domingo, 9 de junio de 2013

COMPARTIENDO EXPERIENCIA


"EL CRISTIANO NO PUEDE PENSAR NUNCA 
QUE CREER ES UN HECHO PRIVADO"
(BENEDICTO XVI)

El día de ayer surgieron diferentes expresiones faciales en las personas, expresiones de asombro, curiosidad, aprobación, duda, ante la peregrinación realizada por los miembros del Seminario Mayor de "La Inmaculada" (San Vicente). Sin reparar en las expresiones, lo cierto es que el paso peregrinante ha sido un "lusaso", un llamado para traer a la memoria lo referente a Dios.

En la celebración del Inmaculada Corazón de María, en el cierre del primer ciclo de esa institución formativa diocesana y en el contexto del Año de la Fe, se pensó en una peregrinación de fe. Se salió del Seminario a las 8: 30 a.m., hacia la Catedral de San Vicente, donde se meditaron los misterios dolorosos y al mismo tiempo se pidió la indulgencia plenaria. Luego, se abordó el bus hacia la ciudad de Cojutepeque, pero en la entrada hacia la calle que conduce a esa ciudad, nos bajamos para ir entonando cantos religiosos y expresando alegría en el recorrido hacia la parroquia "San Juan Bautista". Al llegar al templo parroquial, alrededor de las 11: 00 a.m., meditamos los misterios gozosos. Después, salimos hacia el Cerro de las Pavas, en cuya entrada se iniciaron los misterios luminosos y al llegar ante la imagen de la Virgen de Fátima, concluir con los misterios gozosos. Terminados los 20 misterios del Santo Rosario, un seminarista de cuarto de teología nos dirigió un tema espiritual y por último, en medio de un clima agradable, nos reunimos debajo de un arboles para compartir el tiempo de almuerzo.

Realmente fue una experiencia enriquecedora. Cuando se es párroco o vicario parroquial, es alentador ir acompañando a los fieles encomendados en una profesión publica de fe, es una experiencia de renovamiento espiritual; por ello, no puedo dejar de expresar que ir junto a los futuros sacerdotes, es una vivencia única. Ciertamente, en los seminarios se habla mucho y se presentan testimonios sobre el hacer sentir la fe cristiana en las calles o en medio de los otros, pero aunque sea con un gesto sencillo y relativamente breve, se procede a la práctica, saliendo del solo conocimiento intelectual.  En un año donde a todos los cristianos se nos ha invitado a la oración, sacrificio, testimonio personal y comunitario, actividades creativas para despertar en la fe, este recorrido ha sido oportuno. 

Confiemos a la Madre de Dios, proclamada «bienaventurada porque ha creído» (Lc 1, 45), este tiempo de gracia.