domingo, 31 de octubre de 2010

CLAUSURA DEL AÑO LECTIVO 2010 EN EL SEMINARIO MAYOR DE LA INMACULADA

ACCION DE GRACIAS
SEMINARIO MAYOR Y MENOR DE LA DIOCESIS DE SAN VICENTE


Este martes 26 de Octubre de 2010, se realizó la Santa Misa en acción de gracias a Dios por cerrar un año más de formación sacerdotal. El excmo. Mons. José Elías Rauda, decidió que los miembros de ambos seminarios estuvieran unidos. En la Santa Misa estuvieron los formadores de ambos seminarios, los seminaristas y los integrantes del Club Serra de San Vicente.

Los seminaristas menores se fueron el viernes 29 para donde sus familiares. Los seminaristas mayores se irán hasta el 5 de noviembre, por eso nuestro obispo decidió realizar la Santa Misa antes, aprovechando la presencia de los seminaristas menores. Todos estos años la clausura ha sido el viernes ultimo de octubre, junto a los "Amigos del seminario", pero por la incompatiblidad de fechas, se hizo con anticipación.

Pedimos encomendar a los menores que ya están en sus vacaciones, como por los mayores que inician su semana de examenes finales y se preparan para la misión en Nicaragua o aqui mismo en la diócesis.


"SI USTEDES SERÁN MIS COLABORADORES ALGÚN DÍA,
NO LOS QUIERO MEDIOCRES"

(Monseñor Rauda)

HOMILIA:
En primer lugar, monseñor Rauda reflexionó brevemente las lecturas del día; luego leyó la carta del Papa Benedicto XVI a los seminaristas del mundo, deteniéndose en algunos puntos para reconsiderar según sus criterios.

ALGUNAS FRASES DESTACABLES EN LA CONVIVENCIA:
- "Quiero agradecer a los padres formadores por su entrega en esta obra, la cual es una tarea ingrata, una labor tan incomprendida". A esto criterio de Monseñor, yo le doy la razón y sólo Dios sabe si habrá tenido sentido lo poco o mucho que hicimos, por hacer de los seminaristas hombres de Dios para la Iglesia y el mundo. No es fácil entregarse, desgastarse con la impresión de que muchas acciones se pierden en la nada o recibir flechas agudas de incomprensión, desinterés o desagradecimiento. El amor a Dios nos da esperanza y resistencia en esta ardua y delicada misión. Desde ya pedimos por los posibles nuevos y sonantes miembros del equipo formador 2011. Gracias Señor por esta oportunidad!!!

- "Por eso los enviaré un mes de misión en noviembre y diciembre, a Nicaragua y aquí en la diócesis, para que aprovechen las riquezas del adviento y navidad, tal como lo dice el Papa en su carta a los seminaristas, sobre la valoración de la piedad popular".

- "Quiero sacerdotes sacrificados, entregados en su vocación".

- "Jesús hablo en el Evangelio sobre el dejar padre, madre, hermanos, etc., para estar más disponibles al servicio de su Reino, pues esta separación de ellos en estos dos meses, les ayudará a cumplir esas palabras y analizar seriamente su vocación al sacerdocio".

CARTA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LOS SEMINARISTAS

Queridos seminaristas:

En diciembre de 1944, cuando me llamaron al servicio militar, el comandante de la compañía nos preguntó a cada uno qué queríamos ser en el futuro. Respondí que quería ser sacerdote católico. El subteniente replicó: Entonces tiene usted que buscarse otra cosa. En la nueva Alemania ya no hay necesidad de curas. Yo sabía que esta “nueva Alemania” estaba llegando a su fin y, que después de las devastaciones tan enormes que aquella locura había traído al País, habría más que nunca necesidad de sacerdotes. Hoy la situación es completamente distinta. Pero también ahora hay mucha gente que, de una u otra forma, piensa que el sacerdocio católico no es una “profesión” con futuro, sino que pertenece más bien al pasado. Vosotros, queridos amigos, habéis decidido entrar en el seminario y, por tanto, os habéis puesto en camino hacia el ministerio sacerdotal en la Iglesia católica, en contra de estas objeciones y opiniones. Habéis hecho bien. Porque los hombres, también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con Él y por medio de Él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera. Donde el hombre ya no percibe a Dios, la vida se queda vacía; todo es insuficiente. El hombre busca después refugio en el alcohol o en la violencia, que cada vez amenaza más a la juventud. Dios está vivo. Nos ha creado y, por tanto, nos conoce a todos. Es tan grande que tiene tiempo para nuestras pequeñas cosas: “Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados”. Dios está vivo, y necesita hombres que vivan para Él y que lo lleven a los demás. Sí, tiene sentido ser sacerdote: el mundo, mientras exista, necesita sacerdotes y pastores, hoy, mañana y siempre.

