HOMILÍAS. CICLO "B"

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
Primera lectura: 2 Samuel 7, 1-5. 8-12. 14. 16
Salmo: 88
Segunda lectura: Romanos 16, 25-27
Evangelio: Lucas 1, 26-38



En este cuarto y último domingo de Adviento la liturgia nos presenta este año el relato del anuncio del ángel a María. Contemplando el estupendo icono de la Virgen santísima, en el momento en que recibe el mensaje divino y da su respuesta, nos ilumina interiormente la luz de verdad que proviene, siempre nueva, de ese misterio. En particular, quiero reflexionar brevemente sobre la importancia de la virginidad de María, es decir, del hecho de que ella concibió a Jesús permaneciendo virgen.

En el trasfondo del acontecimiento de Nazaret se halla la profecía de Isaías. «Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel» (Is 7, 14). Esta antigua promesa encontró cumplimiento superabundante en la Encarnación del Hijo de Dios.

De hecho, la Virgen María no sólo concibió, sino que lo hizo por obra del Espíritu Santo, es decir, de Dios mismo. El ser humano que comienza a vivir en su seno toma la carne de María, pero su existencia deriva totalmente de Dios. Es plenamente hombre, hecho de tierra —para usar el símbolo bíblico—, pero viene de lo alto, del cielo. El hecho de que María conciba permaneciendo virgen es, por consiguiente, esencial para el conocimiento de Jesús y para nuestra fe, porque atestigua que la iniciativa fue de Dios y sobre todo revela quién es el concebido. Como dice el Evangelio: «Por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios» (Lc 1, 35). En este sentido, la virginidad de María y la divinidad de Jesús se garantizan recíprocamente.

Por eso es tan importante aquella única pregunta que María, «turbada grandemente», dirige al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?» (Lc 1, 34). En su sencillez, María es muy sabia: no duda del poder de Dios, pero quiere entender mejor su voluntad, para adecuarse completamente a esa voluntad. María es superada infinitamente por el Misterio, y sin embargo ocupa perfectamente el lugar que le ha sido asignado en su centro. Su corazón y su mente son plenamente humildes, y, precisamente por su singular humildad, Dios espera el «sí» de esa joven para realizar su designio. Respeta su dignidad y su libertad. El «sí» de María implica a la vez la maternidad y la virginidad, y desea que todo en ella sea para gloria de Dios, y que el Hijo que nacerá de ella sea totalmente don de gracia.

Queridos amigos, la virginidad de María es única e irrepetible; pero su significado espiritual atañe a todo cristiano. En definitiva, está vinculado a la fe: de hecho, quien confía profundamente en el amor de Dios, acoge en sí a Jesús, su vida divina, por la acción del Espíritu Santo. ¡Este es el misterio de la Navidad! A todos les deseo que lo vivan con íntima alegría.


TERCER DOMINGO DE ADVIENTO
Primera lectura: Isaías 61, 1-2. 10-11
Salmo: Lucas 1
Segunda lectura: 1 Tesalonicenses 5, 16-24
Evangelio: Juan  1, 6-8. 19-28



Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. El evangelio de este domingo con el del domingo pasado tienen en común la figura de San Juan el Bautista. Se nos exponía que su misión la realizó en el desierto, su mensaje es el cumplimiento de la profecía de Isaias, su manera austera de presentarse. Juan es un nombre de origen hebreo que significa Dios es propicio o Dios se ha apiadado. En la persona de Juan y su mensaje de conversión, Dios muestra su compasión hacia el ser humano. 

Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz. Dios, en su sabiduría, suscita en el momento oportuno de la historia un hombre, con la misión especifica de ser testigo. Juan no vino al tiempo histórico de la humanidad de paseo, o a nacer, crecer, morir y ya. Su responsabilidad histórica era ser testigo. ¿Qué significa el término testimonio? Significa la afirmación de algo; la demostración o aprobación de la veracidad. Juan con su mensaje y su conducta fue un testimonio convincente de la luz, es decir, Jesucristo. Su misión era iluminar la llegada del mesías esperado.  Se preocupó por preparar lo más que se pudiera la aceptación del Salvador en los corazones. Si Juan no hubiera asumido su misión histórica o él se hubiera tomado la atribución de luz, hubiera roto con el plan de Dios. Por eso, cuando le preguntan los sacerdotes y los levitas quién es él, Juan les responde: "Yo no soy el mesías", ni tampoco otro profeta del Antiguo Testamento. Afirma en cambio que es la voz que grita en el desierto: enderecen el camino del Señor. Debemos resaltar la humildad del bautista, pues estaba antes de Jesús, ya tenía seguidores, bien se hubiera apropiado el titulo de luz, pero no lo hizo porque tenía bien clara su identidad y misión. Cuántas veces los cristianos, llámese obispos, sacerdotes, religiosas, misioneros, predicadores, laicos deseamos ser el centro y el centro es Jesús. Entre más sirvamos a Jesús como preparadores, como iluminadores, más resplandecerá su luz en nosotros y en las comunidades, en la sociedad. El Papa Francisco cuando se reunió con los movimientos el año pasado, al escuchar los aplausos hacia él, dijo que el centro no es el Papa, sino Jesús.  No debemos olvidar que nuestra conducta en la linea de Juan, es más atrayente que las palabras, aunque seas impactantes.

A este domingo se le llama "gaudete", es decir, alégrense. Es que realmente al leer la palabra de Dios nos llenamos de alegría, de júbilo. Isaias dice: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros y a pregonar el año de gracia del Señor". Hermanos y hermanas, todos los bautizados estamos ungidos, marcados por Dios para ser profetas, por tanto, se nos ha anunciado para anunciar la buena noticia, el evangelio, la palabra liberadadora a los pobres en todos sus sentidos. Para colaborar en la sanación de los corazones desgarrados, atribulados, lastimados, heridos y no ha terminarlos de partir. A ser una esperanza para los cautivos, prisioneros del pecado, el engaño y la tiniebla. Para como dice San Pablo en la segunda lectura, ser dadores de gracias en toda ocasión. Me llama la atención que Isaias pone como primera tarea el anuncio a los pobres. Bien decía Benedicto XVI que la evangelización es la primera tarea de la Iglesia. 
"En concreto, la liturgia de este domingo, llamado Gaudete, nos invita a la alegría, a una vigilancia no triste, sino gozosa. «Gaudete in Domino semper» —escribe san Pablo—. «Alegraos siempre en el Señor» (Flp 4, 4). La verdadera alegría no es fruto del divertirse, entendido en el sentido etimológico de la palabra di-vertere, es decir, desentenderse de los compromisos de la vida y de sus responsabilidades. La verdadera alegría está vinculada a algo más profundo. Ciertamente, en los ritmos diarios, a menudo frenéticos, es importante encontrar tiempo para el descanso, para la distensión, pero la alegría verdadera está vinculada a la relación con Dios. Quien ha encontrado a Cristo en su propia vida, experimenta en el corazón una serenidad y una alegría que nadie ni ninguna situación le pueden quitar. San Agustín lo había entendido muy bien; en su búsqueda de la verdad, de la paz, de la alegría, tras haber buscado en vano en múltiples cosas, concluye con la célebre frase de que el corazón del hombre está inquieto, no encuentra serenidad y paz hasta que descansa en Dios (cf. Confesiones, I, 1, 1). La verdadera alegría no es un simple estado de ánimo pasajero, ni algo que se logra con el propio esfuerzo, sino que es un don, nace del encuentro con la persona viva de Jesús, de hacerle espacio en nosotros, de acoger al Espíritu Santo que guía nuestra vida. Es la invitación que hace el apóstol san Pablo, que dice: «Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo» (1 Ts 5, 23). En este tiempo de Adviento reforcemos la certeza de que el Señor ha venido en medio de nosotros y continuamente renueva su presencia de consolación, de amor y de alegría. Confiemos en él; como afirma también san Agustín, a la luz de su experiencia: el Señor está más cerca de nosotros que nosotros mismos: «interior intimo meo et superior summo meo» (Confesiones,III, 6, 11). 

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
Primera lectura: Isaías 63, 16 b-17. 64, 2b-7
Salmo: 79
Segunda lectura: 1 Corintios 1, 3-9
Evangelio: Marcos 13, 33-37




Queridos hermanos y hermanas:



Hoy, con el primer domingo de Adviento, comenzamos un nuevo año litúrgico. Este hecho nos invita a reflexionar sobre la dimensión del tiempo, que siempre ejerce en nosotros una gran fascinación. Sin embargo, siguiendo el ejemplo de lo que solía hacer Jesús, deseo partir de una constatación muy concreta: todos decimos que "nos falta tiempo", porque el ritmo de la vida diaria se ha vuelto frenético para todos.



También a este respecto, la Iglesia tiene una "buena nueva" que anunciar: Dios nos da su tiempo. Nosotros tenemos siempre poco tiempo; especialmente para el Señor no sabemos, o a veces no queremos, encontrarlo. Pues bien, Dios tiene tiempo para nosotros. Esto es lo primero que el inicio de un año litúrgico nos hace redescubrir con una admiración siempre nueva. Sí, Dios nos da su tiempo, pues ha entrado en la historia con su palabra y con sus obras de salvación, para abrirla a lo eterno, para convertirla en historia de alianza. Desde esta perspectiva, el tiempo ya es en sí mismo un signo fundamental del amor de Dios: un don que el hombre puede valorar, como cualquier otra cosa, o por el contrario desaprovechar; captar su significado o descuidarlo con necia superficialidad.



Además, el tiempo de la historia de la salvación se articula en tres grandes "momentos": al inicio, la creación; en el centro, la encarnación-redención; y al final, la "parusía", la venida final, que comprende también el juicio universal. Pero estos tres momentos no deben entenderse simplemente en sucesión cronológica. Ciertamente, la creación está en el origen de todo, pero también es continua y se realiza a lo largo de todo el arco del devenir cósmico, hasta el final de los tiempos. Del mismo modo, la encarnación-redención, aunque tuvo lugar en un momento histórico determinado —el período del paso de Jesús por la tierra—, extiende su radio de acción a todo el tiempo precedente y a todo el siguiente. A su vez, la última venida y el juicio final, que precisamente tuvieron una anticipación decisiva en la cruz de Cristo, influyen en la conducta de los hombres de todas las épocas.

El tiempo litúrgico de Adviento celebra la venida de Dios en sus dos momentos: primero, nos invita a esperar la vuelta gloriosa de Cristo; después, al acercarse la Navidad, nos llama a acoger al Verbo encarnado por nuestra salvación. Pero el Señor viene continuamente a nuestra vida.

Por tanto, es muy oportuna la exhortación de Jesús, que en este primer domingo se nos vuelve a proponer con fuerza: "Velen" (Mc 13, 33.35.37). Se dirige a los discípulos, pero también "a todos", porque cada uno, en la hora que sólo Dios conoce, será llamado a rendir cuentas de su existencia. Esto implica un justo desapego de los bienes terrenos, un sincero arrepentimiento de los propios errores, una caridad activa con el prójimo y, sobre todo, un abandono humilde y confiado en las manos de Dios, nuestro Padre tierno y misericordioso.
La Virgen María, Madre de Jesús, es icono del Adviento. Invoquémosla para que también a nosotros nos ayude a convertirnos en prolongación de la humanidad para el Señor que viene.


SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

Primera lectura: Daniel 7, 13-14
Salmo: 92, 1-2. 5
Segunda lectura: Apocalipsis 1, 5-8
Evangelio: Juan 18, 33-37



Queridos hermanos y hermanas:

En este último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, una fiesta de institución relativamente reciente, pero que tiene profundas raíces bíblicas y teológicas. El título de "rey", referido a Jesús, es muy importante en los Evangelios y permite dar una lectura completa de su figura y de su misión de salvación. Se puede observar una progresión al respecto: se parte de la expresión "rey de Israel" y se llega a la de rey universal, Señor del cosmos y de la historia; por lo tanto, mucho más allá de las expectativas del pueblo judío. En el centro de este itinerario de revelación de la realeza de Jesucristo está, una vez más, el misterio de su muerte y resurrección. Cuando crucificaron a Jesús, los sacerdotes, los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: "Es el rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él" (Mt 27, 42). En realidad, precisamente porque era el Hijo de Dios, Jesús se entregó libremente a su pasión, y la cruz es el signo paradójico de su realeza, que consiste en la voluntad de amor de Dios Padre por encima de la desobediencia del pecado. Precisamente ofreciéndose a sí mismo en el sacrificio de expiación Jesús se convierte en el Rey del universo, como declarará él mismo al aparecerse a los Apóstoles después de la resurrección: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra." (Mt28, 18).

Pero, ¿en qué consiste el "poder" de Jesucristo Rey? No es el poder de los reyes y de los grandes de este mundo; es el poder divino de dar la vida eterna, de librar del mal, de vencer el dominio de la muerte. Es el poder del Amor, que sabe sacar el bien del mal, ablandar un corazón endurecido, llevar la paz al conflicto más violento, encender la esperanza en la oscuridad más densa. Este Reino de la gracia nunca se impone y siempre respeta nuestra libertad. Cristo vino "para dar testimonio de la verdad" (Jn 18, 37) —como declaró ante Pilato—: quien acoge su testimonio se pone bajo su "bandera", según la imagen que gustaba a san Ignacio de Loyola. Por lo tanto, es necesario —esto sí— que cada conciencia elija: ¿a quién quiero seguir? ¿A Dios o al maligno? ¿La verdad o la mentira? Elegir a Cristo no garantiza el éxito según los criterios del mundo, pero asegura la paz y la alegría que sólo él puede dar. Lo demuestra, en todas las épocas, la experiencia de muchos hombres y mujeres que, en nombre de Cristo, en nombre de la verdad y de la justicia, han sabido oponerse a los halagos de los poderes terrenos con sus diversas máscaras, hasta sellar su fidelidad con el martirio.

Queridos hermanos y hermanas, cuando el ángel Gabriel llevó el anuncio a María, le predijo que su Hijo heredaría el trono de David y reinaría para siempre (cf. Lc 1, 32-33). Y la Virgen santísima creyó antes de darlo al mundo. Sin duda se preguntó qué nuevo tipo de realeza sería la de Jesús, y lo comprendió escuchando sus palabras y sobre todo participando íntimamente en el misterio de su muerte en la cruz y de su resurrección. Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a seguir a Jesús, nuestro Rey, como hizo ella, y a dar testimonio de él con toda nuestra existencia.

Benedicto XVI, Angelus 2009

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"

Primera lectura: Daniel 12, 1-3
Salmo: 15, 5. 8.-11
Segunda lectura: Hebreos 10, 11-14. 18
Evangelio: Marcos 13, 24-32




Queridos hermanos y hermanas:

Hemos llegado a las últimas dos semanas del año litúrgico. Demos gracias al Señor porque nos ha concedido recorrer, una vez más, este camino de fe —antiguo y siempre nuevo— en la gran familia espiritual de la Iglesia. Es un don inestimable, que nos permite vivir en la historia el misterio de Cristo, acogiendo en los surcos de nuestra existencia personal y comunitaria la semilla de la Palabra de Dios, semilla de eternidad que transforma desde dentro este mundo y lo abre al reino de los cielos. En el itinerario de las lecturas bíblicas dominicales, este año nos ha acompañado el evangelio de san Marcos, que hoy presenta una parte del discurso de Jesús sobre el final de los tiempos. En este discurso hay una frase que impresiona por su claridad sintética: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (Mc 13, 31). Detengámonos un momento a reflexionar sobre esta profecía de Cristo.

La expresión "el cielo y la tierra" aparece con frecuencia en la Biblia para indicar todo el universo, todo el cosmos. Jesús declara que todo esto está destinado a "pasar". No sólo la tierra, sino también el cielo, que aquí se entiende en sentido cósmico, no como sinónimo de Dios. La Sagrada Escritura no conoce ambigüedad: toda la creación está marcada por la finitud, incluidos los elementos divinizados por las antiguas mitologías: en ningún caso se confunde la creación y el Creador, sino que existe una diferencia precisa. Con esta clara distinción, Jesús afirma que sus palabras "no pasarán", es decir, están de la parte de Dios y, por consiguiente, son eternas. Aunque fueron pronunciadas en su existencia terrena concreta, son palabras proféticas por antonomasia, como afirma en otro lugar Jesús dirigiéndose al Padre celestial: "Las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado" (Jn 17, 8).

En una célebre parábola, Cristo se compara con el sembrador y explica que la semilla es la Palabra (cf. Mc 4, 14): quienes oyen la Palabra, la acogen y dan fruto (cf. Mc 4, 20), forman parte del reino de Dios, es decir, viven bajo su señorío; están en el mundo, pero ya no son del mundo; llevan dentro una semilla de eternidad, un principio de transformación que se manifiesta ya ahora en una vida buena, animada por la caridad, y al final producirá la resurrección de la carne. Este es el poder de la Palabra de Cristo.

Queridos amigos, la Virgen María es el signo vivo de esta verdad. Su corazón fue "tierra buena" que acogió con plena disponibilidad la Palabra de Dios, de modo que toda su existencia, transformada según la imagen del Hijo, fue introducida en la eternidad, cuerpo y alma, anticipando la vocación eterna de todo ser humano. Ahora, en la oración, hagamos nuestra su respuesta al ángel: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38), para que, siguiendo a Cristo por el camino de la cruz, también nosotros alcancemos la gloria de la resurrección.

Benedicto XVI, Angelus 2009.


DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"

Primera lectura: Deuteronomio 6, 2-6
Salmo: 17
Segunda lectura: Hebreos 7, 23-28
Evangelio: Marcos 12, 28b-34



En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le pregunto: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?”
De entrada, hay dos cosas por considerar: la primera es considerar sobre quién era un escriba y la segunda, porqué el escriba le hace esa pregunta al Señor. En primer lugar, desde el tiempo de Esdras, el escriba es un entendido en las cosas de la Ley. Por eso es también llamado doctor de la Ley o Rabi. Estos pertenecían al grupo de los Fariseos. Con el fin del profetismo, competía sobretodo al doctor de la Ley la enseñanza y la interpretación de la Ley al pueblo (Siracides 38, 24). Por eso, ellos se volvieron los jefes espirituales de la nación. Después de largos estudios, por cuarenta años, el alumno era hecho escriba, con el rito de imposición de las manos.

Como pueden notar, un experto en la Ley le está preguntando a Jesús sobre el mandamiento primero de todos. Un hombre por lo visto mayor que Jesús en años. Ahora, ¿Por qué el escriba le pregunta a Jesús sobre cual es el mandamiento primero de todos los existentes? Porque en el tiempo de Jesús, había 613 mandatos, reglas, siendo 248 preceptos de formulación positiva y 365 de formulación negativa. Esta pregunta de buena fe, tenía cierta razón de ser, dado el gran numero de preceptos y tradiciones existentes en el tiempo de Jesús.

La respuesta de Jesús fue: “El primero es: ‘Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser’. El segundo es éste: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay mandamiento mayor que éstos”. Jesús no cita el Decálogo sino el “Chemá Israel” (Escucha, Israel: Deuteronomio 6, 4-5). Este texto constituía la oración privilegiada del devocionario judaico. Por otra parte, es interesante notar que el escriba le hizo una pregunta en singular, no en plural: Cuál es el mandamiento… No, cuáles son los mandamientos… pero Jesús le responde en plural, más aún, con un binomio inseparable: el amor a Dios y al prójimo. Es que San Juan nos lo dice muy bien: “Si alguien dice: ‘yo amo a Dios’, pero tuviera odio al hermano, ese sería un mentiroso; pues aquel que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y nosotros recibimos de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4, 20-21).

Actualmente, percibimos en el ambiente familiar, social, laboral y hasta eclesial, realidades adversas al amor, como: ausencia de amor, mal interpretación del concepto amor, manipulación del amor, lo cual viene a afectar las diversas facetas de la vida. Por eso bien dice Benedicto XVI: “El término amor es una de las palabras hoy en día más usadas, pero también de las más abusadas” (Deus Caritas est). Se dice que el amor consiste en desear el bien al otro, pero no es solo un deseo como mero sentimiento o solo por fingir buena intención, sino en buscar la superación del otro, la realización personal del otro, el crecimiento humano, espiritual, cristiano de otro. Dios es el Sumo Bien, nos lo dice Santo Tomás de Aquino, y si nosotros estamos unidos a Dios, estamos dejándonos amar por Él y al mismo tiempo, respondiendo a su amor, y en esto consiste nuestro máximo bien: dejarnos amar por Dios y corresponderle a su amor, por eso, el amor es reciproco: yo te amo porque tu me amas. Ahora bien, si realmente hemos llegado a esa comprensión y a esa relación con Dios, lo demostraremos o reflejaremos con el prójimo, o sea, con el cercano, con la otra persona.




DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"
Primera lectura: Zacarías 8, 20-23
Salmo: 66, 2-8
Segunda lectura: Romanos 10, 9-18
Evangelio: Marcos 16, 15-20



"Llamados a hacer resplandecer la Palabra de verdad" (Carta Apostólica Porta fidei, n. 6), "Hoy como ayer, tu misión es evangelizar". 

Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la Jornada Misionera Mundial de este año adquiere un significado especial. La celebración del 50 aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II, la apertura del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, en el cual está participando nuestro obispo Monseñor José Elias Rauda, como delegado de la Conferencia Episcopal de  nuestro país, contribuyen a reafirmar la voluntad de la Iglesia de comprometerse con más valor y celo en la misión ad gentes ("salir hacia el mundo entero", especialmente hacia los pueblos que "no creen todavía en Cristo"), para que el Evangelio llegue hasta los confines de la tierra.

El Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), con la participación de tantos obispos de todos los rincones de la tierra, fue un signo brillante de la universalidad de la Iglesia, reuniendo por primera vez a tantos Padres Conciliares procedentes de Asia, África, Latinoamérica y Oceanía. Obispos misioneros y obispos autóctonos, pastores de comunidades dispersas entre poblaciones no cristianas, que han llevado a las sesiones del Concilio la imagen de una Iglesia presente en todos los continentes, y que eran intérpretes de las complejas realidades del entonces llamado “Tercer Mundo” (El termino "Tercer Mundo" nació en los anos 50 y con el tiempo fue cubierto con significaciones y contenidos diferentes. Al principio se empleó para esos países que querían adoptar una posición independiente entre los bloques de poder en el este y el oeste durante la guerra fría y que se unieron en el movimiento de los países no alineados en el ano 1961. Querían constituir una oposición a las grandes potencias y seguir otro camino de desarrollo, el llamado "Tercer Camino". A ese grupo pertenecieron solamente los estados africanos y asiáticos porque América Latina se sentía parte del oeste. En ese tiempo el concepto del "Tercer Mundo" tenía un carácter completamente político que acentuaba el interés común por independencia frente a los bloques. El nombre logró otra significación en los anos 60, cuando después de la decolonización muchos nuevos estados africanos y asiáticos entraron en las Naciones Unidas y especialmente los países latinoamericanos criticaron las condiciones del comercio). Ricos de una experiencia que tenían por ser pastores de Iglesias jóvenes y en vías de formación, animados por la pasión de la difusión del Reino de Dios, ellos contribuyeron significativamente a reafirmar la necesidad y la urgencia de la evangelización ad gentes, y de esta manera llevar al centro de la eclesiología la naturaleza misionera de la Iglesia.

Hoy esta visión no ha disminuido, sino que por el contrario, ha experimentado una fructífera reflexión teológica y pastoral, a la vez que vuelve con renovada urgencia, ya que ha aumentado enormemente el número de aquellos que aún no conocen a Cristo: “Los hombres que esperan a Cristo son todavía un número inmenso”, comentó el beato Juan Pablo II en su encíclica Redemptoris missio sobre la validez del mandato misionero, y agregaba: “No podemos permanecer tranquilos, pensando en los millones de hermanos y hermanas, redimidos también por la Sangre de Cristo, que viven sin conocer el amor de Dios” (n. 86). Nosotros somos conscientes de esta redención por Cristo, y por ello hemos ingresado a la vida de la gracia, por lo tanto, debemos hacer de nuestra vida entera, un "sacramento" para tantos alejados o desconocedores de la redención de Cristo. Aquí en San Vicente ya tenemos un reto. En la proclamación del Año de la Fe (inaugurado el 11 de octubre de 2012), también yo he dicho que Cristo “hoy como ayer, nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra” (Carta apostólica Porta fidei, 7); una proclamación que, como afirmó también el Siervo de Dios Pablo VI en su Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, “no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo, opcional: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado” (n. 5). Necesitamos por tanto retomar el mismo fervor apostólico de las primeras comunidades cristianas que, pequeñas e indefensas, fueron capaces de difundir el Evangelio en todo el mundo entonces conocido mediante su anuncio y testimonio.

Así, no sorprende que el Concilio Vaticano II y el Magisterio posterior de la Iglesia insistan de modo especial en el mandamiento misionero que Cristo ha confiado a sus discípulos y que debe ser un compromiso de todo el Pueblo de Dios, Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos. El encargo de anunciar el Evangelio en todas las partes de la tierra pertenece principalmente a los Obispos, primeros responsables de la evangelización del mundo, ya sea como miembros del colegio episcopal, o como pastores de las iglesias particulares. Ellos, efectivamente, “han sido consagrados no sólo para una diócesis, sino para la salvación de todo el mundo” (Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris missio, 63), “mensajeros de la fe, que llevan nuevos discípulos a Cristo” (Ad gentes, 20) y hacen “visible el espíritu y el celo misionero del Pueblo de Dios, para que toda la diócesis se haga misionera” (ibíd., 38).

El afán de predicar a Cristo nos lleva a leer la historia para escudriñar los problemas, las aspiraciones y las esperanzas de la humanidad, que Cristo debe curar, purificar y llenar de su presencia. En efecto, su mensaje es siempre actual, se introduce en el corazón de la historia y es capaz de dar una respuesta a las inquietudes más profundas de cada ser humano. Por eso la Iglesia debe ser consciente, nosotros debemos ser conscientes, en todas sus partes, de que “el inmenso horizonte de la misión de la Iglesia, la complejidad de la situación actual, requieren hoy nuevas formas para poder comunicar eficazmente la Palabra de Dios” (Benedicto XVI, Exhort. apostólica postsinodal Verbum Domini, 97), (La nueva evangelización debe ser nueva en su ardor, en sus metodos y expresion, a la hora de presentar el evangelio, confrontar Documento de Santo Domingo 28-30). Esto exige, ante todo, una renovada adhesión de fe personal y comunitaria en el Evangelio de Jesucristo, “en un momento de cambio profundo como el que la humanidad está viviendo” (Carta apostólica Porta fidei, 8).

En efecto, uno de los obstáculos para el impulso de la evangelización es la crisis de fe, no sólo en el mundo occidental, sino en la mayoría de la humanidad que, no obstante, tiene hambre y sed de Dios y debe ser invitada y conducida al pan de vida y al agua viva, como la samaritana que llega al pozo de Jacob y conversa con Cristo. Como relata el evangelista Juan, la historia de esta mujer es particularmente significativa (cf. Jn 4,1-30): encuentra a Jesús que le pide de beber, luego le habla de una agua nueva, capaz de saciar la sed para siempre. La mujer al principio no entiende, se queda en el nivel material, pero el Señor la guía lentamente a emprender un camino de fe que la lleva a reconocerlo como el Mesías. A este respecto, dice san Agustín: “después de haber acogido en el corazón a Cristo Señor, ¿qué otra cosa hubiera podido hacer [esta mujer] si no dejar el cántaro y correr a anunciar la buena noticia?” (In Ioannis Ev., 15,30). El encuentro con Cristo como Persona viva, que colma la sed del corazón, no puede dejar de llevar al deseo de compartir con otros el gozo de esta presencia y de hacerla conocer, para que todos la puedan experimentar. Es necesario renovar el entusiasmo de comunicar la fe para promover una nueva evangelización de las comunidades y de los países de antigua tradición cristiana, que están perdiendo la referencia de Dios, de forma que se pueda redescubrir la alegría de creer. La preocupación de evangelizar nunca debe quedar al margen de la actividad eclesial y de la vida personal del cristiano, sino que ha de caracterizarla de manera destacada, consciente de ser destinatario y, al mismo tiempo, misionero del Evangelio. El punto central del anuncio sigue siendo el mismo: el Kerigma (primer anuncio) de Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo, el Kerigma del amor de Dios, absoluto y total para cada hombre y para cada mujer, que culmina en el envío del Hijo eterno y unigénito, el Señor Jesús, quien no rehusó compartir la pobreza de nuestra naturaleza humana, amándola y rescatándola del pecado y de la muerte mediante el ofrecimiento de sí mismo en la cruz.

En este designio de amor realizado en Cristo, la fe en Dios es ante todo un don y un misterio que hemos de acoger en el corazón y en la vida, y del cuál debemos estar siempre agradecidos al Señor. Pero la fe es un don que se nos dado para ser compartido; es un talento recibido para que dé fruto; es una luz que no debe quedar escondida, sino iluminar toda la casa. Es el don más importante que se nos ha dado en nuestra existencia y que no podemos guardarnos para nosotros mismos.

¡Ay de mí si no evangelizase!, dice el apóstol Pablo (1 Co 9,16). Estas palabras resuenan con fuerza para cada cristiano y para cada comunidad cristiana en todos los continentes. También en las Iglesias en los territorios de misión, iglesias en su mayoría jóvenes, frecuentemente de reciente creación, el carácter misionero se ha hecho una dimensión connatural, incluso cuando ellas mismas aún necesitan misioneros. Muchos sacerdotes, religiosos y religiosas de todas partes del mundo, numerosos laicos y hasta familias enteras dejan sus países, sus comunidades locales y se van a otras iglesias para testimoniar y anunciar el Nombre de Cristo, en el cual la humanidad encuentra la salvación. Se trata de una expresión de profunda comunión, de un compartir y de una caridad entre las Iglesias, para que cada hombre pueda escuchar o volver a escuchar el anuncio que cura y, así, acercarse a los Sacramentos, fuente de la verdadera vida.

Junto a este grande signo de fe que se transforma en caridad, recuerdo y agradezco a las Obras Misionales Pontificias, instrumento de cooperación en la misión universal de la Iglesia en el mundo. Por medio de sus actividades, el anuncio del Evangelio se convierte en una intervención de ayuda al prójimo, de justicia para los más pobres, de posibilidad de instrucción en los pueblos más recónditos, de asistencia médica en lugares remotos, de superación de la miseria, de rehabilitación de los marginados, de apoyo al desarrollo de los pueblos, de superación de las divisiones étnicas, de respeto por la vida en cada una de sus etapas. La evangelización se vuelve caridad concreta. 

Queridos hermanos y hermanas, invoco la efusión del Espíritu Santo sobre la obra de la evangelización ad gentes, y en particular sobre quienes trabajan en ella, para que la gracia de Dios la haga caminar más decididamente en la historia del mundo. Con el Beato John Henry Newman, quisiera implorar: “Acompaña, oh Señor, a tus misioneros en las tierras por evangelizar; pon las palabras justas en sus labios, haz fructífero su trabajo”. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, acompañe a todos los misioneros del Evangelio.


Mensaje del Papa Benedicto XVI, para la Jornada Misionera Mundial 2012. 

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"
Primera lectura: Libro de la Sabiduría 7, 7-11
Salmo: 89, 12-13. 14-15. 16-17
Segunda lectura: Hebreos 4, 12-13
Evangelio: Marcos 10, 17-30


Si el domingo pasado, o sea, domingo XXVII del Tiempo Ordinario, la liturgia nos proponía una catequesis sobre el “placer”, hoy nos invita a meditar sobre la tendencia a “tener” bienes ,en relación a la vivencia de la voluntad de Dios. En realidad,  se no está preguntando en qué ponemos nuestra seguridad. "En donde está tu tesoro, allí está tu corazón" (Mateo 6, 19-23).
Ya la primera lectura de la Misa de este día (Sabiduría 7,7-11), nos enseña que el tesoro más importante es la sabiduría. El texto la compara con tres bloques de deseos que habitualmente mueven a los seres humanos, y aunque hay cosas propias de ese tiempo, podemos contextualizarlas al nuestro. Cada uno de nosotros se identifica con aquello que desea. Si yo deseo tener dinero, buena ropa o algunos bienes, para ser reconocido por los demás, darme algunos placeres, sentirme importante, entonces, todas mis actitudes, energías las dirigiré hacia ese deseo, lo cual será el centro de mi vida y cuyos pensamientos con actitudes se notarán. 
Entonces, haciendo un esquema de la primera lectura, encontramos tres bloques:
- El primer bloque se refiere a los cetros, los  tronos y las riquezas. Ahí buscan el honor y la honra los que desean sobresalir. Sin embargo, ante la sabiduría, son como nada.
- El segundo bloque incluye las piedras preciosas, el oro y la plata. Ya no se trata del ser del hombre sino del tener. Esos aparentes tesoros quedan fuera de él, no pertenecen a su vida. Frente a la sabiduría, su valor se compara a la del barro y la arena.
- En el tercer bloque se sitúan otros bienes más importantes, como la salud y la belleza. De ellos depende el ser-así de la persona. La definen. Pero son perecederos, mientras que la sabiduría es duradera como un sol sin ocaso.La belleza es punto de reflexión para ambos sexos, pero por la realidad social, es una arma de doble filo para la mujer. Quiero traer ante ustedes unas palabras de Sofía Loren, entresacadas de una entrevista realizada por la periodista Adela Micha: No quiero decir un cliché, pero ¿nunca le ha molestado la belleza? Porque cuando las mujeres queremos reconocimiento, no sólo por la belleza, si una mujer es bella, sino también por la inteligencia, como ejecutivas, como mujeres con logros, por algo que va más allá de la vanidad y el ego, ¿nunca le molestó ser tan tan bella? Sofía Loren: La belleza no debe jamás enfrascarse en la vanidad, porque, de ser así, no tiene ningún sentido, se vuelve algo muy frío. Yo creo que la belleza es lo que das y lo que proyectas fuera de tí para los demás. Tiene que ver con tus sentimientos, con tu manera de habitar el mundo, con la manera como eres con tu familia y con tus hijos. Eso es lo más importante para mí y siempre ha sido así". Esto lo dice una mujer de 78 años, la cual es una de las figuras más representativas de Italia, por su belleza y gran trayectoria. ¿Qué debe pensar y actuar una joven o mujer con principios cristianos ante el mundo vanidoso y engañador? 
El relato evangélico menciona a un personaje anónimo que se acerca a Jesús deseando heredar la vida eterna (Mc 10, 17-30).  Es la narración de una triple frustración: la de la riqueza, la de la bondad y la del amor.
- El que se acerca a Jesús “era muy rico”. Pero Jesús trata de ayudarle a entender que no es tan rico como parece. “Una cosa te falta”. Tiene todo, pero le falta el verdadero tesoro, que sólo puede ser alcanzado mediante la caridad.
- El personaje busca la bondad. Es más, la ha estado cultivando durante toda su vida, mediante el cumplimiento de los mandamientos. Parece estar satisfecho de ello. En realidad busca la bondad, pero no es capaz de seguir al que es Bueno y modelo de la bondad." Jesús os pregunta, también a vosotros, si conocéis los mandamientos, si os preocupáis de formar vuestra conciencia según la ley divina y si los ponéis en práctica" (Benedicto XVI).
- Jesús se le quedó mirando con cariño, pero él no percibió el sentido de aquella mirada. El amor,  como la fe y la esperanza, implica la alteridad. El amor de Jesús ha quedado frustrado al dirigirse  a un personaje que no estaba dispuesto a hacerse eco de aquel amor.
En un segundo acto, Jesús afirma con claridad que los ricos tendrán una gran dificultad en admitir a Dios como su rey, si han puesto su confianza en la riqueza.  Y los discípulos  se escandalizan, al identificar el reino de Dios con la salvación. Más de una vez habrán de oír que no se puede servir a Dios y al dinero.
En un tercer acto toma Pedro la palabra, como para afirmar que los discípulos están ya en el camino de la salvación. Pero, de nuevo Jesús desmonta esa seguridad humana.
• “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Nos asombra la generosidad de los llamados por Jesús. Pero nos inquieta pensar que ese seguimiento ha de ser renovado cada día. Porque aun los que han dejado todo por seguir a Jesús, un día lo dejarán a Él.
• “Quien deje “todo” por mí, recibirá en este tiempo cien veces más, con persecuciones”. Los bienes fundamentales no son los tesoros materiales, sino los amores familiares. Quien sigue al Señor los valora como nadie, pero sabe que no son el último bien. Y sabe que entre los bienes prometidos entra también la persecución.
• “Y recibirá en la edad futura vida eterna”. El relato termina como empezó. La vida definitiva que buscaba aquel personaje rico no queda asegurada por las riquezas. Y tampoco por el cumplimiento fiel de los mandamientos. Sólo llega a esa vida sin ocaso quien sigue al que es el Viviente y es la Vida.
«¿Qué haré para heredar la vida eterna?». Esta pregunta del joven del Evangelio parece lejana de las preocupaciones de muchos jóvenes contemporáneos, porque, como observaba mi Predecesor, «¿no somos nosotros la generación a la que el mundo y el progreso temporal llenan completamente el horizonte de la existencia?» (Carta a los jóvenes, n. 5). Pero la pregunta sobre la «vida eterna» aparece en momentos particularmente dolorosos de la existencia, cuando sufrimos la pérdida de una persona cercana o cuando vivimos la experiencia del fracaso. Pero, ¿qué es la «vida eterna» de la que habla el joven rico? Nos contesta Jesús cuando, dirigiéndose a sus discípulos, afirma: «volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría» (Jn 16,22). Son palabras que indican una propuesta rebosante de felicidad sin fin, del gozo de ser colmados por el amor divino para siempre. Plantearse el futuro definitivo que nos espera a cada uno de nosotros da sentido pleno a la existencia, porque orienta el proyecto de vida hacia horizontes no limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que llevan a amar el mundo, que tanto ha amado Dios, a dedicarse a su desarrollo, pero siempre con la libertad y el gozo que nacen de la fe y de la esperanza. Son horizontes que ayudan a no absolutizar la realidad terrena, sintiendo que Dios nos prepara un horizonte mas grande, y a repetir con san Agustín: «Deseamos juntos la patria celeste, suspiramos por la patria celeste, sintámonos peregrinos aquí abajo» (Comentario al Evangelio de San Juan,Homilía 35, 9). Teniendo fija la mirada en la vida eterna, el beato Pier Giorgio Frassati, que falleció en 1925 a la edad de 24 años, decía: «¡Quiero vivir y no ir tirando!» y sobre la foto de una subida a la montaña, enviada a un amigo, escribía: «Hacia lo alto», aludiendo a la perfección cristiana, pero también a la vida eterna. Queridos jóvenes, os invito a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. Esto os ayudará a dar un sentido pleno a vuestras opciones y a dar calidad a vuestra existencia" (Benedicto XVI, Mensaje para la XXVI JMJ 2010).

Señor, Jesús, tú conoces nuestra buena voluntad y también nuestro apego a los bienes, honores y tesoros de este mundo. Queremos seguirte por el camino. Que nada nos aparte de ti. Virgen María, pobre llena de gracia, ayúdanos. Amén.

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"
Primera lectura: Libro del Génesis 2, 18-24
Salmo: 127, 1-2. 3. 4-5. 6
Segunda lectura: Hebreos 2, 9-11
Evangelio: Marcos 10, 2-16



En este domingo XXVII, partiendo de las tres lecturas proclamadas, reflexionaremos en torno a la persona humana, sobre el ser humano, y el ser humano es sexuado, es decir, hombre y mujer.

Partiremos del libro del Génesis 2, 18-24, donde se nos dice: “No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude”. Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudara. Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne”.

La mujer surge aquí como un punto alto de la creación. En un lenguaje diferente de Génesis 1, 26-27, el autor pretendió alcanzar el mismo objetivo: manifestar el dominio del hombre sobre la creación, por el hecho de dar el nombre a los animales. Esta superioridad también es característica de la mujer, pues es presentada como auxiliar semejante a él (v. 18). Los pueblos antiguos rebajaban la mujer; este texto bíblico la rehabilita; ella es –tal como Dios- auxiliar (‘ezer) del hombre (v. 20). Le sacó una de las costillas. Dios, que fuera presentado como un alfarero y un jardinero, aparece ahora como un cirujano. Este lenguaje poético y popular dice que, si la mujer salió del hombre y no de la tierra, es igual a él y tiene su misión propia en el seno de la humanidad. Y hablando de la misión propia de la mujer, vienen bien las palabras del Papa Benedicto XVI, en el documento llamado “Verbum Domini”: “En este contexto, deseo subrayar lo que el Sínodo ha recomendado sobre el cometido de las mujeres respecto a la Palabra de Dios. La contribución del «genio femenino», como decía el Papa Juan Pablo II, al conocimiento de la Escritura, como también a toda la vida de la Iglesia, es hoy más amplia que en el pasado, y abarca también el campo de los estudios bíblicos. El Sínodo se ha detenido especialmente en el papel indispensable de las mujeres en la familia, la educación, la catequesis y la transmisión de los valores. En efecto, «ellas saben suscitar la escucha de la Palabra, la relación personal con Dios y comunicar el sentido del perdón y del compartir evangélico», así como ser portadoras de amor, maestras de misericordia y constructoras de paz, comunicadoras de calor y humanidad, en un mundo que valora a las personas con demasiada frecuencia según los criterios fríos de explotación y ganancia”.
Ahora, esto nos lleva a considerar el matrimonio y la familia monogamica como parte del plan de Dios. Tradicionalmente, la Iglesia vio en la figura de Eva, que salió del hombre adormecido, una figura de la Iglesia, esposa de Cristo, que salió del corazón abierto de Cristo en la cruz (Juan 19, 34).

La expresión hueso de mis huesos y carne de mi carne, significa que el hombre y la mujer tienen la misma naturaleza humana (ver Génesis 29, 14 y 37, 27). pero el parentesco entre esposos es superior al de los hijos en relación a los padres. por eso, con el casamiento, ellos dejan el padre y la madre para constituir una familia en el mayor grado de amor espiritual, psicológico y físico. Es este el significado de la expresión los dos serán una sola carne, esto es, una sola persona, en todas sus dimensiones. El versículo 23 es un "poema de amor" dirigido a la mujer; hay varias citas bíblicas tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, con expresiones semejantes. "«En la ‘‘unidad de los dos'' el hombre y la mujer son llamados desde su origen no sólo a existir ‘‘uno al lado del otro'', o simplemente ‘‘juntos'', sino que son llamados también a existir recíprocamente, ‘‘el uno para el otro... El texto del Génesis2,18-25 indica que el matrimonio es la dimensión primera y, en cierto sentido, fundamental de esta llamada. Pero no es la única. Toda la historia del hombre sobre la tierra se realiza en el ámbito de esta llamada. Basándose en el principio del ser recíproco ‘‘para'' el otro en la ‘‘comunión'' interpersonal, se desarrolla en esta historia la integración en la humanidad misma, querida por Dios, de lo ‘‘masculino'' y de lo ‘‘femenino''» (Juan Pablo II, Carta Apost. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 7: AAS 80 (1988), 1666). 

