MEDITACIONES BASADAS EN EL BEATO MONSEÑOR ROMERO



MONSEÑOR ROMERO, OBISPO DÓCIL Y OBEDIENTE AL ESPÍRITU SANTO. OBEDIENCIA Y LUCHA POR LA JUSTICIA.


La justicia, la lucha por la justicia, la justicia a favor de los pobres es uno de los aspectos que más se le resalta públicamente al Beato Oscar Romero, pero muy escasamente se habla sobre la obediencia en Monseñor Romero, al menos, esa es mi percepción. A mi entender, en cierto sentido, previo a la predicación y lucha a favor de la justicia está la obediencia. Es posible que alguien no esté acuerdo con esta relacion justicia-obediencia, pero, es porque la virtud de la obediencia se ha desvirtuado o se encuentra en crisis, o simplemente no interesa.

En este tema no voy a desarrollar la obediencia en Monseñor Romero: como la vivió en su ministerio sacerdotal hasta el dia de su muerte; sino, solamente me enfocaré en algunas de sus palabras y actitudes para nuestra reflexión, sobre todo, en el marco de la cuaresma. Tal vez mas adelante pueda desarrollar un tema titulado: "La obediencia en el Beato Mártir Romero". 

"En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo" (Mateo 4, 1). Este versiculo me impresiona siempre que lo leo. Antes de ir al desierto nuestro Señor Jesús "fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él" (Mateo 3, 13). Y después del desierto comienza su predicación: "Jesús comenzó a proclamar: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca" (Mateo 4, 17). Hay una secuencia: Bautismo, desierto (preparación) y vida pública (comienza a predicar). Su vida pública tendrá como culmen el triduo pascual, pero antes se prepara en el desierto, después de haber sido bautizado. Esta secuencia es la que debe tener un cristiano, tanto como preparación para el triduo pascual y en su vida cristiana en general.

Nuestro Señor se dejó conducir dócilmente por el Espíritu Santo para ir al desierto y permanecer durante 40 días en el. El desierto no es un lugar confortable precisamente, pero Jesús no se resiste, se deja guiar por el "Espíritu mismo que intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Romanos 8, 26). "El Espíritu Santo nos impulsa a hacer cosas fuertes... Otras veces, el Espíritu Santo nos conduce con suavidad, y la virtud está en dejarse llevar por el Espíritu Santo, no resistir al Espíritu Santo, ser dóciles al Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo obra hoy en la Iglesia, actúa hoy en nuestras vidas. Alguno de ustedes podrá decirme: '¡Yo nunca le he visto!'. 'Pero, presten atención a lo que sucede, a lo que les pasa por su mente, lo que sienten en su corazón. ¿Cosas buenas? Es el Espíritu, el que les invita a ir en esa dirección. ¡Eso requiere docilidad! La docilidad al Espíritu Santo" (Papa Francisco, 13 de mayo de 2014). 


"La muerte de Rutilio tuvo un papel determinante en el compromiso de Óscar Romero a favor de los pobres. Durante sus tres años como Arzobispo, Monseñor Romero no asistió a ninguna ceremonia de Estado, comprendió que estaba de la parte equivocada y se entregó a la causa de los perseguidos y a la defensa de los derechos humanos" (http://www.telesurtv.net/news/El-Padre-Rutilio-Grande-y-Oscar-Arnulfo-Romero-20150522-0054.html). He citado este link de internet porque recoge de modo preciso la idea que deseo expresar: El Espíritu Santo le hace a ver al Arzobispo de San Salvador, estando ante el cuerpo asesinado del sacerdote Rutilio, por donde debe ir como Pastor de su grey. Monseñor estaba siendo impulsado por el Espíritu para entrar al desierto, en una situación social salvadoreña nada cómoda, en la cual las alimañas ponzoñosas reinaban... Monseñor pudo resistirse al Espíritu y "no entrarle" a la misión a la que se le estaba impulsando, pero ingresó al desierto, se sobrepuso al comprensible miedo en este caso, alzó su cayado y por eso ahora es un modelo sacerdotal para el clero salvadoreño, iniciando con los señores obispos, para el clero universal.

