domingo, 4 de septiembre de 2011

SEPTIEMBRE, MES DE LA BIBLIA


"QUIEN CONOCE LA PALABRA DIVINA 
CONOCE TAMBIÉN PLENAMENTE EL SENTIDO DE CADA CRIATURA"
(Verbum Domini, n. 10)

A medida que se va avanzando en años, se aprecia con mayor realismo las acciones y situaciones estables o semi-estables de desorden moral en la persona humana. Es común escuchar las siguientes frases: "¿Si hubiera tenido algún consejo o indicación o algo iluminador, talvez no hubiera cometido esto?", "¿qué debo hacer para saber como debo obrar?". Ante estas frases, traigo a memoria lo que nos dice nuestro Señor Jesús, en el evangelio de San Mateo 7, 24- 29, sobre el edificar la propia vida en roca firme, es decir, en la Palabra viva y eficaz de Dios. 

La Palabra de Dios nos impulsa a cambiar nuestro concepto de realismo. ¿En qué consiste ser realista en este contexto? es quien reconoce en el Verbo de Dios el fundamento de todo. Confrontando la carta de San Pablo a los Colosenses 1, 17,  encontramos la afirmación de que si todas las cosas «se mantienen» en aquel que es «anterior a todo», entonces, quien construye la propia vida sobre su Palabra edifica verdaderamente de manera sólida, duradera y va transformando su visión de la realidad. Como he dicho en algunas homilías de manera sencilla: "a medida que uno va leyendo y profundizando la Sagrada Escritura, se siente impulsado a ir transformando su vida, de hecho, en la historia constatamos el hecho de abundantes hombres y mujeres que han dado dicho paso". Cuantos hombres y mujeres informada toda su vida por la Palabra de Dios, no han cambiado solo en actitudes personales, sino también a quienes les rodean, sociedades, e incluso, influenciando fuera de las fronteras del propio país de origen. La Palabra de Dios nos presiona en la conciencia, en la mente y en el corazón, para ver la realidad de otra manera, es decir, como la ve Dios.

"De esto tenemos especial necesidad en nuestros días, en los que muchas cosas en las que se confía para construir la vida, en las que se siente la tentación de poner la propia esperanza, se demuestran efímeras. Antes o después, el tener, el placer y el poder se manifiestan incapaces de colmar las aspiraciones más profundas del corazón humano. En efecto, necesita construir su propia vida sobre cimientos sólidos, que permanezcan incluso cuando las certezas humanas se debilitan." (Benedicto XVI). Traigo a memoria un hecho en la conversión de San Agustín o de San Ignacio de Loyola, a quienes ciertas filosofías o lecturas no les colmaban, más aún les producía vacío o aburrimiento; contrario, al tener un contacto con la Palabra de Dios y con personas que la llevaron a su cumplimiento, con personas que optaron prudentemente por tenerla como cimiento sólido- real para su vida diaria. 

Realmente, en la Palabra de Dios tenemos las directrices para la correcta conducción de nuestras vidas, para hallarle sentido a la existencia por poseer en ella las respuestas a las grandes dudas  del hombre, para aspirar a los grandes valores que todo ser humano busca: la verdad, la libertad, el amor y la justicia. Es admirable ver como personas que tienen poco conocimiento de la Palabra de Dios, tratan o visiblemente la practican, "poco pero en contaste cumplimiento"; al mismo tiempo, causa tristeza o pena, quienes poseemos un conocimiento básico, medio o avanzado, visible o privadamente la contradecimos. De aquí que con justa razón, surja la presión en el exijirsenos más testimonio evangélico que palabras. 

 Ya que «tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo» y la fidelidad del Señor dura «de generación en generación» (Sal 119,89-90), quien construye sobre esta palabra edifica la casa de la propia vida sobre roca (cf. Mt 7,24). Que nuestro corazón diga cada día a Dios: «Tú eres mi refugio y mi escudo, yo espero en tu palabra» (Sal 119,114) y, como san Pedro, actuemos cada día confiando en el Señor Jesús: «Por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5).


"LA PAROLA DEL SIGNORE RIMANE IN ETERNO"
(BENEDETTO XVI)