Todas estas consideraciones nos llevan al Evangelio propuesto para ahora, donde Jesús reafirma el matrimonio previsto en el plan de Dios y las lesiones contra él, en concreto, el divorcio y el adulterio. El Catecismo de la Iglesia Católica lo expone sustancialmente: 

El divorcio

2382 El Señor Jesús insiste en la intención original del Creador que quería un matrimonio indisoluble (cf Mt 5, 31-32; 19, 3-9; Mc 10, 9; Lc 16, 18; 1 Co 7, 10-11), y deroga la tolerancia que se había introducido en la ley antigua (cf Mt 19, 7-9).
Entre bautizados, “el matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano ni por ninguna causa fuera de la muerte” (CIC can. 1141).

2383 La separación de los esposos con permanencia del vínculo matrimonial puede ser legítima en ciertos casos previstos por el Derecho Canónico (cf CIC can. 1151-1155).
Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral.

2384 El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrato, aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la muerte. El divorcio atenta contra la Alianza de salvación de la cual el matrimonio sacramental es un signo. El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente:
«No es lícito al varón, una vez separado de su esposa, tomar otra; ni a una mujer repudiada por su marido, ser tomada por otro como esposa» 
(San Basilio Magno,Moralia, regula 73).
2385 El divorcio adquiere también su carácter inmoral a causa del desorden que introduce en la célula familiar y en la sociedad. Este desorden entraña daños graves: para el cónyuge, que se ve abandonado; para los hijos, traumatizados por la separación de los padres, y a menudo viviendo en tensión a causa de sus padres; por su efecto contagioso, que hace de él una verdadera plaga social.

2386 Puede ocurrir que uno de los cónyuges sea la víctima inocente del divorcio dictado en conformidad con la ley civil; entonces no contradice el precepto moral. Existe una diferencia considerable entre el cónyuge que se ha esforzado con sinceridad por ser fiel al sacramento del Matrimonio y se ve injustamente abandonado y el que, por una falta grave de su parte, destruye un matrimonio canónicamente válido (cf FC 84)"

2380 El adulterio. Esta palabra designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio (cf Mt 5, 27-28). El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento prohíben absolutamente el adulterio (cf Mt 5, 32; 19, 6; Mc 10, 11; 1 Co 6, 9-10). Los profetas denuncian su gravedad; ven en el adulterio la imagen del pecado de idolatría (cfOs 2, 7; Jr 5, 7; 13, 27).

2381 El adulterio es una injusticia. El que lo comete falta a sus compromisos. Lesiona el signo de la Alianza que es el vínculo matrimonial. Quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del matrimonio, violando el contrato que le da origen. Compromete el bien de la generación humana y de los hijos, que necesitan la unión estable de los padres.


El Evangelio termina presentando a Jesús enfadado, porque los discípulos no permitían a los niños acercarse al Señor. Yo me preguntaba  porque la Iglesia coloca estos versículos, los cuales no coinciden externamente con el tema del divorcio y del adulterio, por tanto, es como un corte a la temática traída desde el Génesis. Pero por lo visto, esta ahí para recordar que la "necedad" descrita y señalada por Jesús, pertenece al mundo adulto inmaduro, por ello, el aceptar el reino de Dios como un niño, es aceptar el plan de Dios con sencillez, pureza y alegría, tal como lo haría un niño. 

Que la Virgen María, Madre de Dios "el cual juzgó conveniente llevar a una multitud de hijos a la gloria" (Hebreos 2, 10), nos ayude a todos los cristianos a comprender en su profundidad y defender la dignidad humana, redimida por Jesucristo, y de esta manera, ser "misioneros" de a favor del ser humano en los criterios inhumanos-tergiversables del mundo actual. Al mismo tiempo, encomendamos a todos los matrimonios en general. 


DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"
Primera lectura: Números 11, 25-29
Salmo ; Salmo 18, 8. 10. 12-14
Segunda lectura: Santiago 5, 1-6
Evangelio: Marcos 9, 38-43. 45. 47. 48


Tanto la primera lectura como el Evangelio propuesto por la Iglesia, para este domingo XXVI del tiempo ordinario, contienen una cita bíblica cada uno, la cual se adecua al contexto de este día: Hoy se recuerda en la Iglesia a San Jerónimo y por otra parte, en esta parroquia se ha realizado la entronización de la Sagrada Escritura.

Al final de la primera lectura, tomada del Libro de los Números 11, 25-29, Josué, ayudante de Moisés, le va a contar a Moisés que en el campamento hay dos hombres profetizando y también le pide que vaya a prohibírselos, a lo que Moisés responde: ¿Estás celosos de mí?  ¡Ojala todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor! Resaltemos la frase: ¡Ojala todo el pueblo del Señor fuera profeta!, o sea, hombres y mujeres al servicio de la Palabra de Dios en la Iglesia y desde ella hacer conciencia al mundo. En cuanto al Evangelio, tomado de San Marcos 9, 38-48, la cita bíblica que quisiera entresacar es la siguiente: “Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

Centrándome en esta frase del Evangelio y por el contexto celebrativo de este día, o sea, recordar a San Jerónimo y la entronización de la Biblia, hablaremos sobre un aspecto a tener en cuenta cuando se estudia la Biblia. Para ello, me basaré en la Exhortación Apostólica Post-Sinodal  “Verbum Domini”, del Papa Benedicto XVI, en los numerales 37-38.

Hablaremos sobre que nosotros al entrar en contacto con la Biblia, “debemos trascender la letra”. ¿Qué significa la palabra “trascendencia”? Significa ir más allá (ejemplos para comprender el concepto). La Biblia posee diferentes sentidos, para restablecer la articulación entre los diferentes sentidos escriturísticos es decisivo comprender el paso de la letra al espíritu. No se trata de un paso automático y espontáneo; se necesita más bien trascender la letra: «De hecho, la Palabra de Dios nunca está presente en la simple literalidad del texto… [ Discurso al mundo de la cultura en el Collège des Bernardins de París (12 septiembre 2008): AAS 100 (2008), 726]. Cuando el Señor Jesús dice: “Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”, no nos esta mandando mutilar el cuerpo, lo cual sería contrario a la voluntad de Dios, puesto que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, y por eso debemos cuidar nuestro cuerpo, claro sin caer en un culto a él. El mensaje de salvación no está en estas letras, sino oculta en ellas, en esto consiste trascender la escritura, es decir, descubrir lo que está presente, lo que esta oculto, lo que está más allá de las letras. Los hermanos separados tienen una frase bien pegada: “Nosotros creemos solo lo que dice la Biblia o la Sagrada Escritura” “Si no algo no está la Biblia no lo creo”, aunque yo les preguntaría: si son tan “fieles” a las citas bíblicas ¨porque no se cortan partes de su cuerpo, cada vez que uno de estos miembros le desvía de Dios? No son tontos por eso… En fin, ¿qué nos ha querido decir Jesús?  Todos somos conscientes que pecamos, y a veces caemos muchas veces en el mismo pecado. Por eso hay gente que se desanima, deja de luchar en su vida espiritual y hasta de dejar de confesarse, porque piensa que nunca podrá vencer ese pecado o dejar de caer en esa tentación. El Señor Jesús nos está dando la clave para derrotar aquello que nos hace pecar, o derrotar aquel pecado que nos está costando o del cual no podemos salir. ¿Cuál es la clave? Primeramente, detenernos a revisar nuestra vida y ver que es lo que nos hace caer, identificar la enfermedad. Cuando identifiquemos el problema luchar contra el, pues casi toda enfermedad tiene un antídoto. Por eso, mucha gente se confiesa y reza y reza para no caer siempre en el mismo pecado y tristemente cae, pero basado en esas palabras de Jesús y las distintas experiencias, me atrevo a decir que es porque no nos hemos detenido a analizar el problema (un ejemplo). El ser humano no es solo espiritual sino también corporal. “los ojos son las ventanas del alma se dice”. Ciertamente la gracia de Dios lo puede todo, pero también la gracia de Dios espera la colaboración de nuestro esfuerzo.

“Descubrimos así la razón por la que un proceso de interpretación auténtico no es sólo intelectual sino también vital, que reclama una total implicación en la vida eclesial, en cuanto vida «según el Espíritu» (Ga 5,16). De ese modo resultan más claros los criterios expuestos en el número 12 de la Constitución dogmática Dei Verbum: este trascender no puede hacerse en un solo fragmento literario, sino en relación con la Escritura en su totalidad. En efecto, la Palabra hacia la que estamos llamados a trascender es única. Ese proceso tiene un aspecto íntimamente dramático, puesto que en el trascender, el paso que tiene lugar por la fuerza del Espíritu está inevitablemente relacionado con la libertad de cada uno. San Pablo vivió plenamente en su propia existencia este paso. Con la frase: «la pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida» (2 Co 3,6), ha expresado de modo radical lo que significa trascender la letra y su comprensión a partir de la totalidad. San Pablo descubre que «el Espíritu liberador tiene un nombre y que la libertad tiene por tanto una medida interior: “El Señor es el Espíritu, y donde hay el Espíritu del Señor hay libertad” (2 Co 3,17). El Espíritu liberador no es simplemente la propia idea, la visión personal de quien interpreta. El Espíritu es Cristo, y Cristo es el Señor que nos indica el camino». [Ibid.]Sabemos también que este paso fue para san Agustín dramático y al mismo tiempo liberador; él, gracias a ese trascender propio de la interpretación tipológica que aprendió de san Ambrosio, según la cual todo el Antiguo Testamento es un camino hacia Jesucristo, creyó en las Escrituras, que se le presentaban en un primer momento tan diferentes entre sí y, a veces, llenas de vulgaridades. Para san Agustín, el trascender la letra le ha hecho creíble la letra misma y le ha permitido encontrar finalmente la respuesta a las profundas inquietudes de su espíritu, sediento de verdad.[ Audiencia General (9 enero 2008): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (11 enero 2008), 12” (n. 38).
]

Que la Sagrada Escritura, la cual por estar entronizada estará fija en este lugar, les recuerde que debemos alimentarnos constantemente de la Palabra de Dios, palabra viva y de vida eterna; y comiendo y bebiendo de está palabra, tengamos una vida más recta, mas limpia, mas santa, y al mismo tiempo, seamos anunciadores, pregoneros de esta palabra que da vida al mundo y vida en abundancia ¡Ojala toda la feligresía de la Puebla fueran profetas! Aprendamos de la Virgen María, la cual es servidora de la Palabra de Dios, porque creyó, ha sido obediente a ella y más aún, llevó la Palabra de Dios hecha carne en su vientre.


DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"
Primera lectura: Sabiduría 2, 17-20
Salmo ; Salmo 53, 3-4. 5. 6 y 8
Segunda lectura: Santiago 3, 16-4, 3
Evangelio: Marcos 9, 30-37


Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterara, porque iba instruyendo a sus discípulos.

De entrada, encontramos un aspecto destacable: la importancia de la formación. Aquí Jesús nos enseña a balancear tres aspectos fundamentales de la formación cristiana (con mayor énfasis en la vida consagrada y sacerdotal): espiritualidad, formación y acción. Jesús no quiere que nadie se entere de sus movimientos, en esta ocasión, para evitar distracciones y formar a los discípulos en lo que El tiene previsto o propuesto. Es importante entender esto, porque vemos a un maestro que no es solo hacer, hacer, hacer, sino también, da a la formación un lugar primordial en su vida y en la de sus seguidores. ¿Cómo es que Jesús, quien ha venido a servir, no quiere atender a nadie por dedicarse a la formación de sus discípulos? “«Que estuvieran con él» (cf. Marcos 3, 13-15). No es difícil entender el significado de estas palabras, esto es, «el acompañamiento vocacional» de los apóstoles por parte de Jesús. Después de haberlos llamado y antes de enviarlos, es más, para poder mandarlos a predicar, Jesús les pide un «tiempo» de formación, destinado a desarrollar una relación de comunión y de amistad profundas con Él. Dedica a ellos una catequesis más intensa que al resto de la gente (cf. Mt 13, 11) y quiere que sean testigos de su oración silenciosa al Padre (cf. Jn 17, 1-26; Lc 22, 39-45). En su solicitud por las vocaciones sacerdotales la Iglesia de todos los tiempos se inspira en el ejemplo de Cristo. Han sido —y en parte lo son todavía— muy diversas las formas concretas con las que la Iglesia se ha dedicado a la pastoral vocacional, destinada no sólo a discernir, sino también a «acompañar» las vocaciones” (Pastores Dabo Vobis, 42). En lo personal, espero desarrollar este versículo en otro momento.

Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará”. Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutías por el camino? Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.

Este es el segundo anuncio de los tres sobre la pasión, comunes a los tres Sinópticos. El esquema es idéntico en todos ellos: al anuncio de Jesús, se sigue la incomprensión de los discípulos; el Maestro aprovecha, entonces, para ministrar una enseñanza correspondiente a la actitud negativa de ellos. Eso manifiesta que los discípulos esperaban un mesías triunfante, y no el mesías sufriente anunciado por Isaías (Mateo 16, 21; Lucas 9, 18-20. 20-21). Por ejemplo, en Mateo 20, 20-28, se nos narra la idea que los apóstoles se habían hecho sobre Jesús y sobre los frutos gloriosos de su objetivo. Es una narración titulada por algunos como poder y servicio. Marcos hace entrever el pensamiento y actitudes de los apóstoles, hombres como cualquier otro con aspiraciones muy humanas y terrenales.

Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

El señor se sienta, en señal de docente, instructor. No deja pasar el pensamiento y la actitud de los Doce, teniéndolo como algo banal o sin importancia, sino que los llama, para ilustrarles y lo hace por medio de una comparación. En verdad, Jesús es un excelente pedagogo de sus formandos y de cualquier persona que permita dejarse educar por Él.
Como hemos visto, Jesús viene a liberarnos. Y en primer lugar nos da ejemplo de que esta liberación tiene que empezar por uno mismo.
El único camino de liberación para toda la humanidad es la actitud de ser­vicio. Por eso Jesús fue el servidor de todos. Dedicó su vida a servir. El vivió siempre para los demás: un hombre abierto a todos. A nadie cierra su cora­zón. El se entregó totalmente al servicio de los necesitados. Se dejó comer por sus hermanos. No era nada para sí, sino todo para los otros.
 Esta actitud de servicio total de Cristo a los hombres está representada en el hecho de ponerse de rodillas delante de sus amigos para lavarles los pies (cf. Juan 13, 1-20).
La actitud de servicio de Jesús es el modelo que debemos seguir todos. Sere­mos hombres auténticos y serán mujeres auténticas, sólo en la medida en que sepamos servir y ser útiles al prójimo. En la medida en que saquemos el egoísmo y dejemos sitio en el co­razón para todo el que necesita de nosotros. Esta es la conversión que nos pide Cristo. El nos quiere libres para servir. Para ello hay que cambiar nuestro modo egoísta de pensar y actuar.
Sólo hombres y mujeres con una verdadera actitud de servicio serán capaces de cons­truir un nuevo mundo de hermanos.
"Cuanto más se vive en Cristo, mejor se sirve a Cristo en los demás” (Juan Pablo II). “Para entrar en la alegría del amor, estamos llamados también a ser generosos, a no conformarnos con dar el mínimo, sino a comprometernos a fondo, con una atención especial por los más necesitados. El mundo necesita hombres y mujeres competentes y generosos, que se pongan al servicio del bien común. Esforzaos por estudiar con seriedad; cultivad vuestros talentos y ponedlos desde ahora al servicio del prójimo. Buscad el modo de contribuir, allí donde estéis, a que la sociedad sea más justa y humana. Que toda vuestra vida esté impulsada por el espíritu de servicio, y no por la búsqueda del poder, del éxito material y del dinero” (Benedicto XVI, Mensaje de la Jornada Mundial de la Juventud, 15 marzo 2012).

Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”.

¿Por qué un niño como modelo?
¿Saben de algún niño que esté en el Hall de la Fama?
¿Saben de algún niño que haya sido el MVP?

El mundo de los adultos es el mundo de la ambición, del dinero, de quién es el mejor, quién manda más, es el mejor jugador …

El mundo de los niños está lleno de cosas de niños, cosas pequeñas a las que no damos importancia.

Jesús, hoy, nos pone como ejemplo un niño. Jesús cuando quería daruna enseñanza contaba una parábola, un cuento, o pedía una moneda y hacía preguntas o hablaba de los pájaros que no siembran o de una higuera hermosa…

En esta ocasión, tomó un niño y lo puso en medio y les dijo a los apóstoles: si alguien quiere ser el número uno que se haga el último, el que recibe a un niño como éste en mi nombre a mí me recibe.

Los apóstoles habían discutido por el camino sobre quién era el jefe del grupo.
Los apóstoles físicamente estaban muy cerca de Jesús, pero espiritualmente estaban muy lejos. Le acompañaban con la maleta llena de ambiciones humanas. Le escuchaban, pero eran seducidos por las ambiciones del mundo. Preferían el chuletón a la comida de Jesús.

Y Jesús colocó en medio a un niño para enseñarles la lección del servicio.
Un niño no tiene prejuicios ni ambiciones ni estatus social ni puede pagar el bien que le hacen. Depende totalmente de los demás y ama sin condiciones. Y así es Dios, amor sin condiciones para todos.

Jesús fue el primero en poner como modelo un niño. Nosotros nos fijamos y tenemos como modelos a los triunfadores del deporte, la música, el cine…
Jesús nos propone como modelo a un niño porque todos tenemos que ser como niños y vivir como niños ante Dios nuestro Padre.

Jesús define la grandeza y la importancia de sus seguidores por su capacidad de servicio y de generosidad.

La medalla de oro de la Olimpíada Cristiana no es para el mejor predicador sino para el mejor servidor, no es para el más sabio sino para el más humilde, no para el más fuerte sino para el más sacrificado, no es para el que más manda sino para el que más sirve.

Todo esto nosotros lo sabemos ya pero aún no lo hemos empezado a practicar. Queremos estar en el Hall de la Fama, no en el del servicio.
¿Por qué un niño?
Porque no pinta nada y ama mucho, porque depende de todos y sabe maravillarse.

No matemos el niño que llevamos dentro, el hijo de Dios que quiere nacer cada día.
Adultos sí, pero niños e hijos de Dios siempre.
Y no se lo digan a nadie.

Jesús, a sus discípulos, les revela un secreto, les cuenta el último capítulo de su vida y éstos no se lo pueden creer. No entienden que Jesús sólo es Mesías por la muerte en la cruz, por el servicio de dar la vida y de hacerse el último.

Cuando digo…"Yo soy cristiano"
No estoy gritando "Yo estoy salvado".
Estoy susurrando "Yo estaba perdido"
Por eso elegí este camino.

Cuando digo… "Yo soy cristiano"
No lo digo con orgullo.
Estoy confesando que tropiezo
Y necesito que alguien sea mi guía.

Cuando digo…"Yo soy cristiano"
No pretendo ser fuerte.
Estoy confesando que soy débil
Y oro para poder continuar.

Cuando digo… "Yo soy cristiano"
No estoy presumiendo de mis éxitos.
Estoy admitiendo que he fallado
Y no puedo pagar la deuda.

Cuando digo…"Yo soy cristiano"
No estoy proclamando que soy perfecto.
Mis defectos son demasiado visibles
Pero, Dios cree que soy digno.

Cuando digo… "Yo soy cristiano"
Siento el aguijón del dolor
Y sufro mis dolores de cabeza
Y por esto alabo Su nombre.

Cuando digo… "Yo soy cristiano"
No deseo juzgar,
No tengo autoridad,
Yo sólo sé que soy amado.


DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"
Primera lectura: Isaías 50, 5-9
Salmo ; Salmo 114, 1-6. 8-9.
Segunda lectura: Santiago 2, 14-18
Evangelio: Marcos 8, 27-35



El Evangelio para este domingo XXIV, del Tiempo Ordinario, podríamos dividirlo en 3 partes, y las tres partes poseen un orden lógico;  más aún, es el itinerario o el camino que todo cristiano debe hacer.

Diremos que la primera parte consiste en el conocimiento de Jesús, en la identidad de Jesús, en saber realmente quién es Jesús. Y este conocimiento de dos maneras: El mismo Señor Jesús hace una evaluación de si mismo, partiendo de la opinión de la gente y de sus doce apóstoles, sus elegidos, con quienes convive todo el tiempo. Una segunda parte sería, la claridad de la misión de Jesús al venir a este mundo, una misión que concuerda con su identidad personal. Por último, cuando se conoce bien quién es Jesús y se conoce bien su misión, uno tiene la misión de comprometerse con El o no comprometerse. Si quisiéramos resumir estas tres partes, San Ignacio de Loyola nos dice: Si conocemos a Cristo lo amaremos, y si amamos a Cristo lo seguiremos. Es el trinomio conocer-amar-seguir.

Les contaré una experiencia personal. En una tarde me encontraba dándole formación a un grupo juvenil de la ciudad de Verapaz, llamado: “Juan Pablo II”, concretamente, les estaba dando a conocer los documentos del Papa Juan Pablo II. En ese momento, iba pasando el padre Ramiro Valladares, Párroco de San José Verapaz. Él se quedo observando mi labor y siguió su camino. Mientras yo emocionado dando la formación, a un grupo con poco tiempo de haberlo refundado. Al día siguiente, el padre Ramiro con su experiencia y sabiduría, me dijo: “Padre muy buena su disposición con los jóvenes, pero si primero esos jóvenes como cualquier cristiano no conocen a Cristo, pronto abandonaran esa formación, porque no estará dispuestos a comprometerse”. Esas palabras dichas por el padre, me iluminaron y se siguen motivando a conocer cada vez más y mejor a Jesucristo, y a tener claro que nadie puede comenzar un proceso, si primero no tiene un contacto personal y un conocimiento profundo de Jesucristo.

“La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor, buscan suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más hondo del corazón del discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su nombre (cf. Juan 10, 3). Es un “sí” que compromete radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (cf. Juan 14, 6). Es una respuesta de amor a quien lo amó primero “hasta el extremo” (cf. Juan 13, 1). En este amor de Jesús madura la respuesta del discípulo: “Te seguiré adondequiera que vayas” (Lucas 9, 57)” (Aparecida 136).

