lunes, 6 de enero de 2014

¿CUÁL ES LA RELACIÓN CORRECTA ENTRE LA IGLESIA Y LA POLÍTICA?


La relación debe ser al mismo tiempo paralela y convergente. Paralela, porque cada uno tiene su camino y sus diferentes tareas. Convergente, sólo para ayudar al pueblo. Cuando las relaciones convergen antes, sin el pueblo, o sin tomar en consideración al pueblo, comienza ese contubernio (acuerdo o una asociación que resulta censurable o indigna) con el poder político que acaba pudriendo a la Iglesia: los negocios, los compromisos… Hay que proceder paralelamente, cada uno con el propio método, las propias tareas, la propia vocación. Convergentemente solo en el bien común. La política es noble, es una de las formas más altas de caridad, como decía Pablo VI. La ensuciamos cuando la usamos para los negocios. La relación entre la Iglesia y el poder político también puede corromperse, si no converge sólo en el bien común. 

Esta fue la respuesta que dio el Papa Francisco a Andrea Tornielli, quien le entrevistó por parte del diario la Stampa. Ciertamente es una respuesta corta en palabras, pero con una precisión sustancial, sobretodo para nuestra sociedad polarizada y en algunos casos, donde lo paralelo y convergente son irrespetados, ignorados por medio de miembros de la Iglesia y el Estado. El gran peligro es cuando se confunde o se ignora la colaboración entre Iglesia y Estado, la relación colaborativa y dialogante y por tanto se pasa a dependencia mutua. Cada parte, cada miembro de la parte tiene que arrimarse al otro para salir adelante, dejando de lado su limite, competencia, camino y tarea; esto es lo que denomina el Papa con el termino pudrición. Si se abandona el bien común por el bien particular, hay pudrición. El pueblo merece el respeto de ver a los lideres políticos y eclesiales trabajando por el bien común, pero cada uno en su justo lugar.


Feliz Año Nuevo te desea "luz para los pueblos"