domingo, 10 de febrero de 2013

ESTRUCTURA Y SIGNIFICADO DE LA CUARESMA ACTUAL


La Cuaresma romana actual comienza el miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la misa vespertina in Coena Domini. Aunque todo este periodo forma una unidad, pueden distinguirse los siguientes bloques: 1) el miércoles de ceniza, 2) los domingos (I-II, III-V y Domingo de Ramos), 3) la misa crismal y 4) las ferias. 

EL MIÉRCOLES DE CENIZA

El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica, aunque el rito perduró, después de la introducción de la penitencia privada, siendo obligatorio para toda la comunidad cristiana del siglo X. 

Desde ese momento cobró una especial intensidad y significado en la vida de la Iglesia, como inicio de su itinerario pascual. 

El miércoles de ceniza ha conservado en la liturgia renovada los elementos tradicionales: imposición de ceniza y ayuno riguroso; y marca el comienzo de la Cuaresma. Su conversión en caput quadragessimae  ha exigido revisar las lecturas y los textos eucológicos de la misa y del oficio divino. Así, en la liturgia de las Horas se han anticipado los cantos propios cuaresmales, que hasta ahora se usaban a partir del primer domingo; algo semejante ha ocurrido con los textos de la misa, que ya no figura sólo como día de ceniza, sino también como comienzo de la Cuaresma. 

La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la misa, después de la homilía, aunque en algunas circunstancias especiales el rito se puede desarrollar en el marco de una celebración de la Palabra. La integración de la bendición de la ceniza en la misa ha exigido algunos retoques en el rito, como la abreviación de oraciones (antes cuatro, ahora una o dos). 

La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor precedente, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace referencia a la condición pecadora de quienes la recibirán, a la necesidad de conversión y al inicio de la Cuaresma, pidiendo la gracia divina para que los cristianos se renueven interna y externamente, preparándose para celebrar el Misterio Pascual. Las formulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura (Génesis 3, 19 y Marcos 1, 15). La segunda fórmula no tiene relación, al menos directa, con el rito de la imposición, pero si expresa el primitivo sentido de la Cuaresma: "convertíos y creed en el Evangelio". Ambas se complementan: la primera expresa la caducidad humana -simbolizada en el polvo y la ceniza-, la segunda remite a la conversión interior a Cristo y a su evangelio.

La ceniza simboliza la condición débil y caduca del hombre, que camina inexorablemente hacia la muerte; su situación pecadora, la oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda, y la resurrección, al recordar al hombre que es polvo, pero destinado a participar del triunfo de Cristo. 

El miércoles de ceniza es, pues, el día en que "los fieles cristianos inician con la imposición de la ceniza el tiempo establecido para la purificación del espíritu. Con este signo penitencial, que viene de la tradición bíblica y se ha conservado hasta hoy en la costumbre de la Iglesia, significa la condición del hombre pecador, que confiesa externamente su culpa al Señor y expresa su voluntad interior de conversión, confiando en que el Señor se muestre compasivo para con él. Con este mismo signo comienza el camino de su conversión que culminará con la celebración del sacramento de la Penitencia, en los días que preceden a la Pascua" (Congregatio pro Cultu Divino, la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 21). Es un día penitencial obligatorio para toda la Iglesia y está marcado por el ayuno y la abstinencia" (cf. Pablo VI, Paenitemini III, II, I, AAS 58 (1966) 183; CIC 251). 

Fuente: José Antonio Abad Ibáñez, La celebración del Misterio cristiano, España 2000, pp. 542-543. 


ALGUNAS IDEAS PARA COMPRENDER Y VIVIR LA CUARESMA
-BENEDICTO XVI-

Se trata de un itinerario de cuarenta días que nos conducirá al Triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor, el corazón del misterio de nuestra salvación. 

A los penitentes y luego a todos los fieles se les invitaba a vivir este itinerario de renovación espiritual, para conformar cada vez más su existencia a la de Cristo. 

La participación de toda la comunidad en los diversos pasos del itinerario cuaresmal subraya una dimensión importante de la espiritualidad cristiana: la redención, no de algunos, sino de todos, está disponible gracias a la muerte y resurrección de Cristo. 

Es el  tiempo que identifica nuestra vida humana y toda nuestra historia como un proceso de conversión que se pone en movimiento ahora para encontrar al Señor al final de los tiempos.

Es el tiempo de las decisiones maduras.

La liturgia cristiana de la Cuaresma tiene como finalidad favorecer un camino de renovación espiritual, a la luz de esta larga experiencia bíblica y sobre todo aprender a imitar a Jesús, que en los cuarenta días pasados en el desierto enseñó a vencer la tentación con la Palabra de Dios. 

Esta ambivalencia, tiempo de la cercanía especial de Dios —tiempo del primer amor—, y tiempo de tentación —tentación de volver al paganismo—, la volvemos a encontrar, de modo sorprendente, en el camino terreno de Jesús, naturalmente sin ningún compromiso con el pecado. 

En este «desierto» los creyentes, ciertamente, tenemos la oportunidad de hacer una profunda experiencia de Dios que fortalece el espíritu, confirma la fe, alimenta la esperanza y anima la caridad; una experiencia que nos hace partícipes de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte mediante el sacrificio de amor en la cruz. 

En estos cuarenta días que nos conducirán a la Pascua de Resurrección podemos encontrar nuevo valor para aceptar con paciencia y con fe todas las situaciones de dificultad, de aflicción y de prueba, conscientes de que el Señor hará surgir de las tinieblas el nuevo día.