El seminario es una comunidad en camino hacia el servicio sacerdotal. Con esto, ya he dicho algo muy importante: no se llega a ser sacerdote solo. Hace falta la “comunidad de discípulos”, el grupo de los que quieren servir a la Iglesia de todos. Con esta carta quisiera poner de relieve —mirando también hacia atrás, a mis días en el seminario— algunos elementos importantes para estos años en los que os encontráis en camino.

1. Quien quiera ser sacerdote debe ser sobre todo un “hombre de Dios”, como lo describe san Pablo (1 Tm 6,11). Para nosotros, Dios no es una hipótesis lejana, no es un desconocido que se ha retirado después del “big bang”. Dios se ha manifestado en Jesucristo. En el rostro de Jesucristo vemos el rostro de Dios. En sus palabras escuchamos al mismo Dios que nos habla. Por eso, lo más importante en el camino hacia el sacerdocio, y durante toda la vida sacerdotal, es la relación personal con Dios en Jesucristo. El sacerdote no es el administrador de una asociación, que intenta mantenerla e incrementar el número de sus miembros. Es el mensajero de Dios entre los hombres. Quiere llevarlos a Dios, y que así crezca la comunión entre ellos. Por esto, queridos amigos, es tan importante que aprendáis a vivir en contacto permanente con Dios. Cuando el Señor dice: “Orad en todo momento”, lógicamente no nos está pidiendo que recitemos continuamente oraciones, sino que nunca perdamos el trato interior con Dios. Ejercitarse en este trato es el sentido de nuestra oración. Por esto es importante que el día se inicie y concluya con la oración. Que escuchemos a Dios en la lectura de la Escritura. Que le contemos nuestros deseos y esperanzas, nuestras alegrías y sufrimientos, nuestros errores y nuestra gratitud por todo lo bueno y bello, y que de esta manera esté siempre ante nuestros ojos como punto de referencia en nuestra vida. Así nos hacemos más sensibles a nuestros errores y aprendemos a esforzarnos por mejorar; pero, además, nos hacemos más sensibles a todo lo hermoso y bueno que recibimos cada día como si fuera algo obvio, y crece nuestra gratitud. Y con la gratitud aumenta la alegría porque Dios está cerca de nosotros y podemos servirlo.

2. Para nosotros, Dios no es sólo una palabra. En los sacramentos, Él se nos da en persona, a través de realidades corporales. La Eucaristía es el centro de nuestra relación con Dios y de la configuración de nuestra vida. Celebrarla con participación interior y encontrar de esta manera a Cristo en persona, debe ser el centro de cada una de nuestras jornadas. San Cipriano ha interpretado la petición del Evangelio: “Danos hoy nuestro pan de cada día”, diciendo, entre otras cosas, que “nuestro” pan, el pan que como cristianos recibimos en la Iglesia, es el mismo Señor Sacramentado. En la petición del Padrenuestro pedimos, por tanto, que Él nos dé cada día este pan “nuestro”; que éste sea siempre el alimento de nuestra vida. Que Cristo resucitado, que se nos da en la Eucaristía, modele de verdad toda nuestra vida con el esplendor de su amor divino. Para celebrar bien la Eucaristía, es necesario también que aprendamos a conocer, entender y amar la liturgia de la Iglesia en su expresión concreta. En la liturgia rezamos con los fieles de todos los tiempos: pasado, presente y futuro se suman a un único y gran coro de oración. Por mi experiencia personal puedo afirmar que es entusiasmante aprender a entender poco a poco cómo todo esto ha ido creciendo, cuánta experiencia de fe hay en la estructura de la liturgia de la Misa, cuántas generaciones con su oración la han ido formando.

3. También es importante el sacramento de la Penitencia. Me enseña a mirarme con los ojos de Dios, y me obliga a ser honesto conmigo mismo. Me lleva a la humildad. El Cura de Ars dijo en una ocasión: Pensáis que no tiene sentido recibir la absolución hoy, sabiendo que mañana cometeréis nuevamente los mismos pecados. Pero —nos dice— Dios mismo olvida en ese momento los pecados de mañana, para daros su gracia hoy. Aunque tengamos que combatir continuamente los mismos errores, es importante luchar contra el ofuscamiento del alma y la indiferencia que se resigna ante el hecho de que somos así. Es importante mantenerse en camino, sin ser escrupulosos, teniendo conciencia agradecida de que Dios siempre está dispuesto al perdón. Pero también sin la indiferencia, que nos hace abandonar la lucha por la santidad y la superación. Cuando recibo el perdón, aprendo también a perdonar a los demás. Reconociendo mi miseria, llego también a ser más tolerante y comprensivo con las debilidades del prójimo.