Palabras del Arzobispo Romero en torno a la obediencia" (Palabras en cursiva)
Primer Domingo de la Cuaresma. Ciclo "A"
12 de febrero de 1978

"Cristo, segundo Adán, Hijo de Dios encarnado en las entrañas de María, quiere asumir toda la responsabilidad del género humano, desobediencia a Dios, comenzando por la desobediencia del paraíso; y la redención que Cristo viene a hacer no será otra cosa que un acto heroico, divino, de obediencia. "

"Por obediencia se encarna, por obediencia va a tomar su cruz y por obediencia lo vemos hoy en el desierto"

"Al principio de la Cuaresma los ojos de un cristiano deben de clavarse en ese Cristo, ayunando 40 días con sus 40 noches"

"Ante todo el desierto, donde Jesús se retira, es el lugar del silencio, de la pobreza, donde el hombre está privado de los apoyos materiales y se halla frente a las preguntas fundamentales de la existencia, es impulsado a ir a lo esencial y precisamente por esto le es más fácil encontrar a Dios. Pero el desierto es también el lugar de la muerte, porque donde no hay agua no hay siquiera vida, y es el lugar de la soledad, donde el hombre siente más intensa la tentación. Jesús va al desierto y allí sufre la tentación de dejar el camino indicado por el Padre para seguir otros senderos más fáciles y mundanos (cf. Lucas 4, 1-13). Así Él carga nuestras tentaciones, lleva nuestra miseria para vencer al maligno y abrirnos el camino hacia Dios, el camino de la conversión" (Papa Benedicto XVI, 13 de febrero de 2013). Por tanto, debemos adentrarnos en un desierto espiritual para acompañar a Jesús, dejándonos guiar dócilmente por la inspiracion del Espiritu Santo. 



"Llevado por el Espíritu, nos ha dicho el evangelio, el Espíritu de una obediencia. El Hijo del Hombre, el representante de toda la humanidad sabe que los hombres están en un estado de naturaleza caída y que es necesario levantarla. Viene como un gran reparador. Cristo es el gran reparador; eso quiere decir redentor, salvador. Y para salvar al mundo, para reparar, para redimir a esta raza caída, es necesario que se cumpla la voluntad del Señor".

En conclusión, "basándose en la palabra de Dios y en la enseñanza social de la Iglesia clamó con fuerte voz pidiendo la conversión no sólo personal sino también social. Abundan los textos que  confirman esta  manera de entender las cosas. En una palabra, Monseñor Romero siempre estuvo abierto a la voluntad de Dios, fue siempre dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo y por eso ha merecido la gloria de los altares" (Carta Pastoral de la CEDES-Beato Mons. Romero, n. 29).

Que el Beato Romero nos motive sin miedo a entrar en el desierto, a discernir el Espíritu Santo de entre tantos espíritus circundantes, tal como enseñaba san Ignacio de Loyola; que salgamos fortalecidos de la cuaresma, lo cual debe ser sostén de nuestra vida cristiana en adelante. Ser dóciles al Espíritu Santo es bíblico, es evangélico, es cristiano.

Pbro. Gustavo Romero
Pamplona, 12 -Marzo- 2017


MONSEÑOR ROMERO, PROFETA AL MODELO DE DEUTERONOMIO 18, 15-20



MONSEÑOR ROMERO, PROFETA AL MODELO DE
DEUTERONOMIO 18, 15-20

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: “El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo”.

Moisés dice: “Un profeta como yo”. El sucesor ha de seguir su línea profética. ¿Cómo era Moisés? ¿Cuáles son las características del ministerio profético de Moisés? Debemos leer y analizar su vida y misión para responder a estas respuestas. Quedémonos con la idea de que Moisés fue elegido por Dios, para liberar al pueblo elegido de la esclavitud, para ser la voz de Dios y del pueblo, un pueblo oprimido y silenciado, ante el poder del faraón y el pueblo egipcio. Fundamentemos esto con el libro del Éxodo 3, 7-11: “Dijo Yahveh: "Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa... Así pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto además la opresión con que los egipcios los oprimen. Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto." Dijo Moisés a Dios: ¿Quién soy yo para ir donde el Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?"  Dios decide liberar al pueblo de esa opresión, pero a través de un profeta. Esto lo podemos aplicar a la historia de nuestro sufrido país. Moisés se pone al lado del pueblo sufriente; Monseñor Romero hizo lo mismo. Aquí no hay donde perderse, si alguien se pierde es porque está pensando subjetivamente o hasta ideológicamente. La profecía de Moisés es que el profeta saldrá del pueblo, de entre los mismos; Monseñor Romero es un profeta salvadoreño nacido y surgido de estas tierras cuscatlecas. Es un hijo forjado en nuestra cultura.

A él lo escucharán. Eso es lo que pidieron al Señor, su Dios, cuando estaban reunidos en el monte Horeb: ‘No queremos volver a oír la voz del Señor nuestro Dios, ni volver a ver otra vez ese gran fuego; pues no queremos morir’.

