lunes, 7 de junio de 2010

CLAUSURA DEL AÑO SACERDOTAL. 9-11 JUNIO

"FIDELIDAD DE CRISTO, FIDELIDAD DEL SACERDOTE"

DIA 11

"Los presbíteros, sean portadores del agua viva de Cristo que comunica la verdadera alegría y esperanza"




"El motivo de la celebración del Año Sacerdotal ha sido 
comprender de nuevo la grandeza y la belleza del ministerio sacerdotal"
 
En la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y al presidir la Eucaristía en la Plaza de San Pedro por la clausura del Año Sacerdotal que convocó en ocasión del 150° aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, el Papa Benedicto XVI –que concelebró esta Misa con más de 15 mil sacerdotes– señaló que la humanidad necesita que los cristianos, especialmente los presbíteros, sean portadores del agua viva de Cristo que comunica la verdadera alegría y esperanza.
En la homilía de la Misa en la que utilizó el mismo cáliz de San Juan María Vianney, el Santo Padre afirmó que el motivo de la celebración del Año Sacerdotal ha sido "comprender de nuevo la grandeza y la belleza del ministerio sacerdotal", y agregó: "el sacerdote no es simplemente alguien que detenta un oficio. Por el contrario, el sacerdote hace lo que ningún ser humano puede hacer por sí mismo: pronunciar en nombre de Cristo la palabra de absolución de nuestros pecados, cambiando así, a partir de Dios, la situación de nuestra vida. Pronuncia sobre las ofrendas del pan y el vino las palabras de acción de gracias de Cristo, que abren el mundo a Dios y lo unen a Él. Por tanto, el sacerdocio no es un simple ‘oficio’, sino un sacramento"
"Esta audacia de Dios, que se abandona en las manos de seres humanos; que, aun conociendo nuestras debilidades, considera a los hombres capaces de actuar y presentarse en su lugar, esta audacia de Dios es realmente la mayor grandeza que se oculta en la palabra ‘sacerdocio’. Esto es lo que en este año hemos querido de nuevo considerar y comprender. Queríamos despertar la alegría de que Dios esté tan cerca de nosotros y también, así, enseñar de nuevo a los jóvenes que esta vocación, esta comunión de servicio por Dios y con Dios, existe".
El Papa Benedicto XVI advirtió luego que "era de esperar que al ‘enemigo’ no le gustara que el sacerdocio brillara de nuevo; él hubiera preferido verlo desaparecer, para que al fin Dios fuera arrojado del mundo. Y así ha ocurrido que, precisamente en este año de alegría por el sacramento del sacerdocio, han salido a la luz los pecados de los sacerdotes, sobre todo el abuso a los pequeños. También nosotros pedimos perdón insistentemente a Dios y a las personas afectadas, mientras prometemos que queremos hacer todo lo posible para que semejante abuso no vuelva a suceder jamás; que en la admisión al ministerio sacerdotal y en la formación que prepara al mismo haremos todo lo posible para examinar la autenticidad de la vocación; y que queremos acompañar aún más a los sacerdotes en su camino".
"Si el Año Sacerdotal hubiera sido una glorificación de nuestros logros humanos personales, habría sido destruido por estos hechos", observó el Pontífice. "Pero, para nosotros, se trataba precisamente de lo contrario, de sentirnos agradecidos por el don de Dios, un don que se lleva en ‘vasijas de barro’, y que una y otra vez, a través de toda la debilidad humana, hace visible su amor en el mundo. Así, consideramos lo ocurrido como una tarea de purificación, un quehacer que nos acompaña hacia el futuro y que nos hace reconocer y amar más aún el gran don de Dios. De este modo, el don se convierte en el compromiso de responder al valor y la humildad de Dios con nuestro valor y nuestra humildad".
El Papa prosiguió la homilía comentando el Salmo 23, "El Señor es mi pastor", que forma parte de la liturgia de hoy. "El Señor es mi pastor nada me falta", dijo Benedicto XVI. "Dios cuida personalmente de mí, de nosotros, de la humanidad. No me ha dejado solo, extraviado en el universo y en una sociedad ante la cual uno se siente cada vez más desorientado. Las religiones del mundo, por lo que podemos ver, han sabido siempre que, en último análisis, sólo hay un Dios. Pero este Dios era lejano. Se aceptaba no obstante que el mundo presupone un Creador. Este Dios, sin embargo, habría construido el mundo, para después retirarse de él. Ahora el mundo tiene un conjunto de leyes propias según las cuales se desarrolla, y en las cuales Dios no interviene, no puede intervenir. Pero allí donde la cercanía del amor de Dios se percibe como molestia, el ser humano se siente mal".