4. Sabed apreciar también la piedad popular, que es diferente en las diversas culturas, pero que a fin de cuentas es también muy parecida, pues el corazón del hombre después de todo es el mismo. Es cierto que la piedad popular puede derivar hacia lo irracional y quizás también quedarse en lo externo. Sin embargo, excluirla es completamente erróneo. A través de ella, la fe ha entrado en el corazón de los hombres, formando parte de sus sentimientos, costumbres, sentir y vivir común. Por eso, la piedad popular es un gran patrimonio de la Iglesia. La fe se ha hecho carne y sangre. Ciertamente, la piedad popular tiene siempre que purificarse y apuntar al centro, pero merece todo nuestro aprecio, y hace que nosotros mismos nos integremos plenamente en el “Pueblo de Dios”.

5. El tiempo en el seminario es también, y sobre todo, tiempo de estudio. La fe cristiana tiene una dimensión racional e intelectual esencial. Sin esta dimensión no sería ella misma. Pablo habla de un “modelo de doctrina”, a la que fuimos entregados en el bautismo (Rm 6,17). Todos conocéis las palabras de san Pedro, consideradas por los teólogos medievales como justificación de una teología racional y elaborada científicamente: “Estad siempre prontos para dar razón (logos) de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere” (1 P 3,15). Una de las tareas principales de los años de seminario es capacitaros para dar dichas razones. Os ruego encarecidamente: Estudiad con tesón. Aprovechad los años de estudio. No os arrepentiréis. Es verdad que a veces las materias de estudio parecen muy lejanas de la vida cristiana real y de la atención pastoral. Sin embargo, es un gran error plantear de entrada la cuestión en clave pragmática: ¿Me servirá esto para el futuro? ¿Me será de utilidad práctica, pastoral? Desde luego no se trata solamente de aprender las cosas meramente prácticas, sino de conocer y comprender la estructura interna de la fe en su totalidad, de manera que se convierta en una respuesta a las preguntas de los hombres, que aunque aparentemente cambian en cada generación, en el fondo son las mismas. Por eso, es importante ir más allá de las cuestiones coyunturales para captar cuáles son precisamente las verdaderas preguntas y poder entender también así las respuestas como auténticas repuestas. Es importante conocer a fondo la Sagrada Escritura en su totalidad, en su unidad entre Antiguo y Nuevo Testamento: la formación de los textos, su peculiaridad literaria, la composición gradual de los mismos hasta formar el canon de los libros sagrados, la unidad de su dinámica interna que no se aprecia a primera vista, pero que es la única que da sentido pleno a cada uno de los textos. Es importante conocer a los Padres y los grandes Concilios, en los que la Iglesia ha asimilado, reflexionando y creyendo, las afirmaciones esenciales de la Escritura. Podría continuar en este sentido: llamamos dogmática a la comprensión de cada uno de los contenidos de la fe en su unidad, o mejor, en su simplicidad última: cada detalle particular, en definitiva, desarrolla la fe en el único Dios, que se manifestó y que sigue manifestándose. No es necesario que diga expresamente lo necesario que es estudiar las cuestiones esenciales de la teología moral y de la doctrina social de la Iglesia. Es evidente la importancia que tiene hoy la teología ecuménica, conocer las diversas comunidades cristianas; es igualmente necesario una orientación fundamental sobre las grandes religiones y, sobre todo, la filosofía: la comprensión de la búsqueda y de las preguntas del hombre, a las que la fe quiere dar respuesta. Pero también aprended a comprender y —me atrevo a decir— a valorar el derecho canónico por su necesidad intrínseca y por su aplicación práctica: una sociedad sin derecho sería una sociedad carente de derechos. El derecho es una condición del amor. Prefiero no continuar enumerando más cosas, pero sí deseo deciros una vez más: amad el estudio de la teología y continuadlo con especial sensibilidad, para anclar la teología en la comunidad viva de la Iglesia que, con su autoridad, no es un polo opuesto a la ciencia teológica, sino su presupuesto. Sin la Iglesia que cree, la teología deja de ser ella misma y se convierte en un conjunto de disciplinas diversas sin unidad interior.