Un profeta debe ser escuchado porque habla de parte de Dios. El pueblo israelita pide un profeta y Dios ha escuchado la petición. El pueblo al pedir un profeta debe estar dispuesto a cumplir unos requisitos y uno de ellos es aceptar lo que Dios dice a través de él, es decir, el pueblo no debe esperar palabras que ellos desean escuchar, en concreto las de su agrado y conveniencia, y por tanto, tener al profeta como un simple intermediario, solo por no querer tratar con Dios, al cual temen. El profeta goza de la autoridad divina y hablará con verdad y rectitud. Recuerdo a una señora que con voz fuerte y un poco teatral decía: “los fieles estamos hambrientos de la Palabra de Dios, queremos que los sacerdotes nos prediquen mucho”, pero cuando escuchaba palabras exigentes en el aspecto moral y otras clamando justicia, se molestaba, se incomodaba y prefería retirarse. Eso lo consideraba no evangélico... Surge Monseñor Romero, la voz profética de los sin voz, unas voz siempre actual en donde surja la injusticia y que no desea ser escuchado por algunos, porque la Palabra de Dios es como espada de doble filo (cfr. Hebreos 4, 12). Muchas personas quieren un profeta en su tierra, pero que no les presione, que no les exija tanto, que vaya de acuerdo a sus interés y conveniencias.

El Señor me respondió: ‘Está bien lo que han dicho. Yo haré surgir en medio de sus hermanos un profeta como tú. Pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que mande yo. A quien no escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas’. 

Para que el mensaje profético sea autentico debe ser inspirado por Dios, estar de acuerdo a su voluntad. El profeta presta su voluntad a Dios. El mensaje profético es anunciar y denunciar. ¿Dios pide al profeta denunciar? ¿Acaso no es alterar la armonía social? Les invito a leer despacio los cuatro evangelios y el accionar de algunos profetas del Antiguo Testamento, y se encontrarán la respuesta a estas interrogantes. Los que oprimen, los que desean permanecer en el poder, consideran a un profeta, a Monseñor Romero como alborotador, cuando en verdad es despertar al pueblo de la esclavitud, para alcanzar la auténtica libertad. Eso es lo que buscó Monseñor Romero.

 “Pero el profeta que se atreva a decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de otros dioses, será reo de muerte”.

Por eso, el profeta Jeremías pedía la muerte a Dios por las consecuencias del mensaje profético. Seguir a Jesucristo y la línea profética en todo su compromiso, es estar expuesto a consecuencias. Todos los cristianos hemos sido ungidos en el bautismo para ejercer el ministerio profético, estamos llamados a desarrollarlo. El miedo, la comodidad, el respeto humano, las conveniencias, las seguridades humanas no permiten en muchas ocasiones desarrollar la vocación cristiana profética. Los sacerdotes estamos llamados por el oficio a ser profetas del pueblo. El pecado en todas sus manifestaciones debe ser eliminado, la Palabra de Dios es la base. Si muchos sacerdotes, congregaciones religiosas, seminaristas, predicadores, etc., leen y estudian la Palabra de Dios, ¿por qué no denuncian? ¿Por qué discriminan a los que lo hacen? ¿Por qué los tienen por revoltosos? La Palabra es una y clara, pero pasa a través de nuestra libertad y naturaleza humana. Cuando un profeta vive en relación con Dios y está libre de ataduras, el Señor habla con fuerza y transparencia a través de él. El profeta, la profetiza, debe tener claro que su compromiso es con Dios.

Cuando Dios dice hablar en nombre de otros dioses, se refiere a los ídolos, dioses circundantes al pueblo israelita, pero podemos pensar en los “dioses, ídolos modernos”, que desean alienar al profeta a la hora de hablar. Por ejemplo no denunciar la corrupción visible de un funcionario por estar a favor de él, aunque la conciencia presione a hacerlo. Les invito a hacer un listado de estos dioses e ídolos modernos o actuales presentes en la sociedad internacional y local.

¿Acaso no se cumplen las características de un profeta en la persona y mensaje de Monseñor Oscar Arnulfo Romero? Razones suficientes hay para escucharle y seguirle, pues su legado es fiel a la auténtica interpretación del Evangelio de Jesucristo.

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: “El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo”.
La primera lectura del domingo tercero con la del domingo cuarto del tiempo ordinario ciclo “b”, tienen una continuidad: La elección de un profeta y su misión concreta. En el tercer domingo se menciona al profeta Jonás, a quien Dios le pide anunciar la conversión en la ciudad de Nínive, en cambio en el cuarto domingo se presenta la figura de Moisés y su sucesor, al frente del pueblo peregrino de Israel.

Pbro. Gustavo Romero
San Vicente, 19-Mayo-2015

No hay comentarios:

Publicar un comentario