“En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida. Gracias a Dios, ahora en la Iglesia poco a poco, se está contemplando a Jesucristo tal como nos lo transmiten los Evangelios, para conocer lo que Él hizo y para distinguir lo que nosotros debemos hacer en las actuales circunstancias” (Cf. Aparecida, 139).

Por tanto hermanos y hermanas, seguir a Jesucristo suena maravilloso pero conlleva un compromiso, un compromiso hecho con libertad y amor por parte de cada uno de nosotros. Puesto que “identificarse con Jesucristo es también compartir su destino: 'Dónde yo esté estará también el que me sirve' (Juan 12, 26).  El cristiano corre la misma suerte del Señor, incluso hasta la cruz: 'Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga' (Marcos 8, 34). Nos alienta el testimonio de tantos sacerdotes, religiosos/as, misioneros, laicos, laicos y laicas, mártires de ayer y hoy, en nuestro pueblo salvadoreño, en el continente americano y en el mundo entero, que han llegado a compartir la cruz de Cristo hasta la entrega de su vida” (Cf. Aparecida 140).

Les invito en este mes de septiembre, dedicado a la Biblia, a leer y meditar los evangelios, para conocer realmente la personalidad y misión de Jesucristo, libre de manipulaciones e ideologías, y enamorarnos o volvernos a enamorar de El, para entregar día a día nuestra vida por la causa del Reino de Dios. Así sea. 



DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"
Primera lectura: Isaias 35, 4-7
Salmo ; Salmo 145, 7-10
Segunda lectura: Santiago 2, 1-5
Evangelio: Marcos 7, 31-37



El Bautismo nos ha liberado de la sordera para escuchar la voz de Dios  y de la traba en la lengua para proclamar nuestra fe en El.


El Señor Jesús dejo el territorio de Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decapolis. Y en esa trayectoria le presentan un sordo que, además, apenas podía hablar, por lo cual otras traducciones bíblicas hablan de un sordomudo. Es interesante notar que fue la gente quien le presentó el sordomudo a Jesús, es decir, las personas de ese lugar deseaba ver sano al sordomudo, era una preocupación comunitaria, ellos se sentirían felices cuando vieran a este hombre, con deficiencias físicas, poseer un cuerpo normal y por tanto, capacitado para desenvolverse con todas sus capacidades naturales en buen estado. La gente no dejo al sordomudo con la expresión: “Pobrecito, esta enfermito, que Dios lo bendiga” o “ese ya es enfermo de nacimiento, no hay que prestarle atención, pues nada se puede hacer por él” o “ese es su problema, yo gracias a Dios estoy sano… Para eso hay lugares donde los tienen”. Notemos que la gente mencionada por el evangelio, por no ser judía, era considerada por los judíos como paganos, impuros, pecadores, pero estas personas han demostrado una autentica fe expresada en ese gesto comunitario de caridad y solidaridad. A veces a nosotros los cristianos nos pasa lo mismo, a veces encontramos gente que no es de Iglesia, mas humanas, más fraterna, más solidaria que nosotros. Hermanos y hermanas, la enseñanza es clara, debemos ser sensibles ante las necesidades, sufrimientos de los otros, no contentarnos con que nosotros estemos bien y otros están mal, debemos conducir a las personas necesitadas realmente de Dios, a Jesucristo. Esta es la labor de los cristianos, más aun, esto es ser cristiano autentico. Por eso me gusta recordar aquellas palabras que Benedicto XVI, dijo en la Solemnidad del Corpus Christi el año 2009

El evangelio narra como se dio el milagro de la curación: Jesús apartó al sordomudo de la gente, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá”, la cual es una palabra aramea que significa “abreté”. En vez de un simple gesto o palabra, Jesús toca los órganos dolientes, en gestos sacramentales. Resultado de ello: “Al instante se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad”. Me imaginó que la gente la cual llevo al sordomudo a la presencia de Jesús, llena de fe y confianza en su persona y en su poder sanador, se haber alegrado mucho por un miembro de su comunidad que ahora podía integrarse plenamente a la sociedad.

Aprovechando la figura del “sordo que apena podía hablar” y este mes de septiembre dedicado a la Biblia, quisiera hacer una adaptación basándome en la Exhortación Apostólica Postsinodal “Verbum Domini”, de nuestro actual Papa Benedicto XVI, en el numeral 26. Tiene como sub-titulo: El pecado como falta de escucha a la Palabra de Dios. Y dice: “La Palabra de Dios revela también inevitablemente la posibilidad dramática por parte de la libertad del hombre de sustraerse a este diálogo de alianza con Dios, para el que hemos sido creados. La Palabra divina, en efecto, desvela también el pecado que habita en el corazón del hombre.

Con mucha frecuencia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, encontramos la descripción del pecado como un no prestar oído a la Palabra, como ruptura de la Alianza y, por tanto, como la cerrazón frente a Dios que llama a la comunión con él. En efecto, la Sagrada Escritura nos muestra que el pecado del hombre es esencialmente desobediencia y « no escuchar ». Precisamente la obediencia radical de Jesús hasta la muerte de cruz (cf. Flp 2,8) desenmascara totalmente este pecado.

Con su obediencia, se realiza la Nueva Alianza entre Dios y el hombre, y se nos da la posibilidad de la reconciliación. Jesús, efectivamente, fue enviado por el Padre como víctima de expiación por nuestros pecados y por los de todo el mundo (cf. 1 Jn 2,2; 4,10; Hb 7,27). Así, se nos ofrece la posibilidad misericordiosa de la redención y el comienzo de una vida nueva en Cristo. Por eso, es importante educar a los fieles para que reconozcan la raíz del pecado en la negativa a escuchar la Palabra del Señor, y a que acojan en Jesús, Verbo de Dios, el perdón que nos abre a la salvación”.

La gente reconoce llena de asombro: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. La primera parte de estas palabras nos hace recordar la expresión de Dios, al finalizar la creación, en el libro de Génesis 1, 21: “Dios vio que todo era bueno”. De hecho, Dios ha hecho todo por medio de la Palabra” (cf. Juan 1, 3).

PARA LA REFLEXION:

1.    ¿Cuándo ves una persona necesitada de Dios, alejada de Dios, con una vida vacía, triste y hasta miserable, tu como cristiano haces algo o simplemente te llenas de lastima. ¿Que harás para la próxima vez que te encuentres familiares o personas así?

2.      Al escuchar el evangelio de ahora, ¿has comprendido en qué consiste ser cristiano?

3.   ¿En tu vida sientes o estas convencido/a qué te opones a la Palabra de Dios y sus exigencias? ¿Por qué lo haces y en qué medida desobedeces a la Palabra salvadora de Dios?



DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"
Primera lectura: Deuteronomio 4, 1-2. 6-8
Salmo ; Salmo 14
Segunda lectura: Santiago 1, 27-18. 21b-22. 27
Evangelio: Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23




"Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre". Esta afirmación se la hace Jesús a la gente que lo estaba escuchando, según nos lo narra el evangelio recién proclamado; y ésta frase surge por una pregunta y al mismo tiempo, por un fuerte reclamo que le hacen algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, en torno al cumplimiento de las tradiciones de los mayores, al tema de lo puro y lo impuro. Por lo visto, los judíos temían por contaminarse o volverse impuros a causa de elementos externos, pero descuidando enormemente el interior, el alma, lo espiritual. 

De aquí surge la enseñanza, instrucción de Jesús hacia la gente, la cual vamos a considerar y explicar de manera sustancial. "Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oigan todos y entiendan. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»

Corazón es un concepto intuitivo, simbólico, que más allá de lo físico y lo metafórico, hace referencia a algo interior al hombre, en cuanto designa la unidad y la totalidad del ser humano. El corazón, ese órgano biológico situado en el centro físico de la ->persona, que es el motor de su vida y que, al pararse, produce la muerte, ha sido usado para señalar, prácticamente en todas las culturas, no sólo el núcleo de la vida física, sino también la existencia humana en su integridad físico-espiritual.

En el Antiguo Testamento en corazón (lêb) también encontramos los dos sentidos: el directo o físico y el figurado o simbólico. El lêb es el centro de la vida psíquica y espiritual del hombre y no sólo de la vida sensitiva; hasta el punto de que se confunde en algunos textos (1Sam 2,35; Dt 6,5) con el alma -si es que se puede traducir así el vocablo nephes. En resumen, del corazón humano surgen los sentimientos y las emociones, pero también es el lugar de la inteligencia y de la voluntad (1Re 8,17).

La reflexión actual nos muestra que las culturas han optado por esta palabra para designar en el ser humano su centro personal, el motor de sus pulsiones, la sede de su intimidad, la fuente de sus relaciones afectivas con los otros. No es, pues, de extrañar que el corazón se entienda como ese punto donde se tocan y convergen las experiencias anímicas, con las funciones fisiológicas. Esto significa que en el concepto corazón se supera el dualismo platónico (con su triple división del alma) y emerge de él la convicción de que la persona humana es una totalidad, un ser unitario. La persona experimenta el corazón como el centro en el que confluyen lo corpóreo y lo espiritual del hombre, haciendo de ella una unidad. Aspecto, por otra parte, nada novedoso puesto que la primera carta de san Pedro hablará ya de «el hombre interior del corazón» (lPe 3,4). «El corazón humano limita en todo momento con Dios y está siempre orientado a los demás hombres» (K. Rahner). 

¿Qué acciones surgen de las decisiones tomadas en el interior, las cuales manchan al hombre, lo hacen caer en la realidad del pecado, dañan las relaciones con Dios, con los demás y lo desequilibran a uno mismo?

Los malos propósitos
Son las intenciones o deseos de hacer o dejar de hacer algo con un efecto negativo, contraproducente, contrario a la voluntad de Dios. «Mantente en la simplicidad y en la inocencia, y serás como los niños pequeños que ignoran la perversidad que destruye la vida de los hombres» (Hermas, Pastor 27, 1 [mandatum 2, 1]).

La fornicación
"Es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos. Además, es un escándalo grave cuando hay de por medio corrupción de menores" (Catecismo de la Iglesia Católica 2353).

El robo
"La usurpación del bien ajeno contra la voluntad razonable de su dueño. Toda forma de tomar o retener injustamente el bien ajeno, aunque no contradiga las disposiciones de la ley civil, es contraria al séptimo mandamiento. Así, retener deliberadamente bienes prestados u objetos perdidos, defraudar en el ejercicio del comercio (cf Dt 25, 13-16), pagar salarios injustos (cf Dt 24,14-15; St 5,4), elevar los precios especulando con la ignorancia o la necesidad ajenas (cf Am 8, 4-6)" (Ibid., 2408-2409). 

El homicidio
"El quinto mandamiento condena como gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama venganza al cielo (cf Gn 4, 10)" (Ibid., 2268). 

El adulterio

"Esta palabra designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio (cf Mt 5, 27-28). El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento prohíben absolutamente el adulterio (cf Mt 5, 32; 19, 6; Mc 10, 11; 1 Co 6, 9-10). Los profetas denuncian su gravedad; ven en el adulterio la imagen del pecado de idolatría (cfOs 2, 7; Jr 5, 7; 13, 27).

El adulterio es una injusticia. El que lo comete falta a sus compromisos. Lesiona el signo de la Alianza que es el vínculo matrimonial. Quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del matrimonio, violando el contrato que le da origen. Compromete el bien de la generación humana y de los hijos, que necesitan la unión estable de los padres" (Ibid., 2380-2381).


La codicia
«Cuando la Ley nos dice: No codiciarás, nos dice, en otros términos, que apartemos nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed codiciosa de los bienes del prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: El ojo del avaro no se satisface con su suerte (Qo 14, 9)» (Catecismo Romano, 3, 10, 13).

Las injusticias
Acción contra la justicia. El Catecismo de la iglesia católica nos dice que la justicia es una virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo aquello que les corresponde (cf. 1807). A partir de está definición, aplicarla a las diversidades realidades para discernir la presencia de la injusticia.

El fraude
es una acción que resulta contraria a la verdad y a la rectitud. El fraude se comete en perjuicio contra otra persona o contra una organización (como el Estado o una empresa).

El desenfreno, el libertinaje
El término ‘libertinaje’ se utiliza para hacer referencia a aquellas conductas y comportmientos considerados inmorales, que no respetan la ley (divina, moral, natural, social) y que tienen por objetivo la búsqueda del placer inmediato sin importar las consecuencias o el modo que tales conductas afectarán al resto de los miembros de la sociedad. 

La envidia
“La envidia es un pecado capitalManifiesta la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseodesordenado de poseerloaunque sea en forma indebida. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecadomortalSan Agustín veía en la envidia el «pecado diabólico por excelencia» (ctech4,8). «De la envidia nacen elodio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por suprosperidad» (S. Gregorio Magnomor3145).

La difamación
Es cualquier atentado injusto contra la fama del prójimo. Puede ser de dos tipos: la detracción o maledicencia ("decir mal"), que consiste en revelar pecados o defectos realmente existentes del prójimo, sin una razón proporcionadamente grave (se llama murmuración cuando se realiza a espaldas del acusado); y la calumnia, que consiste en atribuir al prójimo pecados o defectos falsos. La calumnia encierra una doble malicia: contra la veracidad y contra la justicia (tanto más grave cuanto mayor sea la calumnia y cuanto más se difunda).

Actualmente son frecuentes estas ofensas a la verdad o a la buena fama en los medios de comunicación. También por este motivo es necesario ejercitar un sano espíritu crítico al recibir noticias de los periódicos, revistas, TV, etc. Una actitud ingenua o "credulona" lleva a la formación de juicios falsos.

Siempre que se haya difamado (ya sea con la detracción o con la calumnia), existe obligación de poner los medios posibles para devolver al prójimo la buena fama que injustamente se ha lesionado.



El orgullo
Consiste en una estima de uno mismo o amor propio indebido, que busca la atención y el honor” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1886).

La frivolidad
La pereza espiritual, que es cuando el hombre no le encuentra el gusto a las cosas de Dios, es más las consideran aburridas y tristes. Aquí se encuentra la tibieza y la frivolidad o superficialidad.

Todas estas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro. De aquí la importancia de estar formando  siempre la mente y el corazón. Por otra, esto nos ayuda a ser humildes  y por tanto, somos invitados a reconocer nuestra propia naturaleza humana, nuestra propia personalidad, nuestras virtudes y defectos, nuestras correctas e incorrectas decisiones, nuestras buenas y malas acciones. No andar como victimas buscando culpables, cuando nosotros en gran parte nos decidimos a actuar, avalar o permitir lo negativo, destructivo e incorrecto. Atrevámonos a conocernos y reconocernos en nuestros pensamientos, decisiones, actitudes y acciones. Un medio para vigilar, reparar y mejorar nuestro corazón, es realizar todas las noches un humilde y buen examen de conciencia. 


VIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"

Primera lectura: Proverbios 9, 1-6
Salmo ; Salmo 33, 2-3- 10 -15
Segunda lectura: Efesios 5, 15-20
Evangelio: Juan 6, 51-58



Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.» Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»

Los seres humanos por poseer cuerpo necesitamos el alimento, la comida para mantenerlo con vida, en movimiento; si nos falta el alimento lógicamente nos desnutrimos y hasta nos morimos. Pero para tener ese alimento que exige nuestra parte corporal, tenemos que ganarlo, tenemos que obtenerlo de algún modo. Por eso en el Padre nuestro pedimos: "Danos hoy el pan de cada día". El ser humano necesita el alimento diario para un correcto movimiento y una salud equilibrada. ¿Pero como se obtiene este alimento? Se obtiene por medio del trabajo. "Bendito seas Señor, Dios del Universo por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre" (ofertorio de la Misa). Lo ordinario es que el alimento se obtenga por medio del sudor de la frente, ya sea como campesino, como profesional, como comerciante, por algún medio humilde pero honesto; hasta los que "trabajan" de una manera deshonesta o en contra de la dignidad humana y la santa voluntad de Dios, lo hacen por tener el alimento diario, llámese comida directamente o bienes materiales o lo necesario para vivir y hasta "sobrevivir". 

"Ganarás el pan con el sudor de tu frente" (Génesis 3, 19). Esta fue la sentencia de Dios a Adán al momento de ser expulsado del paraíso. Es decir, si no se trabaja no se come. En nuestro país El Salvador hay personas que solo trabajan por la comida, ya no les alcanza para más. Hay personas que se sacrifican, sufren humillaciones, maltratos, horas extras por un pago miserable; sufren gastritis, dolencias pero no tienen para una medicina proporcionada y como es pobre le toca en un hospital nacional, donde a veces no la tratan como personas humanas a causa de su pobreza. "Unas 200 millones de familias malviven con un presupuesto raquítico: un dólar diario. La crisis alimentaria les ha hecho aún más pobres. Es la especulación del hambre" (http://elpais. com). 

Como pueden observar, el pan no cae del cielo... Aunque allá por los años 1440 y 1400 antes de Cristo, se nos narra un milagro: Dios mando pan del cielo a los israelitas. "La comida enviada milagrosamente a los israelitas durante su estadía de cuarenta años en el desierto (Ex. 16; Núm. 11,6-9). Caía durante la noche en pequeñas hojuelas blancas o granos que cubrían el suelo y tenían la apariencia de escarcha blanca. Estos granos son descritos como semejantes a semilla de cilantro y bedelio, con un sabor a “torta de miel”, o “pan untado con aceite” (Ex. 16,31; Núm. 11,7-8). El maná cayó por primera vez cuando los israelitas estaban en el desierto de Sin, seis semanas después de su salida de Egipto, en respuesta a sus murmuraciones por las privaciones de la vida en el desierto (Ex. 16,1 ss.) y de ahí en adelante caía diariamente, excepto en el Sabbath, hasta que llegaron a Guilgal en la planicie de Jericó (Jos. 5,12). Durante estos años el maná fue su principal pero no único alimento" (http://ec.aciprensa.com/wiki/Man%C3%A1). 

Si el Maná bajado del cielo es un milagro, Jesús hace un milagro más grande y realiza un tremendo acto de amor, algo que solo Dios puede hacer porque El es Amor. Nuestro Señor Jesús se ofrece en forma de pan, se ofrece por medio de un elemento cercano, vital y diario para el ser humano, con la intención de darnos vida a cambio, y una "vida en abundancia" (Juan 10, 10). Jesús se hace pan. Aquí adquiere sentido la Sagrada Comunión, fuera o dentro de la Santa Misa. Tanto nos ama Dios que ha buscado la manera más simple, más cercana a nuestra realidad personal, familiar, económica-social, y ni aún así se valora su gesto, su ofrecimiento, el cual sobrepasa cualquier oferta de este mundo, porque en este mundo podemos obtener vida, pero nunca en abundancia. 

Por eso, invitamos a hombres y mujeres a acercarse a la Santa Misa para degustar de este pan celestial, a encontrar algo más allá del ansiado pan diario material, pero que al fin al cabo no conduce a la vida eterna y no es perdurable, ni el Maná lo fue y eso que venía del cielo. Animamos a los que comulgan los domingos y con frecuencia, a perseverar puesto que ello es testimonio de que se cree en la presencia real de Jesucristo, en la Santísima Eucaristía. Exhortamos a los católicos que van a Misa pero no comulgan, a no despreciar del banquete que el Buen Dios prepara domingo a domingo, día a día llevado por su locura de amor hacia el ser humano: "La eficacia salvífica del sacrificio se realiza plenamente cuando se comulga recibiendo el cuerpo y la sangre del Señor. De por sí, el sacrificio eucarístico se orienta a la íntima unión de nosotros, los fieles, con Cristo mediante la comunión: le recibimos a Él mismo, que se ha ofrecido por nosotros; su cuerpo, que Él ha entregado por nosotros en la Cruz; su sangre, « derramada por muchos para perdón de los pecados » (Mt 26, 28). Recordemos sus palabras: « Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí » (Jn 6, 57). Jesús mismo nos asegura que esta unión, que Él pone en relación con la vida trinitaria, se realiza efectivamente. La Eucaristía es verdadero banquete, en el cual Cristo se ofrece como alimento. Cuando Jesús anuncia por primera vez esta comida, los oyentes se quedan asombrados y confusos, obligando al Maestro a recalcar la verdad objetiva de sus palabras: « En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros » (Jn6, 53). No se trata de un alimento metafórico: « Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida » (Jn 6, 55)" (Ecclesia de Eucharistia 16). 

"Por la comunión de su cuerpo y de su sangre, Cristo nos comunica también su Espíritu. Escribe san Efrén: « Llamó al pan su cuerpo viviente, lo llenó de sí mismo y de su Espíritu [...], y quien lo come con fe, come Fuego y Espíritu. [...]. Tomad, comed todos de él, y coméis con él el Espíritu Santo. En efecto, es verdaderamente mi cuerpo y el que lo come vivirá eternamente » (Cf. 17).

DÉCIMO NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"

Primera lectura: 1 Reyes 19. 4-8
Salmo ; Salmo 33, 2-9
Segunda lectura: Efesios 4, 30 - 5, 2
Evangelio: Juan 6, 41-51



Se narra hoy el debate con los judíos, género muy corriente en la literatura judía postbíblica, que en el cuarto Evangelio adquiere además la configuración de crítica radical o de principios. El núcleo temático de la perícopa está en la contraposición que se establece entre dos fundamentos de justificación: La Ley y la fe; los rabinos ponían la supremacía en la Ley; el Maestro Jesús la pone en la fe.

Este texto forma parte del amplio discurso sobre el pan de la vida. Siguiendo el estilo típico del evangelio de San Juan, la imagen del pan de la vida está vinculada con la fórmula "Yo soy"; el rasgo característico de Juan, al usar esta fórmula, es señalar que sólo Jesús realiza plenamente lo que ella significa.

