miércoles, 4 de abril de 2012

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS SACERDOTALES 2012


"EL SACERDOCIO DE CRISTO NO ENVEJECE"

Es una de las frases expresadas en la homilía por el obispo de la diócesis a la cual pertenezco, haciendo alusión a la renovación de las promesas sacerdotales, en la Misa Crismal celebrada hoy por motivos pastorales, en la Catedral de San Vicente.

Al reflexionar en esa frase dicha por monseñor, encuentro motivos de admiración, y al mismo tiempo de agradecimiento profundo y una llamada a la humildad. ¿Por qué? Motivos de admiración, porque Jesucristo sigue presente a través de los siglos en las personas de sus sacerdotes, actualizando la salvación obtenida por El. Se van unos y vienen otros, y el sacerdocio único de Jesucristo sigue presente y radiante. Motivos de agradecimientos, en dos sentidos: uno, porque el sacerdocio de Jesucristo es eterno y eso permite su hermosa eficacia a través de la historia humana; en segundo lugar, porque cada sacerdote ha sido llamado a participar en este plan de Dios, o sea, un hombre frágil, pecador, débil, llamado y configurado con Jesucristo sacerdote ¡Hasta donde ha llegado Dios en su inmenso amor! Por último, deben surgir sentimientos de humildad, porque el sacerdote es sacerdote por gracia de Dios, el sacerdocio  no es suyo es participado. El sacerdote debe hacer resplandecer en su momento histórico el sacerdocio de Jesucristo, no resaltar su "yo" utilizando el sacerdocio como trampolín o simple medio de vanagloria. Para no caer en esta atractiva y no poca común tentación, el sacerdote debe fortalecer su vida espiritual y reflexionar sobre el don que "lleva en vasijas de barro" (cf. 2 Cor 4, 7). 

Pedimos sus oraciones y como les decía monseñor Rauda a los laicos siempre en su homilía: "los sacerdotes necesitan su apoyo, estima, cariño, aprecio, colaboración estrecha, comprensión, etc." Dios bendiga a todos los sacerdotes en el día del sacerdocio cristiano.