domingo, 12 de marzo de 2017

MONSEÑOR ROMERO, OBISPO DÓCIL Y OBEDIENTE AL ESPÍRITU SANTO. OBEDIENCIA Y LUCHA POR LA JUSTICIA.


La justicia, la lucha por la justicia, la justicia a favor de los pobres es uno de los aspectos que más se le resalta públicamente al Beato Oscar Romero, pero muy escasamente se habla sobre la obediencia en Monseñor Romero, al menos, esa es mi percepción. A mi entender, en cierto sentido, previo a la predicación y lucha a favor de la justicia está la obediencia. Es posible que alguien no esté acuerdo con esta relacion justicia-obediencia, pero, es porque la virtud de la obediencia se ha desvirtuado o se encuentra en crisis, o simplemente no interesa.

En este tema no voy a desarrollar la obediencia en Monseñor Romero: como la vivió en su ministerio sacerdotal hasta el dia de su muerte; sino, solamente me enfocaré en algunas de sus palabras y actitudes para nuestra reflexión, sobre todo, en el marco de la cuaresma. Tal vez mas adelante pueda desarrollar un tema titulado: "La obediencia en el Beato Mártir Romero". 

"En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo" (Mateo 4, 1). Este versiculo me impresiona siempre que lo leo. Antes de ir al desierto nuestro Señor Jesús "fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él" (Mateo 3, 13). Y después del desierto comienza su predicación: "Jesús comenzó a proclamar: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca" (Mateo 4, 17). Hay una secuencia: Bautismo, desierto (preparación) y vida pública (comienza a predicar). Su vida pública tendrá como culmen el triduo pascual, pero antes se prepara en el desierto, después de haber sido bautizado. Esta secuencia es la que debe tener un cristiano, tanto como preparación para el triduo pascual y en su vida cristiana en general.

Nuestro Señor se dejó conducir dócilmente por el Espíritu Santo para ir al desierto y permanecer durante 40 días en el. El desierto no es un lugar confortable precisamente, pero Jesús no se resiste, se deja guiar por el "Espíritu mismo que intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Romanos 8, 26). "El Espíritu Santo nos impulsa a hacer cosas fuertes... Otras veces, el Espíritu Santo nos conduce con suavidad, y la virtud está en dejarse llevar por el Espíritu Santo, no resistir al Espíritu Santo, ser dóciles al Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo obra hoy en la Iglesia, actúa hoy en nuestras vidas. Alguno de ustedes podrá decirme: '¡Yo nunca le he visto!'. 'Pero, presten atención a lo que sucede, a lo que les pasa por su mente, lo que sienten en su corazón. ¿Cosas buenas? Es el Espíritu, el que les invita a ir en esa dirección. ¡Eso requiere docilidad! La docilidad al Espíritu Santo" (Papa Francisco, 13 de mayo de 2014). 


"La muerte de Rutilio tuvo un papel determinante en el compromiso de Óscar Romero a favor de los pobres. Durante sus tres años como Arzobispo, Monseñor Romero no asistió a ninguna ceremonia de Estado, comprendió que estaba de la parte equivocada y se entregó a la causa de los perseguidos y a la defensa de los derechos humanos" (http://www.telesurtv.net/news/El-Padre-Rutilio-Grande-y-Oscar-Arnulfo-Romero-20150522-0054.html). He citado este link de internet porque recoge de modo preciso la idea que deseo expresar: El Espíritu Santo le hace a ver al Arzobispo de San Salvador, estando ante el cuerpo asesinado del sacerdote Rutilio, por donde debe ir como Pastor de su grey. Monseñor estaba siendo impulsado por el Espíritu para entrar al desierto, en una situación social salvadoreña nada cómoda, en la cual las alimañas ponzoñosas reinaban... Monseñor pudo resistirse al Espíritu y "no entrarle" a la misión a la que se le estaba impulsando, pero ingresó al desierto, se sobrepuso al comprensible miedo en este caso, alzó su cayado y por eso ahora es un modelo sacerdotal para el clero salvadoreño, iniciando con los señores obispos, para el clero universal.

Palabras del Arzobispo Romero en torno a la obediencia" (Palabras en cursiva)
Primer Domingo de la Cuaresma. Ciclo "A"
12 de febrero de 1978

"Cristo, segundo Adán, Hijo de Dios encarnado en las entrañas de María, quiere asumir toda la responsabilidad del género humano, desobediencia a Dios, comenzando por la desobediencia del paraíso; y la redención que Cristo viene a hacer no será otra cosa que un acto heroico, divino, de obediencia. "

"Por obediencia se encarna, por obediencia va a tomar su cruz y por obediencia lo vemos hoy en el desierto"

"Al principio de la Cuaresma los ojos de un cristiano deben de clavarse en ese Cristo, ayunando 40 días con sus 40 noches"

"Ante todo el desierto, donde Jesús se retira, es el lugar del silencio, de la pobreza, donde el hombre está privado de los apoyos materiales y se halla frente a las preguntas fundamentales de la existencia, es impulsado a ir a lo esencial y precisamente por esto le es más fácil encontrar a Dios. Pero el desierto es también el lugar de la muerte, porque donde no hay agua no hay siquiera vida, y es el lugar de la soledad, donde el hombre siente más intensa la tentación. Jesús va al desierto y allí sufre la tentación de dejar el camino indicado por el Padre para seguir otros senderos más fáciles y mundanos (cf. Lucas 4, 1-13). Así Él carga nuestras tentaciones, lleva nuestra miseria para vencer al maligno y abrirnos el camino hacia Dios, el camino de la conversión" (Papa Benedicto XVI, 13 de febrero de 2013). Por tanto, debemos adentrarnos en un desierto espiritual para acompañar a Jesús, dejándonos guiar dócilmente por la inspiracion del Espiritu Santo. 

"Llevado por el Espíritu, nos ha dicho el evangelio, el Espíritu de una obediencia. El Hijo del Hombre, el representante de toda la humanidad sabe que los hombres están en un estado de naturaleza caída y que es necesario levantarla. Viene como un gran reparador. Cristo es el gran reparador; eso quiere decir redentor, salvador. Y para salvar al mundo, para reparar, para redimir a esta raza caída, es necesario que se cumpla la voluntad del Señor".

En conclusión, "basándose en la palabra de Dios y en la enseñanza social de la Iglesia clamó con fuerte voz pidiendo la conversión no sólo personal sino también social. Abundan los textos que  confirman esta  manera de entender las cosas. En una palabra, Monseñor Romero siempre estuvo abierto a la voluntad de Dios, fue siempre dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo y por eso ha merecido la gloria de los altares" (Carta Pastoral de la CEDES-Beato Mons. Romero, n. 29).


Que el Beato Romero nos motive sin miedo a entrar en el desierto, a discernir el Espíritu Santo de entre tantos espíritus circundantes, tal como enseñaba san Ignacio de Loyola; que salgamos fortalecidos de la cuaresma, lo cual debe ser sostén de nuestra vida cristiana en adelante. Ser dóciles al Espíritu Santo es bíblico, es evangélico, es cristiano.


Pbro. Gustavo Romero

Pamplona, 12 -Marzo- 2017