miércoles, 23 de febrero de 2011

EXPRESÁNDOSE Y DEDICANDO

"SIN DETENERME POR NADA , VOY SIGUIENDO AL BUEN PASTOR,
Y VIVO CADA JORNADA SIRVIENDO AL PUEBLO DE DIOS"




Con este canto escrito por el reverendo padre y licenciado María Ángel Pascual, ex-rector del Seminario Mayor "Nuestra Señora del Camino" (Sololá, Guatemala), los seminaristas mayores de nuestra diócesis, quieren expresar su sentir en relación a su vocación; y al mismo tiempo, dedicársela a todos los sacerdotes que día a día se desgastan por servir de la mejor manera al pueblo de Dios. 

"Para ser el mismo Cristo Dios eterno me llamó"... Guiados por  la luz del Espíritu Santo, todos los esfuerzos que hacen los formadores y formandos en siete años de formación, tienen un objetivo claro: moldear al  joven o al adulto para que sea al final de su formación otro Cristo. Con la ordenación se configurarán con nuestro Señor, pero con las actitudes deben mostrar la consonancia. Como decía el padre Bannon en el XX Curso Internacional para los formadores en los Seminarios, en Italia el año pasado: "En el seminario no se debe formar para obtener un sacerdote especializado solo en algo, es decir, un ratón de biblioteca, un espiritualista, un filantropo o un técnico pastoral, sino un sacerdote integral, otro Cristo en la tierra".

"y tan claro yo lo he visto"...El seminario es un lugar de cultivar la amistad con nuestro Señor Jesucristo, pero también es un tiempo para discernir sobre el llamado al sacerdocio. Ingresar al seminario no significa que será automáticamente ordenado en el tiempo correspondiente. Algo que hay que lograr en el "iter formativo" es: estar convencido de ser elegido para el sacerdocio y querer vivir de acuerdo a esta elección. Basándome en la experiencia de otros y en la propia, me atrevo a decir que esto es un aspecto que nos mantiene vivos en el ministerio sacerdotal y el recordarlo continuamente, nos puede ayudar a evitar tantos errores conscientes, con los cuales ofendemos fuertemente a Dios, ensuciamos algunas almas y provocamos el escándalo. 

Oremos por los seminaristas de nuestra diócesis y del mundo entero, para que cada vez que se convenzan de su llamado, pongan más ahínco en ratificar su vocación. Al mismo tiempo, aquellos que son conscientes por si mismos o por haber recibido consejería de que no deben continuar porque no es lo suyo el ser sacerdote, sean sinceros, por que al fin y al cabo, esta de por medio la propia felicidad, producto de la auto-realización personal.


Bendiciones a todos los hermanos padres y a todos los seminaristas mayores de la Inmaculada, que por el bien de las almas en el amor a Dios, se han entregado o están preparando para esta hermosa aventura. Gracias y bendiciones a todos y todas.