domingo, 17 de marzo de 2013

PAPA FRANCISCO


¿HA INICIADO EN SU PERSONA 
LA RENOVACIÓN EN LA YA RENOVACIÓN?

Ah, come vorrei una Chiesa povera e per i poveri! (ah, ¡cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!), ha dicho el Papa Francisco, en el encuentro con los representantes de los medios de comunicación (16-marzo-2013). El concilio Vaticano II, obra personal de Juan XXIII, por inspiración del Espíritu Santo,  es el acontecimiento cristiano más importante del siglo XX, celebrado en un momento propicio religioso y cultural, en pleno desarrollo de la sociedad europea y en una excelente coyuntura mundial. "Contribuyeron favorablemente a su realización los movimientos de renovación eclesial previos al mismo; se opusieron los sectores considerados con los términos de inmovilistas y conservadores del catolicismo. En todo caso, el Concilio contribuyó a un cambio profundo de la cosmovisión cristiana, ya que fue el final de la contrarreforma, la consagración de los movimientos eclesiales innovadores, el reconocimiento de los valores de la modernidad y la aparición de una nueva conciencia de Iglesia" (cfr. Casiano Floristán). 

Ciertamente, con el Papa León XIII da inicio una nueva etapa en la Iglesia previa al Concilio, luego, con éste se ha concretizado el aggiornamento ya deseado. Pero, ahora 50 años después, se puede percibir la presión tanto dentro como fuera de la Iglesia, otro impulso renovador, tanto que algunos han hablado alrededor del año 2,000, sobre un Concilio Vaticano III, teniendo en cuenta y buscando la objetividad, que lo tratado en el Vaticano II, en parte, aún es una deuda. De ahí el titulo de mi escrito, el Espíritu Santo hace surgir un hombre de Dios, dentro de la aún ola renovadora del Concilio Vaticano II, para saldar esa deuda, con la aplicación y renovación desde su estilo personal. A manera de teoría, Dios suscita un latinoamericano y jesuita, dos aspectos que no se pueden ignorar, en un tiempo de una deseada purificación e impulso evangelizador. 

El Papa Francisco, hombre del pueblo y para el pueblo

Por la experiencia y estudio sobre el ser humano, consumados en los estudios de expertos y hasta en la vida práctica, no es bueno alabar de entrada a una persona, porque puede darse en el caminar una desilusión, se debe esperar que el tiempo diga lo mejor, aunque en el Papa Francisco, ya hay un largo recorrido testimonial previo a ser electo y por ello, se vuelve un hombre auténtico y esperanzador. 

Los Jesuitas tienen un cuarto voto, el de "las misiones". "San Ignacio de Loyola, su fundador, pretendía que todos los miembros de la Compañía de Jesús estuvieran siempre dispuestos a aceptar cualquier misión o acometido que el Papa tuviera a bien asignarles. Es un voto de disponibilidad total. La Compañía de Jesús no se limitaría a este o a aquel quehacer apostólico  tenía que estar pronta a responder positivamente a cualquier encomienda que le llegare del Romano Pontífice, esto es, pronta a decir "sí", a cualquier misión, cometido, empeño, trabajo, ocupación .. Un "si" incondicionado  un "sí" que no tiene en cuenta fatigas ni riesgos, ni aun en el caso de que la muerte por martirio resultare la previsión más realista" (San Ignacio de Loyola, Comunicadores Sin Fronteras, p. 22). El Papa Francisco dijo a los cardenales: "Que Dios les perdone lo que han hecho", y nunca quiso llegar a ser Pontífice, señaló su hermana María Elena, quien aún no termina de creer que ha sido elegido Obispo de Roma. Recordó que su hermano “no quería ser Papa” y que en 2005, cuando quedó segundo en la elección para suceder a Juan Pablo II, “rezaba para que no lo elijan”. Pero como todo hijo auténtico de San Ignacio de Loyola, al poseer la misión encomendada, se acata con responsabilidad y entrega total, esto hace de Francisco una esperanza para esta nueva etapa de la Iglesia, ya construida por sus próximos antecesores. San Ignacio de Loyola, cuando se le asignaba una encomienda, buscaba el modo de concretizarla, y por lo visto, el Papa Francisco, es heredero de la linea recta de san Ignacio, y por tanto, no debe extrañar su espontaneidad, su cercanía, su sencillez, su amenidad, porque sé que tiene claro el contexto actual a evangelizar, el por dónde se le debe llegar a la Iglesia y al mundo de hoy. 




A mi juicio, solamente el día que se presentó en el balcón, el día de su elección, dejo entrever su perfil papal. 

Hermanos y hermanas, buenas tardes.

Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo..., pero aquí estamos. Os agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. Gracias. Y ante todo, quisiera rezar por nuestro Obispo emérito, Benedicto XVI. Oremos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja.
(Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre).

Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad. Deseo que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el cual me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan hermosa. Y ahora quisiera dar la Bendición, pero antes, antes, os pido un favor: antes que el Obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis para el que Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la Bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí....
Ahora daré la Bendición a vosotros y a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
(Bendición).

Hermanos y hermanas, os dejo. Muchas gracias por vuestra acogida. Rezad por mí y hasta pronto. Nos veremos pronto. Mañana quisiera ir a rezar a la Virgen, para que proteja a toda Roma. Buenas noches y que descanséis.



El escudo del cardenal Jorge Mario Bergoglio, el nuevo Papa Francisco, refleja su humildad y devoción  a la Virgen María. 

El escudo cuenta con tres símbolos situados en triángulo, sobre fondo azul. Lo más destacado, en la parte superior, es el sol con las letras IHS en el centro. El símbolo de la Compañía de Jesús, a la que pertenece.

En la parte inferior izquierda hay una estrella de cinco puntas, que junto con el fondo azul simboliza a la Virgen María y en el lado inferior derecho hay un racimo de uvas que simboliza a Jesús como fuente de la Fe.

Bajo el escudo se distingue su lema en latín que significa: “humilde y sin embargo elegido”, que hace referencia a un pasaje de la Biblia en el que Jesús escoge a Mateo como discípulo. Mateo era un recaudador de impuestos que dejó las riquezas terrenales para predicar el Evangelio. 
 

¡QUÉ VIVA EL PAPA FRANCISCO!