"Dios quiere que nosotros como sacerdotes, en un pequeño punto de la historia, compartamos sus preocupaciones por los hombres. Como sacerdotes, queremos ser personas que, en comunión con su amor por los hombres, cuidemos de ellos, les hagamos experimentar en lo concreto esta atención de Dios", precisó el Santo Padre.
Dirigiéndose luego a los sacerdotes, el Papa indicó que "nosotros deberíamos tratar de ‘conocer’ a los hombres de parte de Dios y con vistas a Dios; deberíamos tratar de caminar con ellos en la vía de la amistad con Dios. El pastor muestra el camino correcto a quienes le están confiados. Los precede y guía. Digámoslo de otro modo: el Señor nos muestra cómo se realiza en modo justo el arte de ser persona. ¿Qué debo hacer para no arruinarme, para no desperdiciar mi vida con la falta de sentido? En efecto, ésta es la pregunta que todo hombre debe plantearse y que sirve para cualquier período de la vida. ¡Cuánta oscuridad hay alrededor de esta pregunta en nuestro tiempo! Siempre vuelve a nuestra mente la palabra de Jesús, que tenía compasión por los hombres, porque estaban como ovejas sin pastor".
"El pueblo de Israel estaba y está agradecido a Dios, porque ha mostrado en los mandamientos el camino de la vida. Dios nos ha mostrado cuál es el camino, cómo podemos caminar de manera justa. La vida de Jesús es una síntesis y un modelo vivo de lo que afirman los mandamientos. Así comprendemos que estas normas de Dios no son cadenas, sino el camino que Él nos indica. Caminando junto a Cristo tenemos la experiencia de la alegría de la Revelación, y como sacerdotes debemos comunicar a la gente la alegría de que nos haya mostrado el camino justo".
Refiriéndose después a la "cañada oscura" del texto, Benedicto XVI dijo que además de la muerte, en la que el Señor no nos dejará solos, "podemos pensar también en las cañadas oscuras de las tentaciones, del desaliento, de la prueba, que toda persona humana debe atravesar. También en estas cañadas tenebrosas de la vida Él está allí. Ayúdanos a nosotros, sacerdotes, para que podamos estar junto a las personas que en esas noches oscuras nos han sido confiadas, para que podamos mostrarles tu luz".
"Tu vara y tu cayado me sosiegan", continuó el Santo Padre comentando el Salmo. "El pastor necesita la vara contra las bestias salvajes que quieren atacar el rebaño; contra los salteadores que buscan su botín. Junto a la vara está el cayado, que sostiene y ayuda a atravesar los lugares difíciles".
También la Iglesia, continuó el Papa, "debe usar la vara del pastor, la vara con la que protege la fe contra los farsantes, contra las orientaciones que son, en realidad, desorientaciones. En efecto, el uso de la vara puede ser un servicio de amor. Hoy vemos que no se trata de amor, cuando se toleran comportamientos indignos de la vida sacerdotal. Como tampoco se trata de amor si se deja proliferar la herejía, la tergiversación y la destrucción de la fe, como si nosotros inventáramos la fe autónomamente. Como si ya no fuese un don de Dios, la perla preciosa que no dejamos que nos arranquen. Al mismo tiempo, sin embargo, la vara continuamente debe transformarse en el cayado del pastor, cayado que ayude a los hombres a poder caminar por senderos difíciles y seguir a Cristo".
Al final del Salmo se habla de la "mesa preparada", del "habitar en la casa del Señor". "Vemos en estas palabras –dijo el Papa– una anticipación profética del misterio de la Eucaristía, en la que Dios mismo nos invita y se nos ofrece como alimento, como aquel pan y aquel vino exquisito que son la única respuesta última al hambre y a la sed interior del hombre. ¿Cómo no alegrarnos de estar invitados cada día a la misma mesa de Dios? Alegres porque Él nos ha permitido preparar la mesa de Dios para los hombres, de ofrecerles su Cuerpo y su Sangre, de ofrecerles el don precioso de su misma presencia".
Por último, el Papa comentó los dos cantos de comunión que relatan la herida producida por la lanza en el costado de Cristo, de donde brotó sangre y agua, que "aluden a los dos sacramentos fundamentales de los que vive la Iglesia: el Bautismo y la Eucaristía. Del costado traspasado del Señor, de su corazón abierto, brota la fuente viva que mana a través de los siglos y edifica la Iglesia. El corazón abierto es fuente de un nuevo río de vida".
"Cada cristiano y cada sacerdote deberían transformarse, a partir de Cristo, en fuente que comunica vida a los demás. Deberíamos dar el agua de la vida a un mundo sediento. Señor haz que seamos personas vivas, vivas por tu fuente, y danos ser también nosotros fuente, de manera que podamos dar agua viva a nuestro tiempo. Te agradecemos la gracia del ministerio sacerdotal. Bendícenos y bendice a todos los hombres de este tiempo que están sedientos y buscando", concluyó el Papa.


DIA 10

"Celibato es "escándalo" de sacerdote 
que pone su fe en Dios"


Ante miles de sacerdotes y fieles que abarrotan la Plaza de San Pedro para la Vigilia por la clausura del Año Sacerdotal, el Papa Benedicto XVI resaltó la importancia del celibato en la vida de todos y cada uno de los presbíteros, no como algo accesorio, sino como algo esencial a la vida del sacerdote.
Respondiendo, sin leer texto alguno, a una pregunta sobre este importante tema, el Santo Padre explicó que el celibato no solamente fortalece la vocación del sacerdote, sino que también "confirma el sí definitivo del matrimonio, que es la forma natural de ser hombre y mujer que Dios ha querido en el mundo".
El Papa dijo luego que para el mundo además de los "pequeños escándalos" suscitados en los últimos tiempos en la Iglesia, aparece un escándalo todavía más grande: "el escándalo de quien pone su fe en Dios".
El celibato, dijo Benedicto XVI "es un gran signo de la presencia de Dios en el mundo. Debemos orar a Dios para que nos libre de los pequeños escándalos y haga presente el escándalo de nuestra fe en Dios".
Vivir la Eucaristía para darse a los demás
Al responder luego una pregunta sobre el verdadero culto debido a la Eucaristía, realizada por un sacerdote de Japón, el Santo Padre recordó que para entender esto y para no caer en la tentación del clericalismo, es necesario ver que en este sacramento "se realiza un gran drama. Dios deja su gloria y sale y baja hasta convertirse en uno de nosotros, baja hasta la Cruz. La aventura del amor de Dios está en su humildad que se dona a nosotros. En este sentido la Eucaristía se debe considerar como la forma de entrar en ese camino de Dios".
"San Agustín en la Ciudad de Dios decía que el sacrificio de los cristianos es estar unidos en ese salir de nosotros, en el dejarse atraer por el único pan y cuerpo de la Eucaristía para así celebrar el amor de Dios", continuó.
Tras resaltar la necesidad de celebrar la Eucaristía en la unidad que Dios da, el Papa destacó que este santo sacramento es "el inicio de la realidad del amor de Dios que nos obliga al amor por los otros".
"De este modo –prosiguió– debemos aprender que la Eucaristía es lo contrario a cerrarse en sí mismos. Pensemos en la Madre Teresa: es un ejemplo de amor que se olvida de sí mismo y que va hacia los marginados, a los demás, se da totalmente a los pobres y marginados. Debemos seguir sus huellas".
La primera condición que ponía la Beata de Calcuta para comenzar una fundación era la presencia del tabernáculo, de Cristo sacramentado. "Sólo en el abandono de sí se puede dar fruto. Sólo así se puede vivir la apertura a todos. Vivir la Eucaristía en su sentido originario –concluyó Benedicto XVI– es la segura protección contra cualquier tentación de clericalismo".

Testimonio ardoroso 
y oración humilde para suscitar vocaciones

En el multitudinario encuentro que se realizó en la Plaza de San Pedro hasta las 11:15 p.m. (hora local) con miles de sacerdotes llegados de diversas partes del mundo, el Papa Benedicto XVI explicó que para suscitar santas vocaciones al sacerdocio es necesario rezar de manera convencida, humilde e insistente a Dios; así como un testimonio ardoroso de su amor que muestre la belleza de este llamado.
Respondiendo a la pregunta de un sacerdote de Australia, sin leer texto alguno (algo que es inusual en el Papa), Benedicto XVI señaló que "la tentación es grande de tomar nosotros mismos las cosas en nuestras manos, para transformar el orden en una profesión, como un trabajo más. Es una tentación que no resuelve el problema" de la escasez de vocaciones, con lo que además se corre el riesgo de "renunciar a la sacralidad del sacerdocio".
Ante la falta de jóvenes que respondan con generosidad al llamado de Dios, dijo el Santo Padre, "debemos orar a Dios, tocar a su puerta para que nos dé vocaciones. Rezar con gran convencimiento. Dios no se cierra a la oración permanente, confiada. Esto es lo primero: rezar con humildad, confianza e insistencia por las vocaciones tocando el corazón de Dios para que nos dé sacerdotes".
Seguidamente el Pontífice recordó que "cada uno de nosotros debería hacer lo posible para vivir el sacerdocio de manera convincente. Pienso que ninguno de nosotros hubiera sido sacerdote sino hubiera visto sacerdotes convincentes en los cuales ardía el amor de Cristo", tras lo cual la Plaza de San Pedro estalló en aplausos.
El segundo punto, dijo luego el Papa está en "invitar como he dicho a la iniciativa de la oración, tener esta humildad esta confianza de hablar con fuerza sobre Dios", tras lo cual se refirió a una tercera medida: tener valor para hablar con los jóvenes.
Los jóvenes, indicó Benedicto XVI, deben saber que "Dios los puede llamar. Es necesario ayudarlos a encontrar un contexto vital donde puedan vivir la vocación, en medio de un mundo que parece excluirlo. Necesitan vivir la belleza de esta vida, ver contextos donde esto sea posible en medio de la oración".
"Allí la vocación de Dios puede llegar. Agradecemos a Dios por los seminaristas y sacerdotes y recemos por ellos y para que haya más sacerdotes", concluyó.
Tras haber respondido a las preguntas de los sacerdotes, todos cantaron el Padre Nuestro en latín y participaron de un intenso momento de adoración eucarística presidida por el Papa. Benedicto XVI bendijo luego a los presentes con el Santísimo al finalizar, y todos los sacerdotes y fieles cantaron la Salve con lo que se concluyó la Vigilia de oración.

DIA 9

"El mundo necesita sacerdotes convertidos, 
no ingenieros eclesiásticos"
Cardenal Joaquim Meisner
Arzobispo de Colonia


ROMA, 09 Jun. 10 / 11:22 am
El Arzobispo de Colonia, Cardenal Joaquim Meisner, recordó a los sacerdotes de los cinco continentes que para un presbítero no puede haber algo más importante que la conversión del propio corazón porque solo así cumplirá con su misión de transmitir a Cristo.
El Purpurado ofreció la meditación “Conversión y Misión” ante unos cuatro mil presbíteros de todo el mundo reunidos en la basílica de San Pablo de Extramuros, una de las tres sedes del Encuentro Internacional con el que termina el Año Sacerdotal.
El Arzobispo destacó la importancia de que los sacerdotes dediquen tiempo a la confesión –tanto para administrar como recibir el sacramento- y consideró que una de las pérdidas “más trágicas que la Iglesia ha sufrido en la segunda mitad del siglo XX” es la pérdida “del Espíritu Santo en el sacramento de la reconciliación”.
“Cuando los fieles me preguntan: '¿Cómo podemos ayudar a nuestros sacerdotes?’ Yo siempre respondo: ‘Ve y confiésate’”, agregó el Arzobispo y precisó que “cuando el sacerdote ya no es el confesor se convierte en un trabajador religioso”.
Para el Purpurado no basta con querer “hacer solamente correcciones a las estructuras de nuestra Iglesia, para poder hacer un show más atractivo. ¡No es suficiente! Lo que se necesita es un cambio de corazón, de mi corazón. Sólo un Pablo convertido podía cambiar el mundo, no un ingeniero de estructuras eclesiásticas”.
Cuando el sacerdote lleva “el estilo de vida de Jesús”, llega “a ser percibido por los demás. El obstáculo más grande para permitir que Cristo sea recibido por nosotros, por otros, es el pecado. Previene la presencia del Señor en nuestras vidas y, por lo tanto, para nosotros no hay nada más necesario para la conversión, y esto, también para la misión”.
“Esto se da a través del sacramento de la penitencia. Un sacerdote que no se pone, con frecuencia, al otro lado de la rejilla del confesionario sufre un daño permanente en su alma y su misión”, indicó y consideró que “aquí vemos sin duda una de las principales causas” de las crisis múltiples del sacerdocio en los últimos cincuenta años.
“Cuando el sacerdote deja el confesionario, entra en una grave crisis de identidad”, agregó y explicó que “a menudo no nos gusta este perdón expreso”.
“¿Por qué un sacramento, que evoca una alegría tan grande en el cielo en la tierra evoca tanta antipatía?”, cuestionó y recordó que “sólo con la humildad de un niño, al igual que los santos, vamos a asumir con alegría la diferencia entre nuestra indignidad y la magnificencia de Dios”.
En este sentido, reveló que para él “la madurez espiritual de un candidato al sacerdocio, para ser ordenado, se hace evidente que recibe regularmente el sacramento de la reconciliación. Porque es en el sacramento de la penitencia que me encuentro con el Padre misericordioso que tiene los dones más preciosos”.
“Estar ahí, a ambos lados de la rejilla del confesionario, nos permite, a través de nuestro testimonio, hacer que Cristo sea precibido por la gente. Para perdonar de verdad, necesitamos mucho amor. El único perdón que realmente podemos dar es el que hemos recibido de Dios”, añadió.
El Encuentro Internacional de Sacerdotes es promovido por la Congregación para el Clero con el tema “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote” y han sido invitados “todos los presbíteros del mundo” conclusión del Año Sacerdotal, convocado por el Papa Benedicto XVI en el 150° aniversario de san Juan María Vianney.
Los lugares de celebración de esta cita son las basílicas de San Pablo Extramuros, la de San Juan de Letrán, estas dos unidas por videoconferencia, y la de San Pedro.