Los judíos creen en los profetas del pasado, celebrados después de su muerte, pero les cuesta mucho creer y reconocer a los enviados de Dios, mientras viven y son discutidos, especialmente, si el enviado de Dios es un simple carpintero, el hijo de José y María y ese es Jesús que les habla de comer su carne y beber su sangre; y, precisamente, esa exigencia a sus discípulos es algo que está prohibido por la ley. Este evangelista suele llamar "judíos" a los que rechazan la predicación de Jesús; y estos "judíos" que conocen bien la familia de Jesús son galileos; y ahí, en ese conocimiento del origen humano de Cristo está el obstáculo  que no les deja creer que Jesús sea "el pan bajado del cielo". Jesús pide fe en su persona, pero los "judíos" responden con la crítica y la murmuración; es lo mismo que en los tiempos del Éxodo, cuando los israelitas proferían sus críticas y su murmuración contra Moisés y las promesas de Dios (Ex 15,24; 16,2-12; 17,3-7).

Jesús no se extiende dando más explicaciones sobre su origen divino; pero advierte que la fe es la aceptación de su persona como enviado del Padre y que esto no es posible, si el mismo Padre, que lo envía, no conduce los hombres hacia su enviado. No se puede creer en Jesús, sin la gracia de Dios, pero esta gracia no quita el riesgo y la libertad de la fe. Citando a los profetas, concretamente a Is 54,13, Jesús declara que todos los hombres son discípulos de Dios; es decir, que el Padre habla al corazón de todos los hombres y quienes lo escuchan también escucharán al que ha enviado al mundo. Hay una correspondencia entre la palabra interior que Dios pronuncia en el corazón y esa otra palabra explícita que proclama Jesús predicando el evangelio.

El conjunto del cuarto evangelio, y este mismo pasaje, afirman claramente la responsabilidad de los que, libremente, no han creído en Jesús, "no lo han recibido", porque han preferido las tinieblas a la luz, según una opción voluntaria. Por medio de Jesús, se cumple la profecía de que "serán todos discípulos de Dios" (v. 45; cf Is 54,13) y el propio Padre, que los instruye por el Hijo, los atrae por el Espíritu, pero es necesario que ellos "aprendan" esto es, acepten la enseñanza de Jesús: "todo el que escucha lo que dice mi Padre y aprende, viene a mí" (v. 45). Vuelve a decir que él es el pan bajado del cielo, que da la vida; "comer este pan" es lo mismo que "ir a Jesús" o "creer en él".

En sus palabras y sus obras, Jesús se da y se comunica a los que creen en Él y lo reciben. El "pan de vida", que "ha bajado del cielo", es la misma realidad de Jesús, su propia carne y una carne que se entrega por la vida del mundo; con ello, puede que Jesús haya hecho referencia al don eucarístico. Jesucristo se proclama "Pan de vida bajado del cielo", expresión que designa su relación con el Padre y su misión de traer la vida divina a los hombres; pero el sermón pasa, sin transición, del Pan-Palabra al Pan eucarístico; así las relaciones entre discípulo y Maestro se instauran por la Eucaristía, que es la mejor muestra del lazo que une a Jesús y su Padre. El misterio eucarístico aparece desde entonces con justo título como el "misterio de la fe".

Hoy también hemos de superar las dudas y escuchar a los enviados de Dios que nos marcan el camino concreto en el mundo de hoy; muchos creen en Cristo, en la palabra de Dios, pero no quieren escuchar a sus profetas o ministros. Jesús nos pide creer en Él; creer que es el pan de vida y que hay que comerlo; para lo cual basta la fe por la caridad, porque Jesús no explicará cómo se comerá su carne, cómo será ese alimento divino que se nos dará. Jesús únicamente quiere una respuesta de fe. La fe llega a su perfección cuando es fe en Dios, que se revela en su enviado Jesucristo. El que cree alcanza vida; pues, aunque todos puedan escuchar a Dios, solamente lo ha visto aquel que viene de Dios, y ese es Jesús, el testigo y la misma Palabra de Dios hecha carne: la plenitud de la revelación, que hace posible la plenitud de la fe. Los que creen así alcanzan la vida eterna. Basta con fiarse de Jesús. Jesús que conoce al Padre, porque procede del Padre, es el único que puede manifestar su designio sobre el hombre y establecer las condiciones para realizarlo: "ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en El, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día (Jn 6,40).

Fuente: Autores católicos (Camilo Valverde Mudarra).

  
1.        "YO SOY EL PAN BAJADO DEL CIELO"

Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo. Cristo, el Hijo de Dios vivo, encarnado en nuestra propia carne y sangre, para hacer a los hombres hijos de Dios, se nos ha convertido en Sacramento de Pan de vida al alcance de todos los hombres. San Agustín dice: “Pan vivo precisamente, porque descendió del cielo. El maná también descendió del cielo; pero el maná era la sombra, éste es la verdad... ¿Cuándo iba la carne a ser capaz de comprender esto de llamar al pan carne? Se da el nombre de carne a lo que la carne no entiende; y tanto menos comprende la carne, porque se llama carne. Esto fue lo que les horrorizó y dijeron que esto era demasiado y que no podía ser. Mi carne, dice, es la vida del mundo. Los 
fieles conocen el cuerpo de Cristo si no desdeñan ser el cuerpo de Cristo. Que lleguen a ser cuerpo de Cristo si quieren vivir del Espíritu de Cristo. Del Espíritu de Cristo solamente vive el cuerpo de Cristo.... Mi cuerpo recibe ciertamente de mi espíritu la vida. 

¿Quieres tú recibir la vida del Espíritu de Cristo? Incorpórate al Cuerpo de Cristo... El mismo Cuerpo de Cristo no puede vivir sino del Espíritu de Cristo.” (Manuel Garrido Bonaño, O.S.B.)
De aquí que el Apóstol Pablo nos hable de este Pan, diciendo: “Somos muchos un solo Pan, un solo Cuerpo. ¡Oh qué misterio de amor, y qué símbolo de unidad, y qué vínculo de caridad!. Quien quiere vivir sabe dónde está su vida y sabe de dónde le viene la vida. Que se acerque, y que crea, y que se incorpore a este Cuerpo, para que tenga participación de su vida” (Tratado sobre el Evangelio de San Juan 26,13).

2.        “MURMURABAN” CONTRA JESÚS


En general, cuando san Juan se refiere a los judíos, para el son los enemigos de Jesús; pero aquí son la muchedumbre, pretenciosa e incrédula, de los galileos, sus compaisanos, como se desprende del v.42, sin que haya que suponer nuevos grupos de judíos llegados de Jerusalén (Mc 2:16.18.24; 3:2), en contraposición a los galileos, en cuya región se desenvuelve la escena.Estos galileos “murmuraban” contra Jesús porque había dicho de sí mismo que bajó del cielo. Es interesante destacar esto, que tendrá valor argumentativo al hablar de Jesús pan eucarístico. Jesús hace una afirmación, su origen celestial. El origen celestial del Mesías era compartido incluso por algunas corrientes judías, aunque no debían de afectar a estos artesanos galileos. Por eso, esta afirmación de Jesús les parecía a ellos algo muy grande, especialmente porque ellos argumentaban conocer a su padre legal, José, y a su madre María. Sucede que ellos, no conocían de la concepción virginal de María, entonces hablan al modo humano, como lo conceptuaban en su vida nazarena.Pero ante esta actitud pretenciosa, puesto que los milagros que habían visto eran el sello de Dios aprobando sus palabras y su misión, les reafirma su enseñanza. No les dice cómo El haya venido al mundo, sino cómo ellos han de venir a El

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3.        NADIE PUEDE VENIR A MÍ, SI NO LO ATRAE EL PADRE QUE ME ENVIÓ


Jesús dijo a la gente: Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; Es el Padre, el que eficazmente mueve las almas para venir a Jesús. Se destaca la obra del Padre, pero no se excluye la acción instrumental de Jesús para venir a El (San Juan 15:5). Dios trae las almas a la fe en Jesús: cuando El quiere, infaliblemente, irresistiblemente, aunque de un modo tan maravilloso que ellas vienen también libremente, y cuyo aspecto de libertad, en el ser humano, se destaca especialmente en el v.45 b. San Agustín ha escrito una página genial, y ya célebre, sobre esta atracción de las almas, infalible y libre, por Dios Es la doctrina de la gracia eficaz.Si también aquí se evoca la escatología por el hecho de traer el Padre los seres humanos a Jesús, es porque los trae para que tengan la vida eterna. Lo que postula complementariamente la resurrección final.



4.        TODOS SERÁN INSTRUIDOS POR DIOS



Después de esta afirmación a las multitudes, Jesús les hace ver con el testimonio de los Profetas, testimonio irrecusable en Israel, la posibilidad de esta atracción del Padre, la existencia de una acción docente de Dios en los corazones. Les  cita un pasaje de Isaías en el que se describe la gloria de la nueva Sión y de sus hijos en los días mesiánicos. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Y Jeremías destaca aún más el aspecto íntimo de esta obra docente de Dios (Jer 31:33.34). Según los profetas, hay una enseñanza que se realiza precisamente en los días de Jesús Mesías, de la alianza nueva, y que consiste en que Dios mismo enseñará a los hijos de la nueva Sión. Esta es la fuerza de la argumentación: ser enseñados y, en consecuencia, atraídos por el mismo Dios. Si Dios habla a los seres humanos, puede igualmente moverlos eficazmente a sus fines. Es lo que Jesús quiere dejar aquí bien establecido. Así se verá la colaboración de ambos en la obra misma del Padre.



5.        NADIE PUEDE VER A DIOS SIN MORIR



Mas para ello no es necesario, ni posible, ver al Padre (v.46). Nadie puede ver a Dios sin morir, se lee en el Antiguo Testamento. Su lenguaje es, por tanto, perceptible, pero El invisible. Sólo lo ha visto uno: el que está en Dios, Jesús; sin nombrarse explícitamente, se presenta (San Juan 1:18) y garantiza con ello su verdad. Al estar en el seno del Padre (San Juan 1:28), conoce sus planes y por eso los dio a conocer (San Juan 1:18), que aquí es: Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió.



El primer discurso sobre Jesús Pan de vida se cierra y sintetiza en una afirmación solemne: Les aseguro 

que el que cree tiene vida eterna. La tiene en causa, en esperanza, y también la tendrá (luego en la  plenitud) de la realidad, cuando El lo resucite en el último día: en una “escatología” futura y final.


6.        LA FE ES OBRA DE LA GRACIA DE DIOS



La fe es una virtud sobrenatural; no bastan nuestra voluntad o nuestras propias fuerzas para conseguirla, la fe es obra de la gracia de Dios, que ayuda a nuestra voluntad. Nosotros hemos de agradecer el don de la fe que el Señor nos ha dado y bueno es vivir conforme a ella.

Pero la fe, no es admitir algunas formulas religiosas que son poco precisas, esa que queda como un residuo de alguna charla catequista, muchas veces olvidada, o como un saldo de una vida religiosa que viene en decadencia y que parece que va a revivir. Es una pena, pero es muy cierto, aceptar muchas veces que creemos en Cristo, pero no en la Iglesia y no participar en esa hermosa comunidad de creyentes, es no querer participar en un pueblo de hermanos, que intenta llevar la palabra de Dios por el mundo.


El Papa Pablo VI, dijo en una ocasión (Audiencia General del 19-IV-67): Esta es desgraciadamente la fe de costumbre, una fe convencional, una fe no comprometida y poco practicada”


Fuente: Autores católicos (Pedro Sergio Antonio Donoso Brant).



DÉCIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"

Primera lectura: Éxodo 16, 2-4. 12-15
Salmo ; Salmo 77
Segunda lectura: Efesios 4, 17. 20-24
Evangelio: Juan 6, 24-35




Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos,
El milagro que Jesús ha hecho multiplicando los panes es extraordinario, entonces no quieren separarse de El (evangelio del domingo anterior). Después que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, despidió a la multitud después de la multiplicación de los panes. Esto fue la misma tarde, al embarcarse los discípulos. El Evangelio dice que: Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla, es decir un pequeño grupo se habría quedado allí, a la espera de Jesús, que no había embarcado, y que acaso ese a lo que alude san Juan, es decir, en la región de et-Batiha, donde multiplicó los panes.Las gentes que se habían retirado, lo mismo que la que se había quedado, habían constatado esto: que Jesús no había embarcado con los discípulos, con eso queda ratificado que Jesús hizo su caminata milagrosa sobre las aguas, y que no había quedado allí más que una barca.

subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
Mientras tanto, unas barcas de Tiberiades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan Pero al siguiente día de la multiplicación de los panes vinieron a este lugar diversas barcas procedentes de Tiberiades, sin que se diga el motivo de esta arribada. Acaso en busca de Jesús, avisados por algunos de los que hubiesen retornado la víspera, o por el rumor de que se hallara allí. Tiberiades era capital y, situada en el lago, era el puerto principal de Galilea. Josefo, historiador judío, hace ver el gran movimiento de naves que en él había en ese lugar.

Como estas gentes que había quedado allí se dieron cuenta que no podían encontrar a Jesús, aunque no lo vieron embarcar; y como vieron que los discípulos se dirigieron a Cafarnaúm, aprovecharon la oportunidad de estas barcas que acababan de llegar de Tiberiades, se embarcaron en ellas, dice san Juan: subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Aquí lo van a encontrar, y en esta villa tendrá lugar el discurso sobre el “Pan de vida.”

Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?»
Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: Maestro, - cuándo llegaste - . La pregunta que le hacen con el título honorífico de Maestro, Rabí, lleva un contenido sobre el modo extraordinario como vino. Sabían que no se había embarcado ni venido a pie con ellos. Deben haber estado maravillados, al pensar como había venido Jesús. Era un volver a admitir el prodigio en su vida.

Jesús les respondió: «En verdad, en verdad les digo: ustedes me buscan, no porque han visto señales, sino porque han comido de los panes y se han saciado
La respuesta de Jesús pasa por alto aparentemente la cuestión para ir directamente al fondo de su preocupación. No le buscan por el milagro como signo que habla de su grandeza y que postula, en consecuencia, obediencia a sus disposiciones, sino que sólo buscan el milagro como provecho, Jesús les respondió: Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.

Que busquen, pues, el alimento no temporal, aun dado milagrosamente, sino el inmortal, el que permanece para la vida eterna, y éste es el que dispensa el Hijo del hombre, por eso le dice Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; y cuya garantía es que el Padre, que es al que ellos llaman Dios, el Padre, marcó con su sello. La credencial del que lo envía, son los milagros, los signos.

Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.
En nuestra realidad de hoy, con cierta pena vemos como sucede que hay personas que buscan en la religión algo que les resulte conveniente, entonces buscan a Dios no por Dios, sino por la ayuda que pudieran conseguir de El, y además exigen rapidez, luego suceden que la respuesta les tarda en llegar, entonces, pierden la fe y le dan la espalda la Señor. No es el alimento material el que debemos buscar, sino el que permanece por siempre, hasta la Vida Eterna.

Hasta aquí las multitudes, y sobre todo los que los guiaban, no tienen dificultad mayor en admitir lo que Jesús les dice, principalmente por la misma incomprensión del hondo pensamiento de Jesús. Por eso, no tienen inconveniente en admitir, como lo vieron en la multiplicación de los panes, que Jesús esté sellado por Dios para que enseñe ese verdadero y misterioso pan que les anuncia, y que es alimento que permanece hasta la vida eterna.


Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.»
De ahí el preguntar qué - Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios - es decir, para que Dios les retribuya con ese alimento maravilloso. Piensan, seguramente, que puedan ser determinadas formas de sacrificios, oraciones, ayunos, limosnas, que eran las grandes prácticas religiosas judías.

Pero la respuesta de Jesús es de otro tipo y terminante. En esta hora mesiánica es que - Jesús les respondió: - La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado - Fe que, en San Juan, es con obras (San Juan 2:21; cf. San Juan 13:34). La multitud comprendió muy bien que en estas palabras de Jesús no sólo se exigía reconocerle por legado de Dios, sino la plena entrega al mismo.

Esto es lo que nos dice con mucha claridad Jesús, no está Dios para servir al hombre, al contrario, el hombre esta para servir a Dios. Dios atiende nuestras plegarias y necesidades, todo esto por el gran amor que les tiene a los hombres, pero debemos estar siempre dispuestos a servirle, haciendo su voluntad, viviendo una vida y una conducta agradable a Dios, y a El le dejamos su misericordioso auxilio.

Jesús, le dijo a Catalina de Siena: Tu preocúpate de Mi, Yo me preocupare de tí y de tus cosas

Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
La gente preguntó a Jesús: "¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti?, Los que le preguntaban esto a Jesús, aún no están convencidos, en el capitulo anterior de este evangelio, había comentado que las gentes estaban impresionadas, maravilladas con Jesús, el milagro que él hizo multiplicando los panes fue extraordinario, entonces no querían separarse de El. Sin embargo, estos que preguntan vienen, por una lógica insolente, a pedirle un nuevo milagro, y preguntan casi despectivamente: ¿Qué obra realizas?

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.»
En ellos, esta presente el hecho del Éxodo. El desierto, la multiplicación de los panes en él, contra el que evocará la multitud el maná y dicen a Jesús: Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo. La murmuración de estos judíos contra Jesús, como Israel en el desierto, y, por último, la Pascua próxima, es un nuevo vínculo al Israel en el desierto. Ya el solo hecho de destacarse así a Jesucristo es un modo de superponer planos para indicar con ello, una vez más, la presentación de Jesús como nuevo Moisés: Mesías.

Jesús les respondió: «En verdad, en verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo; es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo;
Los judíos exigían fácilmente el milagro como garantía. La multiplicación de los panes les evocaba fácilmente, máxime en aquel lugar desierto en el que habían querido proclamarle Rey-Mesías, el milagro del maná. Y esto es a lo que aluden y alegan. Los padres en el desierto comieron el maná (Ex 16:4ss). La cita, tal como está aquí, evocaba, sobre todo, el relato del maná, pero magnificado en el Salterio, en el que se le llama pan del cielo (Sal 105:40; Neh 9:15; Sal 16:20). La cita era insidiosa. Pues era decirle: Si Moisés dio el maná cuarenta años, y que era pan del cielo, y a una multitud inmensamente mayor, pues era todo el pueblo sacado de Egipto, y, a pesar de todo, no se presentó con las exigencias de entrega a él, como tú te presentas, ¿cómo nos vamos a entregar a ti? Por lo que le dicen que si tiene tal presunción, lo pruebe con un milagro proporcionado.

Estaba en el ambiente que en los días mesiánicos se renovarían los prodigios del Éxodo (Miq 7:15). El Apocalipsis apócrifo de Baruc dice: “En aquel tiempo descenderá nuevamente de arriba el tesoro del maná, y comerán de él aquellos años.” Y el rabino Berakhah decía, en síntesis, “El primer redentor (Moisés) hizo descender el maná. E igualmente el último redentor (el Mesías) hará descender el maná.”

Si el Mesías había de renovar los prodigios del Éxodo, no pasaría con ello de ser otro Moisés. ¿Por quién se tenía a Jesús? ¿Qué señal tenía que hacer para probar su pretensión? Pero la respuesta de Jesús desbarata esta argumentación, entonces respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo. Jesús es muy claro con ellos, así se los hace ver.

En primer lugar, no fue Moisés el que dio el maná, puesto que Moisés no era más que un instrumento de Dios, así Jesús les dice: mi Padre les da el verdadero pan del cielo porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo. Es decir, aquel pan venía de otra realidad y no era el pan verdadero, porque sólo alimentaba la vida temporal; pero el verdadero pan es el que da la vida eterna; ni el maná tenía universalidad: sólo alimentaba a aquel grupo de israelitas en el desierto, mientras que el pan verdadero es el que desciende del cielo y da la vida al mundo.

porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.»
Si directamente alude a la naturaleza del verdadero pan del cielo, no está al margen de él su identificación con Jesús. Si la naturaleza del verdadero pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo, entonces es Jesucristo el que se identificará luego, explícitamente, con este pan. Los judíos, impresionados o sorprendidos por esta respuesta, tan categórica y precisa, pero interpretada por ellos en sentido de su provecho material, le piden que él les de siempre de ese pan, como la Samaritana (Jn 4,15).

Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»
Es así como ellos le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les respondió: Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".

Probablemente vuelve a ellos el pensamiento de que Cristo es el Mesías, y esperan de El nuevos prodigios. Pero ignoran en qué consistan, y no rebasan la esperanza de un provecho material. Pero ese pan, que aún no habían discernido lo que fuera, se les revela de pronto: Yo soy el pan de vida

Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
www.lectionary.org/exegesis: La multitud no comprendió cuando Jesús habló del “pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (v. 33), entonces, Jesús clarifica su significado.  “Yo soy el pan de vida,” él dice (v. 35a).

Ésta es la primera de una serie de declaraciones de “YO SOY” (griego: ego eimi) en este Evangelio, que nos recuerdan al cuento del arbusto en llamas.  Cuando Moisés le preguntó a Dios su nombre, Dios contestó, “Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado” (Éxodo 3:14).  “Yo soy,” claro, puede ser simplemente identificación propia, pero en el Evangelio de Juan claramente significa más.  Las declaraciones de “YO SOY” son:

- “Ego eimi, que hablo contigo” (4:26).
- “Ego eimi el pan de vida” (6:35)
- “Ego eimi el pan vivo” (6:51).
- “Ego eimi la luz del mundo” (8:12; 9:5). 
- “Antes que Abraham fuese, Ego eimi” (8:58).
- “Ego eimi la puerta de las ovejas” (10:7).
- “Ego eimi la puerta” (10:9).
- “Ego eimi el buen pastor” (10:11).
- “Ego eimi la resurrección y la vida” (11:25).
- “Ego eimi el camino, la verdad, y la vida” (14:6).
- “Ego eimi la vid verdadera” (15:1).