6. Los años de seminario deben ser también un periodo de maduración humana. Para el sacerdote, que deberá acompañar a otros en el camino de la vida y hasta el momento de la muerte, es importante que haya conseguido un equilibrio justo entre corazón y mente, razón y sentimiento, cuerpo y alma, y que sea humanamente “íntegro”. La tradición cristiana siempre ha unido las “virtudes teologales” con las “virtudes cardinales”, que brotan de la experiencia humana y de la filosofía, y ha tenido en cuenta la sana tradición ética de la humanidad. Pablo dice a los Filipenses de manera muy clara: “Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta” (4,8). En este contexto, se sitúa también la integración de la sexualidad en el conjunto de la personalidad. La sexualidad es un don del Creador, pero también una tarea que tiene que ver con el desarrollo del ser humano. Cuando no se integra en la persona, la sexualidad se convierte en algo banal y destructivo. En nuestra sociedad actual se ven muchos ejemplos de esto. Recientemente, hemos constatado con gran dolor que algunos sacerdotes han desfigurado su ministerio al abusar sexualmente de niños y jóvenes. En lugar de llevar a las personas a una madurez humana y ser un ejemplo para ellos, han provocado con sus abusos un daño que nos causa profundo dolor y disgusto. Debido a todo esto, muchos podrán preguntarse, quizás también vosotros, si vale la pena ser sacerdote; si es sensato encaminar la vida por el celibato. Sin embargo, estos abusos, que son absolutamente reprobables, no pueden desacreditar la misión sacerdotal, que conserva toda su grandeza y dignidad. Gracias a Dios, todos conocemos sacerdotes convincentes, forjados por su fe, que dan testimonio de cómo en este estado, en la vida celibataria, se puede vivir una humanidad auténtica, pura y madura. Pero lo que ha ocurrido, nos debe hacer más vigilantes y atentos, examinándonos cuidadosamente a nosotros mismos, delante de Dios, en el camino hacia el sacerdocio, para ver si es ésta su voluntad para mí. Es tarea de los confesores y de vuestros superiores acompañaros y ayudaros en este proceso de discernimiento. Un elemento esencial de vuestro camino es practicar las virtudes humanas fundamentales, con la mirada puesta en Dios manifestado en Cristo, dejándonos purificar por Él continuamente.

7. En la actualidad, los comienzos de la vocación sacerdotal son más variados y diversos que en el pasado. Con frecuencia, se toma la decisión por el sacerdocio en el ejercicio de alguna profesión secular. A menudo, surge en las comunidades, especialmente en los movimientos, que propician un encuentro comunitario con Cristo y con su Iglesia, una experiencia espiritual y la alegría en el servicio de la fe. La decisión también madura en encuentros totalmente personales con la grandeza y la miseria del ser humano. De este modo, los candidatos al sacerdocio proceden con frecuencia de ámbitos espirituales completamente diversos. Puede que sea difícil reconocer los elementos comunes del futuro enviado y de su itinerario espiritual. Precisamente, por eso, el seminario es importante como comunidad en camino por encima de las diversas formas de espiritualidad. Los movimientos son una cosa magnífica. Sabéis bien cuánto los aprecio y quiero como don del Espíritu Santo a la Iglesia. Sin embargo, se han de valorar según su apertura a la común realidad católica, a la vida de la única y común Iglesia de Cristo, que en su diversidad es, en definitiva, una sola. El seminario es el periodo en el que uno aprende con los otros y de los otros. En la convivencia, quizás a veces difícil, debéis asimilar la generosidad y la tolerancia, no simplemente soportándoos mutuamente, sino enriqueciéndoos unos a otros, de modo que cada uno pueda aportar sus cualidades particulares al conjunto, mientras todos servís a la misma Iglesia, al mismo Señor. Ser escuela de tolerancia, más aún, de aceptarse y comprenderse en la unidad del Cuerpo de Cristo, es otro elemento importante de los años de seminario.

Queridos seminaristas, con estas líneas he querido mostraros lo mucho que pienso en vosotros, especialmente en estos tiempos difíciles, y lo cerca que os tengo en la oración. Rezad también por mí, para que pueda desempeñar bien mi servicio, hasta que el Señor quiera. Confío vuestro camino de preparación al sacerdocio a la maternal protección de María Santísima, cuya casa fue escuela de bien y de gracia. A todos os bendiga Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Vaticano, 18 de octubre de 2010, Fiesta de San Lucas, evangelista.

Vuestro en el Señor

BENEDICTUS PP. XVI


sábado, 30 de octubre de 2010

DOMINGO 31 DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO "C"

COMENTARIO AL EVANGELIO DE SAN LUCAS 19, 1-10


Quería ver a Jesús, "pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura".

