martes, 19 de mayo de 2015

MONSEÑOR ROMERO, PROFETA AL MODELO DE DEUTERONOMIO 18, 15-20



MONSEÑOR ROMERO, PROFETA AL MODELO DE
DEUTERONOMIO 18, 15-20

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: “El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo”.

Moisés dice: “Un profeta como yo”. El sucesor ha de seguir su línea profética. ¿Cómo era Moisés? ¿Cuáles son las características del ministerio profético de Moisés? Debemos leer y analizar su vida y misión para responder a estas respuestas. Quedémonos con la idea de que Moisés fue elegido por Dios, para liberar al pueblo elegido de la esclavitud, para ser la voz de Dios y del pueblo, un pueblo oprimido y silenciado, ante el poder del faraón y el pueblo egipcio. Fundamentemos esto con el libro del Éxodo 3, 7-11: “Dijo Yahveh: "Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa... Así pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto además la opresión con que los egipcios los oprimen. Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto." Dijo Moisés a Dios: ¿Quién soy yo para ir donde el Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?"  Dios decide liberar al pueblo de esa opresión, pero a través de un profeta. Esto lo podemos aplicar a la historia de nuestro sufrido país. Moisés se pone al lado del pueblo sufriente; Monseñor Romero hizo lo mismo. Aquí no hay donde perderse, si alguien se pierde es porque está pensando subjetivamente o hasta ideológicamente. La profecía de Moisés es que el profeta saldrá del pueblo, de entre los mismos; Monseñor Romero es un profeta salvadoreño nacido y surgido de estas tierras cuscatlecas. Es un hijo forjado en nuestra cultura.

A él lo escucharán. Eso es lo que pidieron al Señor, su Dios, cuando estaban reunidos en el monte Horeb: ‘No queremos volver a oír la voz del Señor nuestro Dios, ni volver a ver otra vez ese gran fuego; pues no queremos morir’.

Un profeta debe ser escuchado porque habla de parte de Dios. El pueblo israelita pide un profeta y Dios ha escuchado la petición. El pueblo al pedir un profeta debe estar dispuesto a cumplir unos requisitos y uno de ellos es aceptar lo que Dios dice a través de él, es decir, el pueblo no debe esperar palabras que ellos desean escuchar, en concreto las de su agrado y conveniencia, y por tanto, tener al profeta como un simple intermediario, solo por no querer tratar con Dios, al cual temen. El profeta goza de la autoridad divina y hablará con verdad y rectitud. Recuerdo a una señora que con voz fuerte y un poco teatral decía: “los fieles estamos hambrientos de la Palabra de Dios, queremos que los sacerdotes nos prediquen mucho”, pero cuando escuchaba palabras exigentes en el aspecto moral y otras clamando justicia, se molestaba, se incomodaba y prefería retirarse. Eso lo consideraba no evangélico... Surge Monseñor Romero, la voz profética de los sin voz, unas voz siempre actual en donde surja la injusticia y que no desea ser escuchado por algunos, porque la Palabra de Dios es como espada de doble filo (cfr. Hebreos 4, 12). Muchas personas quieren un profeta en su tierra, pero que no les presione, que no les exija tanto, que vaya de acuerdo a sus interés y conveniencias.

El Señor me respondió: ‘Está bien lo que han dicho. Yo haré surgir en medio de sus hermanos un profeta como tú. Pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que mande yo. A quien no escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas’. 

Para que el mensaje profético sea autentico debe ser inspirado por Dios, estar de acuerdo a su voluntad. El profeta presta su voluntad a Dios. El mensaje profético es anunciar y denunciar. ¿Dios pide al profeta denunciar? ¿Acaso no es alterar la armonía social? Les invito a leer despacio los cuatro evangelios y el accionar de algunos profetas del Antiguo Testamento, y se encontrarán la respuesta a estas interrogantes. Los que oprimen, los que desean permanecer en el poder, consideran a un profeta, a Monseñor Romero como alborotador, cuando en verdad es despertar al pueblo de la esclavitud, para alcanzar la auténtica libertad. Eso es lo que buscó Monseñor Romero.

 “Pero el profeta que se atreva a decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de otros dioses, será reo de muerte”.

Por eso, el profeta Jeremías pedía la muerte a Dios por las consecuencias del mensaje profético. Seguir a Jesucristo y la línea profética en todo su compromiso, es estar expuesto a consecuencias. Todos los cristianos hemos sido ungidos en el bautismo para ejercer el ministerio profético, estamos llamados a desarrollarlo. El miedo, la comodidad, el respeto humano, las conveniencias, las seguridades humanas no permiten en muchas ocasiones desarrollar la vocación cristiana profética. Los sacerdotes estamos llamados por el oficio a ser profetas del pueblo. El pecado en todas sus manifestaciones debe ser eliminado, la Palabra de Dios es la base. Si muchos sacerdotes, congregaciones religiosas, seminaristas, predicadores, etc., leen y estudian la Palabra de Dios, ¿por qué no denuncian? ¿Por qué discriminan a los que lo hacen? ¿Por qué los tienen por revoltosos? La Palabra es una y clara, pero pasa a través de nuestra libertad y naturaleza humana. Cuando un profeta vive en relación con Dios y está libre de ataduras, el Señor habla con fuerza y transparencia a través de él. El profeta, la profetiza, debe tener claro que su compromiso es con Dios.

Cuando Dios dice hablar en nombre de otros dioses, se refiere a los ídolos, dioses circundantes al pueblo israelita, pero podemos pensar en los “dioses, ídolos modernos”, que desean alienar al profeta a la hora de hablar. Por ejemplo no denunciar la corrupción visible de un funcionario por estar a favor de él, aunque la conciencia presione a hacerlo. Les invito a hacer un listado de estos dioses e ídolos modernos o actuales presentes en la sociedad internacional y local.

¿Acaso no se cumplen las características de un profeta en la persona y mensaje de Monseñor Oscar Arnulfo Romero? Razones suficientes hay para escucharle y seguirle, pues su legado es fiel a la auténtica interpretación del Evangelio de Jesucristo.

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: “El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo”.
La primera lectura del domingo tercero con la del domingo cuarto del tiempo ordinario ciclo “b”, tienen una continuidad: La elección de un profeta y su misión concreta. En el tercer domingo se menciona al profeta Jonás, a quien Dios le pide anunciar la conversión en la ciudad de Nínive, en cambio en el cuarto domingo se presenta la figura de Moisés y su sucesor, al frente del pueblo peregrino de Israel.