“Las frases ‘Yo soy’ forman la base del lenguaje de auto-revelación de Jesús en el Cuarto Evangelio…  A través de estos símbolos comunes, Jesús declara que las necesidades religiosas y los deseos humanos se cumplen en él” (O´Day, 601).


Nosotros estamos con hambre de verdad, sed de felicidad. Jesús, hace que estas aspiraciones sean verdaderas. En efecto, solo en Jesucristo podremos saciar esta hambre, solo con El podremos calmar nuestra sed. Jesús no solo nos entrega la verdad, el mismo es la Verdad del Padre. Entonces si nuestro corazón busca con desesperación la verdad y la felicidad, no la busquemos en otro lugar más que en Jesús.

San Agustín, escribió: “Señor, nos hiciste para ti y nuestro corazón esta inquieto y sin sosiego, mientras no descasa en TI”


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BREVE REFLEXIÓN

Fruto: Buscar en mi vida el alimento que verdaderamente sacia el alma.

Pautas para la reflexión:Jesucristo nos muestra que por encima del hambre y sed de satisfacción, está el alimento que nutre el alma, lo que realmente sustenta nuestras vidas y nos fortalece contra cualquier desorden, tentación, alejamiento de la verdad.

1. La necesidad del alimentoPocos versículos antes, san Juan ha narrado el pasaje de la multiplicación de los panes: Jesucristo ha predicado ampliamente a la multitud, y después, consciente de las necesidades humanas del hombre, les ha alimentado abundantemente. Tanto pan les ha dado, querecogieron las sobras y llenaron 12 cestos. Necesitamos alimentarnos, y nos duele ver a tantos niños malnutridos, que pasan hambre, incluso en nuestra misma ciudad. La Iglesia se preocupa por satisfacer esta necesidad. Son muchas las personas que colaboran con diversas organizaciones y apostolados que realizan obras de caridad cristiana y acción social. Pero no hemos de perder de vista que, incluso en esa labor humanitaria, el hambre del hombre va más allá.

2. El alimento duraderoJesucristo, en el Evangelio, nos recuerda esta realidad: el cuerpo necesita alimentarse, pero con más razón, el alma tiene necesidad de alimento. Somos cuerpo y alma, y si no estamos plenamente desarrollados si no hacemos crecer ambas cosas... En lo físico, las dos piernas del hombre crecen a la vez; ¡Pobre hombre, aquel que tuviese una pierna de 60 centímetros y otra de 40! Del mismo modo, nuestra alma ha de crecer, igual que se desarrolla nuestro cuerpo. Pero, ¿qué alimento le podemos dar? Jesucristo nos responde: el pan de Dios que es el que baja del cielo y da la vida al mundo, o sea, Él mismo. Nuestra alma se desarrolla y crece cuando recibimos a Cristo en la comunión, cuando le dejamos entrar en un rato de oración, cuando le acogemos amando a nuestros hermanos, cuando somos testigos alegres de un cristianismo vivido con amor y generosidad.

3. Señor, dame siempre de ese panEl Evangelio concluye con una hermosa petición: Señor, danos siempre de ese pan. El alimento para el alma tiene dos componentes: es fruto de nuestro trabajo, de nuestra búsqueda, de nuestra ascesis personal, pero también es una gracia de Dios, un don que hemos de pedirle todos los días. Señor, dame tu gracia, alimenta mi alma y mi corazón, hazme crecer en el amor a ti y a los demás. Como dice el clásico refrán español, A Dios rogando y con el mazo dando.

Propósito: Pediré a Dios, en unos momentos de oración al inicio del día: Señor alimenta mi alma con tu gracia.



DÉCIMO SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"

Primera lectura: 2 Reyes 4, 42-44
Salmo ; Salmo 144, 10-11.15-18
Segunda lectura: Efesios 4, 1-6
Evangelio: Juan 6, 1-15



Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades.
La tradición cristiana de Palestina considera que la otra orilla del lago, no es el lado oriental, sino la otra orilla de un golfo existente en la  misma orilla (Tabga). 
y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos.
La experiencia permite observar el deseo del ser humano por permanecer sano, por alcanzar la sanidad, por liberarse y protegerse de la enfermedad. Si hablamos en dos sentidos, decimos que el ser humano anhela la salud física y espiritual. Y en Jesús encuentran la satisfacción, la esperanza de dicho deseo. El texto hace pensar que seguía a Jesús por un interés, no por su persona y mensaje. Aunque no negaremos que muchas personas empiezan por un interés, pero luego Jesús se vale de ello cautivandolos  para ir en pos de Él. 

Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos.
Indica tomar una postura de descanso y al mismo tiempo, de enseñanza y convivencia fraterna. 

Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?» Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.» Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos 5.000.
La proximidad de la Pascua, subrayada con referencia a la mucha hierva (v. 10), es una llave para el lector descubrir en el milagro de la multiplicación del pan, la figura de la Pascua cristiana y de la institución de la Eucaristía. 

Nuestro Señor aprovecha una situación para transmitir una enseñanza. Partiendo de la realidad (mucha gente venía hacia Él), hace analizar a sus discípulos sobre la solución para darles de comer, para prestar una atención y acción pastoral con la gente. Felipe observando la cantidad de personas, no ve ningún medio de solución; Andrés observa la realidad, y propone unos medios existentes, aunque muy limitados para la solución. El Señor después de escucharles, no les corrige, sino que procede de inmediato a la acción y así darles claridad a sus análisis. Por supuesto, Jesús no "obró a la loca o a lo que salga", pues dice el versículo 6 que Jesús sabía bien lo iba a hacer. Aparte de la confianza plena en su Padre Dios, analizaba y ordenaba su proceder pastoral partiendo de la realidad a trabajar. Qué lección para los que actúan desordena y cómodamente, despreciando y criticando el diagnostico y planificación pastoral ¡Muchas paja! -dicen. 

Siempre que escuchó este pasaje evangélico, en concreto, sobre la presencia de 5, 000 hombres, me pongo a pensar que cuantas personas habrían en realidad, es decir, contando mujeres y niños, quienes seguramente estaban juntos a los hombres, teniendo presente que la mentalidad anti-natalista sistemática no existía. El imaginarse la cantidad ayuda a potenciar la alabanza a Dios Omnipotente, pues solo se contaba con 5 panes y 2 peces, lo cual para alimentar 5 mil hombres era inaudito, no digamos el doble o triple de personas. 

Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.». Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
El propio relato del milagro (v. 11) está hecho con palabras usadas por los Sinópticos y por Pablo para relatar la misma institución y sirve para introducir el discurso del pan del Cielo a continuación. Ver: Mateo 26, 17.26; Marcos 14, 1.22-26. Lucas 22, 20; 1 Corintios 11, 23-25.

Con 5 peces y 2 panes, Jesús da de comer a una gran cantidad de personas. El confiaba en su Padre Dios y en sí mismo. Con los medios existentes, Jesús se pone manos a la obra, poniéndolos en las manos de su Padre, da solución al reto presentado y hasta hay para más. Lo mismo se nos pide a nosotros los cristianos: con los medios personales, comunitarios, con las cualidades que poseemos, ponerlas al servicio de Dios, hacer su voluntad y de lo demás El se encargará.

Por otra parte, aprendamos de Jesús a ser sensibles, solidarios, generosos con los medios que poseamos (limitados o abundantes), con las personas en sus necesidades. "La Eucaristía es escuela de caridad y solidaridad. Quien se alimenta del Pan de Cristo no puede permanecer indiferente ante quienes, también en nuestros días, carecen del pan de cada día. Muchos padres de familia a duras penas logran conseguirlo para sí y para sus hijos. Es un problema cada vez más urgente, que la comunidad internacional no logra resolver del todo. La Iglesia no sólo reza: "danos hoy nuestro pan de cada día", sino que, siguiendo el ejemplo de su Señor, se compromete de todos los modos posibles a "multiplicar los cinco panes y los dos peces" con innumerables iniciativas de promoción humana y de comunión, para que a nadie le falte lo necesario para vivir" (Benedicto XVI, 25 de mayo de 2008).

Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.» Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.
La gente es heredera de la esperanza judía a través de los siglos, sobre el profeta que algún día llegaría al mundo, y dicen "este es verdaderamente" , porque reconocían como profetas de Dios a los anteriores, pero no como El Profeta , el Mesías, El Salvador. En el Antiguo Testamento están presenten las profecías que identifican a Jesús como el Único y Autentico Mesías (sugiero que vean este enlace: http://www.mgr.org/ChristTheMessiahEsp.html). 

Jesús no buscó glorias humanas, sino solamente la mayor gloria de Dios. No estaba interesado en administrar reinos o gobiernos socio-políticos humanos, lo cual algunos miembros que se llaman cristianos no han entendido aún. La gente llevada por la emoción, los milagros y la novedad observada en "ese hombre", quieren proclamarle rey, el rey del pueblo. Por supuesto ya había un rey en Israel, por tanto, si Jesús aceptaba ser rey, tenía por ley que destronar al adversario romano que gobernaba a su gente. Jesús vino a servir y a instaurar el Reino de Dios, diverso de las pretensiones meramente humanas.

DÉCIMO SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"

Primera lectura: Jeremías 23, 1-6
Salmo 22
Segunda lectura: Efesios 2, 13-18
Evangelio: Marcos 6, 30-34




En aquel tiempo, los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

En el evangelio proclamado el domingo anterior, se observaba que Jesús hace un intermedio en la formación de sus apóstoles, y este intermedio consistió en enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos e instruidos con indicaciones concretas. 

Mientras que en el evangelio proclamado en este día, se narra el regreso de los apóstoles en torno a Jesús, los cuales le pusieron de manifiesto lo hecho y enseñado en esa misión. Los apóstoles experimentaron la alegría de proclamar el Reino de Dios entre las gentes, de ir con la presencia y poder de Dios, concedido por Jesucristo. Esto les ayuda a comprender en una primera etapa en que consiste el seguimiento de Jesús. También podríamos decir que Jesús hace una especie de evaluación.

Apóstoles (enviados). Solo aquí, en Marcos, se da este nombre a los Doce.

Entonces él les dijo: "Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco". Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer. 

Cada uno de los apóstoles después de compartir con Jesús y el grupo de los Doce dicha experiencia misionera, son invitados por el mismo Señor a que le sigan a un lugar solitario, fuera del bullicio y el movimiento diario, para tomar un descanso. Jesús valora el silencio y el descanso en un lugar adecuado para ello. Jesús educa a sus apóstoles en el silencio y en el descanso. Jesús como buen conocedor de la persona humana, un pastor y maestro auténtico, sabe lo que ellos necesitan después de la labor encomendada y les brinda esa disciplina. Por eso los sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos, seres humanos todos, debemos tomar un descanso, un espacio, con la intención de ordenar ideas y tomar nuevas fuerzas para continuar la labor. "Creemos que tenemos que estar todo el tiempo produciendo, o que no podemos dejar ni un segundo nuestras responsabilidades ni tareas, aunque es necesario que hagamos lo que podemos con lo que tenemos, si solamente puedes dedicarte cinco minutos entonces haz que valgan la pena" (Mariana Alvez, psicología del descanso).

Ahora, sobre el descanso del día domingo para todo cristiano: "Por otra parte, la relación entre el día del Señor y el día de descanso en la sociedad civil tiene una importancia y un significado que están más allá de la perspectiva propiamente cristiana. En efecto, la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo, como se deduce del pasaje de la creación en el Libro del Génesis (cf. 2,2-3; Ex 20,8-11): el descanso es una cosa « sagrada », siendo para el hombre la condición para liberarse de la serie, a veces excesivamente absorbente, de los compromisos terrenos y tomar conciencia de que todo es obra de Dios. El poder prodigioso que Dios da al hombre sobre la creación correría el peligro de hacerle olvidar que Dios es el Creador, del cual depende todo. En nuestra época es mucho más urgente este reconocimiento, pues la ciencia y la técnica han extendido increíblemente el poder que el hombre ejerce por medio de su trabajo.

Es preciso, pues, no perder de vista que, incluso en nuestros días, el trabajo es para muchos una dura servidumbre, ya sea por las miserables condiciones en que se realiza y por los horarios que impone, especialmente en las regiones más pobres del mundo, ya sea porque subsisten, en las mismas sociedades más desarrolladas económicamente, demasiados casos de injusticia y de abuso del hombre por parte del hombre mismo. Cuando la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha legislado sobre el descanso dominical, ha considerado sobre todo el trabajo de los siervos y de los obreros, no porque fuera un trabajo menos digno respecto a las exigencias espirituales de la práctica dominical, sino porque era el más necesitado de una legislación que lo hiciera más llevadero y permitiera a todos santificar el día del Señor. A este respecto, mi predecesor León XIII en la Encíclica Rerum novarum presentaba el descanso festivo como un derecho del trabajador que el Estado debe garantizar" (Juan Pablo II, Dies Domini, nn. 65-66). 

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. 

Las personas no vislumbraban la necesidad de descanso para Jesús y los Apóstoles, a saber si eran conscientes del trabajo realizado por ellos. Aunque las personas muchas veces no piensan en el otro, si no en resolver su problema, piensan solo en si mismas, no importa la situación del otra; también, se da el caso de que quieren aprovechar la oportunidad. Las personas posiblemente no consideraban la parte de estos hombres, que posiblemente los consideraban como seres espirituales con apariencia carnal. Si lo vemos con la óptica de nuestro tiempo, diríamos que esa gente fue imprudente, inhumana, sofocante, y hasta quizá egoísta. 

Cuando Jesús desembarcó. vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. 

La solicitud de Jesús por el reposo de los Apóstoles es superada por la piedad que le inspira aquella multitud, que Marcos compara a la imagen bíblica de las ovejas sin pastor (Isaías 53, 6; Ezequiel 34, 5-6; Zacarías 11, 15-17; Mateo 9, 36; Lucas 15, 3-7). Jesús es presentado aquí como pastor mesiánico. (Ezequiel 34, 23-24; 37, 24), semejante a Moisés o a David (Números 27, 15-17; Samuel 77, 21; 78, 70-72), encarnando al propio Dios-pastor, el Buen Pastor (Samuel 23, 1; 74, 1; 78, 52-53; 80, 2; Ezequiel 34, 11-15; Zacarias 11, 4. 15-17; Mateo 18, 12-14; Lucas 15, 3-7; Juan 10, 11-18). Es el quien les da el verdadero alimento. 

De aquí todos los cristianos debemos sacar una poderosa enseñanza, la cual debe convertirse en actitud perenne, pero de una manera particular pienso más en nosotros los sacerdotes, los cuales hemos sido configurados con Jesucristo el Buen Pastor. ¿Cuál enseñanza y actitud? Jesús en su plan pedagógico y disciplinar, tenía ya proyectado el descanso para sus apóstoles y en su compañía, pero aparecen inesperadamente para ellos una multitud de personas. No habían sacado cita ni anunciado su llegada, y teniendo en cuenta que era una muchedumbre. ¿Según una visión del mundo como hubiera actuado Jesús? Primeramente enojándose, diciendo malas palabras, maldiciendo, mandando a sus apóstoles a que "manden a volar" a la gente, gritándoles que son un groseros porque no les dan respiro, les hubiera dado la espalda o se se hubiera escondido, etc... Pero Jesús toma una decisión rápida pero libre: compadecerse y luego atenderlos con la enseñanza. Observemos que lo hizo él no los apóstoles, los considera a ellos y él se echa en sus hombros la atención de la gente. Pienso en los párrocos que mandan pero se ponen al mismo nivel de trabajo con el vicario o cubre lo que el vicario ya no puede. Tristemente, se ha traicionado en muchos esta enseñanza y actitud evangélica...

Todos los cristianos (por el bautismo participamos del pastoreo de Jesucristo, de acuerdo a la vocación particular) debemos estar dispuestos, compadecernos, atender aunque nos afecte nuestro tiempo y organización (peor si es solo placentera), a la persona necesitada de Dios, a la persona que anda sin sentido por la vida, a la persona sin esperanza. 



DÉCIMO QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"
Primera lectura: Amós 7, 12-15
Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14
Segunda lectura: Efesios 1. 3-14
Evangelio: Marcos 6, 7-13


En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.
Si nos basamos en el Evangelio de san Marcos, en los capítulos 1 y 2 se encuentra la elección de los Doce (coloquemos como término Marcos 2, 13-17). A partir de ahí, Jesús realiza su misión pero acompañado de los Doce. Por tanto, veo que se da un paréntesis en la formación de los Apóstoles: Jesús les da una enseñanza básica sustancial, y luego los "llama", los convoca para que tengan la primera experiencia como enviados suyos. En el capitulo 6, 30 se narra el regreso de los Apóstoles alrededor de Jesús. 

Van de dos en dos. Según la costumbre judaica, para ayudarse y apoyarse mutuamente. Puede pensarse también  en la práctica jurídica de los dos testimonios - necesarios y bastantes para resolver una cuestión (Deuteronomio 19, 15; Mateo 18, 16) - que Jesús aquí  pondría  al servicio de la credibilidad del Evangelio. 

Es claro que Jesús les da autoridad, potestad, para estar sobre los espíritus inmundos, un poder que solo Dios posee. Si hacemos una interpretación espiritual o hasta amplía, podríamos decir que Jesús les da autoridad para expulsar el mal que atormenta al ser humano. 

Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Las divergencias que esta narrativa de Marcos mantiene con Mateo 10, 9-10 y Lucas 9, 3, pueden explicarse como siendo dos formulaciones de las orientaciones del Señor, cuyo sentido nuclear se centra en la renuncia y disponibilidad del misionero. 

Quédense en la casa donde entren, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si un lugar no los recibe ni los escucha, al marcharse sacudanse el polvo de los pies, para probar su culpa. 
Jesús conoce el corazón de las personas, sabe que en el corazón humano habita tanto el rechazo como la acogida. ·"El ser humano posee en su interior un espacio relacional con el Creador" (Cf. Amadeo Cencini). Por tanto, habrán personas que acogerán en su casa, entre su familia a quien les lleve a Dios. 

Sacudir el polvo. Los judíos practicaban este ritual cuando regresaban de territorio pagano. Al no aceptar la Buena Nueva, entonces los judíos son considerados paganos. Sobre este gesto tenemos Nehemías 5, 13: "Además sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío". También confrontar Mateo 10, 14 y Lucas 9, 5. 

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
En este versículo, se explica que hicieron los Doce en su primera experiencia de enviados del Señor. 

"En el Nuevo Testamento, se exige la conversión como decisión fundamental a aquellos a quienes se dirige la predicación del reino de Dios: "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1,15; cf. Mt 4,17). Con estas palabras Jesús inicia su ministerio, anuncia el cumplimiento de los tiempos y la inminencia del reino. Este "convertíos" (en griego: "metanoéite") es un llamamiento a cambiar de manera de pensar y de comportarse" (Juan Pablo II, Catequesis sobre el Sacramento de la Reconciliación). "La Iglesia, haciendo suya la llamada allí contenida, comprende, siguiendo las huellas del Señor, su misión de trabajar por la conversión de los corazones y por la reconciliación de los hombres con Dios y entre sí, dos realidades íntimamente unidas" (Juan Pablo II, Reconciliatio et Paenitentia n. 6).

Ungía con oleo. la unción con aceite -referida apenas por Marcos- en el contexto de la misión, aparece como símbolo del poder milagroso de Jesús. En el A.T., la unción es señal de la consagración a Dios -sobretodo del rey y del Sumo Sacerdote (cf. 1 Samuel 9, 16; 2 Samuel 2, 24; Isaias 45, 1; Ezequiel 34, 23-24).  En Lucas 10, 34, al contrario, tiene sentido claramente medicinal. La teología católica verá en esta práctica una  prefiguración del sacramento de la Unción de los enfermos (Santiago 5, 14-15).


DÉCIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"
Primera lectura: Ezequiel 2, 2-5.
Salmo 122, 1-4.
Segunda lectura: 2 Corintios 12, 7-10.
Evangelio: Marcos 6, 1-6.

"TODOS HONRAN A UN PROFETA, 
MENOS EN SU PATRIA"
(Marcos 6, 4)

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. 
En el Evangelio proclamado el domingo XIII del Tiempo Ordinario, se nos narra que Jesús se trasladó al otro lado del lago, antes de ello, predicó e hizo milagros en Decapolis (Mc 5, 20). Ahora se nos narra que vuelve a su tierra: Nazaret. 

Llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. 
Los letrados y rabinos enseñaban en Israel por oficio. Y su oficio era comentar la Ley y las tradiciones de los mayores, leer lo que estaba escrito y repetir lo que ellos habían aprendido antes en las escuelas, administrar las verdades y creencias adquiridas, lo que siempre se había dicho. El Señor Jesús era tenido como maestro por el pueblo (Mt 8,19). Con la autoridad  enraizada conscientemente en su identidad, ingresa a la sinagoga donde enseñan los maestros autorizados, y ejerce el mismo ministerio de ellos, aunque el efecto producido en los oyentes es novedoso, por ello provoca asombro.

Los numerosos oyentes se llenaron de admiración y decían: ¿De dónde le viene todo esto?¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?
Entre la gente de su tierra se suscita de una manera paulatina, una serie de ciertos silogismos, un análisis  "in crescendo" en búsqueda de la respuesta a la admiración comunitaria. Este análisis nos ayuda a fortalecer el Jesús histórico, realmente hablaba y hacia cosas fuera de lo común, pero enfocadas al bien integral de la persona. 