Pero Zaqueo tenía sus impedimentos. Uno era el de la estatura. Otro era el de la gente, que no le dejaba ver. Pero Zaqueo era un hombre decidido, y encontró la manera de superar estos problemas.

Zaqueo era bajito y pecador. Zaqueo quería ver a Jesús, pero la gente se lo impedía. Esto también nos pasa a nosotros. Por una razón o por otra, Zaqueo soy yo.

Zaqueo subió a un árbol. Es un hombre dispuesto a superar dificultades.

1º Reconocer que no damos la talla. "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel es y justo para perdonarnos los pecados y para purificarnos de toda iniquidad" (1 Jn 1,8s). La aceptación y reconocimiento del propio pecado es condición esencial para el descubrimiento de Jesús como Salvador. Lo que quiere decir que la incredulidad incluye también el no querer reconocer la propia culpa y la necesidad personal de salvación.

Los hombres necesitamos mucho tiempo para convencernos de nuestro pecado y de nuestra debilidad, para renunciar a la autojustificación y a la autosuficiencia.

"Donde entra mucho el sol, dice santa Teresa, el alma ve su miseria... toda se ve muy turbia".

Charles Peguy (poeta y escritor francés, 1914) meditaba una vez por qué la gracia divina obtiene triunfos inesperados en el alma del pecador más grande, mientras que con mucha frecuencia permanece inactiva en las gentes más honradas: "La razón está precisamente en que las gentes más honradas, o en definitiva a las que así se denomina y que gustosamente se designan como tales, no tienen puntos débiles en su armadura. Son invulnerables. Su piel moral constantemente sana les procura un pellejo impenetrable y una coraza sin fallos. "Por eso no hay nada tan contrario a lo que (con un nombre un tanto vergonzoso) se denomina religión como lo que se suele llamar moral. La moral reviste al hombre de una coraza protectora contra la gracia".

"Cristo no habita sino en los pecadores", llega a afirmar Lutero. No cuando te crees justo, sino cuando reconoces tu pecado, entonces te encuentras en la situación adecuada para que opere la salvación. Así el progreso se realiza "a la contra" de lo que espera el hombre, no cuando desaparecen nuestros defectos, sino cuando comprendemos mejor la gravedad de los mismos.

No hay que entender el pecado legalísticamente, sino como una incapacidad de amar, como fallo en el amor.

Por ello, cada vez que nos reunimos para celebrar el memorial de Jesucristo, empezamos reconociéndonos todos -todos- pecadores. No pedimos "por los pecadores" sino "por nosotros pecadores". Sin este primer paso, sin este inicial reconocimiento de nuestro pecado, no hay posibilidad de seguir adelante

2º. La gente impide el descubrimiento de Jesús Pero antes de empezar a subir, Zaqueo tuvo que quitarse la chaqueta. Quiero decir: se despojó de su propia dignidad. Desafía el ridículo con tal de ver a Jesús. Lo mismo que un hombre que tiene que transportar un armario, se quita la chaqueta y la deja en la percha, así Zaqueo, el director de aduanas, se quita la chaqueta de su propia respetabilidad y la cuelga en las narices de la gente. Se "desviste" de su propia dignidad, compostura, seriedad, prestigio. Se libra de todas las trabas sociales. A Zaqueo le importan un bledo todos los comentarios hirientes de la multitud. Desafía a las burlas, a las risas, con tal de ver quién era Jesús. El que quiera ver a Jesús, tiene que llevar a cabo una acción de ruptura con la gente.

Nosotros, como Zaqueo, hemos venido aquí también para ver a Jesús. Nos lo impedía la gente: las preocupaciones, las diversiones, los programas, los compromisos, los trabajos de cada día. Superados estos impedimentos, estamos aquí, no tanto para ver a Jesús, cuanto para que Jesús nos mire.

El pasa siempre a nuestro lado. Y pasó Jesús. Pero Jesús no quería pasar, sino que quería quedarse con Zaqueo. Levantó los ojos Jesús para ver al pequeño Zaqueo. Y lo miró con simpatía y cariño, y llamó a la puerta de su corazón. «Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede yo en tu casa». Este paso, mirada y llamada de Jesús son el principio de la salvación. Difícil escaparse a la mirada y a la llamada de Jesús. El pasa siempre a nuestro lado.

