lunes, 3 de diciembre de 2012

TIEMPO DE ADVIENTO


¿PREPARARNOS PARA RECIBIR A QUIÉN?

El término "Adviento" viene del idioma latín "adventus", que significa venida, llegada. La Iglesia Católica con el primer domingo del tiempo de adviento inicia un nuevo Año litúrgico. Empieza el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre, con las primeras vísperas de Navidad. 

La cuestión es la siguiente: La Iglesia a todo el tiempo previo a la Navidad le ha llamado "Adviento", por qué se espera algo, se espera a Alguien. Es decir, la Iglesia invita a todos sus miembros y fuera de ella, moviliza a millones de cristianos en todo el mundo a estarse preparando y ser testigos de esperanza durante cuatro semanas. Pero, ¿para ´qué? 

centro comercial en Navidad

No podemos negar que el consumismo, el securalismo, ha potenciado el tiempo de "navidad", antes y en su vivencia, pero desvinculándolo de la finalidad por la cual la Iglesia lo instituyó. Por eso, el tiempo de preparación espiritual, o sea, adviento, es el momento propicio para recordar la triple venida de nuestro Señor Jesucristo: Esta venida es triple: CRISTO VINO EN LA CARNE Y EN LA DEBILIDAD (Nacimiento), VIENE EN EL ESPÍRITU, EN EL AMOR, EN LOS SACRAMENTOS Y VENDRÁ EN LA GLORIA Y EN EL PODER (Parusía). 

Muchas razón tuvo el Señor Jesús para decirle a los discípulos y por ellos a nosotros: "Tengan cuidado: no se les embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se les eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estén siempre despiertos" (Lucas 21, 34-36). Jesús nos ayudará con su gracia a estar conectados a su triple venida y a nosotros nos toca poner nuestra parte requerida, es decir, la vigilancia; el examen sincero, constante y la aplicación seria de los medios para su vivencia. 

¿Cuáles son las actitudes debemos tener en Adviento?

1.- Actitud de espera con esperanza. El mundo necesita de Dios. La humanidad se siente  desencantada y desamparada.  En nuestros corazones aguardan deseo y necesidad de bienestar, unidad, paz, desarrollo, tolerancia, respeto, libertad, que no encuentran toda su realización en la realidad. Vivimos atareados, desconfiados, temerosos, oprimidos, decepcionados, tristes, permitiendo que la desesperanza llegue a nuestros corazones y nuestras conciencias. Jesús quiere llenar ese vacío con su cercanía, con su Señorío (Filp 2,11) en nuestras vidas, “El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza” (Sal 34,18) cuando él viene hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5). Debemos aferrarnos a nuestros sueños, nuestra esperanza es abono para la Buena Nueva. Adviento nos enseña a estar vigilantes, despiertos, atentos, a tener el corazón preparado, acercándonos al corazón del otro porque vive nuestra misma realidad. En este tiempo, comprendamos a los demás, seamos tolerantes y fraternos, ¡viene el Señor! 

2. El retorno a Dios. La experiencia de frustración, de contingencia, de ambigüedad, de cautividad, de pérdida de la libertad exterior e interior de los hombres y mujeres de hoy, suscita consciente o inconscientemente la sed de Dios  (Sal 42, 2), y la necesidad de «subir a Jerusalén» como lugar de la morada de Dios, según los salmos de este tiempo. La infidelidad a Dios destruye a la persona, su dignidad y su valor, destruye al pueblo, su fraternidad y su historia. Cuando somos fieles a Dios recuperamos nuestra verdadera identidad e historia. El adviento nos ayuda en este camino que comienza por conocer mejor a Dios y su amor a la humanidad. Nos da conocimiento personal de Cristo, que se encarnó abandonando su propia naturaleza (Filp 2,7) para acercarse a nuestra historia.


3. La conversión. Es transformación, dejar de ser de una manera para ser de otra, significa dejar nuestra antigua manera de vivir llena de pecado personal y social y entregar todas las áreas de nuestra vida a Cristo para que él las gobierne y nos perdone “que el malvado deje su camino, que el perverso deje sus ideas; vuélvanse al Señor, y el tendrá compasión de ustedes; vuélvanse a nuestro Dios, que es generoso para perdonar” (Is 55,7). Es darle la espalda a la oscuridad para quedar de frente a la luz  que es Cristo. En Adviento  nos encontramos con el reino de Dios que está cerca, dentro de nosotros (Lc 17,21).
La voz del Bautista es el clamor del adviento: «Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios ... » (Is 40,3-5; Lc 3, 4b)). El adviento nos enseña a hacernos presentes en la historia de la salvación de los ambientes, a entender el amor como salida de nosotros mismos y la solidaridad plena con los que sufren.

4. Gozo y alegría. Nuestro gozo viene del Señor. La venida del Mesías es el anuncio del gran gozo para el pueblo, de una alegría que conmueve hasta los mismos cielos cuando el pecador se arrepiente (Lc 15,7). El adviento nos enseña a conocer que Cristo, y su pascua, es la fiesta segura y definitiva de la nueva humanidad. Hay gozo en nosotros cuando estamos reconciliados, Jesús cambia nuestro lamento en danza y nos viste de alegría (Sal 30,11). Dejémoslo entrar en nuestros corazones, en nuestros espacios familiares, en las relaciones con los amigos, en el trabajo, los estudios, llevémoslo a todas partes, la persona y las estructuras sociales necesitan ser tocadas por el gozo que viene del amor de Dios. El quiere que vivamos así, confiados, seguros, alegres en él “¿Por qué voy a desanimarme, por qué voy a estar preocupado mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía seguiré alabando. Él es mi Dios y Salvador! (Sal 42,5). 

Fuente sobre las actitudes para adviento: CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA DEPARTAMENTO DE PASTORAL SOCIAL -  CÁRITAS DE VENEZUELA COMISIÓN DE JUSTICIA Y PAZ.