domingo, 29 de julio de 2012

CELEBRACIÓN LITÚRGICA EN HONOR A SAN IGNACIO DE LOYOLA


AMISTAD BUENA, SANA Y SANTA

“Dime con quien andas y te diré quien eres”. Es una justa afirmación de la sabiduría popular. Nosotros vamos pasando a ser aquellos de quien nos volvemos amigos. Si nuestra amistad frecuente es con un amigo de actitudes negativas e inmorales, o nos rebajamos o nos pervertimos; pero si tratamos con un amigo bueno, sano y santo, entonces nos promovemos y mejoramos nuestra calidad de vida.

Al lanzar una mirada panorámica dentro de la Iglesia y fuera de ella, podríamos decir que asistimos felizmente a un redescubrimiento del valor de la vida de los Santos. Algunos afirman que ultrapasados están los tiempos en que se romanceaba su vida en tonos tan angélicos, tanto que se volvían casi extra-terrestres, haciendo parte de un museo de héroes de los divino, pero inaccesibles a la imitación de nuestra frágil condición humana.

La Iglesia de nuestros días recomienda vivamente a sus fieles el culto de los Santos: el recurso a su intercesión por nosotros a Dios y la apertura a sus ejemplos de vida. Así nos lo recuerda el Concilio Vaticano II: “Es, por tanto, muy justo que amemos estos amigos coherederos de Jesucristo, nuestros hermanos y grandes bienhechores, pues ellos son 'ejemplo que nos entusiasma' a llegar a una vida más perfecta de santidad” (Lumen Gentium 50-51).

San Ignacio de Loyola, es un santo poco conocido entre los cristianos católicos, pero que tuvo un papel de gran relieve en la historia de su tiempo, es decir, en el siglo XVI. Su influjo ha perdurado bien vivo hasta nuestros días, sobre todo, a través de los Ejercicios Espirituales (Retiros), de los cuales fue su autor; y a través de la Compañía de Jesús, Orden religiosa que él fundó “para la mayor gloria de Dios” y “mayor servicio del prójimo”. Hoy cuenta con alrededor de 18, 000 miembros (sacerdotes, hermanos, estudiantes y novicios), llamados los “Jesuitas”, expandidos por los 5 continentes, en más de una centena de países.

Es bello considerar que muchos discípulos de Ignacio de Loyola, son más conocidos que su maestro espiritual y fundador. ¿Quién no ha oído hablar de San Francisco Javier (Patrono de la Infancia y Adolescencia Misionera), San Juan Brito, del Padre Antonio Vieira o del “santo” Padre Cruz? Todos estos son jesuitas, miembros de la Compañía de Jesús que San Ignacio fundó.

“En todo amar y servir para la mayor gloria de Dios”, es una leyenda bien ajustada al cuadro de la vida de San Ignacio. Un hombre seducido por las glorias y vanidades del mundo, pero que dio a su vida un giro de conversión salvadora, cuando ya tenía 30 años. En poco tiempo, fue aprendiendo el arte de “en todo amar y servir”, y de este arte se volvió un maestro insigne. Aquí se funda la razón por la cual San Ignacio, atrae a través de los tiempos, con la intención de que uno comprenda “qué es la voluntad de Dios”, “qué quiere el Señor de mí”, es decir, descubrir la vocación universal y particular, secreto innegable de la felicidad.

La lectura de la vida de los Santos, tuvo un papel providencial de relieve en la conversión de Ignacio. Animo a frecuentar la vida de san Ignacio y de los demás santos, ocasión providencial para nuestro crecimiento en la vida humana y espiritual. Por que si así sucedió con Ignacio de Loyola, ¿por qué no ha de suceder conmigo también?


31-Julio-2012
456 aniversario de su nacimiento para el cielo


Inspirado en el libro "Em tudo amar e servir"
Dário Pedroso, S.J.

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