Todos lo sabían. Ahora viene el otro impedimento, el más importante. Zaqueo era «un hombre pecador». Todos lo sabían. Y su pecado se llamaba injusticia. Se había hecho rico a costa de los pobres. Por eso todos lo miraban mal. Ninguna persona justa se atrevía a entrar en su casa. Pero Jesús sí se atrevió a entrar. Ha venido precisamente para eso, para buscar y salvar a los pecadores. Los busca; estén en el árbol o en el pozo o en la piscina o en la cruz; o en el puesto de trabajo o en la plaza pública o en la taberna o en el hospital o en la cárcel o en un asentamiento informal. No le importan nuestros pecados, sólo le importa nuestra salvación.

Dejar un poco de «basura»

Con alegría Zaqueo hizo sus donaciones "puesto en pie" y en un clima de fiesta y gozo incontenible. No es nada heroico dejar un poco de "basura", cuando se ha encontrado el verdadero tesoro. Para aquél que ha conocido a Cristo todo lo demás resulta paja o tiranía inaguantable.

Es un hombre nuevo que, decidido, cambia radicalmente el rumbo de su vida y todos sus esquemas, su modo de pensar, su sistema de valores, su relación con la gente... Ha descubierto que puede "elevar" su estatura. Ha cogido la mano que Jesús le ha tendido y quiere caminar por su mismo camino. Hasta ahora sólo sabía usar y abusar del prójimo; ahora está decidido a compartir su vida y sus bienes con los pobres. Ha aprendido a decir "nosotros". Comprende que tiene que darle la vuelta a todo; comprende que el "tener" le impide "ser".

Lo malo para entrar en el Reino de Dios no es sólo la riqueza, sino especialmente, la "buena conciencia". La ventaja de Zaqueo frente a estos ricos, respetados en la sociedad, es que él no halla nada y a nadie que pueda justificar su riqueza. La marginación que padece le ayuda a no falsificar su conciencia, engañándose a sí mismo y teniéndose por un bendito de Dios. Considerado por todos como un pecador público, Zaqueo no se tiene a sí mismo por justo.

El gozo de la conversión. La conversión es la respuesta a la Buena Noticia, lo mismo que la fe. Es, por lo tanto, o debiera ser en cualquier caso, una respuesta gozosa. Zaqueo hace lo que debe y responde gozosamente al evangelio.

Su decisión se enmarca seguramente en una comida de fiesta, a la que se ha invitado Jesús. Podemos afirmar que aquello fue como una eucaristía y que toda eucaristía es un banquete en el que Jesús, el Señor, se sienta a comer con los pecadores. En efecto, la eucaristía es una fiesta de reconciliación. No sólo de los hombres con Dios por medio de J.C., su enviado, sino también de todos los hombres en J.C., que es el hermano universal. Si la fracción del pan es el símbolo del amor y de la convivencia fraterna, el vino es el símbolo de la fiesta que celebra dicha convivencia. Si el pan es la vida compartida, el vino es la abundancia de la vida que Jesús ha venido a traer a la tierra.

Esta reflexion la encontré en Mercaba, me gustó mucho y por eso la comparto con ustedes estimados y estimadas visitantes de "Luz para los pueblos".


domingo, 24 de octubre de 2010

IGLESIA VIVA

PROGRAMA RADIAL EVANGELIZADOR
DE LA PARROQUIA "EL CALVARIO


El padre Edy Platero, párroco de "El Calvario" de la ciudad de San Vicente, ha comenzado un programa evangelizador en la radio "Sol" f.m. (105.3), con el nombre de "Iglesia viva". Usted puede sintonizarlo todos los jueves de 7 a 8 p.m.

El padre de tan laudable iniciativa, me decía que el espacio radial de la parroquia tiene una doble finalidad: informar y formar. Esta finalidad es la misma de nuestro programa "Luz para los pueblos", en la radio Emaus y en este blog, desde hacía de más de un año y medio. Ahora compartimos un mismo objetivo, aunque de diferente angulo.

Realmente, felicitamos al padre Edy y a los sacerdotes que estarán conduciendo este programa radial, basados en el llamado que ha hecho el Papa Benedicto XVI, es decir, utilizar los medios de comunicación en favor del la extensión del Reino de Dios. Así como hay espacios conducidos por hermanos de otras religiones o de otra indole no muy cristiana en esa radio, la parroquia "El Calvario" sale del letargo misionero e ilumina a las almas confundidas, desoladas, hambrientas de trascendencia o iniciados y encaminados en la fe.

El programa fue inaugurado por el excmo. Monseñor Elías Radua, el jueves 14 de Octubre.