¿Qué no éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?
"Carpintero, es según el término del original griego (tekton), el operario que trabaja la madera, la piedra y el metal, en fin, todos los materiales de construcción. Se diría que Jesús, en continuación de José, era el artífice cualificado de la tierra (el nombre es precedido del articulo). El hijo de María. Los israelitas no designaban un hijo con el nombre de la madre, ni aunque fuera después de la muerte del padre. Siendo así, el identificativo "el hijo de María", en la boca de aquella gente, conocedora tal vez del problema de José (cf. Mt 1, 18-25. 19)., puede ser calumnia. En Marcos y en la tradición  evangélica en general, la expresión tiene sentido teológico: apunta a la concepción virginal. Hermanos de Jesús. Aún hoy como en la antigüedad, el término "hermano" no solo significa aquel que lo es en el sentido corriente, sino también es aplicable a otro pariente más o menos cercano (cf. Gen 13, 8; Lv 10, 4; Mt 12, 46). Jesús es "el hijo" (el articulo figura en el texto original), el hijo único de María. Estos "hermanos y hermanas" de Jesús (de ellas apenas se habla aquí) son por tanto, sus parientes de parte de María y/o José. La fe en Jesucristo, por la cual se entra en comunión de vida con la Santísima Trinidad, dará al término "hermano/hermana", su sentido más genuino: hermanos son los cristianos, los discípulos de Cristo (cf. Mc 3, 31-35; Mt 12, 47-50; Lc 11, 27-28; Jn 2, 4; Hch 1, 15)" (Biblia Sagrada, Franciscanos Capuchinos, Lisboa). 

Y estaban desconcertados. Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su patria, sus parientes y los de su casa" 
Jesús no escapa a la ley psicológica del rechazo, confirmada por la experiencia. Si uno se pregunta el motivo del rechazo, podríamos citar algunas causas: por falta de fe de las personas (en contraposición al Evangelio del Domingo XIII), las cuales aceptaban admiradas su sabiduría y poder; el no trascender de lo humano a lo divino; el conocer a Jesús y a su familia desde pequeño, etc. A todos nos sucede lo mismo, solo que en distintos niveles: internacional, nacional, local, familiar, eclesial, clerical...

Ahora, haciendo alusión a Monseñor Romero, en El Salvador está claro que tanto a nivel eclesial como civil, hay seguimiento y rechazo. En el momento histórico en el cual él se pronunció y actuó, no encontró la apertura en los salvadoreños de élite, para dejarse transformar por la riqueza del evangelio. La soberbia y los intereses mezquinos se oponen a la  escucha de la Palabra de Salvación (cf. Verbum Domini, n. 26). Fuera de nuestro país Monseñor Romero es muy valorado, lo cual suscita hasta escándalo en ellos cuando escuchan el rechazo de sus propios connacionales. Por supuesto, las nuevas generaciones no fuimos contemporáneos a Monseñor Oscar Arnulfo, pero el afán de conocerlo nos lleva a investigar su  ministerio, produciendo admiración, respeto y coraje para avanzar en la misión encomendada. 
Solo por citar un sencillo recuerdo: cuando participé en el Curso Internacional para Formadores de los Seminarios (Leggiuno), cada padre pasaba al frente a presentarse, teniendo como fondo una proyección sobre datos muy básicos de su país de origen. Cuando el padre Eduardo y su servidor pasamos al frente y en la proyección aparecía que eramos de El Salvador, los padres de diferentes nacionalidades empezaron a decir: "Monseñor Romero", "el país de Monseñor", "el país del gran mártir", luego surgieron los aplausos por la figura de él. 

"Y no pudo hacer allí ningún milagro, solo curó a algunos enfermos imponiendoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar a los pueblos vecinos". 
Por supuesto el rechazo no es absoluto, porque aunque muy pocos enfermos se sanaron, eso es señal que había gente con fe. Al igual que en nuestro país, no hay un rechazo absoluto a Monseñor Romero, más aún, despacio va creciendo la devoción en torno a él. Jesús posiblemente esperaba una gran acogida de parte de su gente, por el bien realizado en otras partes y cuya información llegaba a los oídos de los nazarenos. Al final, sigue su recorrido ofreciendo la Buena Nueva a quien lo deseara. 

ALGUNAS APLICACIONES:
- Pidiendo la asistencia del Espíritu Santo, ir más allá de lo humano, ya sea aplicado a Cristo como a una persona.
- Dejar a un lado la soberbia, el ego, el excesivo análisis, y aprender a ver también con ojos de fe.
 - No desanimarse ante el rechazo, en concreto, en lo referente a la proclamación de la Palabra de Dios y presentación testimonial ante los demás.
- Llevar a cabo la misión encomendada por Dios y la asimilación consciente de su voluntad.

DÉCIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"


EL REINO DE DIOS:
ELECCIÓN DE LO PEQUEÑO CON VISTAS A SER GRANDE

El lunes 28 de mayo de 2012 se reanudó el tiempo ordinario (semana VIII), pero los domingos sucesivos han estado marcados por dos solemnidades (Santísima Trinidad y Corpus Christi), ahora, décimo primer domingo del tiempo ordinario, se medita en si las lecturas correspondientes a este amplio tiempo litúrgico. 

San Marcos 4, 26-34

«También decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega".

Decía también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra". Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado».


En dicho texto evangelico, Jesús explica el misterio del Reino de Dios mediante dos parábolas: el Reino de Dios es como un grano de trigo echado en la tierra, que brota y crece hasta que, sin saber cómo, llega a ser trigo abun­dante; el Reino de Dios es como un grano de mostaza, que siendo la más pequeña de las semillas, crece hasta hacerse la mayor de las hortalizas, de modo que las aves del cielo anidan en sus ramas.


En Tierra Santa crecen varios tipos de plantas de mostaza, ya sea silvestres como la mostaza de campo,Sinapis arvensis, y la mostaza blanca, S. alba, o cultivadas, como la mostaza negra (ajenabe), S. nigra, de las cuales esta última parece ser la mencionada en el Evangelio. Nuestro Señor compara el Reino de Dios a un grano de mostaza , un término familiar para denotar la cosa más pequeña posible (cf. Talmud Jerus. Peah, 7; T. Babyl. Kethub., III B), "que tomó un hombre y la sembró en su campo" y que "cuando crece es mayor que las hortalizas". El árbol de mostaza en Palestina alcanza una altura de diez pies (3.5 metros) y es el refugio favorito de jilgueros y pinzones.

Las parábolas del trigo que crece indefectiblemente y del grano de mostaza que crece hasta un árbol magnífico, destacan el crecimiento del Reino de Dios en el mundo. Jesús extiende su mirada hacia el futuro y ve que, a pesar de la modestia de los orígenes, la Iglesia crecerá y llenará el mundo (con 12 humildes y sencillos apóstoles, y otros seguidores, pero con apertura y disponibilidad al servicio del Reino de Dios). Sólo dentro de la Iglesia de Cristo tenemos expe­riencia del Reino de Dios.

Si nos preguntamos: ¿Qué es el Reino de Dios?, el Beato Juan Pablo II nos lo responde en su Encíclica "Redemptoris Missio": «El Reino de Dios no es un concepto, no es una doctrina, no es un programa sujeto a libre elaboración; el Reino de Dios es ante todo una persona, que tiene el rostro y el nombre de Jesús de Nazaret, imagen del Dios invisible» (n. 18) Por eso es que se puede encontrar sólo dentro de la Iglesia. Es que «la luz de los pueblos, que es Cristo, resplan­dece sobre la faz de la Iglesia», como leemos en la Lumen Gentium.

Las parábolas del crecimiento del Reino de Dios deberían ser suficientes para comprender que Jesucristo es el Señor de la historia. No es necesario tener fe para entender que aquí hay una auténtica profecía, demos una panorámica sobre el Reino de Dios en la historia humana y para mayor convicción, por supuesto se puede hacer un razonamiento en torno a ello. Esta ense­ñanza fue propuesta por Jesús alrededor del año 30 de nuestra era y fue registrada por escrito en el Evangelio de San Marcos no después del año 70 (en realidad, mucho an­tes). A la luz del desarrollo posterior y de la situación actual del cristianismo en el mundo, cualquier persona inteligente debe reconocer que Jesús fue de una clarivi­dencia extraordinaria. Él anunció este desarrollo de su Iglesia cuando nada hacía preverlo y cuando nadie lo habría imaginado. Al contrario, todo hacía suponer que ese movimiento había sido sofocado con la muerte de Jesús en la cruz, más aún, las autoridades judías intentaron terminar con esa realidad antes sus ojos (Mateo 20, 11-15). 

En fin, considero las palabras del  rabino Gamaliel como el criterio objetivo a seguir. En un momento en que los seguidores de Jesús eran un minúsculo grupo, aconsejó al tribunal judío: «'Desentendeos de estos hombres y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destrui­rá; pero si es de Dios, no conseguiréis destruirlos. No sea que os encontréis luchando contra Dios'. Todos aceptaron su parecer» (Hch 5,38-39). La historia ha registrado numero­sos episodios de persecución; pero no han conseguido destruir la Iglesia. Incluso, Benedicto XVI ha dicho que los enemigos de la Iglesia están dentro de Ella., u aun así el proyecto del Reino sigue adelante. Realmente, hay pruebas, datos, circunstancias, acontecimientos que conducen a una afirmación sensata sobre la Iglesia como obra de Dios. Hasta parece terquedad el estar contradiciendo algo tan evidente. 

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL:

- Como cristiano, ¿estás esforzándote secundado por la gracia divina para que el Reino de Dios se desarrolle en tu interior?

- ¿Estás colaborando por la extensión del Reino de Dios? ¿De qué manera?

-  Si estás trabando en la Iglesia de acuerdo a tu vocación particular, ¿crees que el desarrollo del Reino de Dios es obra de Dios? ¿si ves frutos te entra la tentación de pensar que todo es gracias solo a tu esfuerzo, capacidades o cualidades personales?

- Ante las decepciones provocadas por ciertas situaciones negativas en la Iglesia, ¿dudas de  la veracidad sobre la fundación y desarrollo de dicha institución divina-.humana? 




CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
CICLO "B"

 

Primera lectura: 2 Crónicas 36, 14-16. 19-23.
Salmo 136, 1-6.
Segunda lectura: Efesios 2, 4-10.
Evangelio: Juan 3, 14-21. 



Queridos hermanos y hermanas:

En nuestro itinerario hacia la Pascua, hemos llegado al cuarto domingo de Cuaresma. Es un camino con Jesús a través del «desierto», es decir, un tiempo para escuchar más la voz de Dios y también para desenmascarar las tentaciones que hablan dentro de nosotros. En el horizonte de este desierto se vislumbra la cruz. Jesús sabe que la cruz es el culmen de su misión: en efecto, la cruz de Cristo es la cumbre del amor, que nos da la salvación. Lo dice él mismo en el Evangelio de hoy: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna» (Jn 3, 14-15). Se hace referencia al episodio en el que, durante el éxodo de Egipto, los judíos fueron atacados por serpientes venenosas y muchos murieron; entonces Dios ordenó a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y la pusiera sobre un estandarte: si alguien era mordido por las serpientes, al mirar a la serpiente de bronce, quedaba curado (cf. Nm 21, 4-9). También Jesús será levantado sobre la cruz, para que todo el que se encuentre en peligro de muerte a causa del pecado, dirigiéndose con fe a él, que murió por nosotros, sea salvado. «Porque Dios —escribe san Juan— no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3, 17).

San Agustín comenta: «El médico, en lo que depende de él, viene a curar al enfermo. Si uno no sigue las prescripciones del médico, se perjudica a sí mismo. El Salvador vino al mundo... Si tú no quieres que te salve, te juzgarás a ti mismo» (Sobre el Evangelio de Juan, 12, 12: PL 35, 1190). Así pues, si es infinito el amor misericordioso de Dios, que llegó al punto de dar a su Hijo único como rescate de nuestra vida, también es grande nuestra responsabilidad: cada uno, por tanto, para poder ser curado, debe reconocer que está enfermo; cada uno debe confesar su propio pecado, para que el perdón de Dios, ya dado en la cruz, pueda tener efecto en su corazón y en su vida. Escribe también san Agustín: «Dios condena tus pecados; y si también tú los condenas, te unes a Dios... Cuando comienzas a detestar lo que has hecho, entonces comienzan tus buenas obras, porque condenas tus malas obras. Las buenas obras comienzan con el reconocimiento de las malas obras» (ib., 13: PL 35, 1191). A veces el hombre ama más las tinieblas que la luz, porque está apegado a sus pecados. Sin embargo, la verdadera paz y la verdadera alegría sólo se encuentran abriéndose a la luz y confesando con sinceridad las propias culpas a Dios. Es importante, por tanto, acercarse con frecuencia al sacramento de la Penitencia, especialmente en Cuaresma, para recibir el perdón del Señor e intensificar nuestro camino de conversión.

Queridos amigos, mañana celebraremos la fiesta de san José. Agradezco de corazón a todos aquellos que me recordarán en la oración, en el día de mi onomástico. En especial, os pido que oréis por el viaje apostólico a México y a Cuba, que realizaré a partir del viernes próximo. Encomendémoslo a la intercesión de la santísima Virgen María, tan amada y venerada en estos dos países que me dispongo a visitar.


Benedicto XVI, Ángelus, 2012.


TERCER DOMINGO DE CUARESMA
CICLO "B"



Primera lectura: Éxodo 20, 1-7.
Salmo 18
Segunda lectura: 2ª Corintios 1, 22-25.
Evangelio: Juan 2, 13-25.

“Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas”.

La Pascua judía, es la principal fiesta del Judaísmo, en la cual se conmemora la liberación de Egipto, por el paso del Mar Rojo. Jesús ha estado anteriormente unos días en Cafarnaúm con su madre, sus parientes y sus discípulos, y luego sube a Jerusalén. Al entrar a Jerusalén, se dirige hacia el templo, y encuentra lo que descrito por el evangelio.

“Este es un episodio relatado también por los Sinópticos. Jesús actúa a la manera de los profetas, con acciones simbólicas; su actitud no se destina a castigar transgresores, sino a mostrar su suprema autoridad en la Casa de mi Padre. Más que purificar, venía a substituir el templo de Jerusalén, como lugar de comunicación de Dios. Solo San Juan refiere la expulsión de ovejas y bueyes; los animales de los sacrificios dejan de tener sentido en el nuevo culto, centrado a partir de ahora, en la persona de Jesús” (Franciscanos Capuchinos, Biblia Sagrada, Lisboa). “El gesto de Jesús es un acto de autoridad mesiánica, el cual puede ser entendido o como abolición de los sacrificios del culto antiguo o como protesta contra los abusos de los vendedores del templo” (Ibid).

“El celo de tu casa me devora”.

Los discípulos evocaron el Salmo 69, 10 (El celo de tu casa me consume; los insultos de los que te ultrajan cayeron sobre mi). Este gesto mesiánico anuncia la pasión de Jesús.

Por otra parte, la primera lectura nos dice: “No harás mal uso del nombre del Señor, tu Dios, porque no dejará el Señor sin castigo a quien haga mal uso de su  nombre” (Éxodo 20, 7). El templo es consagrado a Dios, es la casa de Dios, por lo tanto, su Santo Nombre está en juego. Por eso el Hijo amado del Padre, pone orden.

“Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”.

Estas palabras encierran un sentido misterioso que solo la reflexión posterior (v. 22) permitió captar: explican el misterio de la Encarnación, al designar el Cuerpo de Jesús como un templo en que Dios habita (Colosenses 2, 9). Para los enemigos de Jesús, está afirmación era pasible de la pena de muerte (confrontar dos ejemplos: Mc 14, 58; Hechos 6, 14). Sobre el dar la vida en dos días y levantarse al tercero, tenemos como un ejemplo a Mc 8, 31, donde Jesús  va a decir por tres veces, que será por su muerte y resurrección que se manifestará como  el Mesías prometido (Cf. Isaías 52, 13-53, 12).

“Cuarenta y seis años”.

El templo había comenzado a ser reconstruido por Herodes, el grande, en el 19/20 a.C., pero sería inaugurado en el año 60.

Mientras estuvo en Jerusalén para las fiestas de Pascua, muchos creyeron en él, al ver los prodigios que hacia. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que nadie le descubriera lo que es el hombre, porque él sabía lo que hay en el hombre”.

Aquí se puede observar un corte en esta lectura, en primer lugar la actitud de Jesús en el templo y luego su estadía en Jerusalén, la cual aprovechó para hacer el máximo bien posible. ¿Por qué no se fiaba Jesús de esos muchos que creyeron en él? Por los prodigios que veían. ¿Qué pasa con eso? En otros capítulos Jesús interpela a los judíos por exigir signos, al igual como lo hace san Pablo en la segunda lectura de ahora: “Los judíos exigen señales milagrosas… pero nosotros predicamos a Cristo crucificado” (Corintios 1, 22). El señor conoce la psicología del ser humano, sabe que a veces se deja llevar por la novedad, cree por ver algo espectacular o por un sentimiento causado por algo fuera de lo común, Incluso que es vulnerable y por tanto, se manipulado o chantajeado. El Señor es listo, no se deja llevar por la apariencia de los que dicen creer y estar con El. A Jesucristo se le ama, se le sigue por lo que Es, no solo por lo que ofrece, en concreto, por aquello que es de mi interés personal o egoísta.

Hermanos y hermanas, haciendo un paréntesis, tengamos cuidado de que otros nos manipulen, hay personas que conocen la psicología del ser humano, y saben como manejar la masa de persona o de una persona. Ahora en nuestro país El Salvador, es día de elección de alcaldes y diputados, “votar es un derecho y una obligación de todo ciudadano. Abstenerse de votar, sin causas graves para ello, es una grave irresponsabilidad moral y social” (Comunicado de Monseñor Elías Rauda a la Diócesis de San Vicente, n. 7, 31 de enero de 2012). Usando la facultad de la inteligencia que Dios nos ha dado, elijamos libremente a las personas que consideramos harán un buen trabajo, para el bien común de nuestra ciudad y de nuestro departamento de San Vicente. No nos dejemos llevar por los ofrecimientos o por la vasta publicidad, sabiendo por experiencias que muchas cosas prometidas no se cumplirán, sino por la persona a la cual consideramos más confiable, para sacar adelante nuestra sociedad; tengamos en cuenta que ningún candidato es perfecto, pero alguien tiene que gobernar, y con la luz de Dios, elijamos correctamente.



SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
CICLO "B"



Primera lectura: Génesis 22, 1-2. 9-13. 15-18.
Salmo: 115, 10. 15-19.
Segunda lectura: Rm 8, 31-34.
Santo Evangelio: Marcos 9, 2-10.

El domingo anterior,  o sea, el primer domingo del tiempo de la Cuaresma, el evangelio nos presentaba a Jesús en el desierto, el cual venció al demonio y a las tentaciones. Ahora, en cambio, en el evangelio se nos propone el celebre episodio de la transfiguración del Señor, el cambio de figura del Señor.

“En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago, y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia”.
Como el Señor Jesús sabía que ya estaba próximo a su sufrimiento y a su muerte en cruz, quiso que sus discípulos, de modo especial los que tendrían la responsabilidad de guiar a la Iglesia naciente: Pedro, Santiago y Juan, experimentaran directamente su gloria divina, para afrontar el escándalo de la cruz, para que no dudarán que el que iba a morir y a resucitar es el mismo Hijo de Dios, el Mesías esperado por siglos y siglos. En efecto, cuando llegue la hora de la traición y Jesús se retire a rezar a Getsemaní, tomará consigo a los mismos Pedro, Santiago y Juan, pidiéndoles que velen y oren con él (cf. Mt 26, 38). Ellos no lo lograrán, pero la gracia de Cristo los sostendrá y les ayudará a creer en la resurrección.
“Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se le aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús”.

“Quiero subrayar que la Transfiguración de Jesús fue esencialmente una experiencia de oración (cf. Lc 9, 28-29). En efecto, la oración alcanza su culmen, y por tanto se convierte en fuente de luz interior, cuando el espíritu del hombre se adhiere al de Dios y sus voluntades se funden como formando una sola cosa. Cuando Jesús subió al monte, se sumergió en la contemplación del designio de amor del Padre, que lo había mandado al mundo para salvar a la humanidad. Junto a Jesús aparecieron Elías y Moisés (2 grandes profetas del Antiguo Testamento), para significar que las Sagradas Escrituras concordaban en anunciar el misterio de su Pascua, es decir, que Cristo debía sufrir y morir para entrar en su gloria (cf. Lc 24, 26. 46)” (Benedicto XVI, Ángelus 2009). “Jesús resplandece desde el interior, no solo recibe la luz, sino que El mismo es Luz de Luz” (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, p. 362). “Moisés y Elías se convierten ellos mismos en figuras y testimonios de la pasión… Con el Transfigurado hablan de lo que han dicho en la tierra, de la pasión de Jesús; pero mientras hablan de ello con el Transfigurado aparece evidente que esta pasión trae la salvación; que está impregnada de la gloria de Dios, que la pasión se transforma en luz, en libertad y alegría” (Ibid., 363). En aquel momento Jesús vio perfilarse ante él la cruz, el extremo sacrificio necesario para liberarnos del dominio del pecado y de la muerte. Y en su corazón, una vez más, repitió su "Amén". Dijo "sí", "heme aquí", "hágase, oh Padre, tu voluntad de amor". Y, como había sucedido después del bautismo en el Jordán, llegaron del cielo los signos de la complacencia de Dios Padre: la luz, que transfiguró a Cristo, y la voz que lo proclamó "Hijo amado" (Mc 9, 7).

La primera lectura narra que Abraham subió a la cima de un monte  a sacrificar a su único Isaac, por obediencia a Dios, pero un ángel detiene a Abraham, y Dios lo bendice, lo premia por haber pasado la prueba de sacrificio, de amar a Dios sobre todas las cosas, “a no anteponer nada al amor de Dios” (S. Benito), a obedecer a Dios, a confiar en su sabiduría y providencia. Del mismo modo, Jesús subió a un monte alto, donde expresa que “su alimento es hacer la voluntad del Padre”, les hace ver a los discípulos y a nosotros, que nuestra gloria estará en obedecer a Dios, en sacrificar lo nuestro por amar a Dios, por escuchar a Dios, por hacer lo que le complace. Este tiempo de Cuaresma, es un tiempo para convertirnos, y esa conversión se dará en la medida en que escuchemos y amemos más a Dios, en aceptar la cruz de su Hijo Jesucristo en nuestra vida diaria, cruz que será luz para nuestra vida y puente de nuestra salvación.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Partiendo de la experiencia común del cristiano orante, que bien se siente cuando se hace oración, cuando se está ante la presencia espiritual o sacramental de Dios. Parto de un dato experiencial: muchas personas experimentan lo bien que es cometer un pecado, lo delicioso del momento, y piensan que eso si es vivir, no hay nada mejor que eso; pero cuando se está ante el Santísimo o en oración, se siente una experiencia especial, una experiencia que llena el interior, algo que deja atrás lo bonito que se siente al pecar.

Por otra parte, tengamos en cuenta el versículo que está más adelante: “En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos”.
La transfiguración del Señor, ese momento especial  y de éxtasis, quizás hasta sentimental de la presencia de Dios, duró un momento, luego todo volvió a la normalidad, a lo ordinario de cada día, Jesús dejo de resplandecer y ahí estaba el mismo nazareno de siempre. Hermanos y hermanas, no todo el tiempo tendremos consuelos y delicias espirituales, tendremos lo ordinario e incluso sequedades interiores, pero el haber tenido estás experiencias gratificantes, deben mantener encendida la fe en los momentos ordinarios o simples de la vida cristiana.

“Juntamente con el ayuno y las obras de misericordia, la oración forma la estructura fundamental de nuestra vida espiritual. Queridos hermanos y hermanas, os exhorto a encontrar en este tiempo de Cuaresma momentos prolongados de silencio, posiblemente de retiro, para revisar vuestra vida a la luz del designio de amor del Padre celestial. En esta escucha más intensa de Dios dejaos guiar por la Virgen María, maestra y modelo de oración. Ella, incluso en la densa oscuridad de la pasión de Cristo, no perdió la luz de su Hijo divino, sino que la custodió en su alma. Por eso, la invocamos como Madre de la confianza y de la esperanza” (Benedicto XVI, Ángelus 2009).


PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
CICLO "B"



Primera lectura: Génesis 9, 8-15.
Salmo: 24
Segunda lectura: 1º Carta del Apóstol San Pedro 3, 18-22.
Santo Evangelio: Marcos 1, 12-15.


El miércoles pasado iniciamos la Cuaresma, con la imposición de la Ceniza, y hoy celebramos el primer domingo de este tiempo litúrgico, tiempo cuaresmal, el cual nos anima a los cristianos a comprometernos en un camino de preparación para la Pascua. 

Hoy el evangelio nos recuerda que Jesús, después de haber sido bautizado en el río Jordán, impulsado por el Espíritu Santo, que se había posado sobre él revelándolo como el Cristo, el Hijo amado de Dios Padre, se retiró durante cuarenta días al desierto de Judá, donde superó las tentaciones de Satanás (cf. Mc1, 12-13). Siguiendo a nuestro Maestro y Señor Jesús, también los cristianos entramos espiritualmente en el desierto cuaresmal, para afrontar junto con él "el combate contra el espíritu del mal" (Benedicto XVI) . 

Jesús se sumergió o ingresó al desierto para hacer su cuaresma, nosotros debemos vivir nuestra cuaresma creando el desierto espiritual personal. En Tierra Santa o en el país de Israel, al oeste del río Jordán y del oasis de Jericó, se encuentra el desierto de Judea, que, por valles pedregosos, superando un desnivel de cerca de mil metros, sube hasta Jerusalén. Después de recibir el bautismo de Juan, Jesús se adentró en aquella soledad conducido por el mismo Espíritu Santo que se había posado sobre él consagrándolo y revelándolo como Hijo de Dios.



"En el desierto, lugar de la prueba, como muestra la experiencia del pueblo de Israel, aparece con intenso dramatismo la realidad de la kénosis, del vaciamiento de Cristo, que se despojó de la forma de Dios (cf. Flp 2, 6-7). Él, que no ha pecado y no puede pecar, se somete a la prueba y por eso puede compadecerse de nuestras flaquezas (cf. Hb 4, 15). Se deja tentar por Satanás, el adversario, que desde el principio se opuso al designio salvífico de Dios en favor de los hombres" (Benedicto XVI, 2009).

"Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían" (Marcos 1, 13).
"Casi de pasada, en la brevedad del relato, ante esta figura oscura y tenebrosa que tiene la osadía o atrevimiento de tentar al Señor, aparecen los ángeles, figuras luminosas y misteriosas. Los ángeles, dice el evangelio, "servían" a Jesús (Mc 1, 13); son el contrapunto de Satanás. "Ángel" quiere decir "enviado" (Benedicto XVI, 2009). 

Haciendo una adaptación de este versículo, en este tiempo de Cuaresma debemos tener clara dos situaciones: 1. Debemos adentrarnos al desierto espiritual con Jesús; 2. A medida que luchemos en esta cuaresma por ordenar nuestra vida, la tentación, las fieras del mal nos van a rugir fuerte para despedazarnos, alejarnos del propósito espiritual que nos hemos propuesto. Por lo tanto, no vayamos a caer en el siguiente pensamiento erróneo: si me esfuerzo; el mal, el pecado, el demonio y la tentación me botarán, entonces para que luchar, si ellos son más fuertes que mi. 

Todos los días del año tenemos tentaciones y fieras del mal que nos rugen, pero hoy en cuaresma las vemos más claras y fuertes a esas fieras, porque nos hemos hecho el propósito de hacer las cosas según la voluntad de Dios. Mencionó algunas fieras: caer en la borrachera, deleitarse en paginas de internet que contengan sexo, satanismo y criticas destructivas; perder el tiempo en cosas sin importancia, la infidelidad en el matrimonio y en el noviazgo, las platicas con insultos, con morbo, con chismes; obligar a la pareja a imitar lo que se hace en la pornografía, a dejarse conducir por la ira, el odio y la venganza, etc. Recordemos lo que dice el versículo que estamos meditando: "Jesús estaba con las fieras". En esta cuaresma, como en la vida entera estaremos rodeados siempre de fieras, pero con la ayuda del Espíritu Santo, aprendamos a no dejarnos comer o morder por ellas. Como dijo nuestro Señor Jesús en la Ultima Cena en el momento de orar por los apóstoles: "estar en el mundo, sin ser del mundo" (Jn 17,11-18). 

Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios, se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio (Marcos 1, 14-15).
Todo hombre, por tanto, es invitado a "convertirse" y "creer" en el amor misericordioso de Dios por él; el Reino crecerá en la medida en que cada hombre aprenda a dirigirse a Dios como a un Padre en la intimidad de la oración (cfr Lc 11, 2; Mt 23, 9), y se esfuerce en cumplir su voluntad (cfr Mt 7, 21)" (Juan Pablo II, Redemptoris Missio, 13). 


Buon cammino di Quaresima a voi tutti!
(Benedetto XVI)


Archivo:Judea 2 by David Shankbone.jpg
Desierto de Judea


SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"


Primera lectura: Isaias 43, 18-19. 21-22.24-25.
Salmo: 40, 2-5. 13-14. 
Segunda lectura: 2 Cor 1, 18-22.
Santo Evangelio: Marcos 2, 1-12. 


La página evangélica que la liturgia presenta para nuestra meditación en este séptimo domingo del tiempo ordinario, narra el episodio del paralítico perdonado y curado (cf. Mc 2, 1-12). Mientras Jesús estaba predicando, entre los numerosos enfermos que le llevaban se encontraba un paralítico en una camilla. Al verlo, el Señor dijo:  "Hijo, tus pecados quedan perdonados" (Mc 2, 5). Y puesto que al oír estas palabras algunos de los presentes se habían escandalizado, añadió:  "Pues, para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—, a ti te digo:  "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa"" (Mc 2, 10-11). Y el paralítico se fue curado.

Este relato evangélico muestra que Jesús no sólo tiene el poder de curar el cuerpo enfermo, sino también el de perdonar los pecados; más aún, la curación física es signo de la curación espiritual que produce su perdón. Efectivamente, el pecado es una suerte de parálisis del espíritu, de la que solamente puede liberarnos la fuerza del amor misericordioso de Dios, permitiéndonos levantarnos y reanudar el camino por la senda del bien.

"Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro.Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados".

Consideremos los siguientes aspectos trazados en estos versículos:
1. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Por ser un paralitico, un hombre que no podía moverse por sí solo, es llevado generosamente por cuatro hombres, unidos al deseo del paralitico, es decir, poner en la presencia de Jesús al necesitado de sanación. Los cuatro hombres tienen el mismo pensamiento que el necesitado de salud. Los cuatro sanos desean que el enfermo salga de esa parálisis y así estar saludable como ellos, en esto consistirá su alegría, el premio de su esfuerzo generoso.

2. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Este versículo siempre me ha llamado la atención, por el contraste que siento a veces con la conducta de nosotros los salvadoreños, claro a nivel general. ¿En qué sentido? A veces nos sucede que caemos en el conformismo, optamos por decir: "hay otro día", "agarremosla al suave", "en otro momento lo intentaremos de nuevo", "tranquilo, no nos compliquemos". Por eso las vírgenes necias quedaron fuera de las boda (cf. Mateo 25, 1-13). Admiramos de estos hombres las siguientes cualidades: decisión, interés en lograr el propósito aquí y ahora, tenacidad,entrega, ingenio, sacar adelante el plan por el bien de un necesitado de salud, generosidad, deseo sincero de que la persona enferma salga de la postración, sane y prospere. No al conformismo ni al desanimo ante un aparente obstáculo. 

 3. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados". Llama la atención poderosamente que Jesús no sana al paralitico por la fe suya, sino por la fe de los cuatro. Aunque la fe del paralitico está expresada en los cuatro. Por otra parte, Jesús no ofrece solo la salud corporal la cual buscaban para el paralitico, el concede la salud integral, haciendo ver que el se humano esta llamado a gozar de salud de alma y cuerpo, esto es algo que solo Jesucristo puede hacer.

Otro aspecto a remarcar, es el del valor de la comunidad. La comunidad está expresada en los cuatro hombres, unidos por un mismo ideal hacen fuerza, logran los objetivos propuestos (cf. Hechos de los Apóstoles, capítulo 4, versículos 32 al 35). Dice el Documento de Aparecida: "Todos los miembros de la comunidad parroquial son responsables de la evangelización de los hombres y mujeres en cada ambiente. El Espíritu Santo, que actúa en Jesucristo, es también enviado a todos en cuanto miembros de la comunidad, porque su acción no se limita al ámbito individual, sino que abre siempre a las comunidades a la tarea misionera, así como ocurrió en Pentecostés" (cf. Hch 2, 1-13).


SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "B"


Primera lectura: Libro del Levítico 13, 1-2. 44-46.
Salmo: 31
Segunda lectura: Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 31-11, 1.
Santo Evangelio: San Marcos 1, 40-45


En aquel tiempo, se le acercó Jesús a un leproso para suplicarle de rodillas: "Si tu quieres, puedes limpiarme". Jesús se compadeció de él, y extendiendo la manó, lo tocó y le dijo: "¡Sí quiero: Sana! Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio. 

En primer lugar, debemos comprender cuál era la situación de un leproso y el acercarse a un leproso en el tiempo de Jesús. 

El término “lepra” proviene del griego y significa “escamoso”. La palabra griega utilizada por Hipócrates y los médicos de la Hélade llamaba lepra a las lesiones aparecidas en la piel con aspecto escamoso, lo que hoy conocemos con el nombre de psoriasis. 

Los «leprosos» eran considerados «impuros» que pueden contaminar. Algunas enfermedades eran altamente contagiosas, así que se requería que los leprosos vivieran en lugares aislados lejos de su familia y de su pueblo. Cuando se acercaba gente a ellos, debían gritar: “¡Inmundo! ¡Inmundo!”. (Levítico 13, 45-46). Debían mantener una distancia de cincuenta pasos lejos de otra persona. Su verdadero drama es no poder casarse ni tener hijos, no participar en las fiestas y peregrinaciones, quedar condenados al ostracismo. La mayor angustia del leproso es pensar que tal vez ya no pueda volver nunca a su comunidad.

El Antiguo Testamento tiene varios pasajes donde Dios aflige al pueblo castigándolo con lepra (Números 12:9-10; 2 Reyes 5:27; 15:5; 2 Crónicas 26:19-21), así que la gente frecuentemente interpretaba la lepra como un castigo por el pecado. Estos enfermos eran “malditos de Dios”. Por eso, eran los sacerdotes los que tenían que dictaminar si había enfermedad o curación, cuando ésta se daba.

La persona afligida por la lepra no podía trabajar, y por lo tanto se le reducía a pedir limosna. Y por lo mismo, su familia también se vería reducida a la pobreza. Las consecuencias espirituales, sociales y financieras de la lepra –impureza, aislamiento, y pobreza – eran más terribles que las consecuencias físicas de esas formas más benignas de la enfermedad.

El leproso quebrantó las leyes de los leprosos, y sin embargo Jesús lo atendió. ¿No resulta raro que Jesús no guarde las leyes? Efectivamente, traspasa el límite de los cincuenta pasos, que debía mantener, y pide de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme” (Marcos 1,40). La actitud de Jesús ante la ley es de libertad que pone por encima al ser humano: “No es el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre.”

Veo que el leproso no le pide directamente ser curado, sino quedar limpio. ¿Qué es más importante? Así que el leproso no dice: “Si quieres, puedes curarme”, sino “Si quieres, puedes limpiarme”. De hecho, la referencia a la ‘limpieza’ aparece cuatro veces en esta historia, y la palabra ‘curación’ ninguna. Por lo visto, al leproso le interesa sobre todo volver a la vida normal de la familia, al pueblo, salir de lo impuro, poder ir a la sinagoga, volver a la cercanía de Dios. Y acude a Jesús con una absoluta confianza en su poder de Jesús. Y Jesús lo tocó.

Hermano y hermana, ahora haciendo una aplicación práctica espiritual del leproso a nuestra vida, diremos: 
El Señor siempre está cerca de nosotros para limpiarnos, para sanarnos, para purificarnos del pecado como la peor enfermedad que un ser humano pueda tener. La condición indispensables es: "ponernos de rodillas", es decir, salir de nuestro yo insuficiente, para confiar en el poder liberador de nuestro Señor Jesucristo. En fin, si alguien desea salir de la miseria, comprenda que Jesús está ahí enfrente siempre, todo el tiempo, solo hay que humillarse, dejar la soberbia y el orgullo. Si alguien no quiere dejarse sanar por Jesús, es porque no quiere, peor aún, dejarse embaucar por supuestos poderes superiores, los cuales no son los de Dios. 

Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.Le despidió al instante prohibiéndole severamente:«Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.» Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

Jesús le dice al leproso que vaya a presentarse al sacerdote. ¿Por qué? Eso lo mandaba la ley judía. Ningún leproso curado podía re-ingresar a la sociedad sin la aprobación del sacerdote. Y ese reingreso era importante para el leproso; y por lo tanto para Jesús.

¿Por qué Jesús le prohíbe severamente que hable de ello a nadie? Algunos piensan que se debe al llamado «secreto mesiánico», es decir, al propósito de Jesús de mantener oculta su mesianidad y su divinidad. Él quiere realizar su empresa misionera únicamente como siervo obediente de Dios.
Después de curarse, ¿qué hizo el leproso? Se siente amado por Dios, y le viene una alegría incontenible. Es la alegría de la liberación. Y se convierte en anunciador no del mero hecho sucedido, sino del mensaje contenido. Su mensaje es: “Dios no es como me lo han presentado los escribas y fariseos; Dios no discrimina entre los hombres, sino que ofrece a todos su amor y llama a todos a su Reino”.
¿Qué consecuencias tuvo para Jesús el anuncio del mensaje por parte del leproso? Ese hombre pregona el milagro tan efectivamente que la gente abruma a Jesús buscándolo y asediándolo por todas partes. Quizá muestran su adhesión a Jesús, que pone fin a la discriminación entre puros e impuros y afirma el amor universal de Dios. «Y Jesús no podía ya entrar manifiestamente en ninguna ciudad sino que se quedaba fuera, en despoblado...» (Marcos 1,45b).


Qué nuestra Madre la Virgen María, nos ayude a ser como Ella: personas sencillas que confían y se abandonan en el poder de Dios, sabiendo que El siempre nos escucha, nos atiende, nos da la mano y nos concede una vida mejor, una vida renovada en Cristo Jesús. Así sea. 


SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 
CICLO "A". 13 DE FEBRERO DE 2011


Pbro. Gustavo Romero

Primera lectura: Libro del Eclesiástico 15, 16-21
Salmo: 118
Segunda lectura: Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10
Santo Evangelio: San Mateo 5, 17-37

BREVE REFLEXION

En la primera lectura, Ben Sira autor del libro del Eclesiástico o Siracides, afirma con seguridad y contra toda tendencia fatalista, la libertad del hombre, que es responsable por su vida y por su destino.
Dios creó al ser humano de manera libre, pero eso no significa que lo haya dejado abandonado. Dios ha irrumpido en la historia humana para darle medios, luces, normas, razones por donde debe caminar recto y desenvolverse positivamente en la escuela de la vida. Pero tiene el cuidado de no violentar nuestra libertad o actuar sin consentimiento nuestro. Tanto nos respeta nuestro Señor. A veces cuando hemos caído en un fracaso o estamos mal en algo, buscamos culpar a Dios, sin ser conscientes que acciones nuestras nos han merecido tal situación.

Por eso Ben Sirá nos aclara: “Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya”. Los mandamientos del Señor no son cargas pesadas o deseos de fastidiarnos, son una ayuda divina que ilumina el sendero. El Creador sabe lo que nos conviene y, como desea que seamos felices, nos avisa del comportamiento adecuado. 

Del versículo 16 al 17 se nos dice que el Señor ha puesto delante nosotros fuego y agua, muerte y vida, y según lo que escojamos con conocimiento y libertad, eso se nos concederá, o como dice en Gálatas 6, 7: “según lo que siembres, eso cosecharás”. Y continua el versículo 8: “quien siembra en la propia carne, de la carne recogerá corrupción; quien siembra en el Espíritu, del Espíritu recogerá para la vida eterna”.

En San Lucas 23, de los versículos 33 al 43, se nos presenta la escena donde Jesús esta crucificado en medio de dos malhechores en la misma condición.  Uno de ellos insultaba a Jesús y el otro reconoció su pecado ante el reconocimiento de la divinidad de Jesucristo. Aunque fue en las ultimas de la vida, uno de ellos ve iluminada todas sus obras ante Jesucristo Luz y elige la Vida (cf. Mateo 5, 16), lo cual le trajo como fruto: “En verdad te digo ‘hoy estarás conmigo en el paraíso’”.

“Es infinita la sabiduría del Señor; es inmenso su poder”. Dios en sus mandamientos, en sus profetas, en su Hijo, en la Sagrada Escritura nos ha dado las señales para conducirnos en camino seguro. Por la revelación divina nos queda claro que después de la vida, tenemos dos destinos: el cielo y el infierno. En resumidas cuentas, en tus manos está el que seas feliz o infeliz, santo o pecador, salvo o condenado al final del recorrido existencial. Sigue los criterios de Cristo y no los del mundo o los tuyos independientes de la voluntad de Dios y para tu conveniencia.

Por lo tanto, el ser humano no es un títere de Dios, no  es alguien que ya tiene su destino  trazado, no es alguien guiado por las estrellas o horóscopos, no es alguien que nació con buena o mala suerte, es una persona “hecha a semejanza de Dios” con capacidad de decidir, elegir qué es lo quiere, cómo lo quiere y para que lo quiere.

No negaremos que no siempre tenemos claro lo que debemos elegir, por eso los invito a leer y meditar con mayor constancia la Sagrada Escritura, que son “palabras de vida eterna” (Juan 6, 68). Como decía el predicador Salvador Gómez un día que le escuchaba por la radio: “la Sagrada Escritura es el manual para desenvolverse bien  en este mundo”.

Nuestro Señor Jesús en el evangelio de hoy, nos presenta criterios y consecuencias, aparte de los diez mandamientos, como deber de todo cristiano:
-       El que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el reino de los cielos” (v. 19).
-       Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán en el Reino de los Cielos” (v. 20).
-       “Todo el que se enoje con su hermano, será llevado a tribunal” (v. 22).
-       “El que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo” (v. 22).
-       “Quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (v. 28).
-       “Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque mas te vale perder una parte de tu cuerpo y que no sea todo él arrojado al lugar de castigo” (v. 30).
-       El que se divorcieexpone a su mujer al adulterio y el que se casa con una divorciada comete adulterio” (v. 32).
-       No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde El pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran rey” (v. 35).
-       “Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno” (v. 37).

Nuestra Madre la Virgen María, nos lleve a la meditación de Lucas 1, 38, donde tiene que elegir entre ser madre de Dios o no. Ella al discernir que era algo procedente de Dios, aunque sintiera miedo, lo acepta y persevera en su decisión, porque la sabiduría de Dios es perfecta y lleva por el camino exacto.

PARA LA REFLEXION PERSONAL:

-       En tu vida actual, siendo sincero consigo mismo, ¿en qué camino te consideras que estás?

-       ¿Eres responsable de tus acciones? o ¿buscas justificaciones para obviar tus necias decisiones incorrectas?

-       ¿Qué es lo que no te permite elegir la voluntad de Dios y te está causando tristeza, frustración y rebeldía?


A TENER EN CUENTA:

No olvides queridos hermanos y hermanas, las palabras animadoras de nuestro buen Dios en el libro de Ezequiel 33, 11: «No quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva». En tus manos esta el forjar tu destino, vamos, ¡¡¡animo!!!

 

1 comentario:


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