domingo, 27 de mayo de 2012

PENTECOSTÉS, DÍA DEL SEMINARIO



"Y LOS DISCÍPULOS SE LLENARON DE ALEGRÍA AL VER AL SEÑOR"

Tenía pensado reflexionar en torno a la primera lectura de la Solemnidad de Pentecostés (Hch 2, 1-11), pero hay una abundancia de ello en internet; por eso, momentáneamente, he pensado decir algo sobre el seminario y la fiesta del Espíritu Santo, teniendo en cuenta que es mi actual campo de labor pastoral.

El viernes nos visitó el párroco de Nuestra Señora de los Dolores con parte de su feligresía, para brindarnos una cena y crear lazos fraternos, por medio de unos minutos convivenciales. Fue un agasajo en el marco del día del seminario. 

Un elemento que resaltó en esta convivencia y es parte de la convivencia actual en el seminario, es la alegría (obviamente, no faltan las contradicciones o inestabilidades, lo cual es común en una comunidad). Pero una alegría que proviene del esfuerzo de crear una mayor relación con Dios. Porque algo que se les hace entrever a los seminaristas, es distinguir entre alegría y vulgaridad, dos elementos que en el ambiente social, a nivel general o grupal,  pueden confundirse, y de hecho se confunden. Por otra parte, el texto colocado en esta entrada, está tomado del Evangelio proclamado en este día (cf. Juan 20, 19-23). Uno de los frutos del Espíritu Santo es la alegría, (cf. Gal 5, 22-23). Una alegría sana, edificante, plena,  reflejo del crecimiento en el amor a Jesucristo y a su Iglesia. 


Las personas visitantes iban contentas del ambiente amistoso y fraterno que se formó, un ambiente sin expresiones ambiguas o degradantes, lo cual es una esperanza. Es que realmente, las personas están con problemas, tristezas, amarguras, pleitos, iras, deseosas de alejarse de platicas obscenas... Y esperan en su sacerdote un transmisor de la alegría cristiana, y es duro que en vez de encontrarse lo que esperan, encuentren lo contrario: un sacerdote amargado, enojado, desilusionado, cerrado, etc. Por eso se decía que si los seminaristas se mantienen así, nos esperan sacerdotes alegres dentro de unos años; que se unan a los que ya transmiten esa alegría cristiana, la cual es deseada para todos nosotros los ministros del Señor.


El Papa Benedicto invitaba a los seminaristas en la JMJ Madrid 2011, a vivir los años de formación con profunda alegría (20-agosto-2011). "La alegría de ser sacerdote: consagrado para la salvación del mundo... El sacerdote, hombre de la Palabra divina y de las cosas sagradas, debe ser hoy más que nunca un hombre de alegría y de esperanza. A los hombres que ya no pueden concebir que Dios sea Amor puro, él afirmará siempre que la vida vale la pena ser vivida, y que Cristo le da todo su sentido porque ama a los hombres, a todos los hombres" (Benedicto XVI, 29 septiembre 2009).