Fotos tomadas por Manuel Valladares,
seminarista colaborador de "Luz para los pueblos"


P. René Maldonado y p. Norberto Marroquín (Director nacional de la OMP),
dando unos elementos doctrinales y experienciales referentes a la misión
Jueves 21 de octubre


El compromiso y la tarea del anuncio evangelico compete a toda la Iglesia,
"misionera por naturaleza" (Ad gentes, 2)



"En el octubre misionero, la oración y la cooperación material responden al estado de necesidad que sufren tantas personas y poblaciones de la tierra. Los sacerdotes, religiosos y laicos que sirven sobre todo a los más pobres en distintas partes del mundo, necesitan de medios para dar a conocer a Jesús no solo con palabra, sino con el compromiso concreto en la promoción humana que acompaña cada misión"




jueves, 21 de octubre de 2010

DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES 2010

"QUEREMOS VER A JESÚS" (Juan 12, 21)

BREVE REFLEXION


En San Marcos 16, 14 dice: “Jesús se .apareció (después de haber resucitado) a los propios Once (Apóstoles), cuando estaban a la mesa, y les amonestó la incredulidad y la dureza de corazón por no haber creído a aquellos que lo habían visto resucitado”.

En este contexto les da el mandato misionero: “Vayan por el mundo entero y proclamen el Evangelio a todas las criaturas”.

Vayan por el mundo entero: Hay dos tipos de misioneros: los misioneros ad extra y los misioneros ad intra. Los ad- extra son los que proclaman la Palabra de salvación fuera del territorio propio. Los ad-intra, en cambio, lo hacen dentro del territorio mismo. ¿En qué consiste el mundo entero? Podría interpretarse de dos maneras: literalmente, todos los lugares posibles en nuestro planeta; o de forma amplia, sería “el conjunto de seres naturales y artificiales en medio de los cuales nos encontramos viviendo es nuestro mundo” (Ricardo Yepes Stork-Javier Aranguren Echeverría, Fundamentos de Antropología, España, p. 87). De esta manera, se puede ser misionero de manera estricta prestando este servicio a Jesucristo y a la Iglesia en favor de las almas alejadas o proclamando el evangelio en “nuestro” mundo.

Proclamen el evangelio a todas las criaturas. El evangelio consiste en transmitir los hechos y las palabras de la vida de Jesús de Nazareth (Franciscanos Capuchinos, La Biblia Sagrada, Portugal), que es la “Buena Nueva para la humanidad”. Al respecto el decreto del Concilio Vaticano II, nos dice: “Por ello incumbe a la Iglesia el deber de propagar la fe y la salvación de Cristo, tanto en virtud del mandato expreso que heredó de los apóstoles el Orden de los Obispos, con la cooperación de los presbíteros, juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia, como en virtud de la vida que insufló en sus miembros de Cristo ‘de quien todo el cuerpo, trabado y unido por los ligamentos que lo unen y nutren para la operación propia de cada miembro, crece y se fortalece en la caridad’ (Ef 4, 16)” (n. 5)

La razón de esta actividad se basa en la voluntad de Dios, que “quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad. Porque uno es Dios, uno también el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para redención de todos” (1 Tim 3, 4-6), “y en ningún otro hay salvación” (Hch 4, 12).

“El mes de octubre, con la celebración de la Jornada Mundial de la misiones, ofrece a las comunidades diocesanas y parroquiales, a los institutos de vida consagrada, a los movimientos eclesiales y a todo el pueblo de Dios, la ocasión para renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y dar a las actividades pastorales una dimensión misionera más amplia (Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI, para la Jornada Mundial de las Misiones 2010)”. Al mismo tiempo, se nos recuerda que el compromiso y la tarea del anuncio evangélico compete a toda la Iglesia, “misionera por naturaleza” (Ad gentes, 2).

“‘Queremos ver a Jesús’ (Jn 12, 21) es la petición que, en el Evangelio de San Juan, algunos griegos, llegados a Jerusalén para la peregrinación pascual, presentan al apóstol Felipe. Esa misma petición resuena también en nuestro corazón durante este mes de octubre” (Benedicto XVI, JMM 2010).

Como el zumbido que se da en el Messenger a quien se tarda en contestar, hoy se nos da un doble zumbido: no debemos “hablar· solo de Jesús, sino también “hacer ver” a Jesús, y hacer resplandecer el rostro del Redentor en todos los rincones de la tierra ante las generaciones del nuevo milenio” (Cf. Benedicto XVI, mensaje JMM 2010).

“En 1926, Pío XI estableció que el penúltimo domingo de octubre se celebrara en toda la Iglesia, el “Domingo Mundial de las Misiones”, a favor de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, para mover a los católicos a amar y apoyar la causa misionera” (Revista de la OMP 2010, El Salvador, n. 4).

