domingo, 17 de junio de 2012

SEXUALIDAD, MATRIMONIO Y FAMILIA


EL PAPÁ, CABEZA DE LA FAMILIA:
¿PASTOR O TIRANO?

En el calendario civil de El Salvador, ahora es la celebración del día del padre, ocasión para felicitar y al mismo tiempo, motivo por el cual deseo reflexionar sobre una realidad observable y hasta comprobable: http://www.monografias.com/trabajos2/viointrafam/viointrafam.shtml. No se si los títulos de la pregunta son los más indicados, pero la idea es la siguiente: se observa a nivel general dos situaciones con respecto al padre, como "cabeza de familia" (cf. Efesios 5, 23-25);por una parte, padres que en nombre de Jesucristo, Cabeza de la Iglesia, gobiernan con y en el amor a su familia;  y por la otra, padres que considerándose "el señor de la casa", comete atropellos contra la dignidad de los miembros de su familia. En otra palabras, ¿el ser papá da derecho a imponerse al estilo de un tirano en las delimitaciones de su hogar o  ha de ser pastor según Jesucristo el Buen Pastor en su iglesia domestica? Es edificante escuchar testimonios sobre padres que luchan por seguir la voz de Dios en el gobierno familiar e incluso, papás no cristianos tratando de hacer lo correcto en consonancia con la ley natural; como también, es lamentable escuchar lo contrario: insultos, golpes, prepotencias, abuso sexual sobre las hijas alegando que son "su propiedad", actitudes machistas e ilógicas, "esclavitud", etc.

Por naturaleza, y según el plan de la creación de Dios, el hombre es todavía cabeza de la familia, cabeza de la mujer como dice San Pablo en Efesios 5, 21-25, como el Padre es la Fuente, Principio y Cabeza de la Trinidad. La masculinidad es el principio más activo en la raza humana, así como el feminismo es el más receptivo. Esta es la distinción corpórea-psicológica entre el hombre y la mujer, la cual el feminismo está poco inclinado a aceptar, pero es la imágen de la Naturaleza Trinitaria de Dios reflejada en la naturaleza humana. Esto es muy evidente en el matrimonio, donde hombre y mujer se unen en el vínculo matrimonial. Si el hombre representa a Cristo en su familia, entonces debe haber dialogo con su mujer, compañera de gobierno, y con sus hijos, para proporcionar el equilibrio adecuado a la familia en conjunto y a sus miembros que la componen de manera individual. 

En resumen, "el auténtico amor conyugal supone y exige que el hombre tenga profundo respeto por la igual dignidad de la mujer: «No eres su amo —escribe san Ambrosio— sino su marido; no te ha sido dada como esclava, sino como mujer... Devuélvele sus atenciones hacia ti y sé para con ella agradecido por su amor». El hombre debe vivir con la esposa «un tipo muy especial de amistad personal». El cristiano además está llamado a desarrollar una actitud de amor nuevo, manifestando hacia la propia mujer la caridad delicada y fuerte que Cristo tiene a la Iglesia. El amor a la esposa madre y el amor a los hijos son para el hombre el camino natural para la comprensión y la realización de su paternidad" (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 25). 

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