domingo, 11 de marzo de 2012

CONOCIENDO A JESÚS, NUESTRO MODELO A SEGUIR


NO HAGAN DE LA CASA DE MI PADRE 
UNA CASA DE MERCADO

Es impresionante y edificante la actitud mostrada por Jesús, al subir a Jerusalén ya cerca de la celebración de la pascua Judía (Juan 2, 13-25), por lo siguiente:

1. Tiene convicción plena de ser el Hijo de Dios, y no tolera el ver la casa de su Padre Dios, con quien forma un solo ser, convertida en un lugar de mercadeo.

2. Es alguien que tiene las cosas claras. El templo de Dios está consagrado para lo referente a Dios, por tanto, el estar sirviendo de mercado, contradecía la finalidad del templo.

3. Actúo con valentía, con decisión, con celo (cf. Salmo 68), con libertad de espíritu, porque no estaba atado a nada ni nadie con poder económico, social o al mismo dinero. Esto lleva a recordar a Monseñor Romero hoy que estamos en marzo, sobre su libertad de expresión y actuación, por no dejarse comprar o desvirtuar su ministerio profético sacerdotal a causa del dinero(http://www.youtube.com/watch?v=MqTkqGtef20&feature=related). 

4. El gesto de Jesús es un acto de autoridad mesiánica, el cual puede ser entendido o como abolición de los sacrificios del culto antiguo o como protesta contra los abusos de los vendedores del templo.

5. Con esto estaba también interpelando la naturaleza y finalidad de la institución del sacerdocio judío, al mismo tiempo, poniendo las bases del sacerdocio cristiano, identidad y misión. 

ANÁLISIS DEL CONTEXTO Y CIRSCUNSTANCIAS

Esas actitudes descritas sobre nuestro Señor, no son aisladas, tienen razón de ser. Veamos.

1. Porque  era un escandaloso negocio. Lo que pasaba era que cuando alguien iba a ofrecer un sacrificio, Anás, Caifás  y otros sacerdotes exigían que los animales fueran sin mancha alguna, tenían personal que inspeccionaba que así fuera y cuando los animales no habían sido comprados en el Templo, encontraban pretexto para regresarlos y así podían vender sus animales a precios muy elevados.

2. El Templo es y debe ser un lugar de recogimiento y oración, pero se había convertido en un lugar ruidoso con los bramidos de los animales y los gritos de los cambistas, quienes también se aprovechaban de los extranjeros, comprándoles a muy bajo precio sus monedas para negociarlas después.

3. Junto a los vendedores de ganado, estaban también los cambistas con sus mesas cubiertas de monedas. Ellos eran los encargados de dar a los fieles la moneda judía admitida en el templo a cambio de la extranjera. Por supuesto, estos cambistas también cobraban su comisión en cada operación de cambio, dando lugar así al abuso. Y qué duda cabe que la jerarquía sacerdotal también recibía su porcentaje a cambio de dejarles poner su puesto en un lugar tan privilegiado. Por mano de estos cambista pasaban grandes cantidades de dinero que los fieles traían como ofrendas voluntarias, diezmos o impuestos del templo. Podemos decir que tanto los cambistas como los sacerdotes tenían un negocio redondo.

ALGUNAS APLICACIONES 

1. En el templo cristiano está Jesús presente realmente, por lo tanto, en referencia a ello, las actitudes de las personas que ingresen deben ser de oración, respeto y silencio.

2. Si en el templo cristiano se realizan cosas contrarias a la naturaleza, institución, finalidad, ya sea por laicos, religiosos o sacerdotes, ya sea éstos últimos en posición de permisividad, apoyo o motivación, se cae en la actitud reprochable por Jesús hace 2,000 años. Canon 1220  § 1. Procuren todos aquellos a quienes corresponde, que en las iglesias haya la limpieza y pulcritud que convienen a la casa de Dios, y evítese en ellas cualquier cosa que no esté en consonancia con la santidad del lugar.

3.. Sacerdocio cristiano o de la Nueva Alianza: CIC 285§ 4. Sin licencia de su Ordinario, no han de aceptar la administración de bienes pertenecientes a laicos u oficios seculares que lleven consigo la obligación de rendir cuentas; se les prohíbe salir fiadores incluso con sus propios bienes, sin haber consultado al Ordinario propio; y han de abstenerse de firmar documentos, en los que se asuma la obligación de pagar una cantidad de dinero sin concretar la causa. 286 Se prohíbe a los clérigos ejercer la negociación o el comercio sin licencia de la legítima autoridad eclesiástica, tanto personalmente como por medio de otros, sea en provecho propio o de terceros.