“En el octubre misionero, la oración y cooperación material responden al estado de necesidad que sufren tantas personas y poblaciones de la tierra. Los sacerdotes, religiosos y laicos que sirven sobre todo a los más pobres en distintas partes del mundo, necesitan de medios para dar a conocer a Jesús no solo con la palabra, sino con el compromiso concreto en la promoción humana que acompaña cada misión” (Ibid), de ahí que se pida una ofrenda económica voluntaria por medios de sobres, en las parroquias de nuestra Diócesis de San Vicente.

“Como el “sí” de María, toda respuesta generosa de la comunidad eclesial a la invitación divina al amor a los hermanos suscitará una nueva maternidad apostólica y eclesial (Cf. Ga 4, 4. 19.26), que dejándose sorprender por el misterio de Dios, el cual “al llegar la plenitud der los tiempos, envió (…) a su Hijo, nacido de mujer (Ga 4, 4), dará confianza y audacia a nuevos apóstoles” (Benedicto XVI, mensaje JMM 2010).



¿Y PARA DÓNDE VA LA AYUDA ECONOMICA QUE DAN LOS FIELES EN LOS SOBRES? ¿CÓMO Y QUIÉNES LO ADMINISTRAN? ¿VALE LA PENA BOLSEARSE UN POCO?

Es admirable y edificante ver a los fieles dando con generosidad según sus capacidades. Aunque siempre se han oido algunas voces de diverso tipo de personas, de fuera o dentro de la Iglesia, con la duda del destino de su ofrenda monetaria. Los fieles tienen el derecho a saberlo. Por lo tanto, el siguiente video se los dejará claro, delen "play":


lunes, 18 de octubre de 2010

AGRADECIMIENTOS A AMIGOS DEL SEMINARIO Y PASTORAL VOCACIONAL

EN LA PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES,
"LA PUEBLA", CABAÑAS

Ayer domingo 18 de octubre, celebramos una Misa en acción de gracias y motivación en la parroquia de Ciudad Dolores, con la feligresía que ora y colabora en la formación de los seminaristas de nuestra Diócesis.

El párroco, el revdo. p. Amilcar Bonilla, hace unos pocos meses fundó en su parroquia los "Amigos del Seminario", proyecto deseado por Monseñor José Luís Escobar, nuestro anterior obispo. El padre Amilcar pidió esta visita para agradecer, animar y orar por tantas personas que dan con amor y sacrificio su donativo a los seminarios vicentinos.

La Santa Misa fue a las 10: 00 a.m., presidida por el p. Gustavo Romero, vice-rector del Seminario Mayor y miembro colaborador de la Pastoral Vocacional Diocesana. En la Santa Misa estuvieron los seminaristas Lucas Gongora y Esau Maldonado. Finalizada la Santa Misa, se hizo una presentación con videos en el salón parroquial, sobre la vocación sacerdotal.


Santa Eucaristía por los sacerdotes, seminaristas, surgimiento de vocaciones al sacerdocio
y Amigos del Seminario

Algunas ideas dichas a los feligreses basadas en el evangelio de ayer:

"Entonces, ¿Qué debemos hacer para que perseverar en la oración? ¿Qué es lo que Jesús nos enseña? El primero requisito es ser conscientes que la oración es una necesidad. Si esto no lo tenemos claro, fallaremos siempre o nos acercaremos al diálogo con Dios.

¿Qué significa la palabra necesario? ¿Qué es lo necesario y que no lo es? ¿Cuál es la diferencia entre lo necesario y lo importante?

Catecismo de la Iglesia Católica, en el n. 2744: “orar es una necesidad vital: si no nos dejamos llevar por el Espíritu caeremos en la esclavitud del pecado (Cf. Ga 5, 16-25). ¿Cómo puede el Espíritu Santo ser “vida nuestra”, si nuestro corazón esta lejos de él?” “Nada vale como la oración; hace posible lo que es imposible, fácil lo que es difícil. Es imposible que el hombre que ora pueda pecar” (San Juan Crisóstomo). “Quien ora se salva ciertamente, quien no ora se condena ciertamente” (San Alfonso María de Ligorio)".



Parte de los asistentes a la charla sobre el sacerdocio y la vocación a tan sublime dignidad

Presentamos las tres partes del video: "fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote", de la Congregación para el Clero. Los tres videos juntos duran 35 minutos. En cada tema tratado de cada video, había un "stop", para dar una explicación y aplicación a manera de catequesis sacerdotal.