ¿si ves frutos te entra la tentación de pensar que todo es gracias solo a tu esfuerzo, capacidades o cualidades personales?


- Ante las decepciones provocadas por ciertas situaciones negativas en la Iglesia, ¿dudas de  la veracidad sobre la fundación y desarrollo de dicha institución divina-humana?