domingo, 7 de octubre de 2012

OCTUBRE, MES DE LA MISIONES 1


"EL ENCARGO DE ANUNCIAR EL EVANGELIO
 EN TODAS LAS PARTES DE LA TIERRA,
PERTENECE PRINCIPALMENTE A LOS OBISPOS"

En estos cuatro domingos, se estará desarrollando el Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 2012, la cual tiene como titulo: "Llamados a hacer resplandecer la Palabra de verdad” (Carta apostólica Porta fidei, n. 6). Este mensaje papal, ofrece los siguientes apartados: 
1. Introducción
2. Eclesiología misionera
3. La prioridad de evangelizar
4. La fe y el anuncio
5. El anuncio se transforma en caridad

Para este primer desarrollo, nos basaremos en lo expuesto en el apartado "Eclesiología misionera". Esto es fundamental tenerlo claro, ante tantas usurpaciones y manipulaciones del anuncio evangélico. 

Ciertamente, Cristo ha confiado el mandamiento misionero a sus discípulos y debe ser un compromiso de todo el Pueblo de Dios, Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos, tal como ha insistido de modo especial el Concilio Vaticano II y el Magisterio posterior de la Iglesia. Entonces, todo el pueblo de Dios está llamado a anunciar a Jesucristo y su mensaje salvifico, aunque debemos resaltar que el encargo de anunciar el Evangelio en todas las partes de la tierra pertenece principalmente a los Obispos, primeros responsables de la evangelización del mundo, ya sea como miembros del colegio episcopal, o como pastores de las iglesias particulares. ¿Por qué ellos? En primer lugar, porque los obispos son los sucesores de los Apóstoles de Jesucristo, a quienes El mismo formó y autorizó para la misión. ¿Hay fundamentos bíblicos sobre esto? A continuación:

Jesucristo mismo pone de relieve que Él confía a los Apóstoles aquella Misión, que Él mismo habla recibido del Padre: He manifestado tu Nombre a los que me has dado sacándolos del mundo (Juan 17, 3. 6)... Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de Ti; porque Yo les he comunicado lo que Tú me comunicaste; ellos han aceptado verdaderamente que vengo de Tí, y han creído que Tú me has enviado... Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como Yo no soy del mundo... Conságralos en la verdad: Tu Palabra es verdad. Como Tú me has enviado al mundo, Yo también los he enviado al mundo... (San Juan 17, 6ss.14.17; véase San Juan 10,36). Y de nuevo después de la resurrección: Como el Padre me envió, también Yo os envío (San Juan 20, 21). 

Por tanto, efectivamente, os señores obispos “han sido consagrados no sólo para una diócesis, sino para la salvación de todo el mundo” (Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris Missio 63), “mensajeros de la fe, que llevan nuevos discípulos a Cristo” (Ad gentes, 20) y hacen “visible el espíritu y el celo misionero del Pueblo de Dios, para que toda la diócesis se haga misionera” (ibíd., 38).

Por otra parte, llama poderosamente la atención, de cómo la animación misionera de toda una diócesis, toma impulso, forma, dependiendo de la visión y animación del obispo. Por que hay que ser realistas, aunque hayan padres preparados y animados, al igual religiosas y laicos, pero el obispo "es principio de unidad visible y fundamento de la unidad en la Iglesia particular" (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia Catolica sobre algunos aspectos de la iglesia considerada como comunion). Psicologicamente, el ver el testimonio y palpar el empuje misionero por parte del pastor diocesano, los demás miembros se sienten interpelados y fuertemente invitados a tal empresa.

Los obispos con los presbíteros, sus colaboradores, "tienen como primer deber el anunciar a todos el Evangelio de Dios" (Presbyterorum Ordinis 4), según la orden del Señor (cf. Mc 16, 15). Son "los heraldos del Evangelio que llevan nuevos discípulos a Cristo. Son también los maestros auténticos, por estar dotados de la autoridad de Cristo" (Lumen Gentium 25).

Personas de denominaciones cristianas no católicas, sacerdotes y laicos sectarios, pueden insistir en que se sienten "tomados por Dios" para anunciar, evangelizar, pero ellos mismos se han dado la autoridad, alegando que Jesús a todos nos pide anunciar el evangelio a toda criatura y que el "evangelio no está encadenado" (cf. Filipenses 1, 12-14), ignorando así los principios bíblicos y eclesiologicos; de ahí cuya emoción y hasta cerrazón endeble lleve a producir tantos errores entre las personas. Por eso, "no hagáis nada sin contar con el obispo” (San Ignacio de Antioquia). 

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“Llamados a hacer resplandecer la